¡Echen las redes!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Juan 21, 1-19 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Hch 5, 27-32.40b-41: En aquellos días, el sumo sacerdote interrogó a los Apóstoles y les dijo: -¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre. Pedro y los Apóstoles replicaron: -Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. «El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús a quien vosotros matasteis colgándolo de un madero.» «La diestra de Dios lo exaltó haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados.» Testigo de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen. Azotaron a los Apóstoles, les prohibieron hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Los Apóstoles salieron del Consejo, contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús. Palabra de Dios. Te alabamos Señor Salmo de Hoy: Salmo (30)29, 2.4.5.6.11.12a.13b: Te ensalzaré, Señor, porque me has librado. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado. Tañed para el Señor, fieles suyos, dad gracias a su nombre santo; su cólera dura un instante, su bondad, de por vida. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado. Escucha, Señor, y ten piedad de mí, Señor, socórreme. Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado. Segunda Lectura: Ap 5, 11-14: Yo, Juan, miré y escuché la voz de muchos ángeles: eran millares y millones alrededor del trono y de los vivientes y de los ancianos, y decían con voz potente: «Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.» Y oí a todas las creaturas que hay en el cielo, en la tierra, bajo la tierra, en el mar, -todo lo que hay en ellos- que decían: «Al que se sienta en el trono y al Cordero la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos.» Y los cuatro vivientes respondían: Amén. Y los ancianos cayeron rostro en tierra, y se postraron ante el que vive por los siglos de los siglos. Palabra de Dios. Te alabamos Señor Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Juan 21, 1-14: En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: -Me voy a pescar. Ellos contestaban: – También vamos nosotros contigo. Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dijo: -Muchachos, ¿tenéis pescado? Ellos contestaron: -No. Él les dice: -Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis. La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: Es el Señor. Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: -Traed de los peces que acabáis de coger. Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: Vamos, almorzad. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da; y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles nos presenta la imagen central de Esteban uno de los siete diáconos elegidos precisamente por el grupo de los apóstoles para atender los servicios de la caridad con los pobres, las viudas y los huérfanos. En el entendido de que un verdadero cristiano ora, anuncia la palabra de Jesús, vive fraternalmente, pero, sobre todo, se compromete con la justicia y el servicio a los más necesitados. Sin embargo, Esteban, que era un joven lleno de fuego y de celo por el mensaje de Jesús, se había ganado la incomprensión de los dirigentes judíos precisamente por su radicalidad en el anuncio evangélico y por cuestionar la falsedad de la vida que llevaban los dirigentes de Israel. Por eso nos dice el texto de hoy en la primera lectura: “Que ellos decidieron sobornar a unos hombres para que dijeran falsamente que Esteban había blasfemado (un delito y un pecado gravísimo), había blasfemado contra Moisés y contra Dios”. El tema de los falsos testigos y de los sobornos con fuertes sumas de dinero no es sólo ahora del siglo XXI, ha sido de todos los tiempos, y no solamente en las empresas, en el sector público, también en la Iglesia hemos encontrado desde los tiempos iniciales del naciente cristianismo, como había falsos testigos que se dejaban comprar por dinero. Sin embargo, Dios escucha al justo, y aunque mataron a Esteban, luego la Iglesia lo declarará santo; y precisamente termina la primera lectura de hoy, resaltando que, en el rostro de Esteban, más allá de un hombre falseador de la ley de Dios, veían claramente el rostro divino, tanto que parecía un ángel. Pero hablemos del evangelio de san Juan que nos presenta la liturgia en este día, y destaquemos tres mensajes centrales. El primero, Jesús, cuestiona la fe interesada del pueblo de Israel cuando Él les dice: “Les aseguro, ustedes me buscan por haber comido pan hasta quedar saciados, y no porque hayan creído en las obras de sanación, de liberación, de exorcismo, las obras que he hecho por encargo de mi Padre”. Hoy tenemos que reconocer que en nuestra comunidad cristiana no dejan de faltar los hombres y mujeres de una fe puramente utilitarista, conveniente o interesada que solo buscan a Dios en sus necesidades y en momentos de grandes pruebas. Es un poco la imagen de un dios bombero al que solo buscamos para apagar el fuego y los incendios en nuestra vida. Hoy preguntémonos, ¿si busco a Dios movido por el amor, si lo busco movido por adquirir la sabiduría que enseñó a través de Jesucristo su mensaje de liberación y de paz? o ¿solamente busco a Dios para que atienda a mis necesidades materiales y la de mis seres queridos? En un segundo mensaje, Jesús nos invita a buscar no solamente el alimento material que es necesario buscar, sino aspirar un alimento más importante, el alimento que dura hasta la vida eterna; está hablando Jesús de sí mismo y de la presencia sacramental en la que hará continuación de su vida en la Iglesia a través de la Eucaristía. Hoy te invito, claro, trabaja, claro, paga tu asistencia de salud, paga tus necesidades de educación, de recreación, de vivienda, ayuda a tu familia. Todo está bien, todo esto está muy bien; pero acuérdate de algo, todos pasamos en esta vida, el único que permanece es Dios. Y hoy, el evangelio de san Juan nos invita no solamente a dedicar nuestra vida exclusivamente a buscar el pan material que perece, sino el pan eucarístico, el pan vivo que es Cristo mismo, y que, si lo recibimos por la fe en nuestro corazón, nos permitirá alcanzar la vida eterna. Concluirá el evangelio con un tercer mensaje, cuando aquellos hombres escuchan a Jesús conmovidos en su corazón, se preguntan ¿qué tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere para nuestra vida? Y Jesús les responde de manera clara y contundente: “El trabajo que Dios quiere de cada uno de ustedes es que crean en el enviado de Dios, esto es, que crean en Jesucristo”. Estas palabras no se pueden quedar en el pasado, hace 20 siglos, hoy son dirigidas de manera personal a cada uno de nosotros, y se nos pide creer, se nos pide la fe en Jesús, recordando que la fe es sobre todo uno, un don de Dios, un regalo del cielo que hay que pedir todos los días. Dos, la fe es una luz interior que guía cada acontecimiento de nuestra vida y nos lleva a mirarlos con los ojos de Dios. Tres, la fe es una fortaleza interior, una fortaleza espiritual que nos lleva a sobreponernos a dificultades, a problemas, a sufrimientos. Y cuatro, la fe nos permite sobrenaturalizar todos los acontecimientos y descubrir que, más allá de una prueba, una dificultad, un revés o una adversidad que hoy podamos padecer, Dios tiene un propósito con nuestra vida, tiene un proyecto hoy para ti y que de esa dificultad que hoy padeces y quizás de la cual te lamentas, el Señor quiere que hagas aprendizaje para tu vida. Tres mensajes del evangelio: “Dejar a un lado la fe interesada, buscar el alimento de vida eterna y creer en Jesús para alcanzar la salvación”.

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