¡Dios obra en lo débil y pequeño!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2024-06-21T23:05:50Z
dc.date.available2024-06-21T23:05:50Z
dc.date.issued2024-06-16
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES El profeta Ezequiel, nos habla de cómo Dios exalta al árbol humilde, como lo planta en una montaña alta, echa brotes y da fruto, y se hace un cedro magnífico, donde las aves del cielo de toda clase anidan en él, anidan en sus ramas, y reconocerán todos los árboles del campo que en ese cedro está la acción de Dios, que humilló al árbol elevado y exaltó al arbusto humilde, porque el Señor lo que dice, lo hace. Esta primera lectura de la profecía de Ezequiel en el capítulo 17, nos prepara para comprender mejor el evangelio de hoy, donde Jesús, el Maestro de las parábolas, quiere explicarnos el misterio del reinar de Dios, del actuar de Dios, de la lógica de Dios, del acontecer de Dios en nuestra vida, y se sirve de dos sencillas y simples parábolas y afirmará: “Que el Reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra; el hombre en la noche duerme, en el día trabaja y la semilla germina y crece, sin que el hombre sepa cómo, porque la tierra va produciendo fruto por sí misma. Primero los tallos, luego la espiga, luego el fruto”. En una segunda parábola afirmará: “Que el reino de los cielos es similar a la más pequeña de las semillas, un grano de mostaza, que la tenían por uno y medio milímetro de tamaño, de las más pequeñas en el mundo de las hortalizas; pero después de sembrada crece y se hace el arbusto más alto entre todas las hortalizas que echa ramas grandes, donde los pájaros del cielo pueden anidar y alimentarse”. De estas dos sencillas parábolas, aprendamos tres enseñanzas universales y eternas para nuestra vida, sobre la forma como Dios trabaja en nosotros. La primera, Dios crece en el mundo y en las almas de los hijos de la Iglesia en silencio, esto es, sin ruido, sin show, sin espectáculo. En un mundo donde vivimos precisamente de eso, de la espectacularidad, del ruido, de hacernos notar; la acción de Dios en contraposición a las acciones humanas, se hace siempre con discreción. Confía en los hombres discretos, desconfía de los hombres que hacen mucha alharaca, porque en el fondo hay mucha forma, poco fondo. Pero hay una segunda enseñanza, la semilla de mostaza que es la más pequeña en el mundo de las hortalizas, que parece insignificante, está llamada a ser exaltada precisamente por su humildad y a ser el arbusto más grande, y a dar vida y alimento a los pájaros del cielo. En el fondo, Dios no se sirve de los importantes, los capacitados de este mundo, sino de gente sencilla, simple, con defectos, quizás para desconcertar, desafiar la lógica de los sabelotodo de esta tierra. En el fondo hay una verdad, Jesús no llama a los capacitados, sino que capacita a los llamados, a los elegidos por Él. Hoy no me digas que no sabes de teología, que no sabes rezar, que eres una persona tímida, que estás vieja, enferma o entrada en años, porque el Señor quizás, “con instrumentos insuficientes” como decía en su momento Benedicto XVI cuando fue elegido Papa en su primer discurso: “Siento que el papado me queda grande, pero me consuela el saber que Dios trabaja con instrumentos insuficientes”. No fue solamente sobre ese Papa Benedicto o el actual, un hombre con limitaciones de salud y humanas, sino que, con todos nosotros, en nuestras fallas, como las tuvo el apóstol Pedro, el primer Papa de la Iglesia y como las tenemos todos, se sirve de lo débil de este mundo para escandalizar, a aquellos que se sienten fuertes, se sirve de los ignorantes de esta tierra, para ofuscar el entendimiento de aquellos que se creen sabios. En una tercera enseñanza y final, descubrimos que la obra de justicia, de amor, de paz, de renovación de la humanidad, no es la obra, ni la acción de la elocuencia, los talentos humanos; no son las estructuras administrativas, no son los planes pastorales en las diócesis. Sino que es el Espíritu de Dios, el que, una vez sembrada la semilla, ella no se detiene, una vez sembrada la Palabra de Dios, después de que el corazón es tierra abonada, fecunda, oxigenada, la Palabra de Dios germinará en él. De manera personal quisiera simplemente citar una anécdota. Voy caminando en mis 31 años de sacerdocio y mirando hacia atrás, recuerdo a un sacerdote sencillo, de ascendencia campesina, en los años en que yo buscaba afanosamente el rostro de Dios, en que buscaba respuestas a mi vocación. Recuerdo que salía de mi casa, tomaba un bus para dirigirme a una parroquia en el centro de la ciudad de Medellín, y aquí y allí escuchaba que el sacerdote ahora fallecido y les daré su nombre, el padre Tulio Herrera, un hombre sencillo, un gran confesor, un hombre apasionado al celebrar la Eucaristía, ¡cómo marcó mi vida! Y así lo veo en retrospectiva 31 años después de mi ordenación sacerdotal, como en su amor a la Virgen, en su amor a la Eucaristía, en su amor a la Iglesia, en su trabajo sencillo; como envejeció, se deterioró, como se gastó hasta el final de la vida celebrando la Eucaristía, confesando y animando las almas. Como la semilla sembrada en mi corazón en los años de juventud, fue suficiente para que Dios siguiera haciendo su obra. Así, miles de nosotros podríamos hablar con nombres y apellidos concretos, de personas, nuestros padres, su testimonio de vida, buenos sacerdotes, buenos maestros, buenos hermanos, buenos amigos, buenos guías espirituales, que nos hablaron con unción, nos tocaron el alma y aunque su palabra pareció muy simple y muy pequeña a la manera de una semilla de mostaza, luego creció y formó en nuestras vidas, un gran arbusto de mostaza donde podemos dar luz, calor, cobijo, alimento, vida nueva a otros, porque Dios nos ha dado nueva vida a partir de la semilla simple, que nuestros antepasados sembraron en nosotros. Que el Señor, en su providencia que ha puesto en tu camino personas buenas, las bendiga a ellas y te bendiga a ti en este día, en el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Que la buena obra que Dios ha comenzado en ti, Él mismo la lleve a feliz término. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Marcos 4, 26-34 Primera lectura del día de hoy Ez 17, 22-24 Esto dice el Señor Dios: “Yo tomaré un renuevo de la copa de un gran cedro, de su más alta rama cortaré un retoño. Lo plantaré en la cima de un monte excelso y sublime. Lo plantaré en la montaña más alta de Israel. Echará ramas, dará fruto y se convertirá en un cedro magnífico. En él anidarán toda clase de pájaros y descansarán al abrigo de sus ramas. Así, todos los árboles del campo sabrán que yo, el Señor, humillo los árboles altos y elevo los árboles pequeños; que seco los árboles lozanos y hago florecer los árboles secos. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré”. Salmo del día de hoy Salmo 91, 2-3. 13-14. 15-16 R. (cf. 2a) ¡Que bueno es darte gracias Señor! ¡Que bueno es darte gracias, Dios altísimo y celebrar tu nombre, pregonando tu amor cada mañana y tu fidelidad, todas las noches. R. ¡Que bueno es darte gracias Señor! Los justos crecerán como las palmas, como los cedros en los altos montes; plantados en la casa del Señor, en medio de sus atrios darán flores. R. ¡Que bueno es darte gracias Señor! Seguirán dando fruto en su vejez, frondosos y lozanos como jóvenes, para anunciar que en Dios, mi protector, ni maldad ni injusticia se conocen. R. ¡Que bueno es darte gracias Señor! Segunda lectura del día de hoy 2 Cor 5, 6-10 Hermanos: Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras vivimos en el cuerpo, estamos desterrados, lejos del Señor. Caminamos guiados por la fe, sin ver todavía. Estamos, pues, llenos de confianza y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor. Por eso procuramos agradarle, en el destierro o en la patria. Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir el premio o el castigo por lo que hayamos hecho en esta vida. Evangelio del día de hoy Mc 4, 26-34 En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha”. Les dijo también: “¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra”. Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectAlmas
dc.subjectAmor de Dios
dc.subjectEspíritu de Dios
dc.subjectPersonas sencillas
dc.subjectRuido
dc.subjectSilencio
dc.subjectTrabajo de Dios
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Dios obra en lo débil y pequeño!
dc.title.alternativeObra de Dios

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