¡El gran anunciador!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2026-01-25T22:00:37Z
dc.date.available2026-01-25T22:00:37Z
dc.date.issued2026-01-18
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡El gran anunciador! El precioso texto del evangelio de hoy, tomado de san Juan en el capítulo primero, nos muestra “cómo Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Y esto así lo señala, lo anuncia Juan el Bautista, haciendo de alguna manera reminiscencia, recuerdo, referencia al cordero pascual, donde el pueblo de Dios ofrendaba la vida y la sangre del cordero inocente, indefenso, inmaculado lo ofrendaba conmemorando la liberación de una esclavitud cruel, oprobiosa y humillante que vivió el pueblo de Israel por más de 400 años, a manos de un antiguo y poderoso imperio, el Imperio Egipcio. Hoy reconocemos que este nuevo cordero ya no es solamente el Cordero de Pascua cuya carne comió el pueblo al inicio del Éxodo y cuya sangre derramó y colocó en las jambas o dinteles de las puertas para que pasara de largo el ángel exterminador, y sólo acabara con los primogénitos de los egipcios; sino que este Cordero que hoy conocemos es el mismo Espíritu que baja y se posa sobre Jesús, que es el Ungido, el Mesías que tiene de alguna manera una comunicación personal con Dios. Él tiene la vida divina y por tener esta vida divina en Él, Jesucristo puede liberarnos de la opresión y del pecado que es la más oprobiosa insidia en nuestra vida. Como que he visto tantas personas que han malogrado sus existencias, porque una pasión dominante, llámese el adulterio, llámese el licor, llámese el rencor, llámese la soberbia, llámese la codicia del tener, ha encarcelado, ha malogrado sus vidas. Pero ¿qué enseñanzas podemos sacar a partir de este texto evangélico? Extraigamos algunas enseñanzas o sabidurías para nuestra vida. La primera, el Evangelio de Jesús, el mensaje de Jesús es sobre todo una alegre y buena noticia que eso significa etimológicamente la palabra Evangelio, recordando que era una expresión del Imperio Romano, una expresión secular o pagana, donde se hablaba de los evangeliarios o atletas, soldados atletas que corrían a anunciar las victorias que permitían que el imperio de Roma se expandiera y creciera cada vez más en sus límites. Pues bien, estos evangeliarios, mensajeros de buenas noticias fue una palabra que, en el mundo pagano, del mundo secular fue cristianizada, fue espiritualizada y de ahí que la palabra Evangelio signifique ¡la mejor noticia, la noticia de una vida nueva, de una vida en el amor, de una vida de libertad frente al mal, frente al sufrimiento. Una vida que nos lleva a entender que se puede existir con plenitud. Pero en esa alegre y buena noticia tenemos que hacer una precisión, las cosas no son malas porque Dios haya querido que sean pecado. Es, al contrario, precisamente porque son malas y destruyen nuestra felicidad son pecado y, por tanto, no queridas por Dios. Lo digo muy a propósito de algunas personas que quieren presentar el mensaje de Jesús como un mensaje donde hay celo de Dios por el hombre, por su libertad y por su felicidad, y es todo lo contrario. Jesús nos quiere libres y felices, pero no es por el camino engañoso, por la trampa del libertinaje humano, del hacer todo lo que me venga en gana en la vida; sino que es por el camino de la obediencia a Dios donde nos señala en sus mandatos, en sus preceptos, qué nos hace bien, qué nos hace daño, porque a veces estamos tan ofuscados en nuestra inteligencia, en nuestro entendimiento, que no somos capaces de discernir, distinguir el bien del mal, y por eso Jesús es el gran Maestro que nos ilumina. Pero viene una segunda enseñanza, Jesús viene a quitar el pecado que no solamente debe de ser perdonado, sino suprimido, arrancado del alma del hombre. Jesús perdona nuestras faltas, pero también quiere erradicar, quitar el mal, la injusticia, la enfermedad, la oscuridad de nuestro corazón. Lo diré con palabras muy sencillas, mata el pecado del mundo, Jesús mata ese pecado del mundo desde el don de su propia muerte redentora en la cruz. Jesús quita el pecado del mundo, suprime el pecado del mundo atando ese pecado a la cruz y en su entrega redentora hasta la misma muerte. Por eso Cristo y solo Cristo, como lo dirá Juan el Bautista: “Es el único capaz de ser la ofrenda inmaculada, el Cordero Ofrendado que quita el pecado, la raíz del mal que hay en nuestro corazón”. Pero podemos agregar en una tercera enseñanza que Juan nos propone un bautismo distinto del simple bautismo o baño de inmersión para perdonar el pecado, sino que nos propone ir más allá y además de proponer un bautismo en el perdón de los pecados o para el perdón de los pecados, nos propone con la Persona de Jesús un bautismo en el Espíritu. ¿Qué significa esto? Un bautismo donde morimos ciertamente a nuestro pecado, ceguera, esclavitud personal, pero renacemos o nacemos de nuevo a una vida plena de alegría, de esperanza, de felicidad. Hoy te invito para que recuerdes el día de tu bautismo y te des cuenta que fuiste salvado al altísimo precio de la vida entregada y la sangre derramada por Jesús en la cruz. Hoy te invito para que sientas la alegría de vivir en Dios, de vivir la vida nueva, y te colocaré un ejemplo cotidiano. No se trata de pensar en la vida nueva, sino de vivirla, como no se trata de pensar en el vino, sino de alegrarte tomando el vino de Cristo, el vino del Evangelio hay que beberlo, hay que saborearlo, hay que gustarlo y en el mejor de los sentidos hay que embriagarnos del vino de la vida nueva que Jesús nos ofrece. Así es vivir en el Espíritu, sumergidos en el Espíritu, viviendo la vida nueva y no solamente teorizando intelectualmente, conceptualizando de manera académica sobre esa vida divina que Jesús nos ofrece con el Bautismo y el Espíritu que se posa sobre Él y también sobre cada uno de nosotros. Concluyo esta reflexión con una cuarta enseñanza señalando que Juan es el gran anunciador, el que da testimonio por excelencia de Jesucristo. Y te pregunto hoy, a ejemplo de Juan, con tu vida en justicia, con tu vida en el perdón de las ofensas, con tu vida en amor y servicio a los demás, ¿das testimonio de Cristo?, ¿actualizas el misterio del amor liberador de Dios manifestado en la vida de Jesús, en la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús? Tú y yo estamos llamados a ejemplo de Juan el Bautista, a ser testigos vivos de Jesús, a decir Él ha cambiado mi vida, Él me ha despertado de mi inconsciencia, Él me ha hecho un hombre, una mujer nuevos. Hoy ¿cómo es tu testimonio de vida? Hoy te pregunto ¿ese testimonio existencial y ese ejemplo de vida ayuda a los demás a creer más en Dios?, o por el contrario ¿tu falta de testimonio aleja a tus familiares y amigos de Dios? Termino con esta frase que oí hace muchísimos años: “Fíjate cómo vives, porque quizás tu ejemplo de vida sea el único evangelio que pueda leer tu hermano”. Que el Señor nos bendiga en abundancia en este día del Señor. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Juan 1, 29-34 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del libro de Isaías 49, 3.5-6: El Señor me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.» Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel –tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza–: «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.» Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 40(39),2.4ab.7-8a.8b-9.10 (R. cf. 8-9) Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito; me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy.» Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad Como está escrito en mi libro: «Para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad Segunda Lectura: Comienzo de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1,1-3): Yo, Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, escribimos a la Iglesia de Dios en Corinto, a los consagrados por Cristo Jesús, a los santos que él llamó y a todos los demás que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor de ellos y nuestro. La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo evangelio según san Juan 1, 29-34: En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Ése es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo.” Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.» Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.” Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.» Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
dc.identifier.urihttps://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1202
dc.identifier.urihttps://drive.google.com/file/d/134W_cQAJDcgZyBh6KvOvq7boMK84Wiuh/view?usp=drive_link
dc.subjectAmor
dc.subjectAnunciar la palabra de Dios
dc.subjectBuena noticia
dc.subjectEvangelización
dc.subjectSan Juan
dc.subjectTestigos vivos del amor de Dios
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡El gran anunciador!
dc.title.alternativeAnunciadores de Cristo

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