¡Perdonen y serán perdonados!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2025-03-21T15:35:08Z | |
| dc.date.available | 2025-03-21T15:35:08Z | |
| dc.date.issued | 2025-03-17 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura tomada del profeta Daniel es una súplica ferviente del mismo que busca a Dios grande y terrible, porque lo reconoce como fiel a la alianza de amor con el hombre, una alianza que es un vínculo mutuo de amor que Dios mantiene y hace efectivo en su gracia y en beneficio de los hombres. Pero reconoce también que la infidelidad del pueblo de Israel es un mal endémico, a pesar del envío puntual de los profetas que le invitan al pueblo a la conversión y a la renovación de la vida. Por eso vendrán desastres para el pueblo y más allá de que Dios los juzga con dureza en principio, al final tiene misericordia, cuando el hombre con humildad clama a Él y reconoce que, por encima de todo, Dios es piedad y perdón. No es otro el sentido de la súplica del profeta Daniel cuando afirmara a nombre de su pueblo: “Hemos pecado, hemos cometido crímenes y delitos, nos hemos rebelado apartándonos de tus mandatos y preceptos, no hicimos caso de tus siervos los profetas que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra”. Al final concluirá el profeta Daniel diciendo: “Señor, nos abruma la vergüenza, porque hemos pecado contra ti, pero tú, nuestro Dios, eres compasivo y perdonas nuestros pecados, aunque nos hemos rebelado y no hemos obedecido la voz de Dios, siguiendo las normas que dabas a tus siervos”. Por eso el salmo responsorial de hoy nos invita a cantar todos juntos: “Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados, no recuerdes las culpas de nuestros padres, que tu compasión nos alcance pronto, pues nos sentimos agotados en la vida. Socórrenos, Dios, Salvador nuestro, por el honor de tu nombre, líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre”. Tanto esta primera lectura de Daniel como el salmo litúrgico 78 nos preparan para entender el impresionante evangelio de hoy de Lucas capítulo 6, cuando de una manera muy corta pero muy tajante, el Señor en un primer lugar nos invita: “A tener un corazón como el de Él, misericordioso, compasivo, que repare no en la falla, la equivocación de los demás, sino que mire las obras buenas y el conjunto de la vida de un ser humano”. Pero dentro de esta primera invitación a la misericordia y a tener un corazón humano compasivo a imagen del corazón de Dios, nos pone una condición previa en la que difícilmente nosotros cumplimos a lo largo de nuestra vida. En efecto, dirá Jesús: “No les gusta ser juzgados por los demás, entonces no juzguen, no quieren ser condenados por los demás, entonces no condenen a nadie, desean ser perdonados por los otros, entonces perdonen”. En el fondo, es la condición previa y necesaria para alcanzar el perdón, el no juicio y la no condena de Dios en nosotros primero, practicarla con los demás. La vida nos enseña que el ser humano tiene un rasero o un criterio muy subjetivo a la hora de mirar sus defectos y faltas personales y a veces un criterio muy rígido, muy estricto a la hora de mirar las equivocaciones, faltas y pecados de los demás. Cuántas veces he oído en mi vida como sacerdote de hombres o mujeres, a veces muy rígidos (el Papa Francisco los llama los psicorrígidos), pero que llevan una doble vida, una existencia con incoherencia, un patio trasero o solar. Recuerdo la historia de un hombre que sacó de la casa a su hijo por ver pornografía y lo miró como el gran escándalo y de alguna manera algo que rompía con la condición y las buenas costumbres de este hogar, pero luego, con el paso de los años, se descubrió el adulterio continuo de este papá con una persona ajena a su pareja matrimonial. A veces muy duros para juzgar ciertamente de la fragilidad de otro, en este caso un hijo, pero muy laxos para mirar nuestra vida donde había a ciencia, paciencia y conciencia una relación de adulterio que dañaba gravemente la vida conyugal. Pero pienso en cuantos fungen ante la opinión pública y la prensa como impolutos, incorruptibles, íntegros y luego, como hombres de gobierno, hombres públicos, no salen de un escándalo en su administración, en su gobierno, por más que al principio, cuando estaban en campaña, se llamaban los decentes, los honestos, los responsables. Qué fácil es hablar y fungir ante los demás como seres íntegros y qué difícil es ser coherentes en la vida y no caer en las malas costumbres, en los hábitos dañados que cuestionamos de otros. Jesús nos hace una advertencia al final del evangelio de hoy y podría ser una enseñanza final: “La medida que usemos para valorar, para cuantificar, para medir la vida de otros, con esa misma medida seremos nosotros juzgados”. Hoy frente a este evangelio, nos toca silenciarnos porque la vida nos ha enseñado sobre todo a los sacerdotes que escuchamos permanentemente el pecado y la confesión de las miserias de los demás y aún porque como sacerdotes también conocemos nuestro propio barro personal, nos ha enseñado a no condenar, a no juzgar, a perdonar como lo pide Dios y como es el corazón de Dios. Hoy el Señor nos invita a que la medida que usemos con los demás, reconozcamos que será también la vara, el metro, la medida con la que nosotros seremos juzgados, seremos valorados. Las abuelas, con sabiduría afirmaban: “Un burro hablando de orejas”, “Médico, cúrate a ti mismo” y “al alcalde quien lo ronda”, hablando de expresiones coloquiales, refranes de la sabiduría del pueblo sencillo, nos muestra que nunca juzguemos a otros sin antes mirarnos profunda y detenidamente en nuestra vida personal. Esto es de la esencia del evangelio de Jesús, la compasión, la misericordia porque Dios, nuestro Creador, nuestro Padre, como nadie conoce que fuimos hechos del barro de la tierra. Termino diciendo que la vida y el paso de los años me han enseñado que la gente, las personas del común más benévolas para hablar, juzgar, condenar o perdonar las ofensas de otros, son personas normalmente de buen vivir, recta moral, sanas costumbres, vida tranquila. Pero la vida también me ha mostrado que las personas que más critican, que más señalan con dedo acusador y fiscal a los demás, aquellos que están pendientes de los otros y hablan de denunciar el mal ajeno, de proteger víctimas en el fondo son personas de doble moral, victimarias que no víctimas y que ocultan la propia malicia e incoherencia de su vida, poniendo la atención, los reflectores en los que ellos llaman víctimas. Cuídate de los cizañeros, cuídate de las personas que están constantemente hablando de los demás, cuídate de aquellos que siempre fungen o aparecen como víctimas de los otros, quizás te estás dejando engañar. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Lucas 6, 36-38 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: de la profecía de Daniel 9, 4b-10 ¡Ay, mi Señor, Dios grande y terrible, que guarda la alianza y es leal con los que lo aman y cumplen sus mandamientos! Hemos pecado, hemos cometido crímenes y delitos, nos hemos rebelado apartándonos de tus mandatos y preceptos. No hicimos caso a tus siervos los profetas, que hablaban en tu Nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra. Tú, mi Señor, tienes razón y a nosotros nos abruma la vergüenza, tal como sucede hoy a los hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén y a todo Israel, a los de cerca y a los de lejos, en todos los países por donde los dispersaste a causa de los delitos que cometieron contra Ti. Señor, nos abruma la vergüenza: a nuestros reyes, príncipes y padres, porque hemos pecado contra Ti. Pero, mi Señor, nuestro Dios, es compasivo y perdona, aunque nos hemos rebelado contra Él. No obedecimos la voz del Señor, nuestro Dios, siguiendo las normas que nos daba por medio de sus siervos, los profetas. Palabra de Dios. Te Alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 79(78), 8. 9. 11. 13 Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados. No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres; que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados. Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados. Socórrenos, Dios, Salvador nuestro, por el honor de tu Nombre; líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu Nombre. Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados. Llegue a tu Presencia el gemido del cautivo: con tu brazo poderoso, salva a los condenados a muerte. Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados. Nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño, te daremos gracias siempre, cantaremos tus alabanzas de generación en generación. Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 6, 36-38 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso; no juzguen, y no serán juzgados; no condenen, y no serán condenados; perdonen, y serán perdonados; den, y se les dará: les verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con la que midan se les medirá a ustedes». Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús. | |
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| dc.identifier.uri | https://drive.google.com/file/d/168rEy6Qv6-y3uIWY5fltLPi0CfXLVTc1/view?usp=drive_link | |
| dc.subject | Corazón compasivo | |
| dc.subject | Corazón misericordioso | |
| dc.subject | Imitar el obrar de Jesús | |
| dc.subject | Invitación de Jesús | |
| dc.subject | No condenar a nadie | |
| dc.subject | No juzgar | |
| dc.subject | Ser prudente al hablar | |
| dc.subject | Biblia | |
| dc.subject | Evangelio | |
| dc.title | ¡Perdonen y serán perdonados! | |
| dc.title.alternative | Misericordia |
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