¡Un tesoro en vasijas de barro!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2024-07-30T20:20:12Z
dc.date.available2024-07-30T20:20:12Z
dc.date.issued2024-07-25
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES En la fiesta del apóstol Santiago, encontramos un precioso texto en la primera lectura, tomada de la carta del apóstol san Pablo a los corintios, cuando reconoce precisamente el apóstol Pablo, su profunda fragilidad humana y cómo lleva el tesoro de la vocación de Dios, el tesoro de la fe en Dios, como verdaderamente una riqueza inescrutable, contenida en vasijas de barro que son quebradizas, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria, ¡la gracia divina!, proviene de Dios y no de los hombres. Pablo, como el resto de los apóstoles, reconoce que vive en él, el misterio de la muerte de Cristo, pero que espera también resucitar con Cristo, y experimenta esa muerte de Cristo, ese dolor de Cristo, cuando afirma: “Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan, estamos apurados, pero no desesperados, acosados, pero no abandonados. Nos derriban, pero no nos aniquilan, en toda ocasión y por todas partes, llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo”. Y es que Pablo, como nadie, experimentó los rigores de las envidias, las persecuciones, las calumnias, los intentos de asesinato, los cansancios, las fatigas, con ocasión del anuncio del evangelio. Ese es precisamente el cáliz que debe de beber todo apóstol, todo seguidor de Jesús, y es precisamente esta primera lectura, la que nos prepara a entender mejor, el evangelio de san Mateo en el capítulo 20, cuando los zebedeos, a través de su madre, postrados, le piden a Jesús que puedan estar a la derecha y a la izquierda cuando Jesús sea Rey. Jesús, simplemente, ante una pregunta tan desconcertante y tan inoportuna, responde: “No saben ustedes lo que piden”, ¿acaso son capaces de beber el cáliz que yo he de beber? Para un judío y en la mentalidad bíblica, el cáliz significa el destino, la suerte de sufrimiento, la cruz en el fondo, que todo seguidor de Cristo debe de cargar y asumir en su vida. Los zebedeos, Santiago y Juan, con alguna ingenuidad contestan: “Si, somos capaces de seguir tu destino, con tal de estar en puestos de reconocimiento a tu derecha y a tu izquierda”. Y Jesús vuelve por segunda vez a hacerles una precisión: “Mi cáliz lo beberán, la cruz que implica el seguimiento mío la podrán cargar, pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre de los cielos”. Nos dice el evangelista Mateo, que los otros diez apóstoles que habían escuchado la petición de los hermanos zebedeos, Santiago y Juan, se indignaron contra ellos; quizá su indignación no venía de un corazón tan limpio, sino que en el fondo tenían también secretas ambiciones, esperaban también los primeros lugares, los puestos de importancia y reconocimiento, pero Jesús, en su Espíritu completamente libre e inspirado por el Espíritu Santo, les dirá al grupo de los 12: “Saben que los jefes y gobernantes de los pueblos los tiranizan, que los ricos y poderosos de esta tierra los oprimen”, y hace una precisión definitiva: “No será así entre ustedes”. Jesús entiende una comunidad, más desde una autoridad horizontal que vertical, más desde una autoridad desde la entrega y el servicio, que, desde la imposición, la dominación y la sumisión humillante de los demás. De hecho, afirmará: “Quien quiera ser grande entre ustedes, que sea el servidor de todos y el que quiera ser el primero entre ustedes, que se haga el esclavo y el último entre todos”. Y concluirá lapidariamente Jesús, con esta afirmación hablando de sí mismo: “Es que el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida, entregar su vida, gastar su vida en rescate por muchos”. No sé a la sensibilidad, y a la comprensión del hombre de la posmodernidad, cuando sólo hablamos de derechos: tengo derecho, no me discriminen, no me excluyan, y no hablamos para nada de deberes y menos de servicio y entrega de la vida por los demás. No sé qué tanto pueda calar este evangelio de hoy, repito en la sensibilidad, en la conciencia del hombre postmoderno, que ha construido un poco la mentalidad de sentirse un pequeño dios de su historia, donde nadie le puede cuestionar, donde nadie le puede contradecir, donde él tiene la verdad, la razón, donde nadie se le puede oponer. Hoy, Señor, danos la sabiduría inmensa del evangelio para reconocer, que solo son importantes los hombres y mujeres de esta tierra, cuando entienden y asumen su vida como entrega generosa por los demás. Una madre es primera en la familia, porque es la que más sirve. Un buen empleado es primero en la empresa, cuando es el que más se gasta, más se compromete, más se pone la camiseta en su lugar de trabajo. Un sacerdote es primero en la comunidad parroquial, cuando en verdad es pastor de almas, guía seguro de las ovejas y sabe alimentarlas con la Palabra, con los sacramentos y con la caridad practicada todos los días. Señor, en el mundo de los exitosos o de los triunfadores, en el mundo de la imagen en las redes sociales, ayúdame a descubrir la trampa, la falacia, la mentira que hay en esta falsa importancia de los hombres de esta tierra y a descubrir, que solo somos importantes para Dios cuando gastamos la vida por los demás. Que el Señor te bendiga abundantemente en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 20, 20-28 Lectura del día de hoy Hch 4,33; 5,12.27-33; 12.2: En aquellos días, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor y hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los condujeron a presencia del Sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó: -«¿No os hablamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.» Pedro y los apóstoles replicaron: -«Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.» Esta respuesta los exasperó, y decidieron acabar con ellos. Más tarde, el rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Salmo del día de hoy Salmo (67) 66,2-3.5.7-8: Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación. Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra. La tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios. Que Dios nos bendiga; que le teman los confines del orbe. Evangelio del día de hoy Mt 20, 20-28: En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: -¿«Qué deseas?» Ella contestó: -«Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.» Pero Jesús replicó: -«No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber? » Contestaron: -«Lo somos.» Él les dijo: -«Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mi concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.» Los otros diez, que lo hablan oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: -«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.» Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectAmor
dc.subjectEntrega
dc.subjectEntender a la comunidad
dc.subjectHijo del hombre
dc.subjectJesús vino para dar la vida
dc.subjectJesús vino para servir
dc.subjectSer grande
dc.subjectSer servidor de todos
dc.subjectSomos importantes, cuando gastamos la vida por el otro
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Un tesoro en vasijas de barro!
dc.title.alternativeServicio

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