¡No somos mejores que los demás!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Marcos 2, 13-17
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: de la carta a los Hebreos 4, 12-16:
La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos. Juzga los deseos e intenciones del corazón. No hay criatura que escape a su mirada. Todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas. Mantengamos la confesión de la fe, ya que tenemos un sumo sacerdote grande, que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios. No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado. Por eso, acerquémonos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente.
Palabra del Señor. Te alabamos Señor
Salmo de Hoy:
Salmo 19/18. 8.9.10.15
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida
La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida
Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida
La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida
Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,
Señor, roca mía, redentor mío.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida
Evangelio del día de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 2, 13-17:
En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del lago; la gente acudía a él, y les enseñaba.
Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.»
Se levantó y lo siguió. Estando Jesús a la mesa en su casa, de entre los muchos que lo seguían un grupo de publicanos y pecadores se sentaron con Jesús y sus discípulos.
Algunos escribas fariseos, al ver que comía con publicanos y pecadores, les dijeron a los discípulos: «¡De modo que come con publicanos y pecadores!»
Jesús lo oyó y les dijo: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
Normalmente leemos a Jesús en sus palabras, pero a veces lo comprendemos mejor en sus gestos. El evangelio de Marcos nos presenta hoy la actitud profundamente misericordiosa de Jesucristo cuando se sienta a la mesa, y para un judío sentarse a la mesa significa, se sienta a compartir la vida con publicanos y pecadores. Como lo veremos en los siguientes días, los fariseos y los escribas que eran hombres religiosos y que se sentían en general más buenos que los demás, desde el punto de vista moral, entran a juzgar la actitud de Jesús: “Este no puede ser un verdadero profeta, este hombre está equivocado, si se sienta a comer, a compartir la vida con publicanos y pecadores”. Es la actitud de los hombres buenos, de muchos momentos de la historia, que se sienten inconscientemente jueces de los demás; esto nace de creer o creerse que son mejores que los otros, olvidando lo que ha señalado el evangelio y el mismo magisterio de la Iglesia en palabras del Papa Francisco: “Pecadores somos todos. Siempre habrá que tener cuidado cuando nosotros, cumpliendo algunos ritos religiosos, algunos preceptos de piedad, pensamos que somos mejores y por mejores, pensamos que tenemos el derecho de juzgar sobre la vida de los demás”.
Pienso que en la eternidad nos vamos a llevar grandes sorpresas cuando descubramos que personas simples que quizás no contaban ante la mirada de los hombres, son grandes, muy grandes ante la mirada de Dios. Y quizás lo que más nos va a impresionar, es que personas que fungían como muy piadosas, muy religiosas, tal vez no serán tan importantes en el Reino de los cielos. Es que Dios mira lo profundo del corazón y no sólo las apariencias, como lo hacemos los seres humanos.
Pero hay una segunda reflexión que podemos presentar en el evangelio de este día. Jesús es enfático al afirmar: “No he venido al sano, he venido al enfermo. No he venido al santo, al justo, he venido al pecador”. Y a partir de esta reflexión vamos a entender que, si no nos experimentamos enfermos espiritualmente, si con humildad no nos reconocemos pecadores, probablemente no buscaremos sincera y radicalmente de Jesús. Solo el hambriento busca comida, sólo el sediento busca bebida y sólo quien se siente pecador, necesitado de salvación, busca al Salvador. Cuidémonos de aquellas actitudes de sentirnos mejores, suficientes o mejor autosuficientes frente a Dios, porque no habrá verdadera búsqueda del rostro del Señor y, por tanto, un auténtico camino de conversión.
Señor, que, en la humildad de mi corazón, buscando la verdad profunda de mi ser, descubra que no soy el gigante de mis sueños, tampoco el enano de mis miedos. Tengo cualidades, ciertamente, pero estoy con defectos, limitaciones y pecados, y, por tanto, soy necesitado de la salvación del Señor.
Que el buen Dios te bendiga en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.