¡Dios mío, confío en ti!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2024-06-11T22:45:20Z
dc.date.available2024-06-11T22:45:20Z
dc.date.issued2024-06-03
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura tomada de la segunda carta del apóstol san Pedro, comienza saludando a las comunidades a las que les escribe el apóstol, de una manera universal que todos conocemos. En efecto, los saluda diciéndoles: “A ustedes gracia y paz abundantes por el conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor”. Y es la verdad, el conocimiento de Cristo y del Padre Dios a quien Cristo revela, genera paz profunda en el corazón y gracia, vida nueva, vida divina a cada uno. Continúa el apóstol Pedro afirmando: “Por el poder divino se nos ha concedido todo lo que conduce a la vida auténtica, y por ese poder divino, también se nos concede las preciosas y sublimes promesas para que seamos partícipes de la vida de Dios en nosotros”. En seguida hace una precisión tan actual, no solamente para los hombres y mujeres de hace dos mil años, sino para nosotros: “Vivamos la vida de Dios en nuestro corazón, escapando de la corrupción que reina en el mundo por la ambición”. Me pregunto yo si el apóstol Pedro mirara el siglo 21 y nuestra generación, tal vez pensaría que lo que él vivió hace dos mil años, es apenas una sencilla caricatura de la corrupción y la ambición que daña el corazón humano. Y a renglón seguido culmina esta primera lectura de hoy, invitándonos a añadir a la fe en Dios la virtud humana, a la virtud humana el conocimiento, al conocimiento la templanza para resistir el mal. A la templanza la paciencia en las tribulaciones, a la paciencia añadir la piedad y el amor a las cosas de Dios y a la piedad, el cariño fraterno que solamente es producido por el amor. Por eso bellamente decimos en el salmo de hoy: “Dios mío, confío en ti”. Y el salmista dirá: “Se puso junto a mí, lo libraré, lo protegeré porque conoce mi nombre. Me invocará y lo escucharé, con Él estaré en la tribulación, lo defenderé, lo glorificaré, lo saciaré de largos días y le haré ver mi salvación”. Muy a propósito la liturgia nos presenta este salmo, porque el evangelio del capítulo 12 de san Marcos, nos presenta una parábola diciente, pero no por ello menos dolorosa, cuando Jesús, hablando a las autoridades religiosas de su tiempo, los sumos sacerdotes, ancianos y escribas, habla de cómo un hombre, el caso de Dios, plantó una viña, (es su pueblo), la llenó de cariño y de cuidado, rodeándola con una cerca, cavando un lagar, construyendo una torre, dejándola bajo una mayordomía o administración, y luego la arrienda, la entrega a los hombres y se marcha lejos esperando dentro de un tiempo recibir los frutos de la finca, entiéndase del cultivo de la vida. Pasa el tiempo y los criados que son los profetas del antiguo testamento, son maltratados por aquellos que arrendaron la viña, los azotan, los apedrean, los despiden con las manos vacías. Envía más profetas y corren la misma suerte, pero Dios que no se cansa de buscar la conversión del corazón humano y esperando que en nuestra vida demos frutos de santidad y de justicia, envía ya no trabajadores los profetas, sino a su propio hijo pensando, respetarán la vida de mi hijo, ya que soy el dueño de la vid, el dueño de la vida. Pero los trabajadores, al ver al hijo dijeron entre sí: “Este es el heredero, venga, lo matamos y será nuestra la herencia”. Y dice que arrojándolo fuera de la viña como lo hicieron con Jesús, matándolo fuera de la vieja ciudad amurallada de Jerusalén, donde estaba la colina del Gólgota, acabaron con la vida del hijo del dueño de la vid, una alegoría que profetiza la muerte de Jesús. Enseguida les pregunta: ¿qué hará el dueño de la viña?, ¿qué hará Dios con estos trabajadores? Ellos contestan: “Hará perecer esos malvados y alquilará, arrendará, dará la viña a otros para que produzca frutos”. Él les dirá para que caigan en la cuenta: “Que Él es la piedra angular sobre la que se sostiene todo el edificio de la vida divina, pero ellos no lo han acogido y por el contrario, lo han rechazado”. Las autoridades religiosas de la ciudad de Jerusalén al escuchar esta parábola, comprendieron que Jesús estaba ironizando sobre ellos, que no era una indirecta, sino un reclamo directo. Por eso, llenos de soberbia y de odio contra Él, culminará diciendo el evangelista Marcos: “Intentaron echarle mano, porque comprendieron que la parábola la decía por ellos, pero no lo tocaron porque temían a la gente que respetaba a Jesús y lo dejaron marchar”. Esta parábola nos muestra simplemente, la historia eterna de la fe cristiana, que se mueve entre la aceptación en el corazón de la gente de sencilla alma y, por el contrario, el rechazo ensoberbecido de aquellos que se sienten dueños de la moral, dueños de la verdad, dueños del poder, dueños de la vida de la gente. Cuánto hay que orar por los dirigentes en el mundo entero, la misma dirigencia en la Iglesia, y como tenemos que aprender del pueblo sencillo de Dios, que tiene claramente un mejor sentido de fe para reconocer sus verdaderos profetas, los auténticos pastores, a diferencia de aquellos que son autoridades en el mundo. Que el Señor nos dé esta sabiduría y que nunca nos reclame quizás con amargura, quizás con ironía, quizás con dolor por la ingratitud, porque nos dio carismas, talentos, autoridad y no las supimos usar en bien del rebaño del pueblo de Dios. Aquí se cumple perfectamente la máxima evangélica: “A quienes mucho se les ha dado en autoridad, en carismas, en capacidades, mucho se les exigirá”. Oremos quienes hemos recibido un poco más de parte de Dios y por su bondad y liberalidad, para saber responder al compromiso tan alto que tenemos, de saber apacentar las almas, de saberlas cuidar en medio de las ambiciones, en medio de los engaños del mundo. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Marcos 12, 1-12 Lectura del día de hoy San Carlos Luanga y compañeros, mártires, memoria obligatoria 2P 1,1-7: Nos ha dado los inapreciables bienes prometidos, con los cuales podéis participar del mismo ser de Dios. Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo les ha cabido en suerte una fe tan preciosa como a nosotros. Crezca vuestra gracia y paz por el conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor. Su divino poder nos ha concedido todo lo que conduce a la vida y a la piedad, dándonos a conocer al que nos ha llamado con su propia gloria y potencia. Con eso nos ha dado los bienes prometidos, con los cuales podéis escapar de la corrupción que reina en el mundo por la ambición, y participar del mismo ser de Dios. En vista de eso, poned todo empeño en añadir a vuestra fe la honradez, a la honradez el criterio, al criterio el dominio propio, al dominio propio la constancia, a la constancia la piedad, a la piedad el cariño fraterno, al cariño fraterno el amor. Salmo del día de hoy Salmo 90,1-2.14-15ab.15c-16: Dios mío, confío en tí. Tú que habitas al amparo del Altísimo, que vives a la sombra del Omnipotente, di al Señor: Refugio mío, alcázar mío, Dios mío, confío en ti. Se puso junto a mí: lo libraré; lo protegeré porque conoce mi nombre, me invocará y lo escucharé. Con él estaré en la tribulación. Lo defenderé, lo glorificaré; lo saciaré de largos días, y le haré ver mi salvación. Evangelio del día de hoy Mc 12,1-12: Agarraron al hijo querido, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los letrados y a los senadores: -Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. A su tiempo envió un criado a los labradores, para percibir su tanto del fruto de la viña. Ellos lo agarraron, lo apalearon y lo despidieron con las manos vacías. Les envió otro criado: a éste lo insultaron y lo descalabraron. Envió a otro y lo mataron; y a otros muchos, los apalearon o los mataron. Le quedaba uno, su hijo querido. Y lo envió el último, pensando que a su hijo lo respetarían. Pero los labradores se dijeron: -Este es el heredero. Venga, lo matamos, y será nuestra la herencia. Y agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. ¿Qué hará el dueño de la viña? Acabará con los labradores y arrendará la viña a otros. ¿No habéis leído aquel texto: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»? Intentaron echarle mano, porque veían que la parábola iba por ellos; pero temieron a la gente, y se marcharon. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectAmor a las cosas de Dios
dc.subjectConocimiento
dc.subjectFe
dc.subjectPaciencia
dc.subjectPiedad
dc.subjectTemplanza
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Dios mío, confío en ti!
dc.title.alternativeResistir en la fe

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