¡No te desanimes. Confía!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2024-04-25T17:26:23Z
dc.date.available2024-04-25T17:26:23Z
dc.date.issued2023-08-09
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES El pasaje donde se nos presenta el encuentro de la mujer cananea con Jesús, que pide intercesión por su hija, es una clara imagen del combate espiritual con el Señor a partir de la fe, y como esta mujer, por su perseverancia y humildad, venció a Dios, (permítanme la expresión), y alcanzó la bendición, el favor de Él. Todo empieza, a partir de una expresión con la que cualquiera de nosotros puede abordar al Señor: ¡Ten compasión de mí! Es un grito, un grito de angustia, un grito que sale de lo profundo del corazón. En el sufrimiento que puedas tener, clama muchas veces al Señor con esta expresión evangélica: ¡Señor, ten compasión de mí! Llama la atención, desconcierta, desanima, desesperanza si se quiere, el silencio de Jesús, según la mentalidad de su tiempo, Jesús había venido solo como salvador de los judíos, mentalidad que luego Él transformará y ampliará. Pero la mujer no se da por vencida, corre, sale al paso de Jesús, lo alcanza, se le atraviesa en el camino, se postra ante Él y le pide Señor, ¡ayúdame!, ¡ayúdame! Nos parece absolutamente desconcertante la respuesta de Jesús, hace una brutal distinción entre los hijos y los perros, (y llamaban así a los paganos o no creyentes), y afirmará Jesús: “No está bien echar el pan de los hijos a los perros”. Pero la fe de la mujer es terca, es una fe profunda, es una fe que no se desanima, es una fe humilde y nos enseña a todos nosotros que postrados podemos alcanzar de Dios todo. Ella confía en que Jesús puede sanar a su hija, tiene una confianza ilimitada en que Él lo hará y ella tiene una esencial pobreza de corazón, un abandono, y sabe que este abandono es la mejor estrategia para luchar con Dios, esta oración perseverante, una fe que en efecto recibe lo que quiere, porque lo que quiere es la voluntad de Dios. En efecto Jesús se admira y simplemente dice: “Que grande es tu fe, que se cumpla lo que deseas”; su hija ha quedado curada. Reconozcamos, como la fe confiada, humilde, perseverante, alcanza su meta: “Pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, tocad y se os abrirá”. Y hoy es una invitación que se nos hace en la vida, que Jesús también pueda decir de cualquiera de nosotros, ¡Qué grande es tu fe, que se cumpla lo que deseas en tu vida! Es curiosamente una extranjera, una no judía, una mujer de Canaán o cananea, la que gana esta admiración de Jesús. Hoy te digo, no te desanimes si no has alcanzado de Dios, por la súplica, intención o petición que con urgencia le presentas; recuerda que no es en el tiempo tuyo, es en el tiempo del Señor, lo único que Él te pide es que sigas confiando, que te postres ante Él, que clames su misericordia y verás, verás sólo bendiciones y milagros en tu vida. De todo corazón, que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 15, 21-28 Lectura del día de hoy Del libro de los Nm 13,1-2.25.14,1.26-30.34-35: En aquellos días, el Señor dijo a Moisés en el desierto de Farán: – «Envía gente a explorar el país de Canaán, que yo voy a entregar a los israelitas: envía uno de cada tribu, y que todos sean jefes.» Al cabo de cuarenta días volvieron de explorar el país; y se presentaron a Moisés, a Aarón y a toda la comunidad israelita, en el desierto de Farán, en Cades. Presentaron su informe a toda la comunidad y les enseñaron los frutos del país. Y les contaron: «Hemos entrado en el país adonde nos enviaste; es una tierra que mana leche y miel; aquí tenéis sus frutos. Pero el pueblo que habita el país es poderoso, tienen grandes ciudades fortificadas, hemos visto allí hijos de Anac. Amalec vive en la región del desierto, los hititas, jebuseos y amorreos viven en la montaña, los cananeos junto al mar y junto al Jordán.» Caleb hizo callar al pueblo ante Moisés y dijo: «Tenemos que subir y apoderamos de esa tierra, porque podemos con ella.» Pero los que habían subido con él replicaron: «No podemos atacar al pueblo, porque es más fuerte que nosotros.» Y desacreditaban la tierra que habían explorado delante de los israelitas. «La tierra que hemos cruzado y explorado es una tierra que devora a sus habitantes; el pueblo que hemos visto en ella es de gran estatura. Hemos visto allí gigantes, hijos de Anac: parecíamos saltamontes a su lado, y así nos veían ellos.» Entonces toda la comunidad empezó a dar gritos, y el pueblo lloró toda la noche. El Señor dijo a Moisés y Aarón: «¿Hasta cuándo seguirá esta comunidad malvada protestando contra mí? he oído a los israelitas protestar de mí. Pues diles: «Por mi vida -oráculo del Señor-, que os haré lo que me habéis dicho en la cara; en este desierto caerán vuestros cadáveres, y de todo vuestro censo, contando de veinte años para arriba, los que protestasteis contra Mí no entraréis en la tierra donde juré que os establecería. Sólo exceptúo a Josué, hijo de Nun, y a Caleb, hijo de Jefoné. Contando los días que explorasteis la tierra, cuarenta días, cargaréis con vuestra culpa un año por cada día, cuarenta años. Para que sepáis lo que es desobedecerme. Yo, el Señor, juro que trataré así a esa comunidad perversa que se ha amotinado contra mí: en este desierto se consumirán y en él morirán.» Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo del día de hoy Salmo (106) 105,6-7a.13-14.21-22.23: Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo. Hemos pecado con nuestros padres, hemos cometido maldades e iniquidades. Nuestros padres en Egipto no comprendieron tus maravillas. Bien pronto olvidaron sus obras, y no se fiaron de sus planes: ardían de avidez en el desierto y tentaron a Dios en la estepa. Se olvidaron de Dios, su salvador, que había hecho prodigios en Egipto, maravillas en el país de Cam, portentos junto al mar Rojo. Dios hablaba ya de aniquilados; pero Moisés, su elegido, se puso en la brecha frente a él, para apartar su cólera del exterminio. Evangelio del día de hoy Del Santo evangelio según Mt 15, 21-28: En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: -Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo. Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: -Atiéndela, que viene detrás gritando. Él les contestó: -Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel. Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas: -Señor, socórreme. Él le contestó: -No está bien echar a los perros el pan de los hijos. Pero ella repuso: -Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos. Jesús le respondió: -Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectBendición
dc.subjectFe confiada
dc.subjectFe humilde
dc.subjectFe perseverante
dc.subjectTiempos de Dios
dc.subjectTiempos del hombre
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡No te desanimes. Confía!
dc.title.alternative¡La fe de la mujer cananea!

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