¡Huye de estas cosas!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2025-10-02T13:59:47Z | |
| dc.date.available | 2025-10-02T13:59:47Z | |
| dc.date.issued | 2025-09-19 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Huye de estas cosas! La primera lectura tomada de la Carta del apóstol Pablo a Timoteo es una clara recomendación y enseñanza donde Pablo enseña “a cumplir la doctrina y a no salirnos del mensaje que Jesús ha dejado a los suyos, porque obraría con orgullo y con ignorancia. Y sería una torpeza plantear nuevas ideas distintas del evangelio que van a llevar simplemente a envidias a polémicas, a suspicacias, a altercados interminables que no tienen razón de ser”. Pero a renglón seguido, de manera sapiencial, Pablo, hablando a Timoteo, hablará “de la libertad interior que debemos de tener todos los seguidores de Jesús frente a los bienes de esta tierra”. Y dirá de manera lapidaria y con una profundidad luminosa: “Nada hemos traído al mundo, como tampoco el día de nuestra muerte, nada nos podemos llevar de él”. Y planteará una realidad desafiante para una cultura mercantilista y de acumulación del capital que nos presenta esto como la gran meta de la vida. Y dirá Pablo: “Teniendo alimento diario y el vestido con que cubrirnos, con esto debemos de mantenernos contentos”. Y alertará a los que quieran enriquecerse, “sucumben a la tentación, se enredan en un lazo del que luego no se pueden soltar y son presa de muchos deseos absurdos y nocivos que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición”. Y lanzará una máxima evangélica que ha marcado la historia de la Iglesia, cuando Pablo dirá a Timoteo: “El amor desmedido al dinero es la raíz de todos los males humanos, y algunos arrastrados por él, se han apartado de la fe y se han acarreado numerosos sufrimientos”. En cambio, plantea a Timoteo, como hombre de Dios: “Que huya de estas cosas, de esta codicia del dinero, que busque la justicia, la fe, el amor, la mansedumbre. Y que combata bien el combate de la fe, alcanzando la vida eterna”. Pero detengámonos a propósito del salmo responsorial que la liturgia de este día nos propone: “Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos”. Y a propósito de aquellas mujeres, Magdalena, Juana, Susana y otras que con toda libertad ayudaban con sus bienes materiales a la misión de Jesús. Aprendamos de ellas, del evangelio y de la primera lectura, la realidad del dinero que puede ser y ha sido en no pocas personas, la raíz de todos sus infortunios y tragedias. De entrada, para no demonizar el dinero, afirmo, que éste se necesita, ¿quién lo niega? En nuestro mundo todo se ha construido alrededor del dinero, necesitas de él para tu salud, para tu alimentación, para tu recreación, para educarte, para aportar al sistema de pensiones, para algún viaje que necesites o un pequeño lujo que quieras darte. Asociamos normalmente al dinero con la seguridad, con el bienestar, aparentemente con la felicidad de la vida a partir de la posesión de bienes abundantes. Sin embargo, el dinero, con todo su poder, no es capaz de vencer la enfermedad que puede ser mortal, no es capaz de superar una depresión severa, no es capaz de parar el desamor y el divorcio en una relación de pareja. No es capaz de ralentizar o detener las enfermedades que llegan con el paso de los años. El dinero, aparentemente con todo su poder, no detiene la pérdida de belleza y salud que con la vejez va llegando a todos los hombres. El dinero con todo su poder el que enuncia y anuncia al mundo, no es capaz de comprar el amor verdadero, ni siquiera de vencer la muerte, que es la única ley universal que a todos nos iguala. Frente a toda esta realidad y esta frase paradigmática: “El amor desmedido al dinero es la raíz de todos los sufrimientos humanos”, aprendamos algunas sabidurías. La primera, el dinero es el llamado “señor del mundo”. De hecho, Jesús a la única realidad creada que le da el título de “señor”, es al dinero, con el apelativo en su lengua nativa “mamón” o “mamona”. Y dirá Jesús: “No se puede servir a dos señores, a dos dioses al mismo tiempo, porque se atenderá uno y se desatenderá al otro”. La experiencia de Dios como experiencia de amor donativo y la experiencia del dinero como codicia, acumulación y posesividad de riqueza se excluyen, se excluyen como el agua y el aceite. Una segunda sabiduría es reconocer cómo el dinero ejerce una poderosa fascinación, atracción, seducción sobre el corazón humano. He visto en la vida como por ostentar riqueza nos quebramos el lomo trabajando, nos olvidamos de compartir en familia, nos volvemos esclavos en la oficina, el almacén, la bodega, el trabajo, el computador, el trabajo y se nos olvida vivir. Pero también tenemos que reconocer que a veces, para obtener dinero y por esa atracción, fascinación o seducción en nuestro corazón, mentimos y acomodamos nuestros principios y valores. Vendemos el cuerpo y nos prostituimos, nos peleamos y nos dividimos en la vida de las familias por la herencia de los padres, en la vida matrimonial cuando llega el divorcio y la disolución de la sociedad conyugal. Y no faltan quienes, atraídos y seducidos por el dinero, se dejan arrastrar a una vida de robo, extorsión, calumnia, drogas, secuestro, daños a otras personas, porque el corazón se ha hipotecado al dinero. En una tercera sabiduría, reconocemos que la ambición, la codicia desbordada por el dinero, como dice la primera lectura de hoy: “Es la raíz de todo mal y sufrimiento humano”, porque sucumbiendo a la tentación, enredamos nuestra vida en situaciones y nudos que luego no podemos desatar. Deudas que no podemos pagar, traiciones a amigos que nos duelen. Esclavizados de deseos absurdos y nocivos llevan al ser humano a la ruina y a la perdición. Y sobre todo, entregados al “dios mamón o mamona” a la riqueza, nos apartamos de la fe en Dios y hacemos nuestra vida vacía y triste como el joven rico del evangelio que dio media vuelta y se marchó pesaroso, porque estaba muy aferrado, muy enamorado de su riqueza. En una cuarta sabiduría reconoce cómo el hombre de Dios huye de estas cosas. Y hoy siente que debes de huir si tu corazón seducido por la codicia y la carrera imparable, la sed insaciable de tener y tener y tener más y necesitar varias vidas para gastarte lo que has conseguido. Recuerda lo que nos dice hoy la primera lectura: “Huye de esta esclavitud y este engaño, busca lo que es justo, busca la fe, busca el amor y la vida en humildad, combate el buen combate de la fe y conquista la vida eterna”. Termino con una quinta y última sabiduría y es pide al Señor administrar sabiamente las posesiones, las riquezas, la cuenta de ahorros, la cuenta bancaria que ahora tienes, que seas como las mujeres del evangelio, Magdalena, Juana, Susana y otras muchas que servían sabiamente a Jesús y a los apóstoles, compartiendo sus bienes con ellos, porque saben que al mundo vinimos sin nada y del mundo nos iremos con nada de esta tierra. Sólo con las obras de amor y de fe que hayamos hecho. Bienaventurados (nos dirá Mateo en el capítulo 5) a los pobres en el espíritu y el salmo de hoy ¡Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos! “Nadie con dinero puede dar rescate por su vida eterna, y cuando muera (nos dirá el salmo) no bajará o bajará mejor solo a la tumba, y nada se llevará con él. Y aunque en la vida (dirá el salmo), lo pasaba muy bien con su muerte, en el mundo de las sombras se reunirá con sus antepasados y nunca más volverá a ver la luz de la vida si hizo del dinero el dios de su corazón”. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Lucas 8, 1-13 Lectura del día de Hoy: Primera Lectura: de la carta del apóstol san Pablo a Timoteo 6, 2c-12: Querido hermano: Esto es lo que tienes que enseñar y recomendar. Si alguno enseña otra cosa distinta, sin atenerse a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo y a la doctrina que armoniza con la piedad, es un orgulloso y un ignorante, que padece la enfermedad de plantear cuestiones inútiles y discutir atendiendo sólo a las palabras. Esto provoca envidias, polémicas, difamaciones, sospechas maliciosas, controversias propias de personas tocadas de la cabeza, sin el sentido de la verdad, que se han creído que la piedad es un medio de lucro. Es verdad que la religión es una ganancia, cuando uno se contenta con poco. Sin nada vinimos al mundo y sin nada nos iremos de él. Teniendo qué comer y qué vestir nos basta. En cambio, los que buscan riquezas, se enredan en mil tentaciones, se crean necesidades absurdas y nocivas, que hunden a los hombres en la perdición y la ruina. Porque la codicia es la raíz de todos los males, y muchos, arrastrados por ella, se han apartado de la fe y se han acarreado muchos sufrimientos. Tú en cambio, hombre de Dios, huye de todo esto, practica la justicia, la religión, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. Combate el buen combate de la fe. Conquista la vida eterna a la que fuiste llamado, y de la que hiciste noble profesión ante muchos testigos. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 49(48), 6-8.9-10.17-18.19-20 Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. ¿Por qué habré de temer los días aciagos, cuando me cerquen y acechen los malvados que confían en su opulencia y se jactan de sus inmensas riquezas? Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Nadie puede salvarse ni dar a Dios un rescate. Es tan caro el rescate de la vida, que nunca les bastará para vivir perpetuamente, sin bajar a la fosa. Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. No te preocupes si se enriquece un hombre y aumenta el fasto de su casa: cuando muera, no se llevará nada, su fasto no bajará con él. Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Aunque en vida se felicitaba: «Ponderan lo bien que lo pasa», irá a reunirse con sus antepasados, que no verán nunca la luz. Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Evangelio del día de Hoy: Lectura del santo Evangelio según San Lucas Lc 8,1-3: En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando la buena noticia del Reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús. | |
| dc.identifier.uri | https://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1064 | |
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| dc.subject | Administrar el dinero | |
| dc.subject | Amor verdadero | |
| dc.subject | Belleza | |
| dc.subject | Esclavitud | |
| dc.subject | Poder del dinero | |
| dc.subject | Salud | |
| dc.subject | Vejez | |
| dc.subject | Vencer la muerte | |
| dc.subject | Biblia | |
| dc.subject | Evangelio | |
| dc.title | ¡Huye de estas cosas! | |
| dc.title.alternative | Dinero |
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