¿Vendrá una purificaicón global?

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2025-11-25T21:23:07Z
dc.date.available2025-11-25T21:23:07Z
dc.date.issued2025-11-27
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¿Vendrá una Purificación Global? La primera lectura tomada del Libro de Daniel en el capítulo 6, nos habla de uno de los pasajes más emotivos que encontramos en este precioso texto, Libro del Antiguo Testamento. Nos habla de “cómo Daniel, por orar a Dios y espiado por algunos hombres, es denunciado ante el rey que había prohibido orar a dioses distintos de los que tenían los medos y los persas y pueblos paganos”. El decreto o edicto real es válido e irrevocable, y por más que el rey que valoraba a Daniel por su capacidad de leer e interpretar los sueños, quiere salvarlo de la condena a muerte, siendo arrojado en el foso, en la cueva de los leones. No tiene otra opción y simplemente con dolor le dirá a Daniel: “Que te salve tu Dios, al que oras y al que veneras fielmente”. Nos dice “que en aquella noche que pasó Daniel en el foso de los leones, el rey entristecido pasó en ayunas, sin mujeres y sin poder dormir. Y al clarear el alba del nuevo día, se levantó corriendo, se acercó al foso y gritó a Daniel con voz angustiada, si había sido salvado de las fauces de los leones”. Daniel le habla desde adentro y le dice: ¡Viva el Rey eternamente!, mi Dios ha enviado a su ángel para cerrar las fauces de los leones, y no me han hecho daño alguno porque soy inocente. Nos dice “que el rey se alegró mucho, mandó sacar a Daniel del foso de las fieras y, al contrario, a los hombres calumniadores e intrigantes, los arrojó con su familia al foso y no habían terminado de llegar al mismo cuando los leones ya los habían atrapado y despedazado”. Al final de esta primera lectura concluirá el rey Darío diciendo “que todos los pueblos respeten al Dios del joven Daniel, el Dios que permanece para siempre, su Reino no será destruido”. Pero más allá de esta lectura, claramente con un acento edificante. Y cuando hay una verdad teológica más allá de detenernos si es histórica o no, aprendamos que siempre han existido intrigas contra los hombres de Dios, como aconteció con estos fulanos que denunciaron ante el rey que Daniel oraba al Dios de los judíos y no al dios del rey pagano. Desde que el hombre es hombre, desde que el mundo es mundo, siempre han existido los intrigantes, los envidiosos que acechan la vida del bueno para mirar cómo atravesarse y causar daño en ellos. Pero aprendemos una segunda enseñanza de esta primera lectura. Y es que el único que trae salvación, en definitiva, es el Dios verdadero que salva del foso de los leones a Daniel y los intrigantes, los malvados, por el contrario, corren la suerte, la mala suerte que ellos querían para un hombre justo como Daniel. Hoy reconozcamos “que el hombre bueno, el hombre justo, aunque sufra muchos males de todos lo libra el Señor”. Podrá ser enjuiciado, pero como decían las abuelas, “el diablo hace las ollas, pero no las tapas”. Y al final la verdad se descubre y la intriga, las calumnias, los montajes frente a muchos tipos de personas caerán y la verdad se conocerá. Pero pasemos al evangelio de hoy de Lucas, capítulo 21, cuando se nos habla del final de la ciudad de Jerusalén, Jerusalén sucumbe como consecuencia de su pecado. Esta destrucción de la ciudad, como todas las catástrofes en la historia de la humanidad, además de ser reseñada como un suceso social, político, histórico, también se lee como un acontecimiento religioso, como una intervención de Dios, donde la ciudad santa sucumbe víctima de su propio pecado al haber rechazado la salvación que Jesús les ofrecía. Recordamos el famoso texto donde Jesús llora y ora por la ciudad santa porque ella ha rechazado a los profetas que de siglos atrás han venido a hablar el nombre de Dios y “últimamente (dirá Jesús), lo han rechazado a Él. Por eso ella misma, en su inconversión, en su dureza de corazón Jerusalén y sus habitantes han buscado su propia destrucción”. Pero luego encontramos en este texto que esta destrucción de Jerusalén será de tal manera que no dará tiempo para la conversión, para el cambio de vida, y afirmará el texto de Lucas 21: “Los que estén en Judea, que huyan a los montes. Los que estén en medio de la ciudad, que se alejen. Los que estén en los campos, no entren en la ciudad, porque serán días de la ira en que se cumplirá todo lo que está escrito”. Y señalará: “Ay de las que estén embarazadas o criando, porque habrá una gran calamidad en esta tierra y un castigo para este pueblo”. Y concluirá diciendo: “Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones. Y Jerusalén será pisoteada por los pueblos gentiles hasta que llegue la plenitud de los tiempos de la gentilidad, que en el fondo son los tiempos de la Iglesia los que ahora vivimos nosotros”. De hecho, Jesús expresa compasión por las víctimas de la gran destrucción de Jerusalén y dirá “que los que no han comulgado con la inconversión, los que no han pecado contra la increencia en Jesús, no van a perecer en la ciudad”. Y nos dirá “que ese rechazo de alguna manera a la ciudad de Jerusalén es un paso necesario para que el mundo gentil llegue a recibir el mensaje del Señor”. En una enseñanza final entendemos, que ante la venida del Hijo del Hombre se hará patente, clara como la luz del mediodía, toda la realidad de la gloria de Dios, y lo que será temor para los pecadores, será alegría, gozo y esperanza de salvación para el creyente. Por eso, de manera luminosa concluirá el texto de hoy: “Cuando vean al Hijo del Hombre venir en una nube con gran poder y gloria. Y cuando vean que esto empiece a suceder, levántense, alcen la cabeza. Se acerca su liberación”. Hoy te invito para que no sientas temor si has vivido y vives en rectitud y de cara a Dios, no sientas temor frente a los cambios del mundo. Alguna persona me preguntaba en estos días “padre, ¿estamos en el final de los tiempos?” Y le contesté, no lo sé. Y el mismo Jesús afirmará “que la hora final no la sabe nadie del mundo, sino el Padre de los cielos”. Pero de manera personal y ante esta pregunta ¿si estamos en el final de los tiempos? Puedo afirmar que vendrán tiempos de purificación para la humanidad. Tal vez por el paganismo que se ha apoderado de grandes grupos de población que, viviendo de espaldas a Dios, se han autoendiosado y han olvidado el amor, la compasión, la justicia y la rectitud en el obrar. Y pienso que esa purificación tal vez no será de manera extraordinaria, sino que será el hombre en su misma realidad histórica, la que va construyendo o quien va construyendo las condiciones materiales, las circunstancias, para que se dé esa purificación en la humanidad. Lo explico. Quizás el descuido del medio ambiente de la Casa Común, como la llamaba en su momento el Papa Francisco a nuestro planeta, producirá cambios climáticos vertiginosos que traerán sufrimiento a ciudades y pueblos. Y será el mismo hombre el causante de esta inestabilidad climática. Pero también cuando pienso en las explosiones sociales, en la inestabilidad política, en las amenazas de guerras, es el mismo hombre de espaldas a Dios y ensoberbecido, autoendiosado, el que está construyendo, repito, las condiciones materiales para tiempos de sufrimiento, de dolor y de purificación. Siempre pienso que la humanidad, después de grandes períodos de dolor, piénsese en las guerras mundiales del siglo XX. De allí surgió, después de estas guerras, períodos de un nuevo humanismo, de más solidaridad, de mayor compasión humana. Quizás ante la tragedia inenarrable del sufrimiento o de la guerra. Pero parece que nosotros no terminamos de aprender la lección y apenas tenemos un poco de bienestar material, de progreso tecnológico, de condiciones mejores de vida. Nos olvidamos de Dios. Y este sufrimiento que estamos construyendo justo por estos años, será tal vez la metodología, la pedagogía, la sabiduría misteriosa que Dios usará para que el hombre recuerde que es criatura y no creador. Que el buen Dios te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 21, 20-28 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Daniel 6, 12-28 En aquellos días, unos hombres fueron a espiar a Daniel y lo sorprendieron haciendo oración a su Dios. Entonces fueron a decirle al rey Darío: “Señor, ¿no has firmado tú un decreto, que prohíbe, durante treinta días, hacer oración a cualquier dios u hombre que no seas tú, bajo pena de ser arrojado al foso de los leones?” El rey contestó: “El decreto está en vigor, como ley irrevocable para medos y persas”. Ellos le replicaron: “Pues Daniel, uno de los desterrados de Judea, no ha obedecido el decreto que firmaste, porque tres veces al día hace oración a su Dios”. Al oír estas palabras, el rey se afligió mucho, se propuso salvar a Daniel y hasta la puesta del sol estuvo buscando el modo de librarlo. Pero aquellos hombres, comprendiendo que el rey quería salvar a Daniel, le urgían diciéndole: “Señor, tú sabes que, según la ley de medos y persas, un decreto real es irrevocable”. Entonces el rey ordenó que trajeran a Daniel y lo arrojaran al foso de los leones. Pero le dijo a Daniel: “Tu Dios, a quien sirves con perseverancia, te va a librar”. Trajeron una piedra, taparon con ella la entrada del foso y el rey la sello con su sello y con el de sus funcionarios, para que nadie pudiera modificar la sentencia dada en contra de Daniel. Después el rey se volvió a su palacio y se pasó la noche sin probar bocado y sin poder dormir. Al amanecer, se levantó y se dirigió a toda prisa al foso de los leones. Ya cerca del foso le gritó angustiado a Daniel: “Daniel, siervo del Dios vivo, ¿ha podido salvarte de los leones tu Dios, a quien veneras fielmente?” Daniel le contestó: “Viva siempre el rey. Mi Dios envió a sus ángeles para cerrar las fauces de los leones y no me han hecho nada, porque ante él soy inocente, como lo soy también ante ti”. El rey se alegró mucho y mandó que sacaran a Daniel del foso; al sacarlo, vieron que no tenía ni un rasguño, porque había confiado en su Dios. Luego ordenó que trajeran a los que habían acusado a Daniel y los arrojaran al foso de los leones con sus hijos y sus esposas. No habían llegado al suelo y ya los leones los habían atrapado y despedazado. Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas de la tierra: “Paz y bienestar. Ordeno y mando que en mi imperio, todos respeten y teman al Dios de Daniel. Él es el Dios vivo, que permanece para siempre. Su reino no será destruido, su imperio durará hasta el fin. Él salva y libra, obra prodigios y señales en el cielo y en la tierra. Él salvó a Daniel de los leones’’. Salmo de Hoy: Daniel 3, 68. 69. 70. 71. 72. 73. 74 Bendito seas para siempre, Señor. Rocíos y nevadas, bendigan al Señor. Hielo y frío, bendigan al Señor. Heladas y nieves, bendigan al Señor. Bendito seas para siempre, Señor. Noches y días, bendigan al Señor. Luz y tinieblas, bendigan al Señor. Bendito seas para siempre, Señor. Rayos y nubes, bendigan al Señor. Tierra, bendice al Señor. Bendito seas para siempre, Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 21, 20-28 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando vean a Jerusalén sitiada por un ejército, sepan que se aproxima su destrucción. Entonces, los que estén en Judea, que huyan a los montes; los que estén en la ciudad, que se alejen de ella; los que estén en el campo, que no vuelvan a la ciudad; porque esos días serán de castigo para que se cumpla todo lo que está escrito. ¡Pobres de las que estén embarazadas y de las que estén criando en aquellos días! Porque vendrá una gran calamidad sobre el país y el castigo de Dios se descargará contra este pueblo. Caerán al filo de la espada, serán llevados cautivos a todas las naciones y Jerusalén será pisoteada por los paganos, hasta que se cumpla el plazo que Dios les ha señalado. Habrá señales prodigiosas en el sol, en la luna y en las estrellas. En la tierra las naciones se llenarán de angustia y de miedo por el estruendo de las olas del mar; la gente se morirá de terror y de angustiosa espera por las cosas que vendrán sobre el mundo, pues hasta las estrellas se bambolearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube, con gran poder y majestad. Cuando estas cosas comiencen a suceder, pongan atención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación’’. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
dc.identifier.urihttps://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1146
dc.subjectCambio del mundo
dc.subjectFe
dc.subjectFin de los tiempos
dc.subjectObrar rectamente
dc.subjectSalvación
dc.subjectSan Lucas
dc.subjectVida eterna
dc.subjectVivir con alegría
dc.subjectVivir con esperanza
dc.subjectVivir con gozo
dc.subjectVivir de cara a Dios
dc.subjectVivir en rectitud
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
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dc.title.alternativeNo temas

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