¡Fariseos!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2025-10-23T16:27:58Z | |
| dc.date.available | 2025-10-23T16:27:58Z | |
| dc.date.issued | 2025-10-16 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Fariseos! La primera lectura tomada de la Carta del apóstol san Pablo a los Romanos, nos describe de manera magistral: “Cómo todos los seres humanos hemos pecado y por el pecado estamos privados de la gloria de Dios. Si no nos reconocemos pecadores, no veremos la necesidad de un Redentor de nuestros pecados, la Persona de Jesucristo”. Por eso Pablo, de manera profética y tajante, habla “del pecado universal que nos acompaña a todos. Quizás nuestra soberbia, quizás nuestra superficialidad en la manera de mirarnos interiormente, quizás el mundo del ruido nos impide reconocernos pecadores”. Pero lo repetimos, mientras el ser humano no se reconozca débil de barro, no buscará al Redentor, ni al Salvador para su vida. Buena parte de la crisis de fe que vive el hombre de hoy es el auto endiosamiento humano que nos impide reconocer nuestras limitaciones y, por el contrario, erigirnos, presentarnos como pequeños dioses. Pablo, de manera radical dirá: “Todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, y sólo son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención realizada en Cristo Jesús”. Acentuemos esa expresión, la justificación que nos ha alcanzado Cristo es totalmente gratuita, nosotros no hemos pagado ningún precio por ella. El único que ha pagado un alto precio es Cristo, el precio de su sangre derramada, de su vida entregada, de su muerte en la cruz como víctima de expiación, de propiciación por todos nuestros pecados. Esto está en el centro mismo del mensaje cristiano. Y la vida me ha enseñado que, así como el hambriento busca pan, el sediento busca agua, así también el pecador busca salvación, redención para su vida. Y cuando descubre que sólo por su propio mérito, por su propio esfuerzo, no es capaz de alcanzarlo. Entonces reconoce en Cristo y en la fe en Cristo, el único camino de justificación que universalmente establecerá o determinará el apóstol Pablo haciendo una lectura de “la Pasión, Muerte, Resurrección, de la Pascua de Cristo”. Esto nos lleva a descubrir que el hombre no es justificado ante Dios solamente por las obras de la ley, como entendían algunos en el Antiguo Testamento, sino y sobre todo por la fe en el Hijo de Dios. Hoy, con humildad y con un sentido de sinceridad y realidad sobre nuestra vida, aprendamos a pedir humildemente a Jesús que nos abra por el camino de la fe, nuestro corazón a la salvación, que Él ha obrado por su entrega redentora en la cruz. Esto de alguna manera ha apagado la cólera divina, ha apagado la cólera divina y nos ha alcanzado el perdón de Dios que ningún ser humano, por sus propios méritos podía alcanzar. Con razón el salmo litúrgico de este día el 129 nos dice: “Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa”. El salmista, haciendo eco de un hombre que en lo profundo de su alma clama la salvación de Dios, afirmará en las estrofas de este salmo: “Desde lo hondo a ti grito Señor, escucha mi voz, estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica”. Y continuará el salmista diciendo: “Señor, si llevas cuenta de los pecados, de los delitos ¿quién podrá resistir en tu presencia? Pero de ti procede el perdón y así infundes respeto”. Y culminará el salmo litúrgico de este día, diciendo: “Mi alma espera en el Señor, espera en su Palabra. Mi alma aguarda al Señor más que el centinela espera la luz de la aurora, aguarde Israel (y somos el nuevo Israel), aguarde al Señor como el centinela espera la luz de una nueva alborada”. Pero pasemos al evangelio de hoy y reconozcamos por qué Jesús fue absolutamente misericordioso con el publicano, la mujer sorprendida en adulterio. Fue misericordioso con los enfermos, ciegos, sordos, mudos, leprosos, tullidos, paralíticos. Pero no pudo, no aceptó en su corazón a los fariseos, y la respuesta es una sola. Ellos, sintiéndose buenos, puros, distintos y mejores que los demás judíos, se cerraron a la salvación de Cristo por su entrega redentora en la cruz. Ellos pensaban que eran sus propios méritos, sus obras exteriores, el cumplimiento de leyes vacías de origen puramente humano, los que les alcanzaban la bendición y la buena mirada del Padre de los Cielos. Y esta actitud de los fariseos en tiempos de Jesús se ha repetido a lo largo de los siglos. De hecho, Lucas, capítulo 11, el evangelio de hoy, que tiene su paralelo en Mateo capítulo 23, hablará: “De aquellos fariseos hipócritas que edifican mausoleos y sepulcros decorados a los profetas de siglos anteriores, pensando que con eso le rinden un homenaje; pero olvidan que en el fondo están aceptando que sus antepasados rechazaron, repudiaron, aniquilaron y mataron a esos profetas de Dios o voces de Dios que querían simplemente orientar la vida y la moral del viejo Israel”. Pero también viene una segunda invectiva de Jesús frente a los fariseos cuando los llama: “Maestros de la ley que se han apoderado de la llave de la ciencia”, pero afirmará: “Ustedes no han entrado, y a los que intentan entrar se lo han impedido”. En el fondo es una crítica tenaz cuando nos sentimos dueños de la verdad, poseedores de la llave de la ciencia, dueños de la moral, cerramos el camino de la salvación a aquellos que ponen su confianza en esos guías ciegos que son los fariseos. Y así habrá en estos pecado personal y pecado en el desempeño de su misión. Es el enfrentamiento en el fondo entre la sabiduría humana de los fariseos y la sabiduría de Dios manifestada en Jesús. Y nos muestra como estos fariseos prefieren los caminos humanos al camino de Dios, y seguirán los pasos de sus antepasados siglos atrás, cuando persiguieron la Palabra de Dios anunciada por los profetas que ellos mismos aniquilaron. Pero les lanzará una advertencia implacable: “No quedará impune su pecado, su afrenta, su persecución, y se les pedirá cuenta de la sangre de todos los profetas y de todos los inocentes que de siglos atrás han sido perseguidos”. Hoy te pregunto de ¿qué lado estás?, ¿del lado del evangelio, del amor, de la justicia?, o ¿del lado de la norma, de la ley por la ley, del cumplimiento aparente, pero tu corazón torcido vive de otra forma? ¡Cuánto fariseísmo moderno en el siglo XXI! ¿Cuántas veces colamos el mosquito y dejamos pasar el camello? Nos escandalizamos por cosas pequeñas, pero dejamos pasar el gran pecado, el gran mal en la vida de la sociedad. Viene a mi mente simplemente un ejemplo que hoy entendemos todos. Con cuánta ardentía se defiende la vida de una mascota, de un animal y se hace escándalo público, social y mediático por aquel que maltrata una mascota. Pero nos parece de lo más natural, de lo más corriente, de lo más normal que se acabe con la vida humana en el vientre de una joven madre el aborto, que se acabe con la vida de un anciano, porque nos parece que es una vida inútil la eutanasia o que se desprecie la vida de los inmigrantes porque los vemos como personas que estorban a nuestra sociedad, a la productividad, que sobran socialmente. Cómo hemos invertido el orden y los animalitos que son vidas inferiores, nos escandalizamos fariseamente o farisaicamente por ellos; pero no nos escandaliza el dolor de la guerra, el dolor del sufrimiento humano, el dolor de los migrantes, la soledad de los ancianos, la vida inocente de una criatura en el vientre materno nos parece de lo más natural. Éste, por colocar un ejemplo entre miles, nos habla de cómo somos exquisitamente escrupulosos y nos escandalizamos por el mosquito. Pero dejamos pasar el camello por el ojal de la aguja y creemos que todo está bien, y hasta nos sentimos justos y expresamos nuestras opiniones en redes sociales y nos sentimos de lo más kool, de lo más progresistas, de lo más avanzados en pensamiento político, en pensamiento cultural y social, diciendo, yo soy animalista o defensor de los animales, pero poco hago, poco trabajo, poco defiendo la vida y los derechos del ser humano. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 11, 47-54 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 3, 21-30a Hermanos: Ahora, la justicia de Dios, atestiguada por la Ley y los Profetas, se ha manifestado independientemente de la Ley. Por la fe en Jesucristo viene la justicia de Dios a todos los que creen, sin distinción alguna. Pues todos pecaron y todos están privados de la gloria de Dios, y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención de Cristo Jesús, a quien constituyó sacrificio de propiciación mediante la fe en su sangre. Así quería Dios demostrar que no fue injusto dejando impunes con su tolerancia los pecados del pasado; se proponía mostrar en nuestros días su justicia salvadora, justificándose a sí mismo y cancelando la culpa del que apela a la fe en Jesús. Y ahora, ¿dónde queda el orgullo? Queda eliminado. ¿En nombre de qué? ¿De las obras? No, en nombre de la fe. Sostenemos, pues, que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley. ¿Acaso es Dios sólo de los judíos? ¿No lo es también de los gentiles? Evidente que también de los gentiles, sí es verdad que no hay más que un Dios. Él absuelve a los circuncisos en virtud de la fe y a los no circuncisos también por la fe. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo (130)129, 1-2.3-4.5: Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa. Desde lo hondo a ti grito, Señor: Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto. Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa. Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra, mi alma aguarda al Señor. Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 11, 47-54 En aquel tiempo, dijo el Señor: ¡Ay de vosotros, que edificáis mausoleos a los profetas, después que vuestros padres los mataron! Así sois testigos de lo que hicieron vuestros padres, y lo aprobáis; porque ellos los mataron y vosotros les edificáis sepulcros. Por algo dijo la sabiduría de Dios: «Les enviaré profetas y apóstoles: a algunos los perseguirán y matarán»; y así a esta generación se le pedirá cuenta de la sangre de los profetas derramada desde la creación del mundo; desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, que pereció entre el altar y el santuario. Sí, os lo repito: se le pedirá cuenta a esta generación. ¡Ay de vosotros, juristas, que os habéis quedado con la llave del saber: vosotros que no habéis entrado y habéis cerrado el paso a los que intentaban entrar! Al salir de allí, los letrados y fariseos empezaron a acosarlo y a tirarle de la lengua con muchas preguntas capciosas, para cogerlo con sus propias palabras. Palabra del Señor, gloria a ti Señor Jesús. | |
| dc.identifier.uri | https://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1104 | |
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| dc.subject | Confianza | |
| dc.subject | Caminos de Dios | |
| dc.subject | Caminos humanos | |
| dc.subject | Corazón sensato | |
| dc.subject | Escandalizarse | |
| dc.subject | Esclavitudes del corazón | |
| dc.subject | Escrúpulos | |
| dc.subject | Salvación | |
| dc.subject | San Lucas | |
| dc.subject | Biblia | |
| dc.subject | Evangelio | |
| dc.title | ¡Fariseos! | |
| dc.title.alternative | Características de los fariseos |
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