¡Jesús, María y José!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
San Mateo 1, 18-24
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: Is 7, 10-14: La virgen concebirá.
En aquellos días, el Señor habló a Acaz:
– «Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.»
Respondió Acaz:
– «No la pido, no quiero tentar al Señor.»
Entonces dijo Dios:
– «Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa «Dios-con-nosotros».»
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo 23, 1-2.3-4ab.5-6:
Va a entrar el Señor; Él es el Rey de la Gloria.
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
Va a entrar el Señor; Él es el Rey de la Gloria.
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos.
Va a entrar el Señor; Él es el Rey de la Gloria.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
Va a entrar el Señor; Él es el Rey de la Gloria.
Segunda Lectura: Rm 1, 1-7: Jesucristo es de la estirpe de David, Hijo de Dios.
Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para anunciar el Evangelio de Dios. Este Evangelio, prometido ya por sus profetas en las Escrituras santas, se refiere a su Hijo, nacido, según la carne, de la estirpe de David; constituido, según el Espíritu Santo, Hijo de Dios, con pleno poder por su resurrección de la muerte: Jesucristo, nuestro Señor. Por él hemos recibido este don y esta misión: hacer que todos los gentiles respondan a la fe, para gloria de su nombre. Entre ellos estáis también vosotros, llamados por Cristo Jesús. A todos los de Roma, a quienes Dios ama y ha llamado a formar parte de los santos, os deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según san Mateo 1, 18-24: Jesús nacerá de María, desposada con José, hijo de David.
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
– «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta:
«Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa «Dios-con-nosotros».»
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.
Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
¡Jesús, María y José!
El evangelio de san Mateo en el capítulo 1 versículos 18 al 24, nos presenta los tres personajes centrales de todo el misterio hermoso de la Navidad. María, desposada con José, que esperaba un Hijo por obra del Espíritu Santo. José, el varón justo, que siguiendo la ley mosaica y sin conocer, sin estar en intimidad con María, sabe de un Hijo que viene en camino y decide repudiarla, no en público, sino en privado. Y le habla el ángel de Dios para que acepte ese plan misterioso y contradictorio con las lógicas humanas. Y lógicamente, el tercer personaje, Jesús, cuándo dirá Mateo: “Que la Virgen dará a luz un Hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros”.
Todo el misterio de la Navidad, todo el don de la Natividad, nacimiento de Jesús se da a partir del Sí de María y de José. Hoy, también, recordando la primera lectura de Isaías que había salido recientemente, nos recuerda la señal de la Virgen en cinta que dará a luz un Hijo y que le pondrá por nombre Emmanuel.
Pero a pocos días de celebrar la Navidad ¿qué podemos decir de ella? Que es la mayor bendición de Dios para la humanidad, es el más grande regalo de Dios sobre el mundo, porque el mismo Dios haciéndose hombre, entra en nuestra historia, entra en nuestras coordenadas de tiempo y espacio. Lo hace de la manera más humana a través de una concepción, la formación en el vientre de una mujer madre y el parto o alumbramiento de un Bebé, que es el que vamos a celebrar en próximos días.
Este Bebé asume todas las limitaciones humanas, siente dolor, se cansa como cualquier persona, siente hambre y sed, la necesidad de amar y probablemente la necesidad de ser amado en la familia, en los amigos. Igual en todo al hombre menos en el pecado, que es la gran tragedia del mundo y que bastante nos cuesta reconocer.
Jesús, plenamente humano, en todo igual a los hombres, lo repito, menos en el pecado, y con su nacimiento, con su Natividad, con su Navidad, empieza la obra de redención que el Padre de los cielos, desde todos los siglos, desde siempre, había tenido programada, para decirlo de alguna forma, obra de redención que terminará en la cruz y en el sepulcro, con la muerte crucificado y con la Resurrección desde el sepulcro, que nos alcanzará el perdón de los pecados y una nueva vida.
Y vemos en esta Navidad señales claras. La criatura en el vientre de María no es fruto de la acción humana, sino fruto de la acción de Dios, del Espíritu de Dios, del Espíritu Divino, y así se le aclara tanto a María como a José. Se le llamará a este Bebé Jesús, porque el nombre en la Biblia no sólo designa identidad, sino misión. Y Jesús, Yeshua o Yeshúa significa ¡Dios salva, Dios Salvador!, y es la gran misión de Jesús viene a salvarnos de nosotros mismos, de la fiera que llevamos adentro, del pecado que nos domina, que nos lleva a veces a sufrir terriblemente, a cortar relaciones con seres que hemos amado, a no perdonar, a bloquearnos para amar, a encerrarnos en nuestro egoísmo, a mirar la vida como una ambición y una codicia excesiva de posesiones y de cosas.
Él viene para liberarnos de ese pecado, para salvarnos de nosotros mismos, viene a estar con nosotros. Por eso es el Emmanuel, Dios con nosotros, no se desentiende de nuestra historia, nos acompaña en nuestras luchas y necesidades.
Hoy te invito cuando faltan pocos días para la Navidad, que vivas este tiempo hermoso que empieza el próximo 25 de diciembre, que tengamos la conciencia de que, si el Niño Salvador es una bendición para la humanidad, tu vida es una bendición para los demás. Si eres padre para tus hijos, si eres hijo, eres bendición para tus padres, si eres esposa, esposo, eres bendición para tu cónyuge. Y todos somos bendiciones para nuestra familia ampliada y para nuestro mundo.
Tengamos conciencia de que nuestra presencia, nuestras palabras, nuestras decisiones, nuestras acciones, fruto del amor de Dios que nos habita en lo profundo del ser. Es bendición en la medida en que cada uno es reflejo de la gran bendición de Dios, Cristo Jesús, que acompaña nuestra historia.
Pero finalmente te hago una pregunta ¿cómo atraer la bendición de Dios? La Navidad ciertamente es un regalo y un don de lo alto del cielo para nosotros. Pero ¿cómo atraer esa bendición de Dios y cómo ser nosotros bendición para los demás?
Y te propondré algunos caminos que sean tema de oración y meditación de cara a esta próxima Navidad, esa noche magnífica, noche de paz, noche de luz donde nos nace en el pesebre más hermoso, nuestro propio corazón, el Niño Redentor.
Repito la pregunta ¿cómo atraer la bendición de Dios?
Y te daré un primer camino, confianza absoluta en Dios. Creer en las promesas de Dios, ser como María de la que dijo Isabel: ¡Dichosa tú que has creído! ¡Dichosa tú que te has fiado del Señor, porque lo que Él te ha dicho se cumplirá! Confiemos y pidamos la gracia de fortalecer nuestra fe en el Señor.
Pero un segundo camino para atraer la bendición de Dios es practicar la misericordia, recordando la famosa bienaventuranza: ¡Dichosos los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia de Dios! José fue misericordioso al no repudiar públicamente a María siguiendo la ley judía, en un caso que, para la época, para la cultura y la legislación del siglo I en Israel, era un caso supremamente escandaloso, vergonzoso y difícil de asumir.
Hoy, frente a los errores de otros que no comprendes, pide la gracia de tener un corazón misericordioso y así atraerás la bendición de Dios y serás bendición para los tuyos.
Pero en un tercer camino, reconocemos que cuando obramos con rectitud y limpieza de intención, limpieza de corazón, como lo hicieron María y José, atraemos también la bendición de Dios, y recordamos la bienaventuranza: ¡Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios!
En esta próxima Navidad pide, pidamos la gracia de la rectitud en el obrar, de la limpieza en nuestras intenciones, sin doble fondo, sin hipocresías.
En un cuarto camino para atraer la bendición de Dios y ser bendición para los demás, está la obediencia, la sumisión plena a la voluntad de Dios. Nos pasamos la vida a veces poniéndonos rodilleras ante un jefe en la empresa, ante una persona importante, ante alguien que tiene riqueza material y que esperamos heredar. Y en eso he aprendido en la vida que “quien con humildad no se arrodilla ante Dios, con humillaciones se arrodilla ante cualquier ser humano que es mortal, que se muere como tú”.
Con razón el salmo dice: “Mucha paz y alegría tienen los que obedecen y aman tus mandatos”.
Créeme que, en la obediencia a Dios distinta de la obediencia a los hombres, hay un camino de libertad, de alegría y de plenitud.
En una quinta vía o camino para atraer la bendición de Dios, está el respeto a su gloria, a su majestad, el respeto por la ley sabia, universal y perfecta de Dios, el respeto y temor de Dios que hubo en María y José, que no fue miedo a Dios; sino reconocimiento a su grandeza, a su gloria, a su solemnidad, al poder que solamente hay en el Padre Creador de cielos y de tierra.
En un sexto camino para atraer la bendición de Dios, te invito a que en estos días previos y luego en la propia Navidad, tiempo de Navidad, oremos y adoremos. A veces oramos solamente para pedir, pero no oramos tanto para agradecer y sobre todo adorar al Creador. Una criatura cuando se reconoce tal es capaz de adorar a su Creador por cada día que nos regala, por cada amanecer, por cada lluvia, por cada puesta del sol, por cada estrella nocturna, por respirar, por caminar, por comer, adorar a Dios. Porque hemos visto sus bendiciones y su amor providente a lo largo de toda nuestra vida.
Culmino diciendo que también atrae la bendición de Dios en un séptimo camino o vía, el obrar con justicia y el ser como José, el llamado varón justo. Que no hablamos de una justicia en sentido jurídico, sino que hablamos en justicia como el hombre o la mujer que viven de cara y en obediencia a Dios. Si hoy quieres que tu vida esté llena de bendiciones, si hoy quieres ser bendición para los tuyos: confía, uno. Practica la misericordia, dos. Obra con rectitud, tres. Obedece a Dios, cuatro. Teme y respeta los mandatos de Dios, cinco. Ora y adora al Rey de reyes, seis. y sé un hombre, una mujer justos, siete. Entenderás que la Navidad es la gran bendición de Dios para ti, pero que, viviendo estas siete actitudes a ejemplo de María, de Jesús, de José, seremos también bendición para los demás.
Que el Señor que está por nacer, el Niño Redentor, nos bendiga a todos en este día. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.