¡No cierres la puerta de Dios!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 13, 36-43 Lectura del día de hoy Lectura del libro del Éxodo 33, 7-11.34, 5b-9.28: En aquellos días, Moisés levantó la tienda de Dios y la plantó fuera a distancia del campamento y la llamó Tienda del encuentro. El que tenía que visitar al Señor, salía fuera del campamento y se dirigía a la tienda del encuentro. Cuando Moisés salía en dirección a la tienda, todo el pueblo se levantaba y esperaba a la entrada de sus tiendas, mirando a Moisés hasta que éste entraba en la tienda; en cuanto él entraba, la columna de nube bajaba y se quedaba a la entrada de la tienda, mientras él hablaba con el Señor, y el Señor hablaba con Moisés. Cuando el pueblo veía la columna de nube a la puerta de la tienda, se levantaba y se prosternaba cada uno a la entrada de su tienda. El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con un amigo. Después él volvía al campamento, mientras Josué, hijo de Nun, su joven ayudante, no se apartaba de la tienda. Y Moisés pronunció el nombre del Señor. El Señor pasó ante él proclamando: Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad. Misericordioso hasta la milésima generación, que perdona culpa, delito y pecado, pero no deja impune y castiga la culpa de los padres en los hijos y nietos, hasta la tercera y cuarta generación. Moisés al momento se inclinó y se echó por tierra. Y le dijo: -Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque es un pueblo de cerviz dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya. Moisés estuvo allí con el Señor cuarenta días con sus noches: no comió pan ni bebió agua; y escribió en las tablas las cláusulas del pacto, los diez mandamientos. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo del día de hoy R/. El Señor es compasivo y misericordioso. El Señor hace justicia defiende a todos los oprimidos; enseñó sus caminos a Moisés y sus hazañas a los hijos de Israel. R/. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; ni guarda rencor perpetuo. R/. No nos trata como merecen nuestros pecados, ni nos paga según nuestras culpas; como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles. R/. Como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos; como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles. R/. Evangelio del día de hoy Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 36-43: En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: -Acláranos la parábola de la cizaña en el campo. Él les contestó: -El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Iniciamos un nuevo mes, el octavo del año, y la Iglesia recuerda hoy litúrgicamente a san Alfonso María de Ligorio, (el gran obispo, el gran mariólogo, el especialista en derecho civil y derecho canónico, el gran fundador de la Congregación del Santísimo Redentor, más conocida como Congregación de los Padres Redentoristas). Hoy el evangelio nos presenta la explicación, de la parábola del trigo y la cizaña y nos recuerda una realidad que a veces no quisiéramos recordar, la vida tiene final, la existencia tiene un término, ese día puntual lo marcamos con lo que llamamos la muerte y daremos cuenta ante Dios. Se nos habla de la cizaña que será quemada, imagen de perder la comunión plena y eterna con Dios, y se nos habla también del trigo, que es almacenado para servir de alimento a los demás. Siempre que leo esta conclusión o explicación de la parábola del trigo y la cizaña, recuerdo por los años iniciales de mi vida de sacerdote, una señora que fue a buscarme para que confesara a su esposo, que con ocasión de un balazo que había recibido, se encontraba muy mal de salud en la clínica. Fuimos a visitar a su esposo y ella me había dicho en el camino que durante todos los años de matrimonio nunca buscó de Dios, que ni siquiera se confesó sacramentalmente para celebrar su matrimonio; entrando en la habitación del enfermo, su esposa le requirió para que se confesara, y él con una mirada de ira, me habló a mí sacerdote y me dijo padre, gracias por venir, pero estoy mejor de salud, otro día le buscaré para confesarme. Sentí inmediatamente que era una excusa. Tocaron al mismo tiempo la puerta de la habitación de la clínica y era el padre capellán del centro de salud que ofrecía la Sagrada Eucaristía, su esposa allí presente le rogó, amor, a falta de uno dos sacerdotes, confiésate, recibe la comunión que estás enfermo por este balazo; el esposo le miró con rabia y le dijo con educación al otro sacerdote, padre, otro día le buscaré para comulgar, a mí me despidió. Me fui de la clínica, al otro día me encontré con la señora que me buscó al final de la Eucaristía, le pregunté por su esposo ¿si ahora sí quería confesarse?, y me dijo padre, anoche murió. Como un relámpago se me vino la imagen que habíamos tenido un día antes y le pregunté ¿si alcanzó a confesarse y a comulgar?, ella me dijo, no, padre, él tuvo la mejoría de la muerte, pero se confió en que tendría otra oportunidad, ni se confesó, ni comulgó, ¡qué dolor!, toda su vida de matrimonio alejado de Dios, Dios le dio una oportunidad y él no la aprovechó. Esta historia narrada así de manera simple, nos lleva a pensar, que a veces vivimos tan disipadamente en la vida, que pensamos que Dios nos dará una y otra y otra oportunidad, y esto es verdad; pero Dios da oportunidad al hombre que abre su corazón, que cree en la misericordia divina. ¿Pero cómo recibir una oportunidad de Dios, si no abrimos el corazón, si cerramos nuestra vida, si no creemos en la misericordia de Dios? Hoy, esta parte final de la parábola del trigo y la cizaña, nos muestra que hay final para nuestra vida, que habrá juicio para nosotros, que seremos mirados en la fe, en el amor, en la justicia con la que hayamos vivido. Señor, mientras esté vivo todavía puedo convertirme, Señor, dame la sabiduría para buscarte, no dejes que se endurezca mi corazón. Que el Señor te bendiga abundantemente en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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