¡Siete caminos de cambio de vida!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2025-12-05T17:26:31Z
dc.date.available2025-12-05T17:26:31Z
dc.date.issued2025-12-07
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Siete caminos de cambio de vida! La primera lectura tomada del profeta Isaías, cuyo texto ya había aparecido en días pasados, nos habla “cómo del tronco de Jesé florecerá la raíz, el vástago sobre el cual se posará el Espíritu del Señor. Espíritu de sabiduría y entendimiento, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor o respeto por la gloria de Dios”. En el fondo es el anuncio profético del Mesías Niño que descenderá por el linaje del rey David y que llegando al mundo no juzgará por apariencias, no sentenciará de oídas sobre lo que ha escuchado; y por el contrario, golpeará al violento con la vara de su boca y con el soplo de sus labios hará morir al malvado. Hoy reconozcamos la acción de Dios Salvador, la que celebramos en esta próxima Navidad, que instaura un nuevo orden cósmico, un estado de paraíso original, donde no habrá víctimas ni victimarios, perseguidos y perseguidores, sino que todos viviremos bajo la sabiduría y la ciencia del Señor. Y aún en el mundo del orden creado de los animales, habitará el lobo con el cordero, el leopardo con el cabrito, el ternero con el león, la vaca con el oso, el león con el buey. El niño de pecho estará junto al escondrijo de la serpiente, extenderá la mano hacia la madriguera o nido del áspid, y nadie causará daño ni estrago por todo el monte santo, porque está lleno del conocimiento y de la ciencia de Dios. ¿Quién en esta descripción casi poética no anhela profundamente esa paz entre los hombres, esa paz en el orden cósmico, ese estado de paraíso original? Con razón el salmista anhela: “Que en los días del Niño Salvador florezca la justicia y la paz abunde eternamente. Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector. Él, el Salvador, se apiadará del pobre y del indigente, salvará la vida de los sufrientes”. Pero pasemos al evangelio de hoy de san Mateo, capítulo 13. Cuando Juan el Bautista predica reiteradamente la conversión de los corazones, el cambio interior de la vida, porque hay que disponernos por la próxima cercanía del Reino de los Cielos, el reino de justicia, el reino de gracia, el reino de la paz, el reino de la verdad, el reino del amor. Juan se siente como una voz que grita en el desierto a la manera del profeta Isaías que leíamos en la primera lectura. Y frente al ritualismo de fariseos y saduceos que iban a Juan para que los bautizara en una pura ritualidad exterior, supuestamente para el perdón de los pecados, Juan los llamará duramente “raza de víboras. ¿Quién los podrá hacer salir o escapar del castigo inminente?” Y los invita a dar frutos de conversión verdaderos para que puedan en verdad alcanzar el Reinado de Dios. Pero hoy, en este domingo segundo del Adviento, detengámonos en una palabra clave en este itinerario de preparación para la próxima Navidad. Y es la conversión interior. En el fondo es el cambio más importante y más urgente que necesita nuestra vida. A veces cambiamos en lo estético, en lo formal, en lo cosmético. Pero lo más importante en la vida es el cambio interior, el cambio del corazón. Y para ello necesitamos, en primer lugar, reconocernos pecadores, descubrirnos necesitados de un Salvador, de un Redentor. Es que así como el hambriento busca pan, el sediento busca agua, el pecador busca conversión y sobre todo, una redención que renueve su vida. Si no nos sentimos pecadores, no nos descubriremos necesitados de Dios. Pero además de ese reconocimiento humilde y sincero que es universal a la condición humana, se necesita una disposición del corazón que busca ardientemente, que anhela sinceramente, que ansía profundamente un cambio de vida. ¿Acaso no ha acontecido que sientes que te cansas de la vida que llevas, que te hartas de tu propio yo, que te sientes agotada o agotado en tu matrimonio por las peleas, las discusiones, la guerra fría, las relaciones distantes y tú dices esto debe de cambiar, necesito darle un cambio a la vida? Es Navidad o estamos próximos a ella, es el tiempo propicio para creerte este deseo del corazón. Finalmente, además de reconocernos pecadores y la disposición sincera del corazón, necesitamos abrirnos a la gracia de Dios, al amor de Dios, que es el único capaz de transformar la esclavitud que el pecado genera en nosotros para hacernos hombres libres, “con la libertad gloriosa de los hijos de Dios”, de la que habla san Pablo. Abrirnos a esa gracia que también describe el apóstol de los gentiles cuando afirma que Jesús le dirá a él: “Te basta mi gracia y vencerás”. Creamos que la gracia de Dios es capaz de renovar nuestra vida. En lo personal y de manera testimonial te diré, que en mi vida como cristiano, como sacerdote o meramente como hombre, te diré que cuando he intentado cambiar por mis propias fuerzas, no he sido capaz, y que los cambios que he alcanzado en mi vida nunca han sido por mérito propio, sino por la acción de la gracia del amor de Dios en mi vida, que sin atropellarnos, sin violentarnos nos hace hombres más libres, menos esclavos, hombres más sanos, menos heridos, hombres más pacíficos, con menos tempestades interiores. Créelo. No es tu esfuerzo, no es tu mérito; no es siquiera una actitud estoica de tu parte. Es la acción de la gracia de Dios en tu vida. Pero te propongo en esta reflexión caminos ciertos de conversión que he aprendido desde la vida pastoral y espiritual, y reconozco en ellos claras vías para poder renovar y alcanzar el cambio más importante, el cambio del corazón. El primer camino de conversión es cuando hay un arrepentimiento y una contrición o dolor interior sincero. Cuando dices en un momento de iluminación interior: Dios mío, cuánto dolor he causado a mi familia, cuánto sufrimiento he causado a los míos. Yo no lo sabía, yo no era consciente. Esa luz interior que genera arrepentimiento y contrición o dolor sincero por los pecados, créeme que ha ayudado a muchas personas a iniciar un camino bienaventurado de conversión y renovación de su vida. Pero hay un segundo camino o vía para la conversión, y es la oración humilde, sincera, perseverante. Cuando tú oras la Palabra de Dios, cuando vives con intensidad la Eucaristía de cada día, cuando vas con frecuencia frente a Jesús Sacramentado, le visitas y le hablas como el mejor amigo. Cuando tratas de vivir la vida fraterna y de servicio a los demás. Esa forma de vida orante te lleva a confrontarte contigo mismo y en el fondo, a decir: Dios mío, qué lejos estoy de la verdad de Jesucristo, cómo me he alejado de la vida de amor, de servicio, de perdón, de entrega que propone el Evangelio. La oración, cuando no es un mero rezo mecánico y rutinario. La oración del corazón nos ilumina de tal manera que nos conocemos en profundidad y buscamos la conversión y la renovación de nuestra vida. Pero en una tercera palabra o tercer camino de conversión, encuentro que la Palabra de Dios proclamada con unción, con fuego, es exhortativa. Cuántas personas en la historia del cristianismo por dos mil años, por ejemplo, a partir de un texto evangélico: “¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?” Este versículo evangélico a cuántas personas ha llevado a la renovación profunda de sus vidas y a reconocer lo tengo todo y sin embargo descubro que me falta todo en mi vida. La palabra evangélica proclamada con unción, créeme, es camino seguro y sabio para renovar la existencia. Pero hablaría de un cuarto camino y es el fortalecimiento de la fe, entendida ella como obediencia absoluta y confiada a Dios y la certeza del amor divino. La fe, que es docilidad a la voluntad de Dios en el entendido de que Dios es el bueno por excelencia, es el amor encarnado, es la auténtica verdad. Como dirá el apóstol Pedro: “Señor, ¿a quién iremos, a quién buscaremos en la vida entre tantos mensajes e ideologías? Sólo tú tienes palabras de vida eterna”. Créeme que una fe ardiente cambia la vida. De hecho, es reiterada la expresión de Jesús en los evangelios cuando afirma al ciego: “Tu fe te ha curado”. O al sordo, o al paralítico, o al leproso “que, conforme a su fe, que, según su fe, sean sanados y sean liberados”. Pero en un quinto camino, la vida me ha enseñado que las experiencias de sufrimiento prolongadas en el tiempo como: la enfermedad, como la adversidad, como el fracaso económico, como la muerte de un ser querido, como una crisis emocional, de ansiedad o de depresión. Llevan al hombre a buscar su seguridad, no en la horizontalidad de lo humano, sino en la verticalidad de la trascendencia de Dios. Con razón el apóstol Pablo afirmará: “Que la cruz es poder de Dios, es sabiduría de Dios”. Hoy reconoce que, aunque la humillación que el dolor y el sufrimiento generan en el corazón humano, en el fondo tiene algo muy bueno. Destruye el orgullo del hombre, que es el gran y mayor obstáculo para abrirnos a la acción y a la gracia de Dios. Hoy reconoce en tu cruz, en ese sufrimiento del secuestro, de una extorsión, de un momento de prisión, de pérdida de la libertad. Descubre en tu sufrimiento por la enfermedad, por una situación de desempleo, por un divorcio, que esto te ha llevado a replantear los grandes valores y principios de tu vida. Créeme que el sufrimiento, aunque nadie lo quiere, es una poderosa sabiduría e inicio de conversión en la vida. Conversión que nos pide el evangelio de hoy. Pero encontramos en un sexto camino cómo el amor transforma, convierte. La ternura derrite el corazón, y las experiencias profundas de amor humano y de amor místico son renovadoras. Y sin hablar necesariamente del amor místico, hablemos del amor humano. Y recordaremos la expresión del padre de la Iglesia Agustín de Hipona, cuando dice: “Donde no hay amor, pon amor y sacarás amor”. O como decían las abuelas: “Más moscas se cazan, se capturan con una gota de miel que con un litro de hiel o de vinagre”. El amor todo lo puede y con paciencia y sabiduría si das esa gota diaria de amor a otra persona, al final quebrantarás la dureza y la soberbia de su corazón. Finalmente, en un séptimo camino de conversión, está el testimonio de la vida que interroga y convierte nuestro estilo de vida. Papás, abuelos, personas que conocemos, santos de la Iglesia, nos cuestionan y nos muestran que sí se puede aspirar a la santidad, que se puede encarnar la vida de Cristo en el momento y la situación histórica que vivimos. Hoy te invito para que leas el testimonio de los cercanos, que te animen y te inspiren para cambiar tu vida; pero, sobre todo, que des testimonio ante los demás, porque quizás tu ejemplo de vida sea el único evangelio que puedan leer tus hermanos. Siete palabras. Uno. El arrepentimiento. Dos. La oración. Tres. La Palabra viva. Cuatro. La fe. Cinco. El sufrimiento. Seis. El amor. Siete. El testimonio de la vida. Siete caminos para un auténtico cambio de vida. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Mateo 3, 1-12 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Is 11, 1-10: Juzgará a los pobres con justicia. Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor. No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados. Herirá al violento con la vara de su boca, y al malvado con el aliento de sus labios. La justicia será cinturón de sus lomos, y la lealtad, cinturón de sus caderas. Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastorea. La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león comerá paja con el buey. El niño jugará en la hura del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente. No harán daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país de ciencia del Señor, como las aguas colman el mar. Aquel día, la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 72(71), 1-2.7-8.12-13.17 (R. cf.7) Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente. Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente. Que en sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; que domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra. Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente. Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará, del pobre y del indigente, y salvará la vida e os pobres. Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente. Que su nombre sea eterno, y su fama dure como el sol: que él sea la bendición de todos los pueblos, y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. Que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente. Segunda Lectura: Rm 15, 4-9: Cristo salvó a todos los hombres. Hermanos: Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza. Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, os conceda estar de acuerdo entre vosotros, según Jesucristo, para que unánimes, a una voz, alabéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. En una palabra, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios. Quiero decir con esto que Cristo se hizo servidor de los judíos para probar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas hechas a los patriarcas; y, por otra parte, acoge a los gentiles para que alaben a Dios por su misericordia. Así, dice la Escritura: «Te alabaré en medio de los gentiles y cantaré a tu nombre. » Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según san Mateo 3, 1-12: Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos. Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: -«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.» Éste es el que anunció el profeta Isaías, diciendo: «Una voz grita en el desierto: "Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos."» Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados; y él los bautizaba en el Jordán. Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: -«¡Camada de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: "Abrahán es nuestro padre", pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.» Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
dc.identifier.urihttps://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1158
dc.identifier.urihttps://drive.google.com/file/d/1G1Lp-yTtqMERlsD7oElDVZS4506-1zhv/view?usp=drive_link
dc.subjectAbrir el alama
dc.subjectCambio de vida
dc.subjectDisponer el corazón
dc.subjectGracia de Dios
dc.subjectPaso de Dios por nuestra vida
dc.subjectReconocernos pecadores
dc.subjectSan Mateo
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Siete caminos de cambio de vida!
dc.title.alternativeConversión

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