¡Luchar contra Dios!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Juan 6, 1-15
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: Hechos 5, 34-42:
Salieron contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús.
En aquellos días, un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la Ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en el Sanedrín, mandó que sacaran fuera un momento a aquellos hombres y dijo:
– «Israelitas, pensad bien lo que vais a hacer con estos hombres. No hace mucho salió un tal Teudas, dándoselas de hombre importante, y se le juntaron unos cuatrocientos hombres. Fue ejecutado, dispersaron a todos sus secuaces, y todo acabó en nada.
Más tarde, cuando el censo, salió judas el Galileo, arrastrando detrás de sí gente del pueblo; también pereció, y dispersaron a todos sus secuaces.
En el caso presente, mi consejo es éste: No os metáis con esos hombres; soltadlos. Si su idea y su actividad son cosa de hombres, se dispersarán; pero, si es cosa de Dios, no lograréis dispersarlos, y os expondríais a luchar contra Dios.»
Le dieron la razón y llamaron a los apóstoles, los azotaron, les prohibieron hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Los apóstoles salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús. Ningún día dejaban de enseñar, en el templo y por las casas, anunciando el Evangelio de Jesucristo.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo 27(26), 1.4.13-14 (R. cf. 5)
Una cosa pido al Señor: habitar en su casa.
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?
Una cosa pido al Señor: habitar en su casa.
Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor
contemplando su templo.
Una cosa pido al Señor: habitar en su casa.
Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.
Una cosa pido al Señor: habitar en su casa.
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según san Juan 6, 1-15:
Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron.
En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe:
– «¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?»
Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe le contestó:
– «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.»
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:
– «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?»
Jesús dijo:
– «Decid a la gente que se siente en el suelo.»
Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos:
– «Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.»
Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:
– «Éste sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.»
Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.
Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
¡Luchar contra Dios!
Gamaliel fue un famoso fariseo, destacado por su inteligencia, su profunda formación y, sobre todo, por su sentido común en la aplicación de la Ley de Dios.
En medio del sanedrín judío, este doctor de la ley era respetado por todo el pueblo y en medio de la discusión sobre qué hacer con Pedro, Juan y el resto de los apóstoles, si castigarlos, azotarlos, encadenarlos, encarcelarlos. Gamaliel, con toda seguridad, movido por el Espíritu de Dios, dirá no solamente al sanedrín, si no a los israelitas “que piensen bien lo que van a decidir sobre Pedro, Juan y el grupo de los apóstoles”.
Y coloca dos ejemplos.
Teudas, que fue un líder en la época y tuvo 400 seguidores, fue ejecutado y luego todos sus discípulos se dispersaron y su movimiento acabó.
Igual aconteció con Judas el galileo que arrastró por su oratoria fogosa a mucha gente del pueblo, también, al perecer sus discípulos, sus seguidores se disgregaron.
Pero continuará su reflexión Gamaliel diciendo: “No se metan con Pedro, Juan y sus compañeros; no se metan con estos hombres, libérenlos de la cárcel, suéltenlos de las cadenas. Porque si su obra es cosa solamente humana o de hombres, su movimiento se disolverá; pero si su mensaje, sus milagros, sus actuaciones, que para algunos podía resultar taumatúrgicas, teatrales y poderosas, no son de hombres, sino de Dios, no lograrán destruirlos, (les dirá Gamaliel), se expondrán a luchar contra Dios”.
Hoy te diré, repitiendo lo de las abuelas “aquel que lucha contra los hombres de Dios se seca”.
En la historia del mundo, en la historia de las sociedades no han faltado algunos que creyendo que prestan un gran servicio, cuando es todo lo contrario, un flaco servicio a la sociedad, hacen como bandera de su vida perseguir la fe cristiana, atacar la Iglesia Católica y sus ministros, denigrar y denostar de los creyentes y cuestionarlos.
Pobres hombres, pobres mujeres que repito, han hecho bandera de su vida, simplemente calumniar, atacar, perseguir de manera visceral y ciega, movidos solamente por el odio, la rabia y en tiempos tecnológicos, buscando un poco de celebridad mediática y de apoyo económico en las redes sociales.
Estos “pobres diablos”, perdónenme la expresión, estos pobres diablos, estaremos nosotros vivos para ver cómo se secan sus vidas.
Recordaremos la famosa frase del filósofo Nietzsche cuando decía “Dios ha muerto, que viva el hombre”. Y luego, ante la muerte de Federico Nietzsche, en solitario, con depresión, en pobreza absoluta, segregado por su sociedad, en medio de mil anomalías síquicas, colocaron un epitafio en su tumba “Federico Nietzsche ha muerto, Dios sigue vivo”.
Hoy pidamos la gracia de ser hombres de luz, mujeres y hombres sabios que entendamos que luchar contra Dios es darnos contra una muralla.
E invito también a aquellos que han sido perseguidos, calumniados, a que sientan la alegría de los apóstoles, que como nos dice el Libro de hoy, cuando fueron azotados y se les prohibía enseñar el nombre de Jesús, ellos salieron del sanedrín judío contentos, muy contentos de haber merecido aquella humillación por el nombre de Jesús.
Impresionante enseñanza la de esta primera lectura.
Pero pasemos brevemente al Evangelio de hoy, donde por dos semanas vamos a leer de manera continuada el más espectacular capítulo de todo el Nuevo Testamento sobre la Eucaristía, el llamado Discurso del Pan de Vida y que hoy empieza con la multiplicación milagrosa de panes, cinco panes y dos peces para 5000 hombres, sin contar mujeres y niños. Y sobró abundantemente después de que todos comieron.
La comunidad emocionada y asombrada afirmaba “Este que ha multiplicado la comida para todos es verdaderamente el profeta que ha de venir al mundo”.
Pero Jesús, entendiendo que era una mirada interesada, no una mirada pura en la fe, sino una mirada simplemente utilitarista, porque les había dado comida en abundancia, se retiró a un lugar solitario a la montaña, porque veía que la gente le buscaba y en su emocionalidad e ignorancia lo querían proclamar rey. (Hablaremos sobre este capítulo 6 de san Juan en los próximos días).
Pero hoy quedémonos con la reflexión de que allí donde hay escasez humana, sólo Jesús Eucaristía genera sobreabundancia para nuestra vida.
Y concluyamos también diciendo que sólo cuando el hombre es solidario y deja de pensar de manera egoísta en sí mismo y comparte los bienes con los demás, hay vida abundante, hay vida plena para todos.
Señor, te damos gracias por este Evangelio. Te pedimos la gracia inmensa de entender que la Eucaristía es el gran regalo que has dejado a la Iglesia y que, recordando el pasaje evangélico de los peregrinos de Emaús, una vez que te sentaste a comer con Cleofás y su amigo, una vez que hiciste bendición del Pan, pan bendecido, compartido y repartido, desapareces, porque ya no necesitas estar presente a los ojos y a los sentidos humanos, ya estás presente en nosotros por la fe en el Pan Eucarístico de cada día.
Terminemos nuestra reflexión con un anhelo profundo vivir en Dios, vivir y morar en la casa de Dios, que no es solamente el templo material, sino y sobre todo vivir alimentándonos el Pan de la Vida.
Digamos con el salmo litúrgico: “Una cosa pido al Señor, habitar en su casa”. Y en las estrofas en espíritu orante repitamos: “El Señor es mi luz y mi salvación, a ¿quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Una cosa pido al Señor, eso buscaré, habitar en la casa del Señor por los días de mi vida. Gozar de la dulzura del Señor contemplando su templo”.
Y culminará la estrofa del salmo litúrgico de hoy, diciendo: “Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida”. El salmista dirá al alma de cada uno: “Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor”.
Que nuestra Eucaristía de cada día nos ayude a tener coraje y a esperarlo, a esperarlo todo de Dios.
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.