¡Acoger, escuchar, obedecer!

Abstract

REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 11, 27-28 Lectura del día de hoy Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Efesios 1, 3-6, 11-12. Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo del día de hoy Salmo 113 R/. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre. Alabad, siervos del Señor, alabad el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre. /R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor. El Señor se eleva sobre todos los pueblos, su gloria sobre los cielos. /R. ¿Quién como el Señor, Dios nuestro, que se eleva en su trono y se abaja para mirar al cielo y a la tierra? /R. Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para sentarlo con los príncipes, los príncipes de su pueblo. /R. Evangelio del día de hoy Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 27-28 En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron. Pero él repuso: Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Con el carácter de fiesta litúrgica, nuestro país, Colombia, celebra la ¡Bienaventurada Virgen María, Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, ¡Patrona de nuestro país!, por eso las lecturas son propias de la fiesta que celebramos en Colombia y no coinciden necesariamente con la liturgia que en otros países hermanos de América Latina puedan tener. La primera lectura, tomada de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios, es un canto de alabanza a Dios, donde lo llamamos el bendito, porque a nosotros nos ha bendecido con toda clase de bienes espirituales y celestiales, donde nos reconocemos elegidos en la persona de Cristo para una misión puntual: la santidad, el ser irreprochables en nuestra conducta ante Él, ante Cristo, por la fuerza del amor. Somos bendecidos de Dios, somos elegidos de Dios, pero finalmente según nos presenta la carta de Pablo a los Efesios, somos destinados en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser hijos del Padre Dios, para que la gloria de su gracia que generosamente se ha desbordado a partir de su Hijo querido, redunde en alabanza del Padre de los cielos. Esta lectura de alguna manera, nos invita a reconocer la imagen magnífica de la Santísima Virgen María, como la llamamos en grado superlativo Santísima, una santidad más alta, una santidad más excelsa. Igualmente, el salmo responsorial, es una invitación a reconocer: “Que sea bendito el nombre del Señor ahora y por siempre, que alabemos el nombre de Dios y que su nombre ahora y por siempre desde la salida del sol hasta su ocaso, sea alabado”. Pero bien, esta primera lectura y este salmo, nos presentan un breve evangelio tomado de Lucas capítulo 11, donde una mujer espontánea en medio de la muchedumbre del gentío, levanta la voz y le dice a Jesús más con un tono emocional: “Dichoso el vientre que te llevó en su seno, y los pechos que te criaron, que te amamantaron”. Seguramente la mujer admiraba a Jesús y quería lanzar una alabanza, un reconocimiento a la Madre que lo llevó en su seno y lo amamantó con sus pechos; pero la respuesta de Jesús, deja tal vez reflexionando a la espontánea mujer que ha lanzado semejante piropo y le dirá el Hijo de Dios: “No, mejor, dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen”. Esta expresión, va en la misma línea de otros textos del mismo evangelista Lucas, donde nos dice: “Que María como discípula de Jesús, escuchaba la Palabra de Dios y la guardaba en su corazón”, según nos dice el capítulo 2 de san Lucas. Pero también nos dirá, frente a otro pasaje evangélico: “Que la madre y los familiares de Jesús son los que oyen la Palabra de Dios y la obedecen”, recordando el pasaje de Lucas en el capítulo 8 versículo 21. Encontramos que María es grande, no solamente por haber llevado en su seno al Hijo de Dios y haberlo amamantado con sus pechos maternales, sino que María es grande porque escucha la Palabra de Dios, forma la Palabra de Dios en su seno, en el silencio de su ser, y acoge la Palabra de Dios poniéndola en práctica. Es una constante en los evangelios, como una triple actitud a ejemplo de María, la más grande discípula de Jesús, y no solamente su Madre, que todos nosotros estamos llamados a vivir y que hoy queremos recordar, a propósito de la Virgen de Chiquinquirá, la patrona de nuestro país, Colombia. Las tres actitudes de María son: una, acoger a Jesús, no cerrar el corazón, abrirse a Él. La segunda actitud es, escuchar su Palabra, atender lo que Él nos pide, aunque a veces no entendamos en nuestra vida, cuál es su propósito, cuál es su proyecto, cuál es el sueño de Dios para nosotros; aconteció en María y ha acontecido en la vida de todos los santos, a veces acogemos y escuchamos la voz de Dios, pero no logramos entender cuál es su propósito, su proyecto sobre nuestra vida, y es aquí cuando viene la tercera actitud, la más importante, que es la de no solamente acoger, escuchar, sino obedecer, practicar, realizar la voluntad de Dios. Acaso no fue lo que hizo María en las bodas de Canaán, cuando acabándose el vino de la fiesta, dice a aquellos que están preocupados porque la fiesta terminará tempranamente, y Jesús manda llenar unas tinajas de piedra, llenarlas de agua, y María ratifica este mandato de Jesús diciendo: “Hagan lo que Él les mande, hagan lo que Él les pida, lo que Él les diga cúmplanlo”. En la vida lo reitero, muchas veces desde lo humano, desde lo racional, desde nuestra lógica que no deja de ser muy limitada, no entendemos por qué ocurren ciertos acontecimientos, porque pasan algunas circunstancias adversas, por qué ciertas pruebas dolorosas en la vida, pero el Señor nos invita a leer su proyecto de vida sobre nosotros con mirada de fe y a obedecerlo, a hacerlo realidad en nuestra vida. Santísima Virgen María, Nuestra Señora de Chiquinquirá, oramos hoy de manera particular por nuestro país, Colombia, por la paz, por los gobernantes; pero te pedimos también por una sociedad de 50 millones de colombianos, que nos ayudes a no darle la espalda a tu Hijo, acoger, abrir el corazón a Él, a escuchar su mensaje sabio, a veces contradictorio con nuestros pareceres y a obedecer, obedecer la voluntad de Dios sobre nosotros. ¡Nuestra Señora de Chiquinquirá, ruega por Colombia! Que el Señor les bendiga a todos en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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