¡Jesucristo: Sumo y Eterno Sacerdote!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2024-06-11T23:48:01Z | |
| dc.date.available | 2024-06-11T23:48:01Z | |
| dc.date.issued | 2024-06-06 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Con el carácter de fiesta litúrgica, la Iglesia el jueves siguiente al domingo del “Cuerpo de Cristo, Sangre de Cristo” y en la víspera del “Sagrado Corazón de Jesús”, celebra a Jesucristo: Sumo y Eterno Sacerdote. Por eso el evangelista hoy nos presenta este texto de la Última Cena y podríamos decir, de la ¡primera Eucaristía!, cuando Jesús dice a los suyos, a los discípulos: “Ardientemente he deseado comer esta Pascua con ustedes, antes de padecer”. Y por eso detalla como toma el pan, pronuncia la acción de gracias, lo parte, lo comparte y lo reparte, y los invita a que hagan esto en conmemoración suya. Y luego toma la copa o cáliz, que la presenta como signo de la nueva Alianza en su sangre que será derramada por todos. Esta es la institución de la Eucaristía y esto nos muestra a Jesús en una función típicamente sacerdotal. Por eso también encontramos la primera lectura del profeta Isaías, el precioso y diciente himno del “Siervo doliente de Dios, Siervo doliente de Yahvé”, que anticipa con lujo de detalles la Pasión de Cristo y que muestra precisamente desde esa primera lectura, el carácter sacrificial de la vida de Jesús que se entrega por todos, para el perdón de los pecados y para darnos la vida nueva. Pero ¿qué significa esta fiesta de Jesucristo, Sumo y eterno Sacerdote para nosotros hoy?, digamos tres enseñanzas centrales. La primera, la obediencia absoluta de Cristo al Padre Dios, por más que hacer la voluntad del Padre de los cielos, resulta especialmente dolorosa y culmine en la Pasión y la Crucifixión del mismo Jesús. Esta voluntad de Dios la entona, la canta, la exalta, el salmo de hoy cuando decimos: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. Cuántas veces en nuestra vida sentimos, que nos cuesta cumplir con el deber, con lo que reconocemos que es la voluntad de Dios sobre nuestro sacerdocio, sobre sus matrimonios, sobre nuestras vidas en general, pero sabiendo que es la voluntad de Dios. Con el salmista hoy repetimos en obediencia y a ejemplo de Jesucristo obediente hasta la muerte: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. Una voluntad que a veces no es fácil discernir y sobre todo, es menos fácil de vivir, porque muchas veces está acompañada por cruz, por exigencia, por sacrificio personal, pero es el camino trazado providentemente por el Padre Dios, para realizar nuestra misión en la vida, para cumplir nuestro cometido, el sueño de Dios sobre nuestra existencia. Pero hay una segunda verdad y es reconocer que el dolor no nos puede escandalizar. No es en vano que la primera lectura de hoy del profeta Isaías, uno de los cuatro cánticos del Siervo doliente de Yahvé, nos muestra que el dolor es camino de crecimiento humano, de maduración espiritual, de confianza y crecimiento en la fe en Dios. Por esto son los motivos y sin caer ni mucho menos en el masoquismo porque nadie se deleita o se regocija en el dolor, por este crecimiento humano, por esta maduración en la confianza, en la fe, en Dios; por esto vale la pena cargar las cruces que la vida nos vaya presentando. Nuestra sociedad del bienestar no entiende el malestar. Nuestra sociedad tecnológica quiere pastillas, procedimientos médicos, tratamientos para todo lo que implique dolor, y cuando la misma ciencia médica no es capaz de paliar el dolor, simplemente pedimos la autoaniquilación, la autodestrucción de la vida, por lo que se llama eufemísticamente suicidio asistido o derecho a morir dignamente, que no es nada distinto de una eutanasia. Y el hombre jugando a ser Dios, el hombre jugando a decidir quién vive y quién muere cuando no es nuestra tarea porque no somos dueños de la vida y menos la vida ajena. Finalmente podríamos decir como una tercera enseñanza, más allá, uno, de hacer la voluntad de Dios, dos, más allá de descubrir en la cruz y el dolor un camino de crecimiento y maduración humana y espiritual, tres, encontramos en la fiesta litúrgica de hoy, que Jesús se ofrenda, se ofrece al Padre Dios por la humanidad entera y para liberarnos, redimirnos del pecado. Este carácter de ofrecimiento de la propia vida, hoy nos cuesta entenderlo, pero puedes descubrir el carácter sacerdotal que hay en ti por el bautismo común de los fieles, el sacerdocio común de los fieles que se te dio en el bautismo; puedes descubrir que en tu vida ofrendas al Señor tus obras buenas, ofrendas al Señor tus cruces y sufrimientos, ofrendas al Señor el mal que padeces a manos de otros, ofrendas al Señor tu tiempo y tus actividades cotidianas. Que no se pierda el bien que haces, el mal que sufres, lo ordinario de cada día, porque no le das un sentido sobrenatural, ofrendándolo a Dios con amor y fe. Esto es una mirada completamente nueva y distinta de la vida; tú puedes vivir y hasta sufrir sin ningún mérito, porque quizás tu vida, tus buenas acciones, tus sufrimientos padecidos, reniegas, rezongas, no los ofrendas a Dios. Otra cosa muy distinta, es cuando con sentido sobrenatural, ofreces, presentas, entregas al Padre de los cielos, como Jesús se entregó a sí mismo en la cruz por todos los pecadores, tú dices: hago esta obra buena por tus hijos, por la familia, por la santificación de los sacerdotes en la Iglesia, por la conversión de los pecadores. Eso da un sentido nuevo y distinto a todas tus acciones, te hace misionero; no es vano que Teresita del Niño Jesús, (la mística francesa, una de las santas más estudiadas en el siglo XX), sin nunca salir del convento de Lisieux en Francia, es declarada patrona de todos los misioneros del mundo entero, porque supo ofrendar su oración amorosa a Dios, sus sufrimientos en la vida de convivencia, los sufrimientos por su enfermedad y en general, sintiéndose pequeña, supo sobrenaturalizar cada momento de su vida, entregándose con fe y amor, y eso es lo que nos diferencia a nosotros de los santos gigantes de la fe, que han sabido ofrendar su vida a Dios. Tres dimensiones de ese sacerdocio común de los fieles, la obediencia a Dios Padre, el reconocimiento de que el dolor es camino de crecimiento humano y espiritual, y la ofrenda de las buenas acciones y de los dolores padecidos en la vida, para remisión de los propios pecados y de los pecados de los seres queridos. Que el Señor te bendiga abundantemente en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 22, 14-20 Lectura del día de hoy Lectura del libro de Isaías 52,13–53,12: Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito. ¿Quién creyó nuestro anuncio?, ¿a quién se reveló el brazo del Señor? Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malvados, y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación; verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo del día de hoy Salmo 40 R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Cuántas maravillas has hecho, Señor, Dios mío, cuántos planes en favor nuestro; nadie se te puede comparar. Intento proclamarlas, decirlas, pero superan todo número. R/. Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio. R/. Entonces yo digo: Aquí estoy, como está escrito en mi libro, para hacer tu voluntad. Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. R/. He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios; Señor, tú lo sabes. R/. No he guardado en el pecho tu defensa, he contado tu fidelidad y tu salvación, no he negado tu misericordia y tu lealtad ante la gran asamblea. R/. Evangelio del día de hoy Lectura del santo evangelio según san Lucas 22, 14-20 Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo: He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer, hasta que se cumpla en el reino de Dios. Y, tomando una copa, pronunció la acción de gracias y dijo: Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid hasta que venga el reino de Dios. Y, tomando pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía. Después de cenar, hizo lo mismo con la copa, diciendo: Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús. | |
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| dc.subject | Camino de crecimiento | |
| dc.subject | Cruz | |
| dc.subject | Dolor | |
| dc.subject | Jesús se ofrenda | |
| dc.subject | Liberarnos | |
| dc.subject | Maduración espiritual | |
| dc.subject | Obediencia absoluta | |
| dc.subject | Padre Dios | |
| dc.subject | Redimirnos del pecado | |
| dc.subject | Biblio | |
| dc.subject | Evangelio | |
| dc.title | ¡Jesucristo: Sumo y Eterno Sacerdote! | |
| dc.title.alternative | Cena del Señor |
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