¡Así comenzó el anuncio del Reino!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
San Mateo 4, 12-23
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: del libro de Isaías 8, 23b–9,3:
En otro tiempo, humilló el Señor la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí, pero luego ha llenado de gloria el camino del mar, el otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.
El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló.
Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín.
Porque la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo 27(26), 1.4.13-14 (R. 1a)
El Señor es mi luz y mi salvación
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?
El Señor es mi luz y mi salvación
Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo.
El Señor es mi luz y mi salvación
Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.
El Señor es mi luz y mi salvación
Segunda Lectura: de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 10-13.17:
Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que digáis todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir.
Pues, hermanos, me he enterado por los de Cloe de que hay discordias entre vosotros. Y os digo esto porque cada cual anda diciendo: «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Cefas, yo soy de Cristo».
¿Está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿Fuisteis bautizados en nombre de Pablo?
Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según san Mateo 4, 12-23:
Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retira a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».
Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».
Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.
Les dijo:
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó.
Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
¡Así comenzó el anuncio del Reino!
La primera lectura de la liturgia de este día del profeta Isaías capítulo 8, nos habla “como el pueblo caminaba en tinieblas, y allí en Galilea, en el norte del actual Israel, vio una luz grande y más allá del paganismo y la oscuridad en la que vivían y de que habitaban en sombras de muerte, una luz les brilló porque allí se inició el anuncio de la Palabra salvadora, el anuncio del Reino”.
Es que, como dice el salmo litúrgico de este día: “Sólo Jesús, sólo su mensaje, sólo su vida es luz y salvación”. Y podemos decir con el salmista: “El Señor es mi luz y mi salvación, a ¿quién temeré?; el Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida, espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor”.
¡Qué bonito en este año esperarlo todo de Dios!, y no detenernos en discusiones estériles siguiendo hombres que no dejan de ser limitados, como nos lo cuenta la segunda lectura, tomada de la carta de Pablo a los Corintios en el capítulo 1, cuando nos dice “que se ha enterado por Cloe que hay discordias entre los seguidores de Jesús, y que han recibido el anuncio a través de Pablo”. Y algunos dicen “soy de Pablo, otros dicen, soy de Apolo, otros dicen, soy de Cefas, Simón Pedro, otros dicen, soy de Cristo”. Y Pablo les dirá ¿acaso está dividido Cristo?, ¿acaso fue crucificado Pablo por ustedes?, ¿acaso fueron bautizados en nombre de Pablo?
No, les dirá el apóstol: “Les he hablado a cada uno de ustedes, les he anunciado el Evangelio con una sabiduría única de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo”.
Pero más allá de estas discusiones humanas, preguntémonos en el puro centro del evangelio de hoy que nos narra Mateo en el capítulo 4, ¿cómo se inicia hace 2000 años el anuncio del Reino de Dios?
Y podríamos decir que hay un antecedente fundamental, y es que Jesús, el Cristo, el Enviado, el Ungido de Dios, comienza su vida pública, su predicación pública, a partir de un hecho doloroso y trágico, cuando se entera del encarcelamiento de Juan el Bautista. Jesús, lejos de desanimarse, lo entiende como un signo y una llamada del Padre Dios para lanzarse de manera definitiva a la misión para la que ha venido al mundo ¡Anunciar una nueva manera de vivir!
Hoy, tú y yo, a ejemplo de Jesús, ante adversidades o malas noticias en el caso de Cristo, hace 2000 años el encarcelamiento de Juan a quien admiraba profundamente. Nosotros llenémonos de coraje y entendamos que somos los elegidos por Dios para comunicar la experiencia de esa nueva vida, y a ejemplo de Jesús, que hizo una serie de renuncias interiores y de desprendimientos familiares y humanos que lo llevaron a la decisión radical de reorientar su vida, no sólo deja el grupo de seguidores que tenía Juan el Bautista y se aparta de ellos, sino también que deja a su familia en Nazaret, a quien amaba profundamente y se retira a Galilea, concretamente a Cafarnaúm, donde será, para decirlo de alguna manera, su centro de operaciones, la sede desde donde emprenderá numerosas correrías y viajes de villorrio en villorrio, de pueblo en pueblo, hablando y anunciando la nueva manera de vivir según el actuar, el reinar y la lógica de Dios.
Pero llama la atención en estos antecedentes iniciales que ese anuncio del Reino de Dios, de la llegada, el advenimiento, la presencia de la vida divina en la humanidad, no parte de Jerusalén, que era el corazón mismo del judaísmo, sino que parte de una región despreciada, una región en la periferia, una región si se quiere contaminada de paganismo, como la llaman los profetas, la Galilea de los gentiles, la Galilea de los paganos, la Galilea de aquellos no creyentes. Y allí empezará Jesús su mensaje para alumbrar la vida de aquellos que viven en tiniebla, en oscuridad y viven en las sombras, en el fondo viven en la muerte.
¿Acaso tú y yo pensamos que debemos anunciar o iniciar el anuncio de la vida nueva de Jesús en lugares centrales? Quizás allí donde hay gente muy sencilla, personas muy simples, quizás despreciados socialmente, es allí donde “pega”, se recibe mejor el Evangelio de Jesús.
Para nadie es un secreto que la rica y orgullosa Europa hoy desprecia la fe cristiana; pero la pobre y humilde África, el continente negro, hoy es el más grande receptor del Evangelio de Jesús. Quizás siendo una periferia en el mundo, como lo fue Galilea en su momento, y no se destina a Europa centro del mundo, como lo fue la ciudad de Jerusalén, centro del reino judío.
Pero nos preguntamos ¿cuál es el primer anuncio que hace Jesús al iniciar su vida de predicación pública? Y la palabra central que Él tiene es una invitación a convertir la vida, a cambiar el corazón, porque ya se aproxima, ya llegan los valores de paz, justicia, amor, fraternidad, alegría y gracia del Reino de los cielos. Y esta conversión fundamentalmente implica un giro radical en la orientación de los valores que han guiado la propia vida.
Cuando, por ejemplo, nuestra vida ha tenido como valor esencial la seguridad económica, la imagen social, el éxito profesional, el afecto de los demás; el Reino nos invita a la humildad, a la libertad interior frente a la imagen propia, al desprendimiento de lo que llamamos las riquezas de este mundo. Es una verdadera reorientación radical de aquellos valores de la vida que considerábamos supremos.
Pero luego de esta conversión o reorientación de la vida, se nos invita al seguimiento de Jesús, a reconocerlo como el Señor, el Kyrios en griego, el Mesías en hebreo, en arameo y a seguirlo como lo hicieron los primeros discípulos, ya no para ser pescadores en el mar de Galilea, sino para ser pescadores de hombres.
Hoy reconoce que por ahí tiene que empezar la conversión de tu vida, reorientando los valores fundamentales que hoy te inspiran y reconociendo a Jesús como el único que tiene verdad, señorío, poder sobre tu vida. Y aprender desde ahí a buscar, llevar almas, discípulos para Dios.
Esa buena noticia, lo repetimos, se da en la periferia, en Galilea. Y hoy preguntémonos ¿cuál es esa periferia? No sólo los africanos, no sólo los migrantes, no sólo los marginados; también los sufrientes, también los ancianos, también los pobres de esta tierra. Es que cuando estamos llenos de nosotros mismos por ego, cuando estamos llenos de nosotros mismos por riqueza, cuando estamos llenos de nosotros mismos por aplausos humanos, difícilmente abriremos el corazón y acogeremos el mensaje de Jesús.
Hoy tal vez no mires tanto cuál es la periferia existencial, donde tienes que mirar, sino mira dónde te encuentras tú en este momento de tu vida, si estás cerca del Evangelio o por el contrario, cerca de los valores que el mundo nos impone como la gran doctrina, como la gran noticia, como el gran mensaje.
De este evangelio y de las lecturas de este día, saquemos tres conclusiones para nuestra vida.
La primera, nunca es tarde para convertirnos, nunca será tarde para cambiar nuestro corazón, para vivir de una manera más humana, para poner a Jesús y su mensaje en el centro de nuestra existencia. Nunca es tarde para amar a quien no hemos amado lo suficiente. Nunca es tarde para perdonar y dejar ese rencor alimentado por años. Nunca es tarde para servir y dar la vida por otros, dejando nuestro encerramiento, nuestra zona de confort, como lo hicieron Pedro y su hermano Andrés, Santiago y su hermano Juan, que dejándolo todo, familia, trabajo, seguridades, siguieron a Jesús para caminar por las sendas de Dios, las sendas y los caminos de la fraternidad, de la justicia, de la esperanza y de la vida nueva.
Pero una segunda enseñanza a partir de este evangelio es entender que esta conversión o reorientación de la vida que nos propone Jesús es eso una proposición, no una imposición. El Evangelio se propone, no se impone, no es algo forzado, crece en nosotros en la medida que Dios quiere que tengamos una vida más humana y feliz, y nosotros, espontánea y libremente, nos abramos a la voluntad de Dios.
Hoy te propongo atrévete, deja tus seguridades, no vivas simplemente para acumular. No pienses que la vida es simplemente “un bienestar material, económico, de salud para ti y tu círculo más cercano de seres queridos”; sino que el mundo es más grande y el horizonte existencial debe de ser más alto.
Hoy nada se te impone, Jesús lo propone de manera libre y voluntaria, en ti, en tu libertad, está el acoger, el aceptar o el seguir indiferente al llamado de Jesús, tú eliges.
En una tercera y última conclusión de este evangelio aprendamos que en la vida no se trata sólo de ser buenas personas, buenos seres humanos, como oigo algunos padres de familia que me dicen “padre, mi hijo es bueno, aunque no busca de Dios”.
Hoy te diré, no se trata sólo de ser bueno, sino de encontrarnos con aquel que es bueno con nosotros. La vida cristiana no es solamente una ética o una actitud moral de cierta bondad, de cierto buenismo frente a los demás. La vida cristiana es, sobre todo un encuentro personal, profundo, transformante con aquel que es bueno por excelencia, aquel que es bueno con nosotros, aquel que sólo nos ha dado bendiciones en la vida.
No te conformes con decir: no mato, no robo, no adultero, no hago mal a nadie; hago algunas obras de caridad con los necesitados. Encuéntrate, atrévete a encontrarte con aquel que es bueno contigo, que te quiere bendecir y llenar tu vida de sentido, de alegría y de plenitud.
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.