¡Codicia!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2025-10-23T17:34:11Z
dc.date.available2025-10-23T17:34:11Z
dc.date.issued2025-10-20
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Codicia! La primera lectura tomada de Pablo a los Romanos nos muestra “como Abraham, ante la promesa de Dios, no cedió a la incredulidad, Abraham no vaciló. Creyó firmemente en Dios sin dudarlo un momento. Se fio de Dios totalmente cuando todo parecía contradecir las promesas del Señor, porque él sabía que Dios era poderoso y capaz de cumplir su promesa. Y así Abraham permanece fuerte en la fe, creyendo contra toda esperanza”, como nos dirá la Carta a los Romanos 4, 18. “Este creer más allá de toda esperanza humana que falla, es la causa, el motivo por el que Dios colma el sueño más querido de Abraham de tener un hijo, Isaac, nacido de Sara, la mujer libre. Y lo mismo que sucedió con Abraham, sucederá con todos nosotros los creyentes en Jesucristo. Porque si permanecemos firmes en la fe, Dios nos salvará y pasaremos de la muerte a la vida”. Y así como Abraham es el padre de los creyentes, porque él creyó de verdad, también nosotros, si creemos de verdad, seremos salvados y pasaremos de la muerte a la vida. Impresionante este texto de Romanos en el capítulo 4, cuando nos dice “que le fue contado a Abraham su fe para ser salvado”. Con razón el salmo litúrgico de hoy, tomado de Lucas en el capítulo 1, nos invita: “A bendecir al Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas”. Pero lo más interesante de este salmo que se enlaza con la primera lectura es el juramento que Dios había hecho a nuestro padre Abraham “para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia en su presencia todos nuestros días”. Pero dejemos el Viejo Testamento y pasemos al evangelio de Lucas en el capítulo 17, cuando un espontáneo le pide a Jesús “que sirva de juez con su hermano para dirimir un litigio jurídico a propósito de una herencia”, (probablemente de los papás). Pero Jesús le dice: “Que a Él nadie lo ha constituido juez o árbitro entre los hombres”, y hará una advertencia a propósito de esta pelea, al parecer entre dos hermanos que están peleando por dinero. Jesús usará esta advertencia eterna y universal: “Guárdense de toda clase de codicia, pues, aunque uno en la vida ande sobrado de dinero, de bienes, la vida personal no depende del dinero”. Qué impresionante y lapidaria expresión la que escuchamos en labios de Jesús y que nos pone a todos a pensar y vale la pena repetir: “Aunque en esta tierra andes sobrado de bienes, de dinero, de riqueza, tu vida y tu salvación no depende de esos dólares, de ese dinero que tengas, siempre será una tentación universal”. Y encontramos en la parábola evangélica de hoy que el hombre siempre se halla tentado a buscar su salvación personal en su riqueza, en su patrimonio, en sus posesiones. Allí quiere colocar la seguridad y el bienestar de su vida. Pero el verdadero cristiano, el auténtico discípulo de Jesús, debe estar siempre en guardia y en alerta contra esta tentación insidiosa y universal que a todos nos puede pasar. Hoy te diré que los bienes no aseguran la vida y menos la salvación. Es que he visto ya en mi vida que no es corta, he visto tantos hombres adinerados que después de que han sido arrastrados por una enfermedad incapacitante o mortal, han visto el final de su vida y su dinero de poco sirvió para darles sanación y salud. Menos alcanzarán la salvación del alma por los bienes materiales que tengan. El hombre de hoy, un agricultor con una cosecha sobreabundante que dialoga consigo mismo, no tiene interlocutores, no habla con Dios, no interviene ningún hombre. Simplemente cegado por la codicia de tener piensa: “Construiré otros graneros más grandes, almacenaré todo el grano y el trigo que he cosechado y me diré a mí mismo, descansa, come, bebe, banquetea, disfruta la vida, que ya tienes bienes para el resto de tu existencia”. Es el diálogo interno que muchas veces tenemos cuando cegados por la avaricia, por la ambición de tener, creemos haber tocado el cielo o haber arañado, o haber alcanzado el cielo con nuestras propias manos. Cuánta equivocación, cuánta mentira, cuánta falsedad disfrazada de lujos, de bienestar, disfrazada de vanidad y ostentación frente a los demás. Al final descubrimos que el hombre ha vivido o ha pensado, por lo menos insensatamente y Dios le dice en la única intervención que tiene en la parábola: “Necio, insensato (le dice al hombre), esta noche se te va a reclamar el alma”. Esa noche iba a morir ¿un infarto, una caída?, no lo sabemos; pero esa noche iba a morir. Y en la parábola evangélica, Dios pregunta ¿a quién le quedarán los bienes, las riquezas, el dinero, las bodegas llenas de cereales y demás que ha acumulado? Y concluirá de manera muy sabia, diciendo Jesús: “Así pasa con los hombres de todos los siglos, no del siglo I, sino también del siglo XXI. Así pasará con todos los hombres que atesoran para sí mismos, pero no son ricos ante Dios”. Por codicia he visto que se han desbaratado matrimonios. Por codicia se han desunido las familias que otrora, en antaño fueron las más integradas y unidas. Por codicia he visto una mujer que vende su cuerpo. Por codicia he visto que se traicionan amistades. Por codicia de dinero se venden los principios. Por codicia se inician guerras. Por codicia la sociedad se ha corrompido en el sector público, en el sector privado, en fuerzas armadas, aún dentro de la misma Iglesia. La codicia, el dios de esta tierra, el dinero, cuántos corazones ha dañado. No creo faltar a la verdad cuando digo que el dinero administrado sin sabiduría es el primer “daña corazones en el mundo”. Porque he visto tantas personas rectas, nobles, de lindos sentimientos, cuando han adquirido de manera relativamente rápida una fortuna considerable, se vuelven mezquinos, codiciosos, egoístas, insolidarios, injustos, explotadores. Hoy, cuídate de la codicia, cuidémonos todos. Hay que pedirle al Señor esa sabiduría espiritual, una sabiduría más alta para entender que por más que las multinacionales tecnológicas, que por más que las empresas, que por más que millones de personas venden su alma al diablo literalmente por tener dinero, al final son pobres desdichados, gente con una felicidad desgraciada, la maldición del dinero. Y sienten que cuando llegue su hora definitiva tendrán muy poco para presentar al Señor. Que no nos pase como el agricultor y comerciante de la parábola, que, en el punto más alto de su patrimonio personal, esa noche precisamente morirá, y todo lo que acumuló ¿de qué le sirvió?, ¿acaso se lo puede llevar para la vida eterna? Igual tuvo que entregar la vida, igual el dinero no puede comprar la salvación del alma. Solo si se usa con sabiduría y sensatez, con generosidad y se comparte ayudando a otros. Sólo así el dinero podrá ser riqueza valiosa a los ojos de Dios. Termino diciéndote que el día de nuestra muerte que está señalado, el tuyo y el mío, no seremos dueños ante Dios. Lo repito, no seremos dueños ante Dios de aquella riqueza que atesoramos con egoísmo, tal vez con trampas, con injusticia. Y solo seremos dueños de aquella riqueza que con generosidad y desprendimiento compartimos con los demás, especialmente con los pobres, necesitados y sufrientes de esta sociedad. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 12, 13-21 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Rm 4, 20-25: Está escrito también por nosotros, a quienes nos valdrá si creemos en él. Hermanos: Ante la promesa de Dios, Abrahán no fue incrédulo, sino que se hizo fuerte en la fe por la gloria dada a Dios al persuadirse de que Dios es capaz de hacer lo que promete, por lo cual le fue computado como justicia. Y no sólo por él está escrito: «le fue computado», sino también por nosotros a quienes se computará si creemos en el que resucitó de entre los muertos, nuestro Señor Jesús, que fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo Lc 1, 69-75: Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo. Nos ha suscitado una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo; según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su alianza. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo. Y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 12, 13-21: Lo que has acumulado, ¿de quién será? En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia. El le contestó: Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros? Y dijo a la gente: Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes. Y les propuso una parábola: Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: ¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha. Y se dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: «Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, bebe y date buena vida». Pero Dios le dijo: «Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?» Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
dc.identifier.urihttps://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1108
dc.identifier.urihttps://drive.google.com/file/d/1Ct9cdOMVLKY1rPgP3c8Tf_80ZDrUN2Sx/view?usp=drive_link
dc.subjectEsclavitudes del corazón
dc.subjectEsclavitud del dinero
dc.subjectDesbaratar matrimonios
dc.subjectSan Lucas
dc.subjectTraicionar amistades
dc.subjectVender los principios
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Codicia!
dc.title.alternativeLa codicia

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