¡Premio y Castigo!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2026-03-26T17:00:38Z | |
| dc.date.available | 2026-03-26T17:00:38Z | |
| dc.date.issued | 2026-03-05 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Premio y Castigo! El impresionante texto del Antiguo Testamento de Jeremías capítulo 17, que hoy nos presenta la liturgia de la Iglesia en la primera lectura, lanza una clara maldición al hombre que confía solamente en el hombre y busca el apoyo de las criaturas, apartando su confianza y su corazón de Dios. Y señalará “un destino para aquel falto de sabiduría, necio, insensato, que apartado de Dios y confiado sólo en sus fuerzas o en los hombres o en el mundo, al final su vida será como un cardo en el desierto que nunca recibe la lluvia. Habitará en pradera desértica y árida, tierra salobre e inhóspita”. Pero en el segundo párrafo de la lectura primera de hoy lanza ya no una maldición, sino una bendición. En la línea sapiencial, también con el salmo litúrgico de este día, el salmo primero. Y afirmará: “Bendito quien confía en el Señor, y pone sólo en Dios su confianza; y ya no será un cardo en el desierto, sino un árbol fecundo plantado junto a la acequia de agua que alarga sus raíces a la corriente. No teme la llegada del estío de un verano intenso; su follaje siempre está verde, y por más que vengan o más que vengan años de sequía, no se inquietará y no dejará de dar fruto”. Que clara maldición y bendición en la misma línea, repito, del salmo litúrgico de hoy que lanza el profeta Jeremías. Y concluye de una manera magistral en un texto precioso que en lo personal siempre me ha encantado. Dirá, en efecto, Jeremías: “Nada hay más falso, engañoso y enfermo que el corazón humano, ¿quién lo conoce? Sólo Dios examina el interior humano. Sólo Dios sondea lo profundo de nuestras intenciones y paga a cada cual premio o castigo según la conducta y según el fruto de sus acciones”. ¿Acaso no te ha pasado que te has llevado grandes sorpresas y con ellas decepciones y dolores en tu corazón, porque conociendo a fondo el alma de una persona, descubres en ella interés, conveniencia, egoísmo, falsedad, hipocresía, dobles intenciones? Quién de nosotros, en la medida en que vamos viviendo, no reconocemos que tal vez nos vamos a morir de viejos y no terminaremos de conocer el corazón humano, cambiante, veleidoso, verdaderamente ganador en disimular sus auténticas intenciones. Por eso el salmo litúrgico primero que hoy proclamamos en la Eucaristía de este día, invita al hombre “a ser dichoso si no sigue el consejo del malvado, si no entra en el camino del pecador, si no se reúne ni hace amistad con los cínicos; sino que su alegría es meditar día y noche la Ley del Señor”. Y nos recuerda lo que ya habíamos dicho “que será como un árbol plantado al borde del riachuelo, dará fruto permanente y no se marchitarán sus hojas”. Y ¡atención!, nos dirá “todo lo que emprenda en la vida tendrá un buen final”. Pero advierte también ese salmo primero: “No le pasará lo mismo al malvado, su vida será como paja ligera que arrebata y lleva caprichosamente el viento. Porque el Señor protege el camino del justo, pero el camino del corrupto acaba mal”. Y esta primera lectura de Jeremías y el salmo primero nos invitan o nos preparan para entender mejor la parábola del hombre rico y el mendigo Lázaro, que mueren los dos y después de que mueren, (y es el destino de todos, pobres y ricos, jóvenes o viejos, enfermos o sanos), vendrá el premio para uno. Murió el mendigo y es llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Y vendrá el castigo para el otro. Muere el rico y es enterrado y estando en el infierno, en medio de tormentos, levanta los ojos y ve de lejos a Abrahán y a Lázaro en su seno. Y empieza esta lucha por tratar de traspasar esa frontera infranqueable del estado de castigo eterno y el estado de premio eterno. ¡Qué impresionante esta parábola!, de alguna manera una metáfora de lo que es la vida y nunca, nunca nadie podrá una vez emitido el juicio de Dios, pasar de la condena eterna al premio eterno. Y por más que lo intente, y el rico que la tradición ha llamado Epulón (que significa el que banquetea, el que come espléndidamente) Por más que le dice a Abrahán “dile a Lázaro que vuelva al mundo, que vuelva a mi familia, que les advierta lo que les espera si son duros de corazón, egoístas e incapaces de la solidaridad y la compasión con el necesitado. Diles, padre Abrahán, dile a Lázaro que vaya a los míos”. Abrahán le dirá: “Tienen el mensaje de la ley mosaica que es la Ley de Dios y el mensaje de los profetas que los escuchen”. E insistirá el rico condenado: “Padre Abrahán envía a Lázaro que, si un muerto va a avisarles, ellos se arrepentirán”. Pero Abrahán dirá, hablando de la dureza de corazón de un hombre entregado al mundo: “Si no escucharon el mensaje de la ley de Moisés y de los profetas, no se convencerán ni cambiarán su vida, ni, aunque resucite un muerto”. (Y está hablando no solamente de Lázaro, que había fallecido, y quería el rico inconsciente enviarlo a su familia en el mundo; sino que Abrahán está hablando también, o Jesús en la parábola está hablando de sí mismo, y que, aunque resucite aquellos endurecidos de corazón no lo sabrán escuchar). Hoy medita esta expresión: “Hay una ley universal en la vida de retribución. Premio para los que obraron bien; castigo para los que han obrado con trampa, intriga y falsedad”. Y el premio y el castigo no será solamente después de la muerte, como en el caso de la parábola evangélica de hoy; sino que ese premio y castigo será también aquí y ahora en esta vida, en este mundo. ¿Cuántas personas conoces, cuántos familiares cercanos hoy dices en tu corazón son bendecidos por su vida recta, justa e íntegra?; o ¿son castigados por sus intrigas y su maldad personal? No lo dudes, habrá premio y castigo para todos nosotros. Hoy es el tiempo de la conversión, hoy es el Kairós de Dios, el tiempo propicio para renovar, para hacer nueva tu vida. Tú, en tu libertad, decides que camino elegir. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 16, 19 -31 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del libro de Jeremías 17,5-10: Esto dice el Señor: «Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor. Será como cardo en la estepa, que nunca recibe lluvia; habitará en un árido desierto, tierra salobre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que alarga a la corriente sus raíces; no teme la llegada del estío, su follaje siempre está verde; en año de sequía no se inquieta, ni dejará por eso de dar fruto. Nada hay más falso y enfermo que el corazón: ¿quién lo conoce? Yo, el Señor, examino el corazón, sondeo el corazón de los hombres para pagar a cada cual su conducta según el fruto de sus acciones.» Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 1, 1-2.3.4 y 6 8R. cf. 40[39], 5a Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor. Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor. Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto a su tiempo y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor. No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 16, 19-31: En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: – «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió que se murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo: – “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas. ” Pero Abrahán le dijo: – “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado. Y además, entre nosotros y ustedes se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia ustedes no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros.” Él dijo: – “Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”. Abrahán le dice: – “Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen”. Pero él le dijo: – “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán.” Abrahán le dijo: – “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto.”» Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús. | |
| dc.identifier.uri | https://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1249 | |
| dc.identifier.uri | https://drive.google.com/file/d/1LQyPv84Fgc4GLRAk1wZ5MgxlK6sHwqtS/view?usp=drive_link | |
| dc.subject | Abraham | |
| dc.subject | Fariseos | |
| dc.subject | Frutos | |
| dc.subject | Hombre adinerado | |
| dc.subject | Intenciones del corazón | |
| dc.subject | Obras | |
| dc.subject | San Lucas | |
| dc.subject | Vida coherente | |
| dc.subject | Vivir correctamente | |
| dc.subject | Biblia | |
| dc.subject | Evangelio | |
| dc.title | ¡Premio y Castigo! | |
| dc.title.alternative | Premio o castigo de Dios |
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