¡Cambio de vida!

Abstract

REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 13, 1-9 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Romanos 8, 1-11 Hermanos: Ya no hay condenación que valga contra los que están unidos a Cristo Jesús, porque ellos ya no viven conforme al desorden egoísta del hombre. Pues, si estamos unidos a Cristo Jesús, la ley del Espíritu vivificador nos ha librado del pecado y de la muerte. En efecto, lo que bajo el régimen de la ley de Moisés era imposible por el desorden y egoísmo del hombre, Dios lo ha hecho posible, cuando envió a su propio Hijo, que se hizo hombre y tomó una condición humana semejante a la nuestra, que es pecadora, y para purificarnos de todo pecado, condenó a muerte al pecado en la humanidad de su Hijo. De este modo, la salvación prometida por la ley se realiza cumplidamente en nosotros, puesto que ya no vivimos conforme al desorden y egoísmo humanos, sino conforme al Espíritu. Ciertamente, los hombres que llevan una vida desordenada y egoísta piensan y actúan conforme a ella; pero los que viven de acuerdo con el Espíritu, piensan y actúan conforme a éste. Las aspiraciones desordenadas y egoístas conducen a la muerte; las aspiraciones conformes al Espíritu conducen a la vida y a la paz. El desorden egoísta del hombre es enemigo de Dios: no se somete, ni puede someterse a la voluntad de Dios. Por eso, los que viven en forma desordenada y egoísta no pueden agradar a Dios. Pero ustedes no llevan esa clase de vida, sino una vida conforme al Espíritu, puesto que el Espíritu de Dios habita verdaderamente en ustedes. Quien no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo. En cambio, si Cristo vive en ustedes, aunque su cuerpo siga sujeto a la muerte, a causa del pecado, su espíritu vive a causa de la actividad salvadora de Dios. Si el Espíritu del Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos, habita en ustedes, entonces el Padre, que resucitó a Jesús de entre los muertos, también les dará vida a sus cuerpos mortales, por obra de su Espíritu, que habita en ustedes. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy; Sal 24(23), 1-2.3-4ab.5-6 (R. cf. 6) Haz, Señor, que te busquemos. Del Señor es la tierra y lo que ella tiene, el orbe todo y los que en él habitan, pues él lo edificó sobre los mares, él fue quien lo asentó sobre los ríos. Haz, Señor, que te busquemos. ¿Quién subirá hasta el monte del Señor? ¿Quién podrá entrar en su recinto santo? El de corazón limpio y manos puras y que no jura en falso. Haz, Señor, que te busquemos. Ese obtendrá la bendición de Dios, y Dios, su salvador, le hará justicia. Esta es la clase de hombres que te buscan y vienen ante ti, Dios de Jacob. Haz, Señor, que te busquemos. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 13, 1-9 En aquel tiempo, algunos hombres fueron a ver a Jesús y le contaron que Pilato había mandado matar a unos galileos, mientras estaban ofreciendo sus sacrificios. Jesús les hizo este comentario: “¿Piensan ustedes que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás galileos? Ciertamente que no; y si ustedes no se arrepienten, perecerán de manera semejante. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿piensan acaso que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? Ciertamente que no; y si ustedes no se arrepienten, perecerán de manera semejante”. Entonces les dijo esta parábola: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo; fue a buscar higos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Mira, durante tres años seguidos he venido a buscar higos en esta higuera y no los he encontrado. Córtala. ¿Para qué ocupa la tierra inútilmente?’ El viñador le contestó: ‘Señor, déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, para ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortaré’ ”. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Cambio de vida! Seguimos con esta lectura más o menos continuada de la Carta de Pablo a los Romanos, que, por su agudeza antropológica, sicológica y teológica, es un verdadero tesoro para la vida de todo creyente. Afirmará en efecto, el apóstol san Pablo: “Los que viven según la carne desean las cosas de la carne. En cambio, los que viven según el Espíritu desean las cosas del Espíritu”. Y con su gran agudeza afirmará: “El deseo de la carne siempre nos lleva a la muerte, y por el contrario, el deseo del hombre de vivir según el Espíritu de Cristo siempre nos lleva a la paz, a la alegría interior que se llama gozo y a la vida en plenitud”. Y precisará el apóstol: “Los que viven según la carne, los impulsos de su naturaleza, celos, envidias, lujuria, gula, avaricia, codicia de los bienes, murmuración, peleas, rivalidades. Los que viven según su condición meramente humana, no redimida o no abierta a la redención de Cristo, no pueden agradar a Dios”. Pero concluirá este texto de Romanos capítulo 8: “Si Cristo está en nosotros, aunque el cuerpo esté muerto por el pecado, el espíritu interior que habita dentro del cuerpo de cada uno de nosotros vive por la fe en el Señor. Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos, o sea del Padre Dios, habita en nosotros. El que resucitó de la muerte a Cristo Jesús también dará vida a nuestros cuerpos mortales por ese mismo Espíritu vivificador que ha habitado en Cristo y al cual nosotros nos queremos abrir”. Detallo esta afirmación porque es central, no solamente en toda la teología de san Pablo, sino en la vida cristiana. He vivido ya años de sacerdocio y he descubierto que muchas personas que, aunque tuvieron prácticas rituales y litúrgicas, aunque se dicen bautizados, no tienen conciencia. Esa es la palabra, no tienen conciencia clara de la realidad de la vida divina que los habita con ocasión del bautismo. Y mientras nosotros, como creyentes en Jesús, nuestra fe sea solamente teórica o conceptual, y no abramos el corazón lo más profundo del ser a la vida divina que recibimos en el bautismo, no seremos verdaderamente redimidos de las tendencias desordenadas de la concupiscencia, de los deseos desbordados que nos llevan a pelear, angustiarnos, a mirar enemigos en los demás, a dejarnos esclavizar a veces por situaciones que simplemente nos llevan al fracaso de la vida personal. Hoy reconozcamos que como bautizados, como transformados por la vida de Jesús en nosotros, ya no podemos vivir en esclavitud, sino que tenemos el poder para vivir en libertad, la libertad gloriosa de los hijos de Dios, de la que con alguna frecuencia habla el apóstol Pablo, y que podemos evidenciar cuando sentimos que el pecado de la rabia, que el pecado del rencor, que el pecado del orgullo, que el pecado de la lujuria, que el pecado de la adicción a las drogas, que el pecado de la pereza, que el miedo, que la desesperanza ya no determinan mi vida, ya no influyen en mis decisiones, ya no entristecen mi corazón, porque somos libres, libres. Vivimos plenitud de vida por la nueva gracia, la nueva vida que Cristo nos da a cada uno de nosotros. Pero pasemos al evangelio, y cuando dos situaciones que impactaron profundamente en la sociedad y en tiempos de Jesús, algunos lo leen en clave del castigo de Dios, Jesús no lo hace así y corrige a los suyos. Las dos situaciones puntuales son la de la muerte de algunos habitantes de Galilea, cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios rituales de animales que se ofrecían. Jesús les dirá: “Esos galileos, aunque ustedes crean que eran grandes pecadores, por la manera como se mezcló su sangre con la de los animales rituales, no eran más pecadores que nosotros”. Y afirmará Jesús de manera tajante: “Les digo que, si no se convierten de corazón, todos perecerán, lo mismo que esos galileos”. Y luego enuncia una segunda situación a propósito de 18 personas, probablemente trabajadores, que construían una torre en el pequeño poblado de Siloé, y ella se derrumbó y los mató. Un hecho que conmocionó a la sociedad de su tiempo y que ellos entendían que era castigo de Dios, como lo de los galileos, y que eran más pecadores que los demás habitantes de Jerusalén. Y Jesús les dirá: “Lo que aconteció con esos 18 hombres trabajadores construyendo la torre de Siloé, no los hace más pecadores que ustedes”. Y vuelve a repetirles la expresión: “Si no cambian de vida, si no se convierten, todos morirán, todos perecerán de la misma manera”. Hoy cambia esa idea de que si a alguien le va mal en la vida es porque Dios le está castigando. Esa idea de la justicia retributiva era del judaísmo más primitivo. Pero en Jesús miramos que, si bien el Padre de los cielos es justicia en algunos momentos, es ante todo misericordia. Pero será sólo misericordia con nosotros si aprendemos a dar frutos de vida eterna, frutos de santidad, frutos de justicia frente a los demás. De hecho, en la segunda parte del evangelio plantea la parábola de la higuera plantada en el viñedo y cuando el dueño del viñedo va a buscar fruto y no lo encuentra, pide a uno de los trabajadores que la corte. Pero luego responde el viñador: “No lo hagas, dejémosla todavía un año más, abonémosla con estiércol (el abono natural de la época), a ver si todavía puede dar fruto, démosle una nueva oportunidad”. Esta parábola de la higuera estéril es aplicada a cada uno de nosotros. Tu vida y la mía no pueden ser árboles estériles, estamos llamados a dar frutos en la vida de los demás, frutos en nuestra vida. ¿Quieres conocer a alguien de verdad? Mira su historia y descubre en ella si ha habido justicia, amor, servicio, entrega, donación por los demás. Y entonces dirás que su vida es como un árbol frondoso, fecundo, que ha dado frutos abundantes. Por el contrario, y lo encuentras con alguna frecuencia en políticos de todos los países que hablan peroratas del bien que han hecho a la sociedad. Pero cuando se revisa su vida, su existencia ha sido estéril, sus frutos exiguos. Y, es más, o son más vendedores de humo, de fantasías, de cuentos que realmente árboles que sean fértiles y fecundos. A la pregunta te reitero, ¿has dado frutos en tu vida?, ¿qué respondes? Si hoy el Señor te llamara a su presencia ¿te sientes preparada, preparado? ¿Sientes que, con tu familia, que, en tu matrimonio, que, en tu empresa, que, con los amigos, con los más cercanos, en tu parroquia, en el movimiento apostólico, en el grupo pastoral. Tus frutos son de prudencia, de bondad, de ayuda sincera y discreta a los demás? ¿Tus frutos son de buscar ayudar al necesitado, denunciar los atropellos, jugarte la vida por la verdad?; o ¿tu vida es acomodada, tu vida es de conveniencia? ¿Silencias injusticias para no meterte en problemas?, ¿miras para otro lado cuando alguien te pide ayuda?, ¿simplemente estás en función de ti mismo y de los tuyos de manera egoísta? ¿No has dejado la sociedad, el mundo un poco mejor de como lo has encontrado cuando sientes que ya llega la hora de tu muerte? Cómo ha sido el testimonio de tu vida. Cambiemos, la oportunidad es hoy, la vida es hoy. Mientras estemos vivos, todavía hay ocasión de renovar y de cambiar la vida. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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