¡La viña es tu vida!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Marcos 12, 1-12
Lectura del día de hoy
Lectura del libro de Tobías 1, 3; 2, 1b-8:
Tobías, ciudadano de la tribu de Neftalí, fue deportado en tiempo de Salmanasar, rey de Asiria; a pesar de vivir en el exilio, no abandonó el camino de la verdad.
El día de la fiesta del Señor, Tobías, que tenía preparada una buena comida en su casa, dijo a su hijo:
-Vete a invitar a algunos hombres piadosos de nuestra tribu, para que coman con nosotros.
A poco de marchar, regresó diciendo que habían estrangulado a un israelita y lo habían tirado en la plaza.
Pegó un salto, dejó la mesa sin probar bocado y fue a donde estaba el cadáver; lo recogió y a escondidas se lo llevó a casa, para enterrarlo sigilosamente a la caída del sol. Una vez escondido el cadáver, se puso a comer, apenado y desazonado, recordando lo que había dicho el Señor por medio del profeta Amós: «Vuestras fiestas se convertirán en funerales y elegías.»
Una vez puesto el sol, se fue a enterrarlo. Los vecinos le regañaban, diciéndole:
-Por este motivo te condenaron una vez a muerte, y a duras penas te libraste de le ejecución, ¿cómo es posible que vuelvas a lo mismo?
Pero Tobías, que temía a Dios más que al rey, seguía recogiendo los cadáveres de los asesinados, los escondía en su casa y a media noche los enterraba.
Salmo del día de hoy
Salmo 112/ 111,1-2.3-4.5-6:
Dichoso quien teme al Señor
Dichoso quien teme al Señor y ama de corazón sus mandatos. Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.
En su casa habrá riquezas y abundancia, su caridad es constante, sin falta. En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta, y administra rectamente sus asuntos. El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.
Evangelio del día de hoy
Lectura del Evangelio según san Marcos 12, 1-12:
En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los letrados y a los senadores:
-Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. A su tiempo envió un criado a los labradores, para percibir su tanto del fruto de la viña. Ellos lo agarraron, lo apalearon y lo despidieron con las manos vacías. Les envió otro criado: a éste lo insultaron y lo descalabraron. Envió a otro y lo mataron; y a otros muchos, los apalearon o los mataron. Le quedaba uno, su hijo querido. Y lo envió el último, pensando que a su hijo lo respetarían.
Pero los labradores se dijeron:
-Este es el heredero. Venga, lo matamos, y será nuestra la herencia.
Y agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.
¿Qué hará el dueño de la viña? Acabará con los labradores y arrendará la viña a otros.
¿No habéis leído aquel texto: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»?
Intentaron echarle mano, porque veían que la parábola iba por ellos; pero temieron a la gente, y se marcharon.
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
Empezamos hoy la lectura más o menos continuada, de uno de los libros menos conocidos en el antiguo testamento, y sin embargo para mí, uno de los más bellos, el libro de Tobías, que cuenta la historia de su familia, de una manera llena de humanidad, de cercanía y de emociones. Y empieza hablando de su padre Tobit, que ha practicado la verdad y la justicia toda la vida, que ha dado muchas limosnas a sus parientes y compatriotas, sobre todo a aquellos que han vivido en cautiverio, precisamente en la ciudad de Nínive.
Empecemos, y los invito a todos de corazón para que conozcamos la historia de Tobías, las afugias que vive su familia más allá de la enfermedad y del viaje largo y peligroso que emprende Tobías, buscando un futuro para su vida en lo económico y en lo afectivo; y como el arcángel de Dios, que en su momento conoceremos el nombre, le acompaña en el camino de su vida. Te queda como una tarea, es un libro corto pero hermosísimo, el libro de Tobías.
Pero hablemos del evangelio que hoy nos presenta san Marcos en el capítulo 12. Sabemos que Jesús fue ante todo un maestro de la parábola y que dirigía estas historias según el tipo de audiencias que lo escuchaban, para que ellos sacaran enseñanzas, aprendizajes concretos para sus vidas. En esta oportunidad, Jesús dirige una parábola para que lo escuchen los sumos sacerdotes, los escribas que eran conocedores de la ley judía y los ancianos o importantes de la ciudad de Jerusalén.
Narra como un nombre con ternura y amor infinito planta una viña, una imagen muy conocida en Israel en tiempos de Jesús, los viñedos (de donde se saca el vino); como con cuidado exquisito, la rodea con una cerca, cava en ella un lagar para el tratamiento de la uva en el momento de la vendimia, como con amor construye una torre y luego la da en arriendo a unos trabajadores y se marcha lejos. La viña es tu vida, la viña es mi vida, la viña llena de amor, de detalles para dar frutos, son los carismas, cualidades, talentos, dones que Dios nos ha dado a cada uno de nosotros para dar frutos en la vida.
Pero viene un segundo momento de la parábola, aquellos trabajadores se llenaron de soberbia, se sintieron dueños de su vida (esto es de la viña), y cuando mandó Dios el Señor de la viña, trabajadores para recibir el fruto que habíamos dado en vida o los frutos de la viña, nos dice el evangelista san Marcos, que agarraron a uno de los enviados por el dueño de la finca, lo azotaron y lo despidieron con las manos vacías; luego a otro lo descalabraron, lo insultaron, vino otro y lo mataron.
Finalmente, nos dice que ya no vinieron estos hombres que son la imagen de los profetas en el antiguo testamento, que exhortaban al pueblo de Israel; sino que el dueño de la viña, entiéndase el dueño de la vida Dios, manda su propio Hijo, su Hijo amado, el Cristo, pensando respetarán a mi Hijo. Pero aquellos trabajadores, imagen de los judíos duros de corazón, se dijeron a sí mismos, este es el heredero de la viña, venga, lo matamos, (como efectivamente acontece con Jesús cuando lo crucifican en el Gólgota), y será nuestra viña herencia para nosotros; y dice el texto de la parábola, que, agarrando al hijo del dueño, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.
Luego viene el momento final de la parábola, cuando Jesús a sus oyentes, los sumos sacerdotes, los escribas y los importantes de la ciudad, que eran duros de corazón, duros para escuchar el mensaje de Jesús, Él les pregunta a estos “¿Que hará el dueño de la viña?, ¿vendrá?, ¿hará perecer a los labradores?”, contestan ellos, arrendará la viña a otros trabajadores que produzcan frutos. Jesús les responde: “La piedra que ellos han desechado, los arquitectos, es la piedra angular”, hablando de sí mismo. Ellos comprendieron entonces la puya, la indirecta, el veneno que les lanzaba Jesús a propósito de su hipocresía, su inconversión y su dureza de corazón, y nos dice el evangelista Marcos, que intentaron echarle mano a Jesús porque comprendieron que la parábola iba dirigida contra ellos, pero no cogieron a Jesús, no lo apresaron porque temían a la gente, y dejándolo allí se marcharon.
El clima de la dureza de corazón, el tema de la inconversión interior, ha sido uno de los grandes temas de la Biblia, Dios con amor eterno busca al hombre y el hombre pareciera con rechazo eterno, se aleja de Dios y de su amor, olvidando que sólo con Dios podemos dar frutos de vida eterna y sin Dios quedaremos áridos, seremos estériles, totalmente estériles en nuestra vida.
Señor: “Ojalá escuchemos hoy tu voz, no endurezcamos nuestro corazón”. Señor, que tengamos temor de ti, respeto por tus leyes y que no vivamos como el hombre, la mujer, la generación de hoy con tanta rebeldía frente a Dios, con tanta soberbia en su corazón, con tanta negación de aquel que por amor nos ha creado y nos ha dado la viña, la propia vida, para dar frutos con ella.
Que el Señor, que conoce como nadie tu vida, ablande tu corazón, te dé humildad y te bendiga en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.