¡Creados para la libertad!

Abstract

REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 11, 37-41 Lecturas del día de Hoy Primera lectura: Ga 5,1-6: Hermanos: Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud. Mirad lo que os digo yo, Pablo: si os circuncidáis, Cristo no os servirá de nada. Lo afirmo de nuevo: el que se circuncida tiene el deber de observar la ley entera. Los que buscáis ser aceptados por Dios en virtud de la ley, habéis roto con Cristo, habéis caído fuera del ámbito de la gracia. Para nosotros, la esperanza del perdón que aguardamos es obra del Espíritu, por medio de la fe, pues, como cristianos, da lo mismo estar circuncidado o no estarlo; lo único que cuenta es una fe activa en la práctica del amor. Salmo de Hoy Sal (119)118, 41.43.44.45.47.48: Señor, que me alcance tu favor. Señor, que me alcance tu favor, tu salvación, según tu promesa. Señor, que me alcance tu favor. No quites de mi boca las palabras sinceras, porque yo espero en tus mandamientos. Señor, que me alcance tu favor. Cumpliré sin cesar tu voluntad, por siempre jamás. Señor, que me alcance tu favor. Andaré por un camino ancho, buscando tus decretos. Señor, que me alcance tu favor. Serán mi delicia tus mandatos, que tanto amo. Señor, que me alcance tu favor. Levantaré mis manos hacia ti, recitando tus mandatos. Señor, que me alcance tu favor. Evangelio de Hoy Lc 11, 37-41: Dad limosna, y lo tendréis limpio todo. En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo lo invitó a comer a su casa. Él entró y se puso a la mesa. Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo: Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de robos y maldades. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

Description

TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Después de la vida, el don más grande que nos ha regalado el Señor es la libertad, hemos sido creados con libre albedrío, para elegir entre la vida y la muerte, el bien o el mal, la luz o la oscuridad, la verdad o la mentira. Aunque ciertamente hay algunos determinismos de género, no elegimos nacer hombre o mujer, determinismos geográficos, no elegimos nacer en Colombia, en México, en España, determinismos temporales, no elegimos nacer en el siglo 20 o en el 21, a lo largo de nuestra existencia, sí elegimos con libertad. Y de esto nos habla precisamente el apóstol san Pablo en la primera carta de la liturgia de este día dirigida a la comunidad de los gálatas, cuando el apóstol de los gentiles afirma: “Para la libertad nos ha liberado Cristo en la cruz, manténganse pues firmes y no dejen que vuelvan a someterlos a yugos de esclavitud”. Hoy te digo, después de más de 30 años largos de sacerdocio, la gran esclavitud del ser humano es el pecado. Con razón dirá el apóstol Pablo: “Hago el mal que no quiero y dejo de hacer el bien que quiero realizar”, y dice de sí mismo: “Pobre de mí, que gobierna en mí la ley de la carne, de la naturaleza desordenada, cuando no se ha abierto a la redención en Cristo y no gobierna en mí la ley del Espíritu”. Pablo cuestiona a los gálatas que pretenden por algunas enseñanzas que tienen que pasar por la circuncisión, un puro formalismo de los judíos, para acceder luego a la vida cristiana. Y él dice: “No, la gracia de Dios nos basta para ser libres, y no necesitamos de formalismos, de ritualidades respetables en el mundo de los judíos, pero Jesús, el gran judío, el gran profeta nos ha enseñado, un camino nuevo de gracia y de libertad”. Y concluirá esta primera lectura de hoy diciendo: “Pues nosotros mantenemos la esperanza de la justicia por el Espíritu y desde la fe, porque en Cristo nada valen la circuncisión o la incircuncisión, sino sólo la fe que actúa por la fuerza del amor”. En esta línea encontramos también el evangelio de Lucas 11, donde Jesús, comiendo en la casa de un fariseo, éste se sorprende al ver que Jesús con gran libertad no cumple con las abluciones o baños rituales de lavarse las manos, los codos, los brazos antes de comer. Y Jesús, con gran libertad interior le dirá al fariseo que lo ha invitado a su casa a comer: “Ustedes, los fariseos, limpian por fuera la copa y el plato, pero por dentro rebosan de malicia, ambiciones y maldad”. Y los confrontará en su necedad, e insensatez y les dirá, ¿acaso el que hizo la copa y el plato que ustedes piden ser lavados, no hizo también lo de dentro?, y le pedirá al fariseo: “Que dé limosna, que ofrende de la buena y recta intención de su corazón, de un corazón que debe de ser amoroso, compasivo, generoso y todo lo demás quedará limpio”. Aprendamos de estas lecturas tres grandes enseñanzas para nuestra vida. La primera, como dijimos en un evangelio precedente, la libertad en el evangelio no es frente a los otros, sino frente a nosotros. Con razón decía un pensador oriental, Confucio: “Quien se domina a sí mismo, domina su peor enemigo”. Y el día en que tú seas libre de tus envidias, libre de tu soberbia que te busca reclamar importancia a los demás frente a ti, el día que seas libre de tus egoísmos y te des con generosidad, el día que seas libre de tus envidias y tus celos, de tus codicias y avaricias por poseer y atesorar, ese día sabrás, por qué Pablo habla de tener la libertad gloriosa, gloriosa de los hijos de Dios. Pero hay una segunda enseñanza, la ley de los hombres nos lleva a esclavizarnos en función de su cumplimiento, y, por el contrario, la fe en Cristo nos libera. Es que hay que entender que la libertad es sobre todo interior, la ofrenda del corazón, la ofrenda de nuestro amor, de nuestra ternura, de nuestra compasión frente a los demás. Y la libertad no es como la entendían los fariseos en tiempos de Jesús a partir de exterioridades, formalismos, ni abluciones y baños de la mano y los brazos, formalismos y apariencias de lavados de platos y de copas. Como dirían las abuelas: “La fiebre no está en la sábana, sino en el enfermo”. En una tercera y final enseñanza encontramos, que fuimos creados para la libertad de amar y todo lo que nos impida amar nos hace esclavos. Pablo lo constató, lo repetimos cuando él quiere servir y no es capaz y dice: “Hago el mal que no quiero”, quiere perdonar y no puede. Hoy te pregunto, ¿cuántas veces has querido tender puentes de diálogo y fraternidad con un hermano, una hermana con el que te has peleado, pero tu orgullo, tu rencor te pueden y no eres capaz, con humildad y generosidad de hablarle a esta persona? ¿Cuántas veces has querido en tu corazón ayudar generosamente a un necesitado, pero tu deseo de acumular, atesorar, codiciar, ambicionar, te lleva a decir, no tengo dinero para darte, no tengo dinero para prestarte, ahora no te puedo colaborar? Si no hay libertad para amar donándonos, si no hay libertad para amar perdonándonos, si no hay libertad para amar siendo compasivos con el equivocado, si no hay libertad para amar sirviéndonos en tantas necesidades humanas, y si no hay libertad para amar, dando con generosidad de nuestros bienes al que lo necesita, seremos unos miserables esclavos, no porque estemos en una cárcel, no porque estemos secuestrados, sino porque nuestro propio corazón está encarcelado, está secuestrado por nuestras pasiones dominantes que nos impiden realizar el gran precepto, el gran mandamiento que nos hace hombres y mujeres nuevos con vida nueva, el de amarnos unos a otros como Cristo, como solo Cristo nos ha amado. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día y te haga libre en tu corazón, y te bendigo, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Citation