¡Solo en ti hay Palabras de Vida Eterna!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2025-06-11T22:15:04Z | |
| dc.date.available | 2025-06-11T22:15:04Z | |
| dc.date.issued | 2025-05-10 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Las lecturas de hoy nos presentan como personaje central, la imagen inmensa del apóstol Pedro. En efecto, el Pedro en vida de Jesús, a veces voluntarioso, a veces terco, a veces primario para pensar, hablar y actuar, es completamente distinto del Pedro ahora lleno de coraje, de parresía y de fuerza espiritual. De hecho, visitando a los santos (que así se les llamaba a los cristianos en la Iglesia naciente), a los santos que residen en el pueblo de Lida, cura a un paralítico, Eneas, y luego pasando al pueblo de Jaffa, sana a una niña que aparentemente había muerto, Tabita, resucitándola. Tanto la curación de Eneas como la resurrección, devolverle la vida a Tabita, causó una fuerte impresión entre los suyos, y concluirá la primera lectura diciendo: “Que por lo que había sucedido en Jaffa, muchos creyeron en el Señor”. Es que el evangelio se difunde por la Palabra proclamada con pasión, con unción, con autoridad; pero también por las acciones portentosas de sanación, liberación y dar la vida, obrada no a través de un hombre limitado y pecador como Pedro, sino a través del Espíritu del Resucitado que obra a través de Pedro. Hoy no hay más sanaciones, hoy no hay más liberaciones, hoy no hay más milagros, porque falta fe en los hombres y mujeres de nuestro tiempo, especialmente entre nosotros los evangelizadores. Pero pasemos al evangelio de hoy, donde se concluye el capítulo 6 de san Juan, llamado el capítulo o el discurso del Pan de Vida. Se nos habla de la llamada crisis discipular, donde algunos que escuchaban a Jesús, al tomar literalmente sus palabras que debían “de comer su carne y beber su sangre”, lo toman quizás por caníbal, se escandalizan de Él, se desaniman y lo abandonan. Jesús cuestiona a los más cercanos y les dice: “Que, si no hay espíritu y vida en ellos, no alcanzarán nada en la vida, y que la mera carne, la mera materialidad, es nada sin el Espíritu y la vida que anima dicha materia, dicha carne”. Pero refiriéndose directamente a los suyos, los interroga al grupo de los 12, y quizás un poco triste les dice de manera directa, ¿también ustedes quieren abandonarme? Pero Simón Pedro toma la palabra y le dice: “Señor, ¿abandonarte?, Señor, ¿dejarte?, ¿a quién vamos a acudir?, ¿a quién vamos a buscar en este mundo? Sólo tú tienes palabras de vida, de verdad, sólo tú tienes palabras de justicia y de amor, sólo tú tienes palabras de luz y de esperanza, sólo en ti hay palabras de vida eterna, y creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”. ¿Acaso te ha pasado que te sientes decepcionado del mundo, de los cercanos, los amigos, los compañeros y jefes en la oficina?, ¿aún te sientes decepcionado y desencantado de tu familia? Descubre que el mundo no lo mueve el amor verdadero, la justicia; al mundo lo mueve el egoísmo, las apariencias, lo que nos resulte conveniente y útil, al mundo lo mueve la soberbia de la imagen, al mundo lo mueve el afán de dominar y la vanidad y la codicia de las riquezas. A Cristo, en quien hay palabras de vida eterna, lo mueve el amor, lo mueve el descubrir que sólo el humilde camina en la verdad, lo mueve una esperanza más allá de la muerte que a todos nos atemoriza, a Cristo y a los seguidores de Cristo nos mueve la fe en un amor más alto, un amor más grande, un amor que es capaz de plenificar nuestra existencia. No nos engañemos, en el mundo y en lo que el mundo nos ofrece, nunca encontraremos la plenitud, la paz y el sentido profundo, significado hondo de la vida que todos de manera más o menos consciente buscamos. El mundo y sus engaños vivimos en él, lo aceptamos, “pero no somos del mundo” como nos dirá Jesús, a propósito de sus discípulos: “Están en el mundo, pero no son del mundo, cuídalos del mal”. Hoy, te invito para que en medio de las decepciones de la vida no te deprimas, no pienses en salidas extremas y de acciones suicidas, no tires la toalla, no claudiques, no te rindas, no te rindas; si crees en el Señor encontrarás la fuerza espiritual, la luz interior, una alegría profunda que nunca habías experimentado, y descubrirás por qué Pedro dirá de Jesús: “Que sólo en la persona divina del Señor hay palabras de vida eterna”. Prácticamente todas las conversiones y las grandes transformaciones en la vida humana se dan con ocasión de grandes decepciones: de hombres, de cosas, de situaciones, de acontecimientos humanos en los que habíamos cifrado toda nuestra vida y al final descubrimos que todo es un engaño, es simplemente falsedad y mentira, envuelta en un bello papel de regalo con moño de colores. El mundo empaqueta y vende muy bien su mensaje de falsedad, de egoísmo, de vanidad, de apariencia, de utilitarismo de unos por otros; pero créeme que, si eres un buscador de la verdad, sólo en el evangelio, sólo en la oración, sólo en una vida fraterna y auténticamente cristiana, encontrarás sentido y vida plena. Que el Señor bendiga abundantemente tu historia, tu familia, el momento que hoy vives. Y te bendigo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Juan 6, 60-69 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 9, 31-42 En aquellos días, las comunidades cristianas gozaban de paz en toda Judea, Galilea y Samaria, con lo cual se iban consolidando, progresaban en la fidelidad a Dios y se multiplicaban, animadas por el Espíritu Santo. Pedro recorría toda la región y una vez fue a visitar a los fieles que vivían en Lida. Ahí encontró a un hombre, llamado Eneas, que tenía ya ocho años de estar en cama, paralítico. Pedro le dijo: “Eneas, Jesucristo te da la salud. Levántate y tiende tu cama”. Eneas se levantó inmediatamente; y todos los habitantes de Lida y de la llanura de Sarón que lo vieron, se convirtieron al Señor. Había en Jafa, entre los discípulos, una mujer llamada Tabitá (que significa “gacela”), la cual hacía infinidad de obras buenas y repartía limosnas. En aquellos días cayó enferma y murió. Lavaron su cadáver y lo tendieron en una habitación del segundo piso. Como Lida está cerca de Jafa, los discípulos, sabiendo que Pedro estaba allá, enviaron dos hombres para suplicarle que fuera a Jafa sin tardar. Pedro fue con ellos. Tan pronto como llegó, lo condujeron a la habitación del segundo piso. Allí lo rodearon todas las viudas, llorando y mostrándole las túnicas y los vestidos que Tabitá les había hecho, cuando aún vivía. Pedro mandó salir a todos, se postró de rodillas y se puso a orar; luego, dirigiéndose a la muerta, dijo: “Tabitá, levántate”. Ella abrió los ojos y al ver a Pedro, se incorporó. Él la tomó de la mano y la levantó; llamó a los fieles y a las viudas y se la entregó viva. Esto se supo por toda Jafa y muchos creyeron en el Señor. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de hoy: Salmo 116(115), 12-13. 14-15. 16-17 ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo Mucho le cuesta al Señor la muerte se sus fieles. ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Señor, yo soy tu siervo, siervo tuyo, hijo de tu esclava: rompiste mis cadenas, Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando el nombre del Señor ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Evangelio de hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Juan 6, 60-69 En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús dijeron al oír sus palabras: “Este modo de hablar es intolerable, ¿quién puede admitir eso?” Dándose cuenta Jesús de que sus discípulos murmuraban, les dijo: “¿Esto los escandaliza? ¿Qué sería si vieran al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da la vida; la carne para nada aprovecha. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida, y a pesar de esto, algunos de ustedes no creen”. (En efecto, Jesús sabía desde el principio quienes no creían y quién lo habría de traicionar). Después añadió: “Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede”. Desde entonces, muchos de sus discípulos se echaron para atrás y ya no querían andar con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: “¿También ustedes quieren dejarme?” Simón Pedro le respondió: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús. | |
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| dc.subject | Amor | |
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