¡Las lágrimas de Jesús!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2025-11-20T16:15:37Z
dc.date.available2025-11-20T16:15:37Z
dc.date.issued2025-11-20
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Las lágrimas de Jesús! El evangelio de san Lucas nos muestra a Jesús, llorando por la ciudad santa de Jerusalén, ante la inminencia de su destrucción y la ceguera de sus habitantes que son incapaces de reconocer a Jesús, como el enviado de Dios. A propósito de este evangelio reflexionemos, sobre esas lágrimas de Jesús. Reconocemos que se puede llorar por un bostezo, por una sonora carcajada; pero el sentido natural del llanto, del derramamiento de lágrimas, es normalmente por causa de un dolor profundo. Pocas veces nos hablan los evangelios del llanto de Jesús, pero tiene expresiones muy concretas en su humanidad profunda y nos señalan tres eventos particulares. En Juan capítulo 11, nos habla “de cómo Jesús lloró por la muerte de su amigo Lázaro”. En Lucas 19, el evangelio de hoy se nos muestra “cómo Jesús llora por la ciudad santa de Jerusalén que será destruida”. Y en la Carta a los hebreos capítulo 5, se nos muestra “cómo en Getsemaní, la noche antes de morir, Jesús clama con lágrimas al Padre Dios que lo puede liberar de la muerte”. Contemplemos estos tres eventos y saquemos tres enseñanzas para nuestra vida, en el entendido de que nos consuela saber, que, si el mismo Hijo de Dios lloró y tuvo expresiones de profunda humanidad, para nosotros no puede ser extraño el también llorar, el derramar lágrimas. El primer evento de Jesús frente a la tumba de su amigo Lázaro, son claramente lágrimas o llanto de dolor. Es la muerte de un gran amigo, es el dolor de Marta y María de Betania (hermanas de Lázaro); son lágrimas de dolor que se expresan para descargar el corazón cuando se siente estallado por el sufrimiento. Lágrimas que tú y yo probablemente hemos derramado por la muerte prevista o intempestiva de una persona que queremos, o simplemente porque por el de curso de la enfermedad o de los años, vemos que su vida se va apagando. Ciertamente, estas lágrimas descargan el corazón, pero también purifican el alma de vanidades, de superficialidades que a veces nos muestran que sufrimos sin necesidad. Reconocemos que las lágrimas derramadas fortalecen para futuras pruebas en la vida y nos señalan como decían nuestros viejos y ancestros: “En la vida lo poco espanta y lo mucho amansa”. En un segundo evento encontramos el evangelio de hoy, donde Jesús llora con impotencia al ver la ceguera de sus paisanos y coterráneos. Es que aceptarlo a Él, es el camino de la paz, rechazarlo a Él, a Jesús, es el camino de la ruina. Jesús llora la destrucción total de la ciudad, como acontecería unos años después de su muerte. Pero Jesús no priva al hombre de su libertad, por más que le dé buen o mal uso a dicha libertad, para construir al hombre o para destruir al hombre. Hoy es común escuchar madres, mamás, que lloran por un hijo que enceguecido, en su locura de querer vivir el mundo y sus deleites, se entrega a una carrera desenfrenada de experiencias, sensaciones que se constituyen en un camino de autodestrucción. Se llora la ceguera de una persona cuando se le ha amado y ella envuelta en la pasión del juego, del licor, de la droga, de una relación lujuriosa y adúltera, olvida dejar su esposo o esposa, sus hijos, su hogar, y vivir esclavo de esa pasión dominante. Cuántas veces nos hemos lastimado por ese ser querido que, en su ceguera, en su sordera, en su terquedad, en su incapacidad para abrirse a diálogos y razonamientos sensatos, destruye su vida, tras una pasión que le ofrecía felicidad y que al final solo le deja infelicidad. Encontramos finalmente, un tercer y último caso de lágrimas de turbación de Jesús, ante la proximidad de su pasión y muerte en la cruz; pero son también lágrimas de confianza, porque Jesús sabe ponerse en las manos de aquel que puede liberarlo de la muerte. Son lágrimas de un abandono total de obediencia a la voluntad del Padre Dios. Hoy te invito, para que no llores demasiado por haber perdido los deleites de este mundo que pasan, a que no llores demasiado por la impenitencia de un ser querido que está encerrado en su pecado, en su esclavitud personal. Te invito, a que llores más bien por ti, cuando suceden esas muertes afectivas, muertes emocionales, muertes económicas, muertes espirituales, sin una perspectiva de resurrección. Lloremos fundamentalmente, porque nuestras lágrimas son de confianza, de abandono total en la voluntad de Dios, sabiendo que más allá de cruces y de pruebas en la vida, nuestra existencia la sostiene y la guía Dios. Que el Señor te bendiga abundantemente en este día. en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 19, 41, 44 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del primer libro de los Macabeos 2, 15-29 En aquellos días, los funcionarios reales encargados de hacer apostatar por la fuerza llegaron a Modín, para que la gente ofreciese sacrificios, y muchos israelitas acudieron a ellos. Matatías se reunió con sus hijos, y los funcionarios del rey le dijeron: -Eres un personaje ilustre, un hombre importante en este pueblo, y estás respaldado por tus hijos y parientes. Adelántate el primero, haz lo que manda el rey, como lo han hecho todas las naciones, y los mismos judíos, y los que han quedado en Jerusalén. Tú y tus hijos recibiréis el título de amigos del rey, os premiarán con oro y plata y muchos regalos. Pero Matatías respondió en voz alta: -Aunque todos los súbditos del rey le obedezcan, apostatando de la religión de sus padres; y aunque prefieran cumplir sus órdenes, yo, mis hijos y mis parientes, viviremos según la alianza de nuestros padres. ¡Dios me libre de abandonar la ley y nuestras costumbres! No obedeceremos las órdenes del rey, desviándonos de nuestra religión a derecha ni a izquierda. Nada más decirlo, un judío se adelantó a la vista de todos, dispuesto a sacrificar sobre el ara de Modín, como lo mandaba el rey. Al verlo, Matatías se indignó, tembló de cólera y, en un arrebato de santa ira, corrió a degollar a aquel hombre sobre el ara. Y entonces mismo mató al funcionario real que obligaba a sacrificar, y derribó el ara. Lleno de celo por la ley, hizo lo que Fineés a Zamrí, hijos de Salu. Luego empezó a decir a voz en grito por la ciudad: – ¡El que sienta celo por la ley y quiera mantener la Alianza, que me siga! Después se echó al monte, con sus hijos, dejando en el pueblo cuanto tenía. Por entonces, muchos bajaron al desierto para instalarse allí, porque deseaban vivir santamente según su ley. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 50(49), 1-2.5-6.14-15 (R. 23b) Al que sigue buen camino, le haré ver la salvación de Dios. El Dios de los dioses, el Señor, habla: convoca la tierra de Oriente a Occidente. Desde Sión, la Hermosa, Dios resplandece. Al que sigue buen camino, le haré ver la salvación de Dios. «Congregadme a mis fieles que sellaron mi pacto con un sacrificio» Proclame el cielo su justicia: Dios en persona va a juzgar. Al que sigue buen camino, le haré ver la salvación de Dios. Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza, cumple tus votos al Altísimo, e invócame el día del peligro: yo te libraré, y tú me darás gloria. Al que sigue buen camino, le haré ver la salvación de Dios. Evangelio de Hoy: Lectura del santo Evangelio según san Lucas 19, 41-44 En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando: -¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz! Pero no: está escondido a tus ojos. Legará un día en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el momento de mi venida. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús
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dc.identifier.urihttps://drive.google.com/file/d/1EKIfbFrBQpNGTFkY60Fu2aE7EKpDUfoy/view?usp=drive_link
dc.subjectCruz
dc.subjectDolor
dc.subjectImpotencia
dc.subjectLágrimas
dc.subjectMuerte de Lázaro
dc.subjectSan Lucas
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Las lágrimas de Jesús!
dc.title.alternativeJesús lloró

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