¡Ten compasión de mi!

Abstract

REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Marcos 10, 46-52 Lectura del día de hoy Lectura del libro del Eclesiástico 42, 15-26 Voy a recordar las obras de Dios y a contar lo que he visto: por la Palabra de Dios son creadas y de su voluntad reciben su tarea. El sol sale mostrándose a todos, la gloria del Señor se refleja en todas sus obras. Aun los santos de Dios no bastaron para contar las maravillas del Señor. Dios fortaleció sus ejércitos, para que estén firmes en presencia de su gloria. Sondea el abismo y el corazón, penetra todas sus tramas, declara el pasado y el futuro y revela los misterios escondidos. No se le oculta ningún pensamiento ni se le escapa palabra alguna. Ha establecido el poder de su sabiduría, es el único desde la eternidad; no puede crecer ni menguar ni le hace falta un maestro. ¡Qué amables son todas sus obras!; y eso que no vemos más que una chispa. Todas viven y duran eternamente y obedecen en todas sus funciones. Todas difieren unas de otras, y no ha hecho ninguna inútil. Una excede a otra en belleza: ¿quién se saciará de contemplar su hermosura? «Palabra de Dios. Te alabamos Señor» Salmo del día de hoy Salmo 33 (32) R/. La Palabra del Señor hizo el cielo. Den gracias al Señor con la cítara, toquen en su honor el arpa de diez cuerdas; cántenle un cántico nuevo, acompañando los vítores con bordones. /R. Que la Palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; Él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. /R. La Palabra del Señor hizo el cielo; el aliento de su boca, sus ejércitos; encierra en un odre las aguas marinas, mete en un depósito el océano. /R. Tema al Señor la tierra entera, tiemblen ante Él los habitantes del orbe: porque Él lo dijo, y existió, Él lo mandó, y surgió. /R. Evangelio del día de hoy Yo soy la luz del mundo –dice el Señor−; el que me sigue tendrá la luz de la vida. Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 10, 46-52 En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí». Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí». Jesús se detuvo y dijo: «Llámenlo» Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama». Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver». Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado». Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino. Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES El Evangelio de hoy nos presenta, un encuentro de Jesús con un famoso ciego camino de Jericó, el ciego Bartimeo (hijo de Timeo) nos dice el evangelista san Marcos y da algunos detalles a propósito de las circunstancias de vida del ciego. Era un hombre mendigo que vivía de pedir limosna y se sentaba normalmente al borde del camino. No nos quedemos con la imagen de hace XX siglos, pensemos ahora, que todos nosotros en distintos momentos de la existencia, experimentamos una ceguera espiritual, una ceguera existencial, no sabemos que camino seguir en la vida; de hecho en la práctica pastoral como sacerdote, escucho con frecuencia algunos penitentes o simplemente en la consejería que afirman, padre, he perdido el rumbo de mi vida, tenía todo claro hasta este momento, pero ahora no encuentro certeza, ni verdad sobre mi matrimonio, sobre mi trabajo, sobre mi familia, me dicen algunas personas que se acercan para la consejería o para celebrar el sacramento de la reconciliación. Encontramos que Bartimeo, al oír que Jesús pasaba por su vida en el camino de Jericó, empieza a gritar: “¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!” Nos llama poderosamente la atención, que el común de sus congéneres en vez de ayudarle le desanimaban, es más, le increpaban para que se callara y no molestara más al gran rabino, al más popular de los maestros de la época, Jesús el Nazareno. Sin embargo, esta falta de colaboración, esta falta de apoyo de los suyos, no desanima a Bartimeo y, por el contrario, clama, llama, grita con más intensidad, “Jesús descendiente del rey David, ten compasión de mí”. Hoy encontramos en esta afirmación del ciego Bartimeo, una expresión paradigmática en toda la Biblia, y no solamente en el nuevo testamento, una puerta de entrada al corazón mismo de Dios, clamar Señor, ten compasión de mí: en mis quiebras de salud, en mis deudas económicas, en mi situación emocional difícil, en una relación de familia o conyugal conflictiva, frente a un problema moral, frente a una situación aflictiva encadenante, una adicción; en todas estas circunstancias y las demás de tu vida, aprende a clamar a Jesús, ¡Ten compasión de mí! Es la llave que abre la puerta del corazón de Dios, es la llave segura, la clave perfecta, que si sabes hacerlo desde el fondo de tu ser, de tu alma, si clamas como un necesitado con humildad, confianza y perseverancia, serás escuchado por Dios. Cuando a veces afirmas, es que Dios no me escucha, Dios está sordo, Dios se olvidó de mí, a ejemplo del ciego Bartimeo, clama desde el fondo de tu alma y con todas tus fuerzas, ¡Señor Jesús, ten misericordia, ten compasión de mí! Pero continúa el relato del evangelista Marcos y en un segundo momento nos damos cuenta que el clamor del ciego Bartimeo, más allá de que la gente le increpara al mismo invidente para que se callara, llama la atención de Jesús, del Maestro de Galilea, quien se detiene en su caminar y dice, llámenlo; inmediatamente la gente le dice al ciego ánimo, levántate que te llama el maestro. Pronto a responder Bartimeo, soltó el manto, dio un salto nos dice el evangelista san Marcos y se acercó tanteando el terreno, se acercó a la persona de Jesús. Jesús, que penetra como nadie el corazón humano, que sondea lo más profundo de las entrañas y del alma de los hombres y de las mujeres, le hace una pregunta profundamente existencial, una pregunta o un interrogante siempre actual para los hombres y mujeres de todos los tiempos: “Que quieres que haga por ti”. Hoy en el siglo XXI si Jesús se acercara a nuestra vida y nos dijera ¿qué necesitas para ti?, ¿qué quieres que haga en tu vida?, ¿qué respuesta le daríamos? Pensando que se trataba de un ciego mendigo, hubiéramos imaginado que le hubiera pedido alimento, comida, dinero, ayudarle a transportarse, a ir a un lugar determinado; pero el ciego que tiene una luz interior, la luz de la fe, la luz que apunta a lo que es esencial en la vida, no le pide oro, ni plata, ni comida, ni ayudas humanas, le pide lo más grande que necesita el ser humano para su vida, ser sanado de sus cegueras existenciales y espirituales. En efecto, Bartimeo le dice a Jesús ¡Rabboní! o sea lo reconoce como maestro y a renglón seguido afirma Rabboni, maestro, que recobre la vista. Más que el dinero, más que la comida, más que la necesidad del día a día por la que nos afanamos, luchamos, nos preocupamos y nos desgastamos millones de seres humanos, el ciego Bartimeo con una luz interior más grande que el común de los hombres, pide a Jesús ser sanado de su visión, apuntar a lo esencial en la vida, Jesús simplemente le responde: “Anda Bartimeo, tu fe, tu fe te ha curado”. Hoy reconozcamos que la fe es la gran luz que conjura la oscuridad y la ceguera que hay en nuestra vida y que la fe que nos lleva a mirar las personas, las situaciones y circunstancias de cada día y en general la vida, en general con los ojos de Dios, por la fe con la que miramos todo con la mirada divina, es una luz potente que nos lleva sobre naturalizar lo natural de cada día y aún reconocer que aquello que nos parece difícil, negativo, doloroso, sufrimiento o una prueba máxima, Dios lo permite porque con ello tiene un claro propósito, proyecto para nuestra vida. Hoy nos dice el evangelista Marcos, que, ante la palabra de Jesús, “tu fe te ha curado”, Bartimeo al instante recobró la vista y empezó hacer discipulado, seguimiento de Jesús por el camino por donde pasaba el Maestro de Galilea. Hoy, no sé cuál sea tu proyecto de vida, no sé cuáles son tus ambiciones más profundas, tus secretos más luminosos u oscuros, los que hay en tu corazón, pero créeme que en Jesús no hay engaño y que, si en verdad quieres luz para tu vida, háblale a Jesús como Bartimeo y dile, Señor, que yo en este momento de mi existencia pueda ver claro, pueda ver con la luz de la fe, pueda ver con los ojos de Dios, mi familia, mi trabajo, todos mis acontecimientos diarios. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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