¡Hay tiempo para todo!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 9, 18-22 Lecturas del Día: Primera Lectura Qo 3,1-11: Todo tiene su tiempo y su momento, todas las tareas bajo el cielo: Tiempo de nacer, tiempo de morir, tiempo de plantar, tiempo de arrancar, tiempo de matar, tiempo de sanar, tiempo de derruir, tiempo de construir, tiempo de llorar, tiempo de reír, tiempo de hacer duelo, tiempo de bailar, tiempo de arrojar piedras, tiempo de recoger piedras, tiempo de abrazar, tiempo de desprenderse, tiempo de buscar, tiempo de perder, tiempo de guardar, tiempo de arrojar, tiempo de rasgar, tiempo de coser, tiempo de callar, tiempo de hablar, tiempo de amar, tiempo de odiar, tiempo de guerra, tiempo de paz. ¿Qué saca el obrero de sus fatigas? Comprobé las ocupaciones que encomendó Dios a los hombres, para afligirlos: Todo lo hizo hermoso y a su tiempo, les dio el mundo para que pensaran, y el hombre no abarca las obras que hizo Dios, del principio hasta el fin. Sal (144)143, 1a.2abc.3-4: Bendito el Señor, mi Roca. Bendito el Señor, mi Roca, mi bienhechor, mi alcázar, baluarte donde me ponga a salvo, mi escudo y mi refugio. Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?, ¿qué los hijos de Adán para que pienses en ellos? El hombre es igual que un soplo, sus días, una sombra que pasa. Evangelio de Hoy Lc 9, 18-22: Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: -¿Quién dice la gente que soy yo? Ellos contestaron: -Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas. El les preguntó: -Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Pedro tomó la palabra y dijo: -El Mesías de Dios. El les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: -El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar al tercer día. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Uno de los más conocidos y no por ello menos impresionantes textos, dentro de los libros sapienciales en el antiguo testamento, es el capítulo 3 del libro del Eclesiastés, que nos habla de que la vida es una seguidilla o sucesión de momentos que tenemos que aprovechar, de tiempos que pasan y que, si no utilizamos de manera adecuada, ya el tiempo no será amigo para nosotros, sino, por el contrario, adversario que nos confrontará sobre la fecundidad o esterilidad de nuestra vida. En efecto afirma el libro del Eclesiastés: “Todo tiene su momento y cada cosa a su tiempo bajo el cielo. Tiempo de nacer, tiempo de morir. Tiempo de plantar, tiempo de arrancar. Tiempo de destruir, tiempo de construir. Tiempo de llorar, tiempo de reír. Tiempo de hacer duelo, tiempo de bailar. Tiempo de arrojar piedras, tiempo de recogerlas. Tiempo de abrazar, tiempo de desprenderse. Tiempo de buscar, tiempo de perder. Tiempo de guardar, tiempo de arrojar. Tiempo de rasgar, tiempo de coser. Tiempo de callar, tiempo de hablar. Tiempo de amar, tiempo de odiar”. Y culminará diciendo: “Tiempo de guerra y tiempo de paz”. Hoy te pregunto, ¿cómo has utilizado el tiempo, regalo que Dios ha dado a tu vida?: ¿cuándo pudiste estudiar lo hiciste?, ¿tomaste tu estudio, tu carrera profesional en serio?, o ¿eres un profesional en serie como dado en fábrica, pero sin profundidad, sin rigor académico? Hoy te pregunto, ¿cuándo trabajaste y cuándo has trabajado, has dado lo mejor de ti? o ¿le has robado tiempo a tu empresa, a la empresa de tus jefes?, ¿has sido honesto en tu trabajo? Todos tenemos conciencia, ella es la voz de Dios en nuestro corazón y ocasionalmente nos habla y suavemente nos dice: ¿eres honesto y recto en el tiempo utilizado para el estudio, el trabajo?, o por el contrario, ¿eres un tramposo o un bribón? Hoy cada uno en el silencio de su corazón pregúntese, ¿cómo ha utilizado su tiempo?, en los años de juventud, cuando estamos llamados al amor, ¿vivimos verdaderamente lo que es la experiencia más hermosa del amor humano?, o ¿nos pasamos llevando una vida aburrida, tediosa, como de viejos amargados teniendo 20 años?, ¿será que estábamos en discordancia con el tiempo existencial que la vida nos presentaba?, porque conozco viejos con almas muy juveniles y conozco también jóvenes con almas avejentadas, envejecidas prematuramente. Hoy se nos hace un llamado, para que ese tiempo para el amor lo hayamos aprovechado, y no hablo de los placeres sibaritas, de las relaciones efímeras, de las pasiones de una noche o al calor del licor, sino que hablo del amor verdadero, aquel que nos hace arañar el cielo en los años de juventud. ¿Has conocido y has vivido con intensidad ese tiempo del amor que se descubre con mucha fuerza en los años de mocedad, de juventud, en la primavera de la existencia? Preguntémonos también, ¿hoy si el Señor nos pidiera la vida, si hoy nos llamara a su presencia, si hoy nos diera un paro cardiorrespiratorio fulminante, ¿qué diríamos?, ¿he vivido con intensidad?, o ¿le pediría a Dios y a la vida una oportunidad de un par de años más de existencia para entregarme más, para servir mejor, para amar con más intensidad, para pelearme y reñirme menos con la vida, conmigo mismo, con la familia, con los seres que digo amar? Es que a veces quemamos miserablemente el tiempo de nuestra vida, mirando, no sé, las vidas ajenas, chismoseando en redes sociales lo que nos parece que es la gran cosa de los influenciadores, de los famosos y nos parece nuestra vida tan anodina, tan pequeña y miserable, que no le dedicamos tiempo a ella. Hoy esta primera lectura nos habla, de que el tiempo es un bien precioso, que pasa irremediablemente para todos y que lo debemos de aprovechar de la mejor manera. En juventud, la pasión del amor, el fuego por el servicio, los sentimientos más nobles. En la madurez de la vida, en la plena adultez hay una mirada más serena, más tranquila y si se quiere, más realista de la existencia. No podemos invertir esos papeles, porque ahora encuentro personas mayores que se quedaron adolescentes y también, por el contrario, encuentro gente joven que se envejeció prematuramente, como lo enunciábamos al comenzar esta reflexión. Hoy te invito, para que descubras que cada día debes de hacer un examen de conciencia, un examen personal y decir, ¿este día ha valido la pena?; ¿he dejado el mundo un poco mejor de como lo encontré al despertarme esta mañana?, ¿he sembrado amor entre los míos?, ¿he aconsejado con sabiduría?, ¿he consolado al triste?, o por el contrario ¿me paso el día mamando gallo a la vida (una expresión muy colombiana y de otras regiones)? ¿He pasado la existencia y esta jornada sin pena ni gloria, quizás pensando sólo en mis pequeñas gratificaciones egoístas?, que el Señor hoy te llama al orden, hoy te dice que todo tiene final, termino, y que el tiempo nos pasará, y que por más que a veces sea una seguidilla de repeticiones, todos tenemos claro un tiempo entre el momento de nuestra concepción y nuestro nacimiento y el momento final de nuestra muerte, y por eso apretemos el camino si en la vida hemos hecho poco por los demás, hoy es tiempo para amar, hoy es tiempo para decirle a ese familiar perdóname, hoy es tiempo para decirle a esta persona que ha sido tan bella contigo, te quiero, hoy es tiempo para decirle a ese moribundo, Dios te bendiga, márchate en paz y con la tranquilidad de haber dejado una huella de amor. Que hermosa reflexión que se une al salmo responsorial de hoy, cuando se nos presenta a Dios como el alcázar, la roca, el castillo, el tesoro, la fortaleza, el baluarte donde nos sostenemos. Es que el hombre sin Dios no tiene peso existencial, es como el humo que se disipa en cuestión de segundos y solo en Dios nuestra roca, encontramos la firmeza y repito, el peso que le da razón de ser a cada una de nuestras actuaciones. Concluyamos nuestra reflexión mirando brevemente el evangelio de hoy, que ha salido en días pasados, donde Jesús indaga a sus discípulos sobre la percepción que la gente tiene de Él. Unos le miran como un gran profeta a la manera de Elías o de Juan el Bautista, pero Él, de manera más personal y directa los interroga a ellos ¿cómo lo perciben? Y Pedro, lleno de la luz de la fe y solo por la luz de la fe y nada más que iluminado por la luz de la fe, el apóstol Pedro le dirá a Jesús: “Tú eres el Mesías de Dios, el Hijo del Altísimo, el esperado y anunciado por los profetas de todos los siglos, en ti se colman y se cumplen todas las esperanzas del pueblo de Israel”. Jesús reconoce que esa acción de Pedro es sólo fruto de la fe y del Espíritu Santo en su corazón, pero también les muestra que Él es un Mesías sufriente y anuncia nuevamente como en días pasados, que tendrá que pasar o mejor padecer la humillación, el rechazo, la persecución para alcanzar la gloria de la resurrección. Hoy reconozcamos que no hay cielo sin cruz, no hay tierra prometida sin paso previo por el desierto, no hay monte Tabor de la Transfiguración sin monte Gólgota de la Crucifixión, no hay en definitiva ningún premio de vida eterna, si primero no morimos a nuestro pecado, a nuestras pasiones engañosas. Señor, el tiempo es oro, ayúdanos a no gastarlo miserablemente en trivialidades. Señor, la vida es hoy, el amor es hoy, tu paso por nuestra existencia es hoy, danos la gracia de valorar el tiempo que hoy nos regalas. Que el Señor te bendiga abundantemente en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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