¡No dejes corromper tu corazón!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
San Marcos 7, 14-23
Lectura del día de hoy
Lectura del libro del Génesis 2,4b-9.15-17:
Cuando el Señor Dios hizo tierra y cielo, no había aún matorrales en la tierra, ni brotaba hierba en el campo, porque el Señor Dios no había enviado lluvia sobre la tierra, ni había hombre que cultivase el campo.
Sólo un manantial saltaba del suelo y regaba la superficie del campo. Entonces el Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo.
El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, el árbol de la vida, en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal. El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén, para que lo guardara y lo cultivara.
El Señor Dios dio este mandato al hombre: «Puedes comer de todos los árboles del jardín; pero del árbol del conocimiento del bien y el mal no comas; porque el día en que comas de él, tendrás que morir.»
Palabra de Dios, te alabamos Señor.
Salmo del día de hoy
Salmo 104/ 103,1-2a.27-28.29be-30
Bendice, alma mía, al Señor
Bendice, alma mía, al Señor, ¡Dios mío, qué grande eres! Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R/.
Bendice, alma mía, al Señor
Todos ellos aguardan a que les eches comida a su tiempo: se la echas, y la atrapan;
abres tu mano, y se sacian de bienes. R/.
Bendice, alma mía, al Señor
Les retiras el aliento, y expiran, y vuelven a ser polvo; envías tu aliento, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R/.
Bendice, alma mía, al Señor
Evangelio del día de hoy
Del santo Evangelio según san Marcos 7,14-23:
En aquel tiempo, llamó. Jesús de nuevo a la gente y les dijo:
«Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír, que oiga.»
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola.
Él les dijo:
«¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre, y se echa en la letrina.»
Con esto declaraba puros todos los alimentos.
Y siguió:
«Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»
Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
No puede ser más claro, más directo y más enfático Jesús, cuando dirigiéndose a sus discípulos afirmará: “Escuchen y entiendan, nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro, es lo que sale de dentro de su corazón lo que lo hace impuro”, y a renglón seguido Jesús hace una enumeración: “Las malas acciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, las intenciones adúlteras, las codicias de dinero, las injusticias, los fraudes, el desenfreno de la vida, la envidia, las difamaciones sobre otra persona, el orgullo que nos llena de nosotros mismos y la frivolidad que nos vuelve superficiales”.
Claramente podemos afirmar: que si algo tenemos que cuidar es ese dentro del ser, ese interior del hombre, ese corazón humano. No lo dejemos envenenar, no lo dejemos enfermar, no dejemos que nuestro corazón se intoxique. Abrimos un periódico, encendemos la radio o la televisión y encontramos continuamente cómo la corrupción crece, en empresas, en el sector público, en distintos estamentos de la sociedad. Pero la corrupción no es algo abstracto o genérico, está encarnada en hombres y mujeres concretos.
Hoy te propongo desde el plano de la fe, desde la vida espiritual, tres claras medicinas para desintoxicar tu corazón, para mantenerte limpio, sin los venenos, sin las infecciones, que tan fácilmente el mundo puede inocular en nuestra vida.
La primera medicina contra un corazón intoxicado es un examen diario de tu conciencia. Saca cinco o seis minutos cada noche antes de acostarte, y examina, qué motivaciones a lo largo de la jornada has tenido para hablar, para tomar decisiones, para actuar. Te ha movido el bien a los demás, el servicio a los otros, o te ha movido la ambición de dinero, la envidia frente a otra persona, el egoísmo, que nos lleva a simplemente centrar la vida en nosotros mismos. Pero que este examen de conciencia diario vaya acompañado, de un propósito en algún momento de esta próxima Cuaresma, de hacer una confesión general de tu vida. Cuánto descanso, cuánta luz al corazón humano, arroja una buena confesión con un sincero arrepentimiento y propósito de enmendar la vida.
Pero hay una segunda medicina que nos puede ayudar grandemente, y es la reflexión diaria de la palabra de Dios. Que esa palabra te ilumine, te guíe y te de la sabiduría en tus decisiones y acciones cotidianas, mira la persona de Jesús, mira sus parábolas, escucha sus mensajes, trata de determinar las actuaciones de Jesús, y busca confrontar, examinar tu vida, a la luz del hombre perfecto, Jesucristo.
En una tercera y última medicina para sanar el corazón, para desintoxicarlo, está la Eucaristía frecuente. Más allá de la sola misa dominical, busca en semana, donde es menos el flujo de público o de audiencia, estar con cierta intimidad en la Eucaristía, sobre todo en el momento de la consagración o elevación del el pan y el vino eucarísticos, entregarle al Señor tu vida, y pídele el don de ser sanado de esos robos, adulterios, codicias, injusticias, malos propósitos, fornicaciones, desenfreno, difamaciones, que puede haber en nuestro corazón.
Que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.