¡El culpable es el otro!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
San Marcos 8, 1-10
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: del libro del Génesis 3, 9-24:
El Señor llamó al hombre: «¿Dónde estás?»
Él contestó: «Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.»
El Señor le replicó: «¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?»
Adán respondió: «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí.»
El Señor dijo a la mujer: «¿Qué es lo que has hecho?»
Ella respondió: «La serpiente me engañó, y comí.»
El Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón.»
A la mujer le dijo: «Mucho te haré sufrir en tu preñez, parirás hijos con dolor, tendrás ansia de tu marido, y él te dominará.»
Al hombre le dijo: «Porque le hiciste caso a tu mujer y comiste del árbol del que te prohibí comer, maldito el suelo por tu culpa: comerás de él con fatiga mientras vivas; brotará para ti cardos y espinas, y comerás hierba del campo. Con sudor de tu frente comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella te sacaron; pues eres polvo y al polvo volverás.»
El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven. El Señor Dios hizo pellizas para el hombre y su mujer, y se las vistió.
Y el Señor Dios dijo: «Mirad, el hombre es ya como uno de nosotros en el conocimiento del bien y el mal. No vaya a echarle mano al árbol de la vida, coja de él, coma y viva para siempre.»
Y el Señor Dios lo expulsó del jardín de Edén, para que labrase el suelo de donde lo habían sacado. Echó al hombre, y a oriente del jardín de Edén colocó a los querubines y la espada llameante que se agitaba, para cerrar el camino del árbol de la vida.
Palabra del Señor. Te alabamos Señor
Salmo del día de Hoy:
Salmo 89, 2.3-4.5-6.12-13
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación
Antes que naciesen los montes,
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios.
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación
Tu reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia son un ayer,
que pasó, una vela nocturna.
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación
Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca.
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos.
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación
Evangelio del día de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio San Marcos 8, 1-10:
Uno de aquellos días, como había mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Me da lástima de esta gente; llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y, si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos.»
Le replicaron sus discípulos: «¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para que se queden satisfechos?»
Él les preguntó: «¿Cuántos panes tenéis?»
Ellos contestaron: «Siete.»
Mandó que la gente se sentara en el suelo, tomó los siete panes, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos cuantos peces; Jesús los bendijo, y mandó que los sirvieran también. La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil. Jesús los despidió, luego se embarcó con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
Continuamos meditando los preciosos textos del libro del Génesis. Se nos muestra después de que el hombre, por el deseo de ser como Dios, entiéndase, por la soberbia que ha sido el pecado capital a lo largo de toda la historia y de todas las generaciones, el hombre ensoberbecido, lleno de orgullo que ha querido ser como Dios, se nos presenta un diálogo entre Dios y nuestros primeros padres, Adán y Eva. Dios les pregunta ¿por qué se descubren que están desnudos? En el fondo, reconoce que están buscando cubrirse, tapar su malicia, ya no hay limpieza total en su corazón. Y la pregunta inmediata de Dios es ésta ¿acaso han comido del árbol que está en el centro del jardín y que se les prohibió comer? Adán da una respuesta típica que nos pone a pensar a todos sobre un modelo universal de no aceptación de nuestras responsabilidades y culpas y por el contrario, proyectar nuestra responsabilidad y culpabilidad en los demás. A la pregunta de Dios en este lenguaje figurado, pero con una alta carga teológica, Adán responde: “No soy yo el que ha comido del fruto prohibido, la mujer que me disté como compañera me ofreció del fruto y comí”. Adán no acepta su culpa, por el contrario, responsabiliza a su compañera, Eva; por su parte, Dios pregunta a la mujer ¿qué es lo que has hecho? Y ella hace exactamente lo mismo que Adán, proyecta y descarga su responsabilidad en la serpiente símbolo del mal en este lenguaje figurado del libro del Génesis, ella dice: “Yo no he comido, la serpiente me engañó y comí”.
Detengámonos un momento en estos versículos del texto sagrado y descubramos que los seres humanos todos, en mayor o menor medida, somos muy proclives a negar nuestras responsabilidades y a decir que la culpa del mal en el mundo, en la vida, es de los otros. Basta colocar un sencillo ejemplo, cuando uno sacerdote acompaña pastoralmente una pareja de esposos que viven serias dificultades o conflictos y los escucha primero por separado, descubre que cada uno, él y ella, cuentan la versión de sus conflictos matrimoniales a su manera, desde su perspectiva y siempre buscando de alguna manera es culpar, salir de su responsabilidad y decir, es que yo he hablado, me he silenciado, he actuado de tal o cual forma porque mi cónyuge me ha hecho esta y otra acción. Tenemos una grande dificultad que genera el mismo pecado como ceguera en el corazón, para que nosotros identifiquemos claramente el pecado, el mal que hay en nosotros.
Suele ocurrir en un segundo ejemplo, de manera macro o general, que atribuimos el hambre del mundo, la injusticia del mundo, la violencia del mundo a los otros, a los gobernantes, a los políticos. En el fondo, tú y yo hacemos parte de un sistema social que quizás ha creado injusticias, exclusiones, inequidades y es muy cómodo, pero sobre todo muy fácil culpar del mal de la sociedad, culpar de la injusticia, de la violencia, del sufrimiento ajeno a los demás.
Qué no decir cuando alguien te dice y es un tercer ejemplo, ve a buscar la paz con Dios, busca un sacerdote y confiésate, reconcíliate con Dios a través del sacramento que administra el sacerdote. Hoy es tan común escuchar esta respuesta: es que el cura es pecador como yo, es que es un hombre como yo, eso ¿quién lo niega? El sacerdote como hombre es pecador, pero Dios le ha dado autoridad, investidura, poder para que en nombre de Dios sane tu corazón y te devuelva, te retorne la paz del espíritu. Es muy fácil señalar la culpa de los demás y decir, no lo hago porque el sacerdote es tal o cual cosa, ¿pero acaso eso te exculpa de tu responsabilidad?, ¿eso acaso te libera del mal que has hecho? Que fácil es cargarle a la Iglesia, a los políticos, a los gobernantes, a los empresarios, a los demás, al otro cónyuge tus errores, tus equivocaciones. De alguna manera silenciamos nuestra conciencia, tranquilizamos nuestro yo interior y pasamos por el mundo sin reconocernos pecadores y necesitados de conversión.
Luego, en la parte final del texto de Génesis, en la primera lectura de hoy, Dios advierte de la maldición que cae sobre la serpiente, el mal siempre se arrastrará y pondrá enemistad entre la mujer, simbolizada con mucha fuerza en el Nuevo Testamento por la imagen de la Madre de la Iglesia, la Madre de Dios y nuestra Madre espiritual, María, su descendencia, los hijos de Dios y también la descendencia de los hijos del mal. Y nos advierte claramente el Señor en palabras que dirige a Adán: “Recuerda que, de la tierra, de ahora en adelante sacarás con trabajo, con sudor y fatiga, el fruto con el que comerás para tu vida”. Pero, sobre todo, invitándonos a la humildad, nos dice: “Recuerda que polvo eres y al polvo de la tierra volverás”. Como nos dice hoy el salmo: “El Señor ha sido nuestro refugio de generación en generación, pidamos sabiduría para conducir nuestra vida”. Y la primera sabiduría es que, con humildad de corazón, reconociéndonos polvo, descubramos: yo me he equivocado, yo debo pedir perdón a Dios y yo debo confiar y abrirme a la salvación que Dios me ha dado por Jesucristo y su vida entregada en la cruz.
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día y te dé luz y sabiduría para conocerte en profundidad y convertirte de lo que necesites ser convertido. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.