¡La depresión!

Abstract

REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 9, 51-56 Lectura del día de hoy Jb 3, 1-3.11-17.20-23: Job abrió la boca y maldijo su día, diciendo: -¡Muera el día en que nací, la noche que dijo: «Se ha concebido un varón»! ¿Por qué al salir del vientre no morí, o perecí al salir de las entrañas? ¿Por qué me recibió un regazo y unos pechos, me dieron de mamar? Ahora dormiría tranquilo, descansaría en paz, lo mismo que los reyes de la tierra que se alzan mausoleos; o como los nobles que amontonan oro y plata en sus palacios. Ahora sería un aborto enterrado, una criatura que no llegó a ver la luz. Allí acaba el tumulto de los malvados, allí reposan los que están rendidos. ¿Por qué dio luz a un desgraciado y vida al que la pasa en amargura, al que ansía la muerte que no llega y escarba buscándola, más que un tesoro, al que se alegraría ante la tumba y gozaría al recibir sepultura, al hombre que no encuentra camino porque Dios le cerró la salida? Salmo del día de hoy Salmo (88) 87, 2-3.4-5.6.7-8: Llegue hasta ti mi súplica, Señor. Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia; llegue hasta ti mi súplica, inclina tu oído a mi clamor. Porque mi alma está colmada de desdichas y mi vida está al borde del Abismo; ya me cuentan con los que bajan a la fosa, soy como un inválido. Tengo mi cama entre los muertos, como los caídos que yacen en el sepulcro, de los cuales ya no guardas memoria, porque fueron arrancados de tu mano. Me has colocado en lo hondo de la fosa, en las tinieblas del fondo. Tu cólera pesa sobre mí, me echas encima todas tus olas. Evangelio del día de hoy Lc 9, 51-56: Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante. De camino entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: -Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo y acabe con ellos? Él se volvió y les regañó, y dijo: -No sabéis de qué espíritu sois. Porque el Hijo del Hombre no ha venido a perder a los hombres, sino a salvarlos. Y se marcharon a otro aldea. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La depresión, que sin lugar a dudas es una de las grandes pandemias de nuestro tiempo y que se expresa como una falta de ánimo, de interés por la vida, de gusto por existir y en todo caso, un bajonazo emocional y anímico, no sólo se da en el siglo 21. En la historia de la Biblia hemos visto personajes como el profeta Elías, que desafiando a los falsos profetas de los baales y siendo perseguido por la reina Jezabel, se tumba bajo un árbol de retama y se desea para sí mismo la muerte. Cansado de batallar, sin fuerzas psíquicas, afectivas y emocionales para luchar en la vida. También encontramos hoy en la primera lectura, la historia de Job, que algunos han descrito como el sufrimiento del hombre inocente, cómo en la primera lectura de hoy del capítulo 3, Job abre la boca y maldice el día de su nacimiento. En efecto, afirmará: “Muera el día en que nací y la noche que anunció, se ha concebido un varón”, y se pregunta a sí mismo ¿por qué al salir del vientre materno no morí?, o ¿por qué no perecí al salir de las entrañas de mi madre?, ¿por qué me recibió un regazo y unos pechos me dieron leche materna?, “si no hubiera sido así, (continúa en su reflexión Job), ahora descansaría tranquilo, ahora dormiría descansado con los reyes y consejeros de la tierra que se hacen levantar mausoleos, o habitaría con los nobles que amontonaron en su momento oro y que acumularon plata en sus palacios”. Cuando escuchamos este texto de la primera lectura, pensamos en tantas personas que conocemos o en episodios de la vida personal, cuando la existencia pierde sabor, fuerza y sentido, y cuando la misma muerte se contempla como una liberación, un descanso, una salida a la presión emocional, bajo la cual viven millones de personas hoy día. Terminará el libro de Job hablando ¿por qué se da a luz a un desgraciado y vida a los que viven amargados que ansían la muerte que no llega y la buscan, esa muerte más escondida que un tesoro, que gozarían al contemplar el túmulo, se alegrarían al encontrar la tumba, al hombre que no encuentra caminos porque Dios le cerró acaso la salida? Es la pura exploración emocional y existencial de Job, que no encuentra sentido a su dolor y que pide la muerte, la auto aniquilación frente al sufrimiento que siempre ha escandalizado al ser humano. Pero esta historia que es del antiguo testamento, esto es, (antes de la vida de nuestro Señor Jesucristo), hoy en el siglo 21, con tantos avances científicos y con tanta modernidad tecnológica y tanto bienestar material, no logra paliar las crisis sucesivas en que viven muchos hombres y mujeres de la llamada sociedad moderna. Hoy a ejemplo de Job, muchos seres humanos piden para sí el final de sus vidas, anhelan la muerte y lo repetimos, como una puerta de salida, de liberación, de descanso si se quiere, frente a toda la tensión emocional y el peso existencial de la vida. Pero a renglón seguido aparece la súplica del sufriente en el salmo que hoy la liturgia de la Iglesia nos presenta, el hombre que sufre desde lo más hondo de su ser, clama a Dios y dice: “Llegue hasta ti mi súplica, mi oración, Señor”. Y dirá en tono de plegaria: “Dios, Salvador mío, día y noche grito en tu presencia, llegue hasta ti mi súplica, inclina tu oído a mi clamor, porque mi alma está colmada de desdichas y mi vida está al borde del precipicio. Ya me cuentan con los que bajan al sepulcro, soy como un inválido que no puede moverse por sí mismo”. Y termina su reflexión diciendo: “Estoy libre, pero siento que camino entre los muertos, como los caídos que yacen en el sepulcro de los cuales ya no guardas memoria, porque fueron arrancados de tu mano. Me has colocado en lo hondo de la fosa, en las tinieblas y en las sombras de muerte, tu cólera pesa sobre mí, me echas encima todas tus olas”. Qué panorama más desolador, cómo escandaliza el sufrimiento al hombre y a la mujer de todos los tiempos, y cómo se siente muerto en vida, una clara descripción de lo que es lo que hoy llamamos la depresión. Pero pasemos al evangelio de Lucas en el capítulo 9, cuándo nos dirá el evangelista que: “Completados los días de la misión de Jesús, Él tomó la decisión de ser llevado al cielo, esto es, de pasar primero por la muerte, paso o puerta necesaria, umbral que debe ser cruzado para alcanzar el cielo y la vida plena con Dios”. Y a renglón seguido afirmará el evangelista Lucas: “Que Jesús tomó la decisión clara de marchar a Jerusalén, donde Él sabía que a la postre sería capturado por sus detractores, por sus enemigos eternos, y ofrendaría su vida”. Nos dirá el evangelista Lucas: “Que, puesto en camino con sus discípulos, pasaron por una aldea de samaritanos, pero llama la atención de que no fueron recibidos, (llama la atención el argumento que da el evangelista Lucas) no los recibieron, porque el aspecto de estos viajeros, de estos peregrinos, era el de aquellos que caminaban hacia Jerusalén”. Contextualizamos esta afirmación y recordamos que samaritanos que eran paganos y judíos, no se entendían, no se aceptaban, es más, se rechazaban, por eso no reciben a Jesús y a los amigos que lo acompañan, probablemente porque les vieron en la cara que eran judíos que iban hacia la ciudad, que para ellos era maldita de Jerusalén, y por eso los samaritanos no los recibieron. Ante la reacción airada de dos discípulos muy temperamentales, hermanos entre sí y al fin de cuentas llamados “Hijos del trueno”, Santiago y Juan, que quieren que bajen relámpagos, centellas, rayos y truenos y fuego del cielo contra los samaritanos, Jesús los reprende y continúa su camino. Tú y yo en la vida, sabemos que hay elecciones difíciles, que no pocas veces nos implican compromisos, sacrificios y exigencias supremas, pero en cierto momento de la vida tenemos la claridad meridiana, de que es el camino que Dios nos ha puesto para seguirlo. Hoy descubramos, que Jesús también en su misión como Mesías, toma esa decisión de asumir la voluntad del Padre Dios contenida en las escrituras, y se evidencia que él nos dirá, el texto: “Endureció su rostro para ir a Jerusalén”, (que significa o debe interpretarse, tomó la firme decisión de enfrentar la etapa final de su misión), que era su entrega pascual, pasando por el sufrimiento de la Pasión, luego la Muerte en la cruz para finalmente Resucitar. Hoy reconozcamos, que muchos de nosotros por casualidad, ni mucho menos, estamos llamados a cumplir una misión más alta como padres de familia, como jefes de hogar, como sacerdotes, pastores de las almas del rebaño encomendado por Jesús, como empresarios, como dirigentes, y más allá de que la misión a realizar, intuyamos que nos implica grandes sufrimientos y esfuerzos personales, compromisos y disciplina, sabemos que haciendo o realizando la misión de Dios en nuestra vida, no nos equivocamos. Hoy hay que salir de la zona de confort en la que nos podemos encontrar muchos evangelizadores dentro de la Iglesia, la zona de comodidad: yo evangelizo el pequeño campo, la pequeña parcela que me han encomendado y por el contrario, tenemos que pensar, que la vida y los dones y carismas que se nos han dado, tienen o implican en sí mismos un compromiso grande de anunciar la vida nueva de Jesús, ayudando a la transformación de nuestra sociedad. Quizás ha llegado el momento para ti, de ir a Jerusalén, quizás ha llegado el momento de empezar a entregar tu vida como Jesús la entregó en Jerusalén, quizás ha llegado el momento de cargar más determinadamente la cruz que la vida te presenta, como Jesús cargó la cruz en la ciudad de Jerusalén. Quizás ha llegado el momento de anunciar más explícitamente la vida nueva del Padre, aunque esto te implique incomprensiones y hasta persecuciones, como Jesús lo hizo en Jerusalén. Quizás ha llegado el momento de entregar tu vida para salvarla, como Jesús entregó su vida en la ciudad de Jerusalén, en la colina del Gólgota, para dar la salvación a toda la humanidad. Que el Señor te bendiga abundantemente en este día y te dé la determinación de avanzar en los designios que Dios te propone. Y te bendigo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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