¡Echa la red, en nombre del Señor!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2024-09-11T17:43:30Z
dc.date.available2024-09-11T17:43:30Z
dc.date.issued2024-09-05
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios, nos da una profunda enseñanza, cuando Pablo a esta comunidad les dice: “Que nadie se engañe, si alguno de ustedes se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio según el criterio de Dios”. Hoy nos preguntamos ¿cuál es la lógica de los hombres y cuál es la lógica de Dios?, ¿somos sabios según el criterio del mundo y para los hombres?, o ¿somos sabios y caminamos en la verdad según el criterio de Dios? Una buena iluminación, una buena respuesta la encontramos a partir del evangelio de hoy, donde descubrimos que Pedro es probado en su falsa o aparente sabiduría por Jesús, y a partir de este camino de desconcierto encuentra la verdadera fe, la verdad auténtica, encuentra la persona divina del Señor. Dividamos este pasaje evangélico, en momentos puntuales que nos van a ayudar a comprenderlo mejor. Primer momento, Pedro es presentado por el evangelista Lucas como un avezado, un experimentado pescador. En el fondo ha sido su oficio de toda la vida, es un hombre que conoce como nadie las aguas del mar de Galilea y las horas nocturnas y de madrugada más especiales, más propicias para alcanzar una pesca abundante. Pero viene un segundo momento, Jesús que enseñaba a las multitudes desde la distancia prudente de una barca, colocada algunos metros de la orilla, después de enseñar le pide a Pedro, a Santiago, a Juan, a los discípulos que estaban con ellos, remar mar adentro y echar nuevamente las redes para pescar abundantemente. En un tercer momento, Pedro se presenta como un hombre que quiere colocar obstáculos al mandato del Señor: “Puedo echar nuevamente la red, pero lo hemos intentado toda la noche y no hemos conseguido absolutamente ningún pez”. No lo hace ciertamente por arrogancia, es un hombre que conoce el arte y las leyes de un buen pescador, y dentro de su lógica humana, no cabía que pudieran volver a pescar a la luz del día, ni por el mandato de Jesús. Sin embargo, ante el inconveniente óbice u obstáculo que coloca Pedro, luego él recapacita y lanza una expresión llena de confianza en el Hijo de Dios cuando afirma: “Porque tú, Jesús, pides que echemos las redes al mar, confiando en tú palabra, echaremos esas redes”. Viene el cuarto momento de este pasaje evangélico, que es tal vez el más impresionante de todos. Lucas, el evangelista, no ahorra detalles para hablar de la sobreabundancia de la pesca que han alcanzado Pedro y sus compañeros, Santiago y Juan que estaban cerca. Pedro se abisma, Pedro se asombra, nos dice el evangelista Lucas que la red casi se reventaba y que, al compartir el trabajo de arrastrar la red con las otras barcas de Santiago y Juan, éstas al parecer del peso de la pesca sobreabundante, se querían hundir. Algo ocurrió en el corazón de Pedro, algo lo quebrantó profundamente, se refleja en el quinto momento de esta reflexión evangélica, cuando él, postrado ante Jesús, absolutamente abismado por lo que contemplan sus ojos, echado a sus pies, (detalla el evangelista Lucas), le dice con gran humildad, asombro, sorpresa: “Señor, Jesús, apártate de mí, que soy un pecador”. Tan impresionado estaba por el resultado de la pesca, tan contradictoria era esta sobreabundancia de pescado en una hora inapropiada del día, que entendió claramente Pedro, que la obra no era de humanos, la obra era de Dios, él se siente pequeño, se descubre limitado y humilde, se percibe como un pecador y por eso le pide a Jesús que se aparte de él. Leemos en un sexto momento, este texto evangélico en otra clave simbólica, quizás el mensaje más profundo que quiere comunicar el evangelista san Lucas. El mar de Galilea en el fondo, es el mundo por conquistar, los peces son las almas, somos nosotros, la barca es la Iglesia, la red es la tarea de evangelización. Pedro ya no es solamente pescador, sino apóstol y su misión como le dirá Jesús precisamente después de esta pesca sobreabundante y asombrosa, es: ¡Ser pescador de hombres, ser pescador de almas! En el fondo, Jesús quiere romper las lógicas en las que movemos nuestra condición de hombres en el mundo, quiere romper esos razonamientos puramente humanos y descubrir que la acción más profunda de conquistar almas, la que hace la Iglesia simbolizada en la barca a través de la red, en la tarea de evangelización, solamente se puede hacer siguiendo la lógica de Jesús, la lógica que Él enseña en el evangelio. Cuántas veces el Papa Francisco nos ha alertado sobre un nuevo pelagianismo en nuestro tiempo, cuando pensamos que la obra de evangelizar y de conquistar las almas para una nueva forma de vida, el Reino de Dios, se debe sobre todo al trabajo humano, a los talentos terrenales, a las lógicas empresariales, cuando todo es fruto solamente de la gracia y de la acción del Espíritu del Resucitado en nuestras vidas. Hoy reconoce la fuerza de esa frase con la que empezamos esta reflexión: “Que nadie se engañe, si alguno de ustedes se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio según el corazón de Dios”. De la nada sale el todo, de la escasez brota la abundancia de pesca, porque Pedro, más que confiarse en sus criterios humanos, aprendió a confiarse en los de Dios. Cuántas veces en tu vida te preguntas: llegué a 45 años ¿qué he hecho de mi existencia?, ¿por qué mi matrimonio va tan mal?, ¿por qué en el trabajo profesional no he logrado ningún adelanto?, y en el fondo, es que quizás has construido tu vida, tu familia, desde tus lógicas humanas y personales, y has olvidado que al final de la vida descubriremos, que todo es gracia de Dios, que todo es regalo de Dios, que todo es bondad y misericordia de Dios. Terminará el evangelio, mostrando unos discípulos completamente conmovidos, absolutamente sacudidos en su corazón, impresionados y muy asombrados por la acción de Jesús allí en el mar de Galilea, donde los llama a ser pescadores de almas. Dice simplemente para concluir el evangelista Lucas: “Que Pedro y sus amigos Santiago y Juan, sacaron las barcas a tierra, y dejándolo todo, familia, profesión, tierras, seguridades, siguieron a Jesús y empezaron su tarea de discípulos y luego de apóstoles”. Hoy se nos invita, a confiar menos en nuestras lógicas y fuerzas humanas y a confiar más en la gracia, en la gratuidad del amor de Dios, sólo así tendremos pesca sobreabundante en nuestras vidas. Que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 5, 1-11 Lectura del día de hoy 1Co 3, 18-23: Hermanos: Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: «El caza a los sabios en su astucia.» Y también: «El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos». Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios. Salmo del día de hoy Salmo (24)23, 1-2.3-4ab.5-6: Del Señor es la tierra y cuanto la llena. Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos. ¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos. Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Éste es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob. Evangelio del día de hoy Lc 5, 1-11: En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: -Rema mar adentro y echad las redes para pescar. Simón contestó: -Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes. Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: -Apártate de mí, Señor, que soy un pecador. Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: -No temas: desde ahora serás pescador de hombres. Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectAlmas
dc.subjectEnseñar el evangelio
dc.subjectLógica de la evangelización
dc.subjectPesca sobreabundante
dc.subjectRemar adentro
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Echa la red, en nombre del Señor!
dc.title.alternativeEvangelización

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