¿Quién nos corrompe, sin darnos cuenta?
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Marcos 7, 14-23
En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo:
-«Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír, que oiga.»
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola. Él les dijo:
-«¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre, y se echa en la letrina.»
Con esto declaraba puros todos los alimentos. Y siguió:
-«Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
Sin lugar a dudas, una de las grandes iluminaciones del evangelio que Jesús trae para el mundo entero, es la que nos presenta hoy Marcos en el capítulo 7, cuando por encima del formalismo y la exterioridad que practicaba el judaísmo en el siglo primero, declara Jesús: “Que nada que entre de afuera hace al hombre impuro”, esto es, los alimentos, frente a los cuales el judaísmo del siglo primero, era supremamente escrupuloso. Por el contrario, declarará Jesús: “Que sólo lo que sale de dentro, del corazón humano, es lo que hace impuro al hombre”, y lo repite nuevamente: “Lo que viene de afuera no entra al corazón a lo más profundo del ser humano, sino al estómago, a su vientre, y luego sale por la letrina, el sanitario”. Pero agregará Jesús: “Que lo que sale de lo profundo del hombre es lo que lo contamina y lo hace impuro”, y enuncia un elenco de actividades, que no parece propio de la vida pueblerina y sencilla de los pueblos orientales hace dos mil años, sino que parece que estuviera describiendo, la vida del hombre del siglo 21. Esto nos muestra que la condición humana, ha sido siempre igual, y Jesús enunciará: “Que, en el corazón humano, de lo profundo de su ser, salen pensamientos y deseos perversos: la fornicación y toda acción contra la pureza interior, el deseo de robos por la codicia del alma, que busca acumular y atesorar. Nace también el homicidio, no solamente por la acción de matar, sino por el deseo de suprimir la vida de una persona. El adulterio configurado hoy como una verdadera lacra en la vida matrimonial; nace del corazón humano la malicia, la incapacidad de pensar bien y por el contrario los pensamientos retorcidos”. Y también del corazón humano dirá Jesús: “Nacen los fraudes, esto es, los engaños, el desenfreno, la envidia de unos por otros, la difamación o la calumnia por odio a otra persona, odio a una institución como la Iglesia o afán de dinero; y del corazón humano nace el orgullo que nos ha acompañado toda la vida, y la frivolidad, la superficialidad en la manera de pensar”.
Concluirá el evangelio diciendo: “Que todas estas maldades salen de dentro del corazón y hacen al hombre impuro”. Pero quizás lo que más impresiona, es que esta verdad no la dijo Jesús para el hombre del siglo 21, que parece muy actual, sino al hombre del siglo primero, mostrando que esta condición humana, tendiente o inclinada al mal, ha sido de siempre.
Por eso la primera lectura de hoy, tomada del primer libro de los Reyes en el capítulo 10, nos habla de la proverbial sabiduría del rey Salomón, que supo distinguir, diferenciar el bien del mal, lo que conviene, de lo que no conviene en la vida, lo que nos hace mejores seres humanos y nos construye y lo que nos hace peores seres humanos, o saca la peor versión de nosotros mismos y nos destruye. En efecto, la reina de Saba, (probablemente del llamado cuerno africano, sea de Etiopía o de Somalia, más de este primer país, Etiopía, donde hubo una raíz judía muy importante). Ella, emigró al norte para conocer, la sabiduría legendaria del rey Salomón, y más allá de las grandes preguntas difíciles de responder, que atendió acertadamente el rey Salomón, de ver cómo dirigía su pueblo, cómo había construido el palacio, cómo tenía administrado el reino, después de ver su gran sabiduría, dice: “En verdad se han quedado cortas las palabras, frente a la sabiduría de quien pasaría a la historia como el más sabio, el más prudente de todos los reyes en la dinastía real del pueblo de Dios”.
Por eso hoy se nos dice en el salmo responsorial: “La boca del hombre justo habla con sabiduría”, y se nos invita: “Encomienda tu camino al Señor, confía en Él y Él actuará; hará tu justicia como el amanecer, tu derecho como el mediodía. La boca del hombre justo habla sabiamente, su lengua explica el derecho, porque lleva en el corazón la ley de Dios, y sus pasos no vacilan”. Terminará el salmo diciendo: “El Señor es quien salva al hombre justo, Él es su alcázar en el peligro, el Señor lo protege, y lo libra, lo libra del hombre malvado y lo salva porque se acoge a Dios”.
Pero concluyamos nuestra reflexión, haciéndola muy actual al siglo 21 y preguntemos, hoy, ¿cuáles son las mayores fuente de contaminación del corazón humano?, y señalaré tres grandes fuentes.
La vida en 30 años de sacerdocio me ha enseñado, que lo mejor y los valores más bellos de la existencia se aprenden en la casa, en el seno de un buen hogar; y la maldad, la mentira, el fraude, el engaño, la hipocresía, el utilitarismo de una persona por otra, todo esto se aprende en la calle.
Pero hay todavía un fenómeno más inquietante, y es que en nuestro mundo, en una realidad novísima o muy nueva, hoy el mundo de las tecnologías, nos muestran, que en la red de información, la web y más concretamente en lo que hoy se llama la deep Web o la dark web, la web oscura, y la pueden mirar ustedes, aparece todo ese mundo de maldad, de oscuridad, de tráfico de armas, tráfico de drogas, tráfico de personas para la prostitución, comercios ilegales; un mundo oscuro, y si la web es como la superficie del océano, la dark web o la deep web, este mundo profundo, es como la hondura del océano, donde se mueven a partir de buscadores específicos con claves y códigos concretos, se mueve un mundo de maldad y de perversión que no alcanzamos a imaginar.
Pero además de la calle y además de las tecnologías donde se enseña lo barato del cuerpo, cómo se trafica y se vende con él, se trafican con armas, se trafican con drogas y demás; tenemos que reconocer una tercera realidad que contamina y envenena la limpieza del corazón humano y es el adoctrinamiento cultural, el lavado cerebral, que hoy hacen en el mundo, sobre todo a las generaciones de niños, adolescentes y jóvenes, a partir de lo que les enseñan en las escuelas, colegios, y universidades, a partir del mundo mediático, de las plataformas de vídeo. Baste decir, que una importante plataforma de vídeo, recibe dinero de grandes tabacaleras, para poner a todos sus personajes en las películas y series a fumar. Recibe dinero de todas las productoras de licor, para poner a todos sus personajes de series y televisión a beber whisky y licor, y reciben también dinero del llamado lobby gay internacional, para poner a sus personajes en escenas gay, para normalizar el licor, el consumo de cigarrillo y la vida sexual con otra orientación, y todo esto es pago y obedece a una agenda concreta.
Hoy estas acciones inmorales, antinaturales, pervertidas, donde la droga se normaliza, la violencia se normaliza, el adulterio se normaliza, la corrupción se normaliza, hoy la hemos aceptado. En la ética muy subjetiva del hombre de hoy, se acoge por tres razones: hago esto porque me da placer, me siento bien, así me destruya esta droga, o esta sexualidad promiscua y desenfrenada. Dos, hago esto porque genera ingresos económicos y el dinero es el dios de esta tierra, y tres, hago esto porque mi subjetividad personal, mi conciencia deformada me dice que todo está ¡ok! y que todo lo puedo hacer cuando no es verdad, recordando a san Pablo quien afirma: “Todo lo puedo hacer en la vida, pero no todo me conviene”.
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.