¿Te sientes transfigurado o desfigurado?

Abstract

REFERENCIA BIBLICA DEL EVANGELIO Mateo 17, 1,9 Primera lectura del día de hoy Lectura del libro de Genesis 12,1-4a: En aquellos días, el Señor dijo a Abrán: -«Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y será una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo.» Abran marchó, como le había dicho el Señor. Salmo del día de hoy Salmo 32,4-5.18-19.20.22: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. Segunda lectura del día de hoy De la segunda carta a Timoteo 1,8b-10: Querido hermano: Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios. Él nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestros méritos, sino porque, desde tiempo inmemorial, Dios dispuso darnos su gracia, por medio de Jesucristo; y ahora, esa gracia se ha manifestado al aparecer nuestro Salvador Jesucristo, que destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal, por medio del Evangelio. Evangelio del día de hoy Del Evangelio según san Mateo 17,1-9: En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: -«Señor, ¡qué bien se está aquí! Sí quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: -«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.» Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: -«Levantaos, no temáis.» Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: -«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES En este segundo domingo de Cuaresma, cuando el evangelio nos presenta el precioso pasaje de la Transfiguración de Jesús en la montaña alta del Tabor, reconozcamos tres grandes mensajes para nuestra vida. El primero, no hay gloria sin cruz, no hay rosa sin espina, no hay monte Tabor sin monte Gólgota; no se entiende la Transfiguración sin primero pasar por la Crucifixión, y es que ante el escándalo de la cruz, la cruz de hace dos mil años, la cruz de hoy y la cruz de siempre, Jesús nos anima y nos llena de esperanza a nosotros en la persona de sus discípulos y nos señala que: “El final de la vida no es la Cruz, el dolor y la muerte, sino la gloria eterna con Dios”, seremos transfigurados y participaremos de la gloria divina, la gloria del cielo. Es que este pasaje está ubicado precisamente después de las condiciones que Jesús pone a sus discípulos para hacer tales y antes también del anuncio de la Pasión y muerte de Jesús, por eso descubramos que esa gloria del Tabor ilumina hacia atrás en nuestra vida, esto es en retrospectiva nuestro caminar. Es que a veces nos sentimos en un túnel y el pasaje evangélico de hoy es la luz que señala el final de ese túnel y anuncia proféticamente el futuro glorioso que nos espera a todos. Una segunda enseñanza de este evangelio, es reconocer que Jesús mientras oraba se transfiguraba, y es que la oración, la vida con Dios transfigura, por el contrario el mundo con su pecado desfigura; recuérdalo, el amor, la oración y la gracia de Dios transfigura, el pecado desfigura tu vida. Moisés orante en el monte Sinaí y Jesús como el nuevo Moisés orante en el monte Tabor, resplandece y nos muestra a ambos, Moisés y Jesús, que después del encuentro con Dios ilumina la vida de los hombres, resplandecen con nuevo fulgor, de ahí que reconozcamos que una persona de vida interior, de vida orante es una persona iluminada, sabia, ponderada y capas de iluminar y de entregar sabiduría a los demás. Esta gloria anticipada de la que participa el apóstol Pedro junto a Jesús en el monte Tabor, nos lleva a nosotros también en la vida cuando participamos de la vida orante a decir como el apóstol Pedro: “Qué bien se está aquí en oración” y a querer eternizar ese momento como lo pretendió hacer el apóstol Pedro al decir: “Hagamos aquí tres tiendas, tres ramadas permanezcamos aquí”. Por eso cuando vivas cruz, aflicción, pruebas, sufrimientos, enfermedad en tu vida, no desesperes, ni te desanimes, no es un momento definitivo en tu existencia, es un tránsito hacia la vida plena con Dios, de la cual es testimonio el evangelio de Jesús Transfigurado que hoy se nos presenta. La tercera y última gran enseñanza del monte Tabor, es la expresión de Dios Padre que desde la nube anuncia a los discípulos y en ellos a la humanidad: “Este Jesús es mi Hijo amado, escúchenlo”, escuchar a Jesús es creerle, escuchar a Jesús es tomarlo en serio, escuchar a Jesús es obedecerlo, escuchar a Jesús es confiarnos totalmente a Él; de alguna manera de este escuchar a Jesús saquemos conclusiones para nuestra vida. La primera, descubramos que sí tenemos una fe viva y una total confianza en Jesús, si lo escuchamos con el corazón nunca estaremos con miedo, siempre reconoceremos que Dios ha estado con nosotros, que en nuestra vida y en las grandes pruebas que hemos vivido Dios estuvo, está y estará con nosotros. Sufrimos y nos preocupamos sin necesidad, si miro mi historia pasada reconozco que Dios nunca me ha abandonado y que no hay motivo para el temor. Una segunda conclusión nos permite descubrir a partir del monte Tabor, que el hombre solo es fuerte en Dios. Es que vivimos de fantasías humanas, buscamos las seguridades materiales, económicas, sociales, académicas, de salud; pero todas estas seguridades son relativas, son limitadas, son caducas frente a misterios tan grandes como la muerte, como la enfermedad incurable, solo Dios es nuestra fortaleza. En una tercera sabiduría conclusiva, descubramos que la fidelidad a Dios y la confianza total en Dios, es el gran camino para la prosperidad del hombre. Cuando te acercas a Dios descubre que todo en tu vida fluye, y cuando te alejas de Dios, reconoce que todo en tu vida se estanca y se complica, reconoce que un corazón recto y confiado alcanza todas las bendiciones de Dios. En una cuarta iluminación conclusiva, digamos que no te escandalices, no te desanimes de la cruz que hay en tu vida, ella es medio, no es el final de tu vida; el fin del hombre no es vivir en viernes Santo, el fin del hombre es vivir en domingo de Resurrección, ¿y el final de la vida es cuál? la gloria eterna con Dios, de la cual hoy el evangelio nos hace un adelanto. En una quinta sabiduría conclusiva, descubramos que quien tiene vida de oración tiene vida con pasión, vida de oración vida con pasión, con fuego, con sentido; es que la vida sin Dios es solo vida biológica, es solo vida material, es solo vida exterior y a veces es una vida insípida, tibia, sin sabor. En una sexta iluminación conclusiva, reconozcamos que la fe lo alcanza todo, solo por la fe Abraham fue agradable a Dios y solo la fe en Jesucristo que es un acto supremo y profundo de aceptación de Jesús como el Señor y salvador de nuestra vida, nos puede renovar profundamente. Concluyamos con esta séptima y última iluminación sabia, el Padre Dios dice: “Es mi Hijo amado”, así lo proclama desde la gloria de la nube en el Tabor. Reconozcamos que solo los hombres que se sienten amados aman verdaderamente y solo el amor de Dios aceptado, recibido en mi vida personal y compartido con los demás, es capaz de plenificar mi vida; en ti está, desfigurado por la mundanidad, el desorden de tu vida y el pecado, o transfigurado por la fuerza de la fe, la oración y el amor. Que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

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