¡Dios creo el cielo y la tierra!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
San Marcos 6,53-56
Lectura del día de hoy
Del libro del Genesis 1,1-19:
Al principio creó Dios el cielo y la tierra.
La tierra era un caos informe; sobre la faz del abismo, la tiniebla. Y el aliento de Dios se cernía sobre la faz de las aguas.
Y dijo Dios: – «Que exista la luz.»
Y la luz existió. Y vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la tiniebla; llamó Dios a la luz «Día»; a la tiniebla, «Noche». Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero.
Y dijo Dios:- «Que exista una bóveda entre las aguas, que separe aguas de aguas.»
E hizo Dios una bóveda y separó las aguas de debajo de la bóveda de las aguas de encima de la bóveda. Y así fue. Y llamó Dios a la bóveda «Cielo». Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo.
Y dijo Dios: – «Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezcan los continentes.»
Y así fue. Y llamó Dios a los continentes «Tierra», y a la masa de las aguas la llamó «Mar». Y vio Dios que era bueno. Y dijo Dios:
– «Verdee la tierra hierba verde que engendre semilla, y árboles frutales que den fruto según su especie y que lleven semilla sobre la tierra.»
Y así fue. La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie. Y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero.
Y dijo Dios: – «Que existan lumbreras en la bóveda del cielo, para separar el día de la noche para señalar las fiestas, los días y los años; y sirvan de lumbreras en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra.»
Y así fue. E hizo Dios dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, la lumbrera menor para regir la noche, y las estrellas. Y las puso Dios en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra; para regir el día y la noche, para separar la luz de la tiniebla. Y vio Dios que era bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto.
Palabra de Dios, te alabamos Señor.
Salmo del día de hoy
Salmo 104/ 103,1-2a.5-6.10.12.24.35c:
Goce el Señor con sus obras.
Bendice, alma mía, al Señor, ¡Dios mío, qué grande eres! Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto.
Goce el Señor con sus obras.
Asentaste la tierra sobre sus cimientos, y no vacilará jamás; la cubriste con el manto del océano, las aguas se posaron sobre las montañas.
Goce el Señor con sus obras.
De los manantiales sacas los ríos, para que fluyan entre los montes; junto a ellos habitan las aves del cielo, y entre las frondas se oye su canto.
Goce el Señor con sus obras.
Cuántas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con sabiduría; la tierra está llena de tus criaturas. ¡Bendice, alma mía, al Señor!
Goce el Señor con sus obras.
Evangelio del día de hoy
Del santo Evangelio según san Marcos 6,53-56:
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos, terminada la travesía, tocaron tierra en Genesaret y atracaron. Apenas desembarcados, algunos lo reconocieron y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaban los enfermos en camillas.
En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban se ponían sanos.
Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
Hemos dejado como primera lectura la carta a los hebreos, y nos adentramos en el precioso, precioso libro de la creación, del Génesis. Hablaremos durante estos días de este hermoso libro que construye los relatos fundantes de la historia del mundo, de la historia de los hombres. Algunos han ponderado que el relato del Génesis es una sencilla fantasía, y que se opone a toda la teoría evolucionista de la ciencia. Esta contradicción es aparente, es un dilema engañoso, porque en el fondo la verdadera fe y la verdadera ciencia, no se oponen, sino que por el contrario se complementan. Si leemos con atención estos textos del libro del Génesis, entenderemos que el autor sagrado del libro, para nada habla simplemente de un acto creacionista, mágico, como apareciendo de la nada, si nos damos cuenta, esos períodos de día primero, día segundo, son manera simbólica en que el hombre de la Biblia habla de grandes periodos en la historia humana, periodos que pueden ser de miles o millones de años. Y descubrimos claramente un matiz evolucionista en el acto creador de Dios.
El primer día encontramos: que todo en un caos informe, empieza a construirse con un orden, con un diseño inteligente. En el día primero en efecto, se separa la luz de las tinieblas, en el día segundo, se separa la tierra del cielo, en el día tercero, se separa el mar de los continentes, que empiezan a manifestar los signos de la flora, la fauna, el mundo vegetal.
En el día cuarto, se separa el sol de la luna, el día de la noche. Claramente, y lo veremos mañana también, es un lenguaje evolucionista, que nos habla de la materia más primitiva, más elemental, a la materia más elaborada, a la materia más evolucionada. Por eso hablar de una contradicción entre creacionismo, contenido en el Génesis, y evolucionismo, presentado por la ciencia, no es real, o por lo menos no se da desde una verdadera aproximación al texto sagrado. Claro que Dios crea, pero respetando el orden evolutivo de la creación.
Pero sobre esto volveremos a hablar en algún momento, toquemos el tema del Evangelio de hoy: como Jesús se nos presenta, como hombre itinerante, no se queda en un solo lugar, no se acomoda, va de aquí para allá, porque la urgencia del mensaje, la vida nueva que nos da el amor de Dios en el corazón y que sobrepasa todo en el humano, hay que comunicarla a tiempo y a destiempo, de manera oportuna e inoportuna, por eso Jesús es un itinerante de aldea en aldea.
Encontramos un segundo dato en el Evangelio de hoy, y es como los hombres reconocen a Jesús por su poder sanador. Le llevaban los enfermos en camillas, los colocaban en las plazas públicas, algo había en Jesús, algo reconocía la generación de su tiempo, colocaban con toda confianza los enfermos en presencia de Jesús para que fueran sanados.
Pero el tercer dato del Evangelio de hoy, y quizás el más interesante, es la fe sencilla, la fe simple del pueblo de Dios hace 2000 años, y hoy también. La gente le rogaba a Jesús que le dejara tocar al menos, el borde del manto, de su vestido, para poder ser sanados. Como, cuando hoy el conocimiento se ha especializado tanto, como merced al desarrollo de la racionalidad, de las ciencias humanas, sociales, ciencias naturales, ciencias exactas, como desconfiamos y sospechamos de lo que no quepa en los parámetros de la racionalidad moderna, como la fe sencilla de los hombres y mujeres del tiempo de Jesús nos enseñan a nosotros y nos muestran que hay otra manera de creer.
Nunca dejes de entender, que creer, implica tener corazón de niño, confiarte totalmente en el Señor y abrir tu corazón, a la eterna novedad que es Dios.
Que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.