¡La autosuficiencia es un engaño!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Lucas 4, 24-30
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: 2Reyes 5, 1-15a
En aquellos días, Naamán, jefe del ejército del rey de Siria, era hombre notable y muy estimado por su señor, pues por su medio el Señor había concedido la victoria a Siria. Pero, siendo un gran militar, era leproso. Unas bandas de arameos habían hecho una incursión trayendo de la tierra de Israel a una muchacha, que pasó al servicio de la mujer de Naamán. Dijo ella a su señora: «Ah, si mi señor pudiera presentarse ante el profeta que hay en Samaría. Él lo curaría de su lepra». Fue (Naamán) y se lo comunicó a su señor diciendo: «Esto y esto ha dicho la muchacha de la tierra de Israel». Y el rey de Siria contestó: «Vete, que yo enviaré una carta al rey de Israel». Entonces tomó en su mano diez talentos de plata, seis mil siclos de oro, diez vestidos nuevos y una carta al rey de Israel que decía: «Al llegarte esta carta, sabrás que te envío a mi siervo Naamán para que lo cures de su lepra». Cuando el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras, diciendo: «¿Soy yo Dios para repartir vida y muerte? Pues me encarga nada menos que curar a un hombre de su lepra. Dense cuenta y verán que está buscando querella contra mí». Eliseo, el hombre de Dios, oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras y mandó a que le dijeran: «¿Por qué te has rasgado tus vestiduras? Que venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel». Llegó Naamán con sus carros y caballos y se detuvo a la entrada de la casa de Eliseo. Envió este un mensajero a decirle: «Ve y lávate siete veces en el Jordán. Tu carne renacerá y quedarás limpio». Naamán se puso furioso y se marchó diciendo: «Yo me había dicho: “Saldrá seguramente a mi encuentro, se detendrá, invocará el Nombre de su Dios, frotará con su mano mi parte enferma y sanaré de la lepra”. El Abaná y el Farfar, los ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Podría bañarme en ellos y quedar limpio». Dándose la vuelta, se marchó furioso. Sus servidores se le acercaron para decirle: «Padre mío, si el profeta te hubiese mandado una cosa difícil, ¿no lo habrías hecho? ¡Cuánto más si te ha dicho: “Lávate y quedarás limpio”!». Bajó, pues, y se bañó en el Jordán siete veces, conforme a la palabra del hombre de Dios. Y su carne volvió a ser como la de un niño pequeño: quedó limpio. Naamán y toda su comitiva regresaron al lugar donde se encontraba el hombre de Dios. Al llegar, se detuvo ante él exclamando: «Ahora conozco que no hay en toda la tierra otro Dios que el de Israel».
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Sal. 42 (41), 2. 3; 43 (42), 3. 4
Mi alma tiene sed del Dios vivo; ¿cuándo veré el Rostro de Dios?
Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a Ti, Dios mío.
Mi alma tiene sed del Dios vivo; ¿cuándo veré el Rostro de Dios?
Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada.
Mi alma tiene sed del Dios vivo; ¿cuándo veré el Rostro de Dios?
Me acercaré al altar de Dios,
al Dios de mi alegría,
y te daré gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío.
Mi alma tiene sed del Dios vivo; ¿cuándo veré el Rostro de Dios?
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 4, 24-30
Habiendo llegado Jesús a Nazaret, le dijo al pueblo en la sinagoga: «En verdad les digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo asegurarles que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio». Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
La autosuficiencia es una actitud humana, que nos lleva errónea, equivocadamente a pensar, que nosotros por nuestro poder, por nuestro conocimiento, por nuestros criterios, por nuestras fuerzas, lo podemos todo. Nada más engañoso, no hay mayor mentira que esta, porque el ser humano cuando enfrenta algún tipo de pruebas en la vida, descubre que es tremendamente frágil. Es la historia que nos narra el segundo libro de los Reyes en el capítulo 5 y nos presenta la liturgia de este día como primera lectura, cuando un importante general del ejército de un país vecino, Siria, por nombre Naamán, siente la tristeza por la enfermedad de la lepra y por más que había acudido a sabios y entendidos de su país, Siria, para que lo sanaran, nada había conseguido. Una criada judía le dice a su familia, que en Israel hay un gran profeta, Elíseo, que puede sanarlo de un mal, la lepra, que tanto dolor y sufrimiento le ha causado en su vida y en su salud. Naamán decide viajar con el permiso de su rey a Israel, al país vecino; allí se entrevista con el rey de Israel, pero en el fondo más allá de llevarle presentes, lo importante es acudir a Dios. En efecto Elíseo, (el llamado hombre de Dios), había oído que este general sirio quería ser sanado y sin embargo no lo había conseguido, y un poco decepcionado, el profeta le invita a su presencia y le manda a decir que se bañe siete veces en las aguas del río Jordán. Con una actitud orgullosa y autosuficiente dice a los suyos: “¿Es que acaso los ríos del Abana y Farfar cerca de Damasco en Siria, no son mejores que todas las aguas y los riachuelos que hay en Israel?”; pero sus servidores le dicen: “Que más allá de su furia si el profeta Elíseo le ha pedido una tarea tan sencilla y una más difícil la hubiera hecho, ¿por qué no va a ser la tarea más fácil?”. En efecto, obedece quizás un poco a regaña dientes, se baña en las aguas del río Jordán siete veces, según la palabra de Elíseo, (el hombre de Dios), y después de este baño queda su piel limpia, sana como la de un niño recién nacido. Naamán reconoce que no hay otro Dios más grande que el Dios de los hebreos, el Dios de Israel, porque lo que nadie había podido alcanzar, la sanación de su lepra, Dios a través del profeta Elíseo y la orden de bañarse siete veces en el río Jordán, ha conseguido su total sanación.
Pues bien, esta historia nos prepara para entender el texto evangélico de hoy, cuando Jesús en la sinagoga, ante la dureza de corazón de los suyos les dice: “Que si bien en tiempos del profeta Elíseo había muchos leprosos, Elíseo vino a sanar no a un judío, sino a un extranjero, un sirio, el general Naamán, y si bien habían muchas viudas hambrientas en tiempos del profeta Elías siglos atrás, solo vino Elías, el profeta, en medio de una hambruna de tres años y medio, no vino a ninguna viuda judía, sino a una viuda extranjera en territorio de Sidón”. Ellos, sus oyentes, los de la sinagoga, al escuchar a Jesús, que los profetas que ellos tanto veneraban, Elías y Elíseo, no habían atendido precisamente a ciudadanos judíos, sino de otras naciones y pueblos, la viuda de Sarepta en territorio de Sidón, y Naamán en el país de Siria, se ponen furiosos y quieren sacar a Jesús despeñándolo.
Hoy reconocemos a partir de este texto evangélico, enseñanzas para nuestra vida.
La primera, todo profeta y entiéndase por tal, aquel que habla como la voz de Dios o en favor de Dios, probablemente en algún momento o en muchos momentos de su vida, vivirá rechazos, cuestionamientos, incomprensiones y hasta persecuciones. Jesús dirá: “Que rechazan a un profeta porque conocen su origen y que nadie puede ser profeta en su tierra, entre los suyos”.
Pero encontramos en un segundo momento, que lo echan del pueblo al que tenían por profeta a Jesús y lo expulsan de la sinagoga. No te sientas mal, porque he visto muchos buenos hombres de Dios, sacerdotes y aún obispos, perseguidos no solamente por los malos del mundo, sino también por hombres que se dicen buenos. Es un signo misterioso que refrenda el verdadero profetismo, la incomprensión y la persecución, no sólo de los malos repito del mundo, sino de aquellos que parecen obrar en nombre de Dios y dicen representar a Dios.
Cuántas historias hay en 2000 años de la Iglesia, de grandes santos que fueron perseguidos por hombres que se decían hombres de bien.
Finalmente, más allá de rechazar al profeta, de echarlo de la sinagoga y del pueblo, nos dice el evangelio de Lucas, que intentan matar a Jesús, despeñándolo por un precipicio en las afueras de la ciudad. Así era su odio, así era su envidia, así era su rechazo, su ceguera de corazón frente a Jesús, que piensan que la única manera de acabar con su mensaje, es acabando con su vida.
Pero tal vez lo que más nos impresiona del evangelio de hoy y que nos queda como enseñanza para nuestra vida, son las actitudes de Jesús, que deben de ser las actitudes de nosotros como cristianos frente a incomprensiones humanas, cuando estamos convencidos que trasegamos en el camino correcto. En efecto, Jesús no se amilana ante la agresividad de sus detractores. No nos acobardemos frente a la agresividad del mundo hoy enfrente a los católicos o frente a lo que algunos llaman una verdadera cristianofobia, (fobia a lo religioso). Siempre habrá personas que nos quieran a los cristianos, a los católicos, a los sacerdotes, a las religiosas; y siempre habrá personas que nos cuestionen, que solo busquen nuestra caída y que por más que hagamos milagros y los hiciéramos cada día, nunca creerían, porque el tema no es de que hagamos o no milagros, el tema es la ceguera del corazón, el odio de aquellos eternos detractores de la fe cristiana.
Luego nos dice una segunda respuesta de Jesús que se abre camino, se abre paso en medio de la adversidad. Jesús nunca se dejó repito disminuir, anular, frente a las persecuciones, siempre dio la cara porque no tenía nada que esconder. Y hoy a los cristianos y a los consagrados que puedan ser acusados aquí y allá, los invito si nada tienen que esconder y nada tienen que temer, recordando el aforismo: “El que nada debe, nada teme”, que demos la cara en nuestras comunidades, en las redes sociales, que Jesús no deje de ser anunciado, que es en definitiva lo que busca satanás: utilizar, servirse de idiotas útiles, perros rabiosos que ladran con furia contra la Iglesia y contra sus ministros; pero si estás convencido de que el Señor está contigo, nada ni nadie te podrá tocar, créeme que sé de lo que hablo.
Finalmente, en una tercera respuesta de Jesús que es paradigmática para nuestra vida, además de que no se acobarda, no se amilana, uno; además de que se abre paso en medio de la adversidad y de la multitud que quieren despeñarlo, dos. Tres, nos dice el evangelista Lucas, que Jesús sigue su camino, continúa su misión.
Cuando veo algún cristiano que dice, me cansé de ser buena persona, cuando veo un sacerdote que dice, voy a colgar la sotana, voy a secularizarme, dejaré de ser sacerdote; pienso que está dejando la bendición de Dios por comerse un plato de lentejas, recordando el pasaje bíblico. Tú y yo no hagamos lo mismo, sigamos nuestro camino, cumplamos con nuestra misión, avancemos, que la obra de Dios es clara.
Que el Señor te bendiga abundantemente en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.