¡Cristo Pan de Vida!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2025-06-27T16:31:28Z
dc.date.available2025-06-27T16:31:28Z
dc.date.issued2025-06-22
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Cristo Pan de vida! En la grandiosa Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Domingo Eucarístico por excelencia, la primera lectura tomada del Libro del Génesis nos muestra al sumo sacerdote Melquisedec, rey de Salem, que presentó pan y vino en el altar de Dios, y lo bendijo diciendo: “Bendito sea Abraham por el Dios Altísimo, creador del cielo y de la tierra, bendito sea el Dios Altísimo que te ha entregado a tus enemigos” (hablando de la protección divina de la que siempre gozó el pueblo de Dios). Pero más impresionante es la segunda lectura tomada del capítulo 11 de la primera Carta de san Pablo a los Corintios, que se constituye en el más antiguo relato de la institución de la Eucaristía, cuando Jesús, según nos relata Pablo en la tradición que él ha recibido, nos invita, a dar gracias y a pronunciar la bendición sobre el pan y el vino y reconocer las mismas palabras de Jesús: “Esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes, hagan esto en memoria mía. Este es el cáliz de la Nueva Alianza en Mi Sangre, hagan esto cada vez que lo beban en memoria mía". En el fondo, es un reconocimiento a cada sacerdote en el paso de los siglos, cada que tomamos las mismas palabras de Jesús citadas por Él en la Última Cena y que a la postre serían la primera Eucaristía cristiana, estamos haciendo memorial de la Pasión de Cristo. Por eso, concluirá esta segunda lectura diciendo: “Cada vez que comen de este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte del Señor hasta que vuelva”. Pero detengámonos más profundamente en el sentido del gran misterio de este Domingo Eucarístico del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Y miremos la bellísima secuencia o himno eucarístico que nos propone la lectura antes de proclamar el evangelio. En efecto, al pie de la letra dirá: “Si, Pan del ángel, pan divino nutre al hombre peregrino, pan de hijos, don tan fino, no a los perros se ha de echar; por figuras anunciado en Isaac es inmolado, maná del cielo bajado, cordero sobre el altar. Buen Pastor Jesús clemente, tu manjar de gracia fuente nos proteja y apaciente. Y en la alta región viviente haznos ver tu gloria. Oh, Dios”. Y culminará este bello himno diciendo: “Tú que lo sabes y puedes, y que al mortal lo sostienes por comensales perennes, al festín de eternos bienes con tus santos llámanos”. Amén. Aprendamos de este himno precioso y del milagro de la multiplicación de los panes y los peces que nos narra el evangelio de san Lucas, grandes verdades para hoy, para el siglo XXI, para nuestra vida sobre el gran don de Cristo a la Iglesia, la Eucaristía. Diremos de entrada, que la Eucaristía y el sacerdocio es la concreción, el cumplimiento de la promesa de Jesús a su Iglesia, a la comunidad cristiana: “Nunca los dejaré solos, siempre estaré con ustedes, no los abandonaré”. Esa promesa de acompañamiento a la humanidad a través del paso de los siglos se concreta en la Eucaristía y en quien consagra la Eucaristía, el sacerdote, ambas presencias sacramentales de Cristo para el mundo de Cristo en medio de la comunidad cristiana. Pero ¿qué significa, en términos de hoy, la Eucaristía para el hombre y la mujer del siglo XXI? Podríamos sacar conclusiones. La primera, la Eucaristía es el gran memorial actualizado del sacrificio salvador, del sacrificio redentor de Cristo en la cruz hace 2000 años, y hoy en el siglo XXI cada que celebras la Eucaristía se hace actual los méritos de la entrega redentora de la vida donada, de la sangre derramada por Cristo en la cruz para el perdón de tus pecados y para abrirte a una nueva vida. Ese sacrificio único hace 2000 años, universal y redentor, se actualiza repito, en cada Eucaristía y se aplica meritoriamente para cada uno de nosotros como acción de gracias, como súplica, como petición por nuestras necesidades personales. Pero en una segunda conclusión, la Eucaristía, además de ser memorial del sacrificio de Cristo. La Eucaristía es el Pan de vida eterna, el pan que da la vida verdadera, el pan con que nos alimentamos al recibirlo al final de cada misa, cuando comemos fraternalmente. (La expresión es comulgar, que comulgar significa comer como hermanos, comer fraternalmente). Y nos alimentamos con la presencia sacramental de Jesús que nos fortalece, nos limpia, nos llena de esperanza, nos sana de nuestras heridas, nos otorga una profunda paz y alegría que nada ni nadie en esta tierra nos puede dar. Pan de vida eterna que nos fortalece interiormente en nuestra vida espiritual. Pero la Eucaristía, además de uno, ser memorial, dos, ser pan de vida eterna. La Eucaristía es la presencia por excelencia, la presencia en el Tabernáculo, la presencia en el Sagrario, la presencia en la reserva donde acudimos a Jesús como el amigo siempre presente, el amigo de todas las horas, el hermano que nunca nos falla, aquel al cual le podemos contar todas las cuitas, problemas y dificultades de nuestra vida en la seguridad de que siempre seremos escuchados, atendidos, iluminados, consolados, fortalecidos por Él. En un mundo que se queja tanto de soledad te diré, no te sientas solo, no te experimente sola, ve al Sagrario de tu parroquia, tu capilla, el convento, el monasterio, el oratorio, la casa de retiros espirituales, y allí Jesús en el Sagrario, en el Tabernáculo, te espera. Tiene sed de tu amistad, tiene sed de tu amor, tiene sed de tu vida. Pero en una cuarta conclusión podríamos decir, que por la Eucaristía somos comunión de vida, común unidad, comunidad, común unión, comunión. Como dice bellamente los textos del Concilio Vaticano II: “Es que sólo la Eucaristía hace la Iglesia y la Iglesia hace la Eucaristía”. Esto es, sin la Eucaristía la Iglesia sería simplemente una ONG (organización no gubernamental prestadora de servicios médicos, educativos, asistenciales participante o garante en procesos de reconciliación y de paz). Pero lo que nos hace el cuerpo vivo de Cristo, lo que nos hace una comunión de creyentes, es todo alrededor de la Eucaristía. Cuando el Papa León nos habla tanto de la unidad, “Ser unos en el único que es Jesucristo”, encontremos esa unidad, comunión, común unidad, encontrémosla participando en la Eucaristía de cada día que nos sentiremos hermanos en plena comunión de vida unos con otros. Finalmente, en una quinta conclusión podríamos decir, que la Eucaristía y la Misa (que viene del latín mesa, la mesa del altar y también nos viene de la palabra misión). Es una invitación a ser Eucaristía, a ser ofrenda, a ser regalo, a ser alimento de vida eterna, a ser presencia del amigo para todos los demás. En una sociedad de depresivos, drogados con medicamentos, distraídos, dispersos, desconectados de la realidad real por estar conectados en la virtualidad, cuánto se necesitan hombres y mujeres eucarísticos que sean testimonio con su vida de una ofrenda de amor, de una presencia amiga, de una cercanía salvadora, de un alimento de amistad, de cariño para los demás. Señor Jesús, que grande es la Eucaristía, el gran don que has dado a tu Iglesia. Señor Jesús, que ame mucho, que ame mucho la Eucaristía de cada día. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 9, 11b-17 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Gn 14, 18-20: Sacó pan y vino. En aquellos días, Melquisedec, rey de Salem, ofreció pan y vino. Era sacerdote del Dios Altísimo. Y bendijo a Abrahán diciendo: Bendito sea Abrahán de parte del Dios Altísimo, que creó el cielo y la tierra. Y bendito sea el Dios Altísimo que ha entregado tus enemigos a tus manos. Y Abrahán le dio el diezmo de todo. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo (110)109, 1.2.3.4. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. Oráculo del Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies.» Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu cetro: somete en la batalla a tus enemigos. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. «Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora. » Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.» Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. Segunda Lectura: 1Co 11,23-26: Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la Muerte del Señor. Hermanos: Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: -«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: -«Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.» Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 9, 11b-17: Comieron todos y se saciaron. En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar a la gente del Reino de Dios, y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde y los Doce se le acercaron a decirle: despide a la gente que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida; porque aquí estamos en descampado. El les contestó: Dadles vosotros de comer. Ellos replicaron: No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío. (Porque eran unos cinco mil hombres.) Jesús dijo a sus discípulos: Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta. Lo hicieron así, y todos se echaron. El, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectCuerpo y Sangre de Cristo
dc.subjectEucaristía
dc.subjectFe
dc.subjectMemorial actualizado
dc.subjectOstia
dc.subjectPan de vida eterna
dc.subjectPresencia viva de Jesús
dc.subjectSacrificio salvador
dc.subjectSan Lucas
dc.subjectVino
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Cristo Pan de Vida!
dc.title.alternativeLa Eucaristía

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