¿Cómo ser profeta entre los tuyos?

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2025-03-21T17:43:20Z
dc.date.available2025-03-21T17:43:20Z
dc.date.issued2025-03-24
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Jesús en Nazaret, en la sinagoga donde usualmente se reunían los días sábados la comunidad, para leer y escuchar de manera solemne la Torá y atender alguna reflexión a propósito de la Ley Mosaica o el mensaje de los profetas, se dolerá ante sus paisanos, que en el fondo son incrédulos frente a su palabra, su mensaje y su persona misma. Y dirá con alguna amargura: “En verdad les digo que ningún profeta es bien recibido entre los suyos”. Hablará Jesús: “De cómo hubo muchos enfermos y viudas en tiempos de Israel, cuando el profeta Elías vio cerrado el cielo a las lluvias por tres años y medio, y más allá de la hambruna que hubo, Elías no fue enviado a saciar el hambre de ningún ser, ninguna viuda judía, sino una viuda extranjera, una viuda en territorio de Sidón, una viuda de Sarepta”. También hablará: “Cómo en tiempos del profeta Eliseo, había muchos leprosos, y sin embargo, Eliseo, el profeta de Dios, no fue a ningún judío, sino a Naamán, un general de la nación siria, un extranjero”. Los judíos, al escuchar estas dos narraciones o ejemplos se ponen furiosos y quieren despeñar a Jesús matándolo, porque saben que está reprochando su dureza de corazón. Pero de manera práctica preguntémonos ¿cómo ser profetas hoy entre los nuestros?, ¿cómo ser creíbles en nuestra palabra en un mundo que es escéptico frente a lo religioso?, ¿cómo ser testigo creíble y profético en tu familia, entre los tuyos, cuando conocen al dedillo tu vida, cuando saben de tus defectos y limitaciones?; ¿cómo exhortarlos?, ¿cómo convertir su corazón? Te propongo tres claves sencillas. La primera, ora, ora, ora sin desanimarte, ora de manera confiada a Dios, siempre con humildad de corazón y sin dejar de hacerlo, esto es, con gran perseverancia. Es que la oración tiene un gran poder, porque allí donde no llega el hombre por la persuasión de sus palabras, llega Dios por el poder de la oración al corazón de un hijo, de un cónyuge, de un hermano, a una persona cercana a ti que te puede descalificar por tu práctica religiosa o porque no cree en ti. Pero dentro de esta oración te invito a que no solamente ores, sino ayunes y practiques la caridad, la justicia, la compasión con los demás, que son las tres actitudes de un judío piadoso, (según nos recuerda la lectura del pasado Miércoles de Ceniza hace ya algunas semanas), y entenderemos una verdad suprema: oración, ayuno y compasión o caridad son verdadera dinamita espiritual que puede transformar los corazones más endurecidos. Recuerda cuando los discípulos le decían a Jesús ¿por qué no pudieron exorcizar, liberar del mal a algunos?, y Él les decía: “Esta clase de demonios solo salen con ayuno y oración”, y podríamos agregar, además de la oración, el ayuno con la caridad y el amor por los demás. Pero hay una segunda actitud, receta, tip o clave que te propongo para evangelizar tu familia, cuando a veces son tan escépticos con nosotros y para que seas creíble frente a ellos. Y además de esa oración confiada, humilde y perseverante, combinada con ayuno y caridad, aprende a evangelizar tu familia con el testimonio de tu vida personal, con el ejemplo de una existencia transformada. Con razón decía Pablo en Gálatas 2, 19 – 20: “Ya no soy yo el que vive, es Cristo el que vive en mí”. Que vean en ti como en Pablo, la vida de Cristo, porque en ti hay una profunda alegría, una serena paz, una actitud de amabilidad, una forma amorosa de relaciones humanas, unos valores llenos de bondad, unas palabras prudentes, un dominio de tus iras y cóleras, una generosidad en el compartir con los demás. Que esos frutos del Espíritu Santo de los que nos habla Gálatas 5, 22 se reflejen en tu vida y puedas afirmar con toda libertad y con toda verdad: “Que no eres tú el que vive, sino que es Cristo y el Espíritu de Cristo el que vive en ti”. Lo entiendo cuando me dices que el espacio o el lugar más difícil de evangelizar es la propia familia, pero créeme que tus palabras las podrán rebatir, pero el ejemplo de tu propia vida, no, lo podrán hacer. Culminemos nuestra reflexión diciendo, que en este ser profeta entre los nuestros, la familia, además de la oración, uno, además del testimonio o el ejemplo de vida personal, dos, está en un tercer momento el anuncio de la vida nueva que nos ofrece Jesús, un anuncio que tiene unas condiciones particulares. Debes de hablar de Jesús de manera positiva, no negativa, esto es, desde el amor y no desde el castigo. Pero debes de anunciar a Jesús con libertad, porque Dios se propone y no se impone, las cosas impuestas nunca funcionan; propón el amor de Dios, hazlo con entusiasmo, con alegría, pero nunca por la fuerza, porque por la fuerza de mi temperamento nada llegará al corazón de los demás. Pero además de un anuncio positivo y en libertad, haz un anuncio humilde, esto es, con mansedumbre, con dulzura. Habla de Jesús a los demás, y aunque a veces pierdas batallas por respuestas altisonantes, por respuestas destempladas, ten la humildad, la mansedumbre y la dulzura para saber callar, no responder airadamente. Pero además de ese anuncio de la vida nueva de Jesús de forma positiva, con libertad, sin imposición, con humildad, sé paciente, porque el corazón humano es un misterio y es en el tiempo de Dios, no en el tiempo de los hombres cuando se da la conversión de una persona. A veces te llenas de cólera porque ves tu hijo adolescente como un verdadero potro, incapaz de recibir cualquier mensaje de ti por religioso o espiritual, llénate de paciencia que en el tiempo de Dios ese hijo va a crecer, va a tener pruebas, sufrimientos y entenderá lo que tú le decías. Mi padre, a quien considere siempre un hombre sabio, (muerto, ya hace varios años) me decía esta expresión: “La vida te enseñará caminos que aún no has recorrido”, ¡y vaya que me los ha enseñado! Culminó diciendo que el anuncio de la vida nueva no solamente ha de ser de manera positiva, en libertad, con humildad, de manera paciente, sino en forma sabia, esto es, habla a tu familia con oportunidad de tiempo, oportunidad de lugar, oportunidad de circunstancia favorable, entendiendo que cada persona tiene una psicología distinta, un carácter diverso, un ADN muy personal. Por eso, así como los dedos de la mano no son iguales, así tampoco tus hijos son iguales y aprende a aceptarlos y a orar por ellos, a pretender su conversión por la oración, por el testimonio y por las palabras positivas, en libertad, humildes, pacientes y con sabiduría. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Lucas 4, 24-30 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del segundo libro de los Reyes 5, 1-15a En aquellos días, Naamán, jefe del ejército del rey de Siria, era hombre notable y muy estimado por su señor, pues por su medio el Señor había concedido la victoria a Siria. Pero, siendo un gran militar, era leproso. Unas bandas de arameos habían hecho una incursión trayendo de la tierra de Israel a una muchacha, que pasó al servicio de la mujer de Naamán. Dijo ella a su señora: «Ah, si mi señor pudiera presentarse ante el profeta que hay en Samaría. Él lo curaría de su lepra». Fue (Naamán) y se lo comunicó a su señor diciendo: «Esto y esto ha dicho la muchacha de la tierra de Israel». Y el rey de Siria contestó: «Vete, que yo enviaré una carta al rey de Israel». Entonces tomó en su mano diez talentos de plata, seis mil siclos de oro, diez vestidos nuevos y una carta al rey de Israel que decía: «Al llegarte esta carta, sabrás que te envío a mi siervo Naamán para que lo cures de su lepra». Cuando el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras, diciendo: «¿Soy yo Dios para repartir vida y muerte? Pues me encarga nada menos que curar a un hombre de su lepra. Dense cuenta y verán que está buscando querella contra mí». Eliseo, el hombre de Dios, oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras y mandó a que le dijeran: «¿Por qué te has rasgado tus vestiduras? Que venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel». Llegó Naamán con sus carros y caballos y se detuvo a la entrada de la casa de Eliseo. Envió este un mensajero a decirle: «Ve y lávate siete veces en el Jordán. Tu carne renacerá y quedarás limpio». Naamán se puso furioso y se marchó diciendo: «Yo me había dicho: “Saldrá seguramente a mi encuentro, se detendrá, invocará el Nombre de su Dios, frotará con su mano mi parte enferma y sanaré de la lepra”. El Abaná y el Farfar, los ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Podría bañarme en ellos y quedar limpio». Dándose la vuelta, se marchó furioso. Sus servidores se le acercaron para decirle: «Padre mío, si el profeta te hubiese mandado una cosa difícil, ¿no lo habrías hecho? ¡Cuánto más si te ha dicho: “Lávate y quedarás limpio”!». Bajó, pues, y se bañó en el Jordán siete veces, conforme a la palabra del hombre de Dios. Y su carne volvió a ser como la de un niño pequeño: quedó limpio. Naamán y toda su comitiva regresaron al lugar donde se encontraba el hombre de Dios. Al llegar, se detuvo ante él exclamando: «Ahora conozco que no hay en toda la tierra otro Dios que el de Israel». Palabra de Dios». Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 42(41), 2. 3; 43(42), 3. 4 Mi alma tiene sed del Dios vivo; ¿cuándo veré el Rostro de Dios? Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a Ti, Dios mío. Mi alma tiene sed del Dios vivo; ¿cuándo veré el Rostro de Dios? Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el Rostro de Dios? Mi alma tiene sed del Dios vivo; ¿cuándo veré el Rostro de Dios? Envía tu luz y tu verdad: que ellas me guíen y me conduzcan hasta tu monte santo, hasta tu morada. Mi alma tiene sed del Dios vivo; ¿cuándo veré el Rostro de Dios? Me acercaré al altar de Dios, al Dios de mi alegría, y te daré gracias al son de la cítara, Dios, Dios mío. Mi alma tiene sed del Dios vivo; ¿cuándo veré el Rostro de Dios? Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San San Lucas 4, 24-30 Habiendo llegado Jesús a Nazaret, le dijo al pueblo en la sinagoga: «En verdad les digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo asegurarles que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio». Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino. Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectAyunar
dc.subjectConversión
dc.subjectEjemplo
dc.subjectEvangelizar con el testimonio
dc.subjectHablar de Jesús desde el amor
dc.subjectOrar con humildad de corazón
dc.subjectOrar de manera confiada a Dios
dc.subjectPredicación
dc.subjectSan Lucas
dc.subjectSer caritativo
dc.subjectTestimonio
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¿Cómo ser profeta entre los tuyos?
dc.title.alternativeEvangelizar a la familia

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