¡El gran secreto de la vida!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2025-03-21T16:18:55Z
dc.date.available2025-03-21T16:18:55Z
dc.date.issued2025-03-20
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La impresionante parábola de lo que la tradición ha llamado: “El rico Epulón y el pobre Lázaro”, nos muestra dos actitudes contrarias frente a la vida, la del rico que la tradición ha llamado Epulón, su total confianza en el dinero y en los bienes materiales y la del mendigo Lázaro, que pone toda su confianza en Dios más allá de su pobreza, su enfermedad, sus llagas y el estado lamentable de su vida que, según nos describe Lucas: “Hasta los perros callejeros venían a lamerle las llagas porque estaba sentado, vivía en el quicio de la puerta de la casa del rico Epulón”. Luego de ver dos actitudes contrarias frente a la confianza en Dios o en los bienes y dinero de esta tierra, encontramos en un segundo momento dos destinos completamente distintos. Nos dirá el evangelista Lucas: “Que el mendigo muere y es llevado por los ángeles al seno de Abrahán, donde están los salvados”. Por el contrario, nos dice de manera seca y cortante: “Que muriendo el hombre rico fue enterrado”. Aparentemente queda la duda de cuál fue el destino final del hombre rico, pero a renglón seguido Lucas afirmará: “Estando el hombre rico en el infierno, en medio de tormentos, levanta los ojos y ve a los salvados (representados en Abrahán y Lázaro), y ante el sufrimiento eterno (que de manera figurada pero con un trasfondo de realidad, menciona o presenta la parábola, aquí está retratado de alguna manera las famosas bienaventuranzas y las malaventuranzas, ayes o lamentaciones que nos trae también en su momento el evangelista Lucas cuando dice): Bienaventurado el pobre, pero ¡ay de ustedes los ricos!, Bienaventurado el hambriento pero, ¡ay de ustedes los saciados!, Bienaventurado aquel que es aplaudido, aquel que es criticado y perseguido pero, ¡ay de ustedes los alabados y aplaudidos!” Nos dirá Lucas, en definitiva: “Que hay una contraposición, una antítesis entre lo que es poner nuestra confianza en el mundo o la confianza en Dios”. Y de hecho, en la parábola evangélica, Abrahán le dirá al rico: “Recuerda que recibiste bendiciones y bienes en la vida terrenal, Lázaro no, por eso ahora es consolado mientras que tú, hombre rico, que pusiste toda tu vida en las cosas del mundo, ahora eres atormentado”. Y para señalar más el drama en esta parábola colocará Lucas una frontera infranqueable que no se puede cruzar entre los salvados, Abrahán y Lázaro y el condenado rico, Epulón. Pero nos hará luego una advertencia en donde el rico que la tradición ha llamado Epulón, que no así el evangelio, pide a Abrahán: “Que mande a la casa de su padre y a sus cinco hermanos en esta tierra, que mande profetas o al mismo Lázaro, para que dé testimonio de cómo deben de cambiar su vida, para no llegar a un lugar de tormento para siempre”. Abrahán le contestará al rico: “Que tienen la ley de Moisés y el mensaje de los profetas como una guía de cómo ordenar la vida, poner jerárquica y sabiamente los valores centrales de la existencia de cara a la salvación”. Pero el rico Epulón insiste: “No, Abrahán, si un muerto (hablando de Lázaro), va a mi padre y mis hermanos aquí en el mundo y lo escuchan, se arrepentirán”. Y en la parábola concluirá diciendo Abrahán (refiriéndose no solamente a Lázaro, sino a la persona de Cristo), si no escucharon en el antiguo testamento a Moisés y a los profetas, no se convencerán, ni se convertirán, ni aunque un muerto resucite”. Toda esta parábola inmensa nos pone a pensar en la realidad de muchas personas y pienso en un caso puntual de una esposa que me decía que su marido, un hombre rico, muy rico en bienes, que todo el día estaba pegado a su teléfono celular, cobrando los arriendos de locales, bodegas, apartamentos, en la casa reclamando y decimos coloquialmente, “apretando, apretando a sus inquilinos”, diciéndoles: “Recuerden que en dos días tienen que pagar el canon de arrendamiento” (me hablaba ella de más de 50 propiedades que tenía su esposo y que vivía de la renta), pero me hablaba del descuido con la familia y de cómo su hija, una niña en edad escolar de colegio, le había pedido unas medias o calcetines nuevos porque los que tenía estaban muy gastados y el hombre con más de 50 propiedades todas rentando, le dice: “Dígale a su mamá que remiende las medias que la vida está muy cara y que la plata no es para malgastarla”. Su hija, me dice su madre, ha crecido con resentimiento y este hombre, pasados los años, fue perdiendo su familia y lo único que le quedó fue el acumular bienes. Con razón la famosa y socorrida frase: “Había un hombre tan pobre, tan pobre, que lo único que tenía en la vida era dinero”. Hoy, frente a una tentación universal, frente al dios de esta tierra, vale la pena recapitular en la primera lectura de Jeremías que de manera magnífica nos alerta y nos advierte: “Maldito el hombre que confía en el hombre y en su dinero, y busca el apoyo en las criaturas y cosas del mundo, apartando su corazón de Dios” y señala un destino para ese tipo de personas: “Será como un cardo en el desierto que nunca recibe la lluvia, habitará en estepa árida, tierra salobre e inhóspita”. Pero también hace una promesa Jeremías: “Bendito el hombre que confía en Dios, que pone su vida en Él, será ya no como un cardo en el desierto, sino como un árbol plantado, sembrado junto a la acequia de agua que alarga las raíces a la corriente, y en tiempo de intenso verano, su follaje permanece siempre verde, no se inquieta y da fruto en su sazón, fruto sabroso y a su tiempo”. Al final concluirá Jeremías: “Que el corazón humano, donde nacen las intenciones personales, puede ser enfermo y engañoso ¿quién lo puede examinar?, ¿quién lo puede sondear?, ¿quién lo puede conocer? Sólo Dios, no los hombres”. Y de manera sapiencial, de forma sabia, Jeremías nos dirá: “Que Dios que sondea, examina y conoce el interior, lo profundo de nuestro ser (entiéndase el corazón), nos pagará a cada uno según las intenciones y la conducta de nuestro corazón”. En esta misma línea sapiencial está el salmo primero que hoy la liturgia nos presenta cuando dice: “Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en Dios, no sigue el consejo de los impíos, no entra por el camino de los pecadores, no se sienta con amigos cínicos, sino que su gozo, su alegría, es meditar día y noche la ley del Señor”. Y concluirá el salmo primero: “No así los impíos, serán paja que arrebata el viento” y advertirá: “Que el Señor protege el camino del hombre justo y todas sus empresas tienen buen final, todo lo que emprende tiene buen fin; pero el camino del impío, que fía y confía solo en el dinero y en lo del mundo, el camino del malvado avaro, apretado, atrapado por las riquezas, atesorando cosas del mundo, ése terminará mal”. ¿De qué lado está tu corazón y el mío? Que clara advertencia la que nos presenta el evangelio y las lecturas de hoy, en nuestra libertad y con sabiduría, reconoce que el dinero se necesita, pero no puede ser el Dios de tu corazón, el Dios de tu vida no puede ser el dios de este mundo. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Lucas 16, 19-31 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del libro de Jeremías 17, 5-10: Esto dice el Señor: «Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor. Será como cardo en la estepa, que nunca recibe lluvia; habitará en un árido desierto, tierra salobre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que alarga a la corriente sus raíces; no teme la llegada del estío, su follaje siempre está verde; en año de sequía no se inquieta, ni dejará por eso de dar fruto. Nada hay más falso y enfermo que el corazón: ¿quién lo conoce? Yo, el Señor, examino el corazón, sondeo el corazón de los hombres para pagar a cada cual su conducta según el fruto de sus acciones.» Palabra de Dios. Te alabamos Señor Salmo de Hoy: Salmo 1, 1-2.3.4.6 Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto a su tiempo y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 16, 19-31: En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: – «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió que se murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo: – “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas. ” Pero Abrahán le dijo: – “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado. Y además, entre nosotros y ustedes se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia ustedes no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros.” Él dijo: – “Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”. Abrahán le dice: – “Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen”. Pero él le dijo: – “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán.” Abrahán le dijo: – “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto.”» Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús
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dc.subjectAdminstrar bien la vida
dc.subjectCamino de los impíos
dc.subjectConfianza en el Señor
dc.subjectCorazón
dc.subjectEsperar todo del dinero
dc.subjectEsperar todo del mundo
dc.subjectLázaro
dc.subjectSan Lucas
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡El gran secreto de la vida!
dc.title.alternativePasiones del corazón

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