¡Conságrate al Señor!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Lucas 2, 22-40 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Malaquías 3, 1-4 Esto dice el Señor: “He aquí que yo envío a mi mensajero. Él preparará el camino delante de mí. De improviso entrará en el santuario el Señor, a quien ustedes buscan, el mensajero de la alianza a quien ustedes desean. Miren: Ya va entrando, dice el Señor de los ejércitos. ¿Quién podrá soportar el día de su venida? ¿Quién quedará en pie cuando aparezca? Será como fuego de fundición, como la lejía de los lavanderos. Se sentará como un fundidor que refina la plata; como a la plata y al oro, refinará a los hijos de Leví y así podrán ellos ofrecer, como es debido, las ofrendas al Señor. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos’’. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 24(23), 7. 8. 9. 10 (R. cf. Dn 3, 53a) El Señor es el rey de la gloria. ¡Puertas, ábranse de par en par; agrándense, portones eternos, porque va a entrar el rey de la gloria! El Señor es el rey de la gloria. ¿Y quién es el rey de la gloria? Es el Señor, fuerte y poderoso, el Señor, poderoso en la batalla. El Señor es el rey de la gloria. ¡Puertas, ábranse de par en par; agrándense, portones eternos, porque va a entrar el rey de la gloria! El Señor es el rey de la gloria. ¿Y quién es el rey de la gloria? El Señor, Dios de los ejércitos, es el rey de la gloria. El Señor es el rey de la gloria. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 2, 22-40 Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la ley, un par de tórtolas o dos pichones. Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo: “Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido, porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel”. El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: “Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma”. Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada, y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Ana se acercó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel. Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Conságrate al Señor! El hermosísimo texto de san Lucas en el capítulo 2, versículos 22 y 40 nos recuerda como los padres de Jesús, María y José cuando se cumplieron los días de purificación de María 40 días (y haz esta cuenta desde el día de Navidad, 25 de diciembre hasta hoy 2 de febrero te da 40 días), según la Ley de Moisés, llevaron a Jerusalén al recién nacido, repetimos, de 40 días para presentarlo al Señor, para ofrendarlo a Dios de acuerdo con lo prescrito en la Ley mosaica, que se decía “todo varón primogénito, el varoncito mayor será consagrado al Señor, y a cambio se entregará una ofrenda, un oblación, como dice la Ley. Si era una familia pobre, un par de tórtolas o dos pichones de paloma. Si era una familia pudiente económicamente podía ofrendar un cordero, un cabrito”. Sabemos de María y José que eran hombres o esposos pobres, sencillos. Y allí, antes de entrar en el gran y majestuoso Templo de Jerusalén para cumplir con lo prescrito por la Ley mosaica, se encuentran con el hombre justo y piadoso que el Evangelio llama Simeón, y que más allá de su ancianidad, aguardaba el consuelo de Israel, y el Espíritu Santo estaba con él y le había revelado “que no cerraría la muerte sus ojos antes de ver y cargar en sus brazos al Mesías del Señor, al enviado de Dios, al anunciado por los profetas a lo largo de todos los siglos”. Con razón Simeón, tomando al Niño en brazos, dirá: “Ahora Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo morir en paz, porque mis ojos han tenido la alegría (lo agrego yo) de ver a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos”. Y llamará a ese recién nacido de 40 días: “Luz para alumbrar a todas las naciones y gloria del pueblo de Dios, del pueblo de Israel en su momento, que hoy el pueblo de Dios somos todos nosotros, la Iglesia”. María y José no entendían estas palabras de Simeón y se admiraban de ellas sin comprenderlas plenamente. Y Simeón continúa su reflexión inspirada diciendo: “Este Niño ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y otros se levanten, y Él será signo de contradicción”. Y luego lanzará una profecía a María, le dirá: “A ti misma una espada te traspasará el alma, para que se ponga de manifiesto los pensamientos de muchos corazones”. ¡Qué impresionante! Al final concluirá el evangelista diciendo “que regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret y el Niño Jesús crecía y se llenaba de sabiduría, de fuerza física, y la gracia de Dios estaba con Él”. Hoy entendemos en esta fiesta que no es solamente Mariana, la Virgen de la Candelaria, o de las Candelas, o de las Luces, según la tradición procesional de recibir al Niño con antorchas a la entrada del templo. Sino que es sobre todo una fiesta cristológica donde se presenta a Cristo, al Padre Dios, para ser consagrado y salvado también a partir de unos sencillos sacrificios rituales de animales. Aprendamos hoy que celebramos la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, cómo podemos ofrendar a Dios tantas situaciones de nuestra vida. Hoy aprende que tu consagración al Señor puede hacerse desde tu ofrecimiento de aquellas pruebas cotidianas de la existencia, desde tu tiempo de trabajo, tu tiempo a la familia, tu tiempo de servicio, tu tiempo de oración que puedes ofrendar, consagrar, entregar, presentar al Padre de los cielos como Jesús Bebé fue presentado por sus padres, José y María, al Padre Universal, al Padre Dios. Pero en nuestro mundo de conflictividades, de exigencias, de dificultades, se me ocurre pensar que hay un ofrecimiento muy grande que podemos hacer a Dios como Él se ofrendó en el altar de la cruz cuando entregó su vida y derramó su sangre. Aprendamos a entregar también aquellos pequeños martirios de nuestra vida, sufrimientos de nuestra vida, y a ofrendarlos amorosamente y con toda fe al buen Dios por nuestra redención y la redención de los seres que amamos, y así nuestro dolor no tendrá un sinsentido, sino todo lo contrario, tendrá sentido y será una ofrenda martirial con sentido, una ofrenda martirial redentora. Hoy te propongo una serie, una sucesión de pequeños y silenciosos martirios que hay en la vida de numerosas personas. El primero de ellos, hay un martirio de sangre, el derramamiento de la vida y de la sangre del cuerpo. Tal vez el martirio más público, más reconocido, tal vez el más doloroso, fue el martirio que vivió Juan el Bautista al ser decapitada su cabeza y correr sangre. Fue el martirio del mismo Jesucristo al ser coronado de espinas, crucificado vivo y atravesado su costado con una lanza por parte del soldado romano. Es el martirio de tantos mártires que, como dice Tertuliano: “Será su sangre de mártires, semilla de nuevos cristianos”. Pero hay también en nuestro mundo, más allá de ese martirio de sangre que vemos ahora en Nigeria, en Sudán, en Siria, en Egipto, en Pakistán, en países de mayoría musulmana donde masacran miles de cristianos porque son minoría religiosa en países de mayoría musulmana, hoy encontramos el martirio o el sufrimiento moral. Convivir, por ejemplo, con una persona con un desorden moral propio, trátese de ludopatía, neurosis, alcoholismo, bipolaridad, depresión, drogadicción. Cuánto sufrimiento con una persona infiel, neurótica, grosera, incapaz para reconocer sus yerros y sus fallos. Hay un martirio moral en esta situación. Pero además un tipo de martirio y de ofrecimiento a Dios en este día en que Jesús Bebé es ofrecido al Padre Dios, y rescatado con unos pichones de paloma o de tórtola, está el sufrimiento y el martirio mediático y digital, el llamado matoneo o bullying en las redes sociales, donde se difama, se calumnia, se enjuicia públicamente por la prensa, sin tener siquiera un juicio judicial y una defensa legítima se enjuicia a una persona: un empresario, un político, un líder, un sacerdote, un ciudadano de a pie. Ese es un martirio y un sufrimiento mediático y digital, ofrendarlo a Dios por la propia vida y por la vida y la redención de la familia y los seres que amamos. Pero en un cuarto momento, hay también la ofrenda de ese sufrimiento laboral, ese sufrimiento material cuando buscas infatigablemente empleo sin encontrarlo o cuando tienes el subempleo, las ventas en la calle, al pie de un semáforo. Un empleo de baja calidad que no nos permite ahorro, que no es estable, que no nos permite generar ingresos para vacaciones y el día en que no trabajamos, sencillamente no podemos comer. Ahí hay un sufrimiento en esos cientos de miles de compatriotas que tienen una baja calidad en su empleo. Cuánto sufrimiento trabajando al sol y al agua. Y qué no decir de aquellos que tienen un empleo formal, qué nivel de estrés por intrigas, por presión de los jefes, por señalamientos de compañeros difíciles, por altísimas responsabilidades, por bajos estímulos, por maltrato laboral o acoso laboral. Cuánto sufrimiento podemos ofrendar a Dios y presentarlo y decirle por mi vida y la vida de los seres que amo. En un quinto nivel de sufrimiento o de martirio, está aquel que es silencioso. Y recordaba a un místico que afirmaba: “Una cruz mientras más silenciosa, es más preciosa”. Por ejemplo, la enfermedad, por ejemplo, una limitación temperamental, como la timidez, por ejemplo, un complejo de inferioridad por fealdad, por gordura, por baja estatura, por poca inteligencia. Cómo pueden hacer sufrir silenciosamente a una persona y como puede ser ocasión de ofrenda espiritual, hoy, en la Jornada Mundial de la Vida Consagrada y donde Jesús es ofrendado al Padre Dios, aprender a ofrendar estos martirios en tu vida personal que por silenciosos no dejan de ser menos preciosos. Hay también otro tipo de martirio y te hablo en un sexto momento del martirio cotidiano, el de todos los días. Madrugar para estudiar, madrugar para trabajar, madrugar para preparar el desayuno para los hijos, madrugar a las ventas, madrugar en el transporte público. Esos martirios cotidianos. Hacer una carrera mientras trabajas, trasnocharte hasta altas horas, no volver a salir con tus amistades porque tienes que sacar adelante tu trabajo y tu estudio. Es un martirio cotidiano, silencioso la lucha diaria por la supervivencia. Finalmente, en una séptima expresión de martirios o sufrimientos humanos, está el martirio espiritual. Cuando experimentamos desolación, soledad, abandono de Dios, aunque no es cierto, no escuchar la voz de Dios, desconfiar de Dios y su amor y hasta llegar a la desesperanza. “Las noches oscuras de los sentidos y del alma”, de la que hablan místicos como san Juan de la Cruz, noches oscuras que vivieron los santos y muchos cristianos de a pie. Y aprender a entender que allí también podemos ofrendar este sufrimiento a Dios. Siete expresiones de martirio para ofrecer a Dios. Uno. Martirio de sangre. Dos. Martirio moral. Tres. Martirio mediático o digital. Cuatro. Martirio laboral. Cinco. Martirio silencioso. Seis. Martirio cotidiano. Siete. Martirio espiritual. Aprende a ofrecer estos sufrimientos como Jesús, como María, como José lo hicieron con una fe para reparar por tu pecado, con un amor para purificar tu vida, con una esperanza de que la redención se aplicará por ti. La fe, la esperanza y el amor, virtudes teologales te ayudarán a tu crecimiento personal, a tu maduración espiritual, a tu purificación de pecados de la vida pasada. Y en este día inmenso en que Jesús es ofrendado a Dios, ofréndate también al Padre Dios con las pruebas y sufrimientos de la vida. Y serás especialmente recompensado y bendecido si con fe, amor y esperanza, ofrendas y no reniegas de tu cruz, de las espinas que hay en tu vida. Que el buen Dios te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. ¡Santa María, Nuestra Señora de la Candelaria, en este día, intercede por nosotros!

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