¡Sordos!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Marcos 7, 31-37
Primera lectura del día de hoy
Is 35, 4-7a
Esto dice el Señor:
«Digan a los de corazón apocado: ‘¡Animo! No teman.
He aquí que su Dios, vengador y justiciero, viene ya para salvarlos’.
Se iluminarán entonces los ojos de los ciegos y los oídos de los sordos se abrirán.
Saltará como un venado el cojo y la lengua del mudo cantará.
Brotarán aguas en el desierto y correrán torrentes en la estepa.
El páramo se convertirá en estanque y la tierra seca, en manantial».
Salmo del día de hoy
Salmo Responsorial
Salmo 146/ 145, 7. 8-9a. 9bc-10
R. (1) Alaba, alma mía, al Señor.
El Señor siempre es fiel a su palabra, y es quien hace justicia al oprimido;
él proporciona pan a los hambrientos y libera al cautivo.
R. Alaba, alma mía, al Señor.
Abre el Señor los ojos de los ciegos y alivia al agobiado.
Ama el Señor al hombre justo y toma al forastero a su cuidado.
R. Alaba, alma mía, al Señor.
A la viuda y la huérfano sustenta y trastorna los planes del inicuo.
Reina el Señor eternamente, reina tu Dios, oh Sión, reina por siglos.
R. Alaba, alma mía, al Señor.
Segunda lectura del día de hoy
Sant 2, 1-5
Hermanos: Puesto que ustedes tienen fe en nuestro Señor Jesucristo glorificado, no tengan favoritismos. Supongamos que entran al mismo tiempo en su reunión un hombre con un anillo de oro, lujosamente vestido, y un pobre andrajoso, y que fijan ustedes la mirada en el que lleva el traje elegante y le dicen: «Tú, siéntate aquí, cómodamente». En cambio, le dicen al pobre: «Tú, párate allá o siéntate aquí en el suelo, a mis pies». ¿No es esto tener favoritismos y juzgar con criterios torcidos?
Queridos hermanos, ¿acaso no ha elegido Dios a los pobres de este mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que lo aman?
Evangelio del día de hoy
Mc 7, 31-37
En aquel tiempo, salió Jesús de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la región de Decápolis. Le llevaron entonces a un hombre sordo y tartamudo, y le suplicaban que le impusiera las manos. Él lo apartó a un lado de la gente, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva. Después, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «¡Effetá!» (que quiere decir «¡Abrete!»). Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y empezó a hablar sin dificultad.
Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero cuanto más se lo mandaba, ellos con más insistencia lo proclamaban; y todos estaban asombrados y decían: «¡Qué bien lo hace todo! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos».
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
El evangelio de san Marcos en el capítulo 7, nos presenta la sanación que hace Jesús de un sordomudo, con autoridad. Apartándolo de la gente le mete los dedos en los oídos, con la saliva le toca la lengua, tiene un gesto de profunda compasión, mirando al cielo, pensamos clamando al Padre Dios, suspira un ademán muy humano y le dice: “Effetá”, (esto es, ábrete), y el sordo puede escuchar al instante y se le suelta la traba que tenía en su lengua.
A propósito de esta sanación de un sordo, hoy preguntémonos, si en nuestro tiempo, más allá de que tenemos funcionalidad del sentido auditivo, ¿somos capaces de escuchar verdaderamente, de escuchar profundamente, de escuchar a los otros y a nosotros con el corazón? La escucha, en definitiva, es un don de Dios y es un aprendizaje de cada día, y hoy reconocemos que, en nuestra sociedad moderna, experimentamos una cultura de sordos, donde muchos problemas humanos se agravan porque en el fondo hay problemas de incomunicación o deficiente comunicación, y estos problemas se dan porque no sabemos comunicarnos, porque no sabemos escucharnos o nos escuchamos mal.
Hoy te presento algunos desafíos, algunas dificultades, que tenemos que superar para aprender a escuchar a Dios, escuchar a los otros y a escucharnos a nosotros.
Primer desafío, el ruido exterior e interior que hay en la cultura moderna. Nos ensordece, de alguna manera nos hace incapaces de distinguir, cuál voz, cuál mensaje es importante en verdad, y ese ruido exterior que luego se hace ruido interior, no nos permite ser críticos y sobre todo ser asertivos a la hora de manejar conflictos de pareja, conflictos de familia o conflictos con nosotros mismos, porque atafagados de mensajes, de estímulos, de ruidos, no podemos distinguir, clasificar, jerarquizar, qué mensaje realmente es importante, útil y conveniente para nuestra vida.
Pero en un segundo desafío, descubre que no puedes escuchar simultáneamente al otro y a ti mismo. Suele suceder que en muchas discusiones de pareja, de familia, de trabajo, en la vida social y común, no somos capaces de atender los argumentos de la contraparte, porque enredados y absorbidos por nuestros propios pensamientos, por el propio ego, el amor propio herido, el orgullo personal lastimado, sólo soy capaz de escuchar mis argumentos, mi criterio, mi punto de vista, pero no los argumentos, no los criterios, no los puntos de vista del otro; si yo no me silencio en mi corazón, no podré atender la necesidad del otro. Suele ocurrir, que a veces en una discusión matrimonial, uno de los cónyuges le dice al otro, no me digas más, ya sé para dónde vas, no me vas a manipular, ya te conozco, 15 años de matrimonio y sé cómo argumentas, no me vas a manejar la vida. Pienso, no le estás dando oportunidad a la otra persona.
En un tercer desafío para escucharnos bien, están las prevenciones, los prejuicios, los resentimientos, los rótulos mentales que me impiden escuchar al otro en su verdad y en su realidad más profunda. Volviendo al ejemplo ya enunciado, pensamos de aquella persona: lo que dijo fue para herirme, para criticarme, para fastidiarme, ella no me mira con amor. Es el prejuicio o juicio previo que hacemos sobre otra persona, es la prevención o a veces el resentimiento, un sentimiento de dolor no elaborado, no asimilado, no digerido, que nos lleva a que nuestras relaciones interpersonales sean sólo de reproches, de críticas, de reclamos, de ver los defectos en los demás, de olvidar sus cualidades, sus buenas intenciones que de paso somos incapaces de reconocer.
En un cuarto desafío, descubramos que a veces en nosotros hay miedo a una escucha profunda del propio yo, porque me da miedo descubrir en mí, taras, traumas, limitaciones, problemas personales de infancia, incapacidad para entrar en diálogo con los demás, y esas heridas, esa historia de traumas, de taras, de cicatrices, me exigen cambios profundos y radicales que no estoy dispuesto a asumir.
Cuando estás en función de que tienes que poner música en tu casa todo el tiempo, de que tienes que encender la tele, mirar las redes sociales, mirar en tu WhatsApp, estar en la pantalla de tu computador, en el fondo hay un escape, una evasión, una huida, una fuga de los problemas, de las angustias de tu historia, te da miedo confrontarte contigo mismo, escucharte. La experiencia en retiros espirituales en la casa Monte María, (donde tenemos encuentros espirituales con alguna frecuencia), me ha mostrado que mucha gente siente temor a ir a un retiro espiritual, porque siente literalmente miedo de lo que va a encontrar dentro de sí misma: sombras, pero también luces, defectos, pero también cualidades, fracasos, pero también triunfos, que ese es el misterio humano y parte de la resolución de nuestra vida, está en aceptarnos, acogernos y amarnos como somos, con nuestra historia total.
En un quinto desafío de por qué no nos escuchamos en la vida moderna, está a veces los roles asumidos: ¿me pongo en una posición de superioridad moral?, ¿de superioridad ética?, ¿de sentirme el dueño de la verdad y por eso soy el corrector, el consejero, la autoridad? o ¿también desde otro rol soy simplemente el amigo permisivo, soy aquel que tolera, que alcahuetea una conducta disvaliosa y no somos capaces de comprender en profundidad el dolor del otro, porque no somos capaces de ponernos en el lugar y sobre todo en el corazón y en las circunstancias existenciales de la otra persona?. Algún sabio afirma: “Que cuando vas a acercarte a corregir a aquel que está caído, lo primero que debes de hacer es no ayudarle desde la altura, de estar erguido, sino tú mismo arrodillarte y hablarle a la misma altura, al mismo nivel, a aquella persona que se siente caída por los dolores de su propia vida”.
En una sexta diferencia o mejor desafío para escucharnos adecuadamente, estamos llamados a hablar el lenguaje universal que es el lenguaje del amor. Cuando hablamos criticando, no afirmando, sino negando, cuando nos distanciamos corporalmente, cuando no somos capaces de compartir tiempo con calidad, momentos especiales con un ser querido, difícilmente sin ese contacto físico, la caricia, sin esas palabras de afirmación, sin ese tiempo de calidad, sin ese compartir sus dolores, difícilmente podremos establecer una buena comunicación con el otro. Habla poniéndote en el lenguaje del otro, y hay un lenguaje que es universalmente sanador, el lenguaje del amor, no del reproche, el lenguaje del perdón, no del juicio sobre el otro, porque a nadie le gusta sentirse juzgado, señalado y condenado, no habrá verdadera comunicación con nadie.
Finalmente, en un séptimo desafío que nos impide escucharnos profundamente, está la vida tecnológica de hoy. Ese intruso que se llama televisor en la habitación matrimonial, ese intruso que se llama teléfono celular o móvil permanentemente con nosotros, ese intruso que es el videojuego, la tableta que nos impide mirarnos a los ojos y hablarnos de manera personal y directa.
Me llama la atención y lo cuento como una anécdota, una familia muy querida me invitó a un almuerzo en un restaurante a propósito de que una de sus hijas cumplía años. Recuerdo que una de ellas le pasó el cuchillo y el tenedor a la otra estando al frente y le pregunté y ¿tú, por qué le pasas el cuchillo y el tenedor a tu hermana?, y dice, porque ella me lo ha pedido, y le dije, pero yo no he visto que te haya hablado, y simplemente me muestra la pantalla de su teléfono celular, donde le dice pásame el cuchillo y el tenedor. Estando a 70 centímetros de distancia frente a una mesa en un restaurante, prefirió escribir por WhatsApp, un mensaje, antes que mirarse a los ojos y verbal u oralmente, pedirle el cuchillo y el tenedor en el restaurante donde se celebraba el cumpleaños de una de las hijas. Es el mundo de hoy que ha mediado la comunicación, que ha hecho que tengamos “cientos de amigos” en redes sociales, pero que seamos perfectos desconocidos para la familia e ignorantes de sus dolores, de sus sufrimientos, de sus problemas.
Hoy, de manera conclusiva digamos, que escuchar es un arte y estás llamado a volverte un artista, digamos que sólo escucha verdaderamente, aquel que lo hace con el corazón, que aprende a ser comprensivo con la otra persona, a ponerse en su situación existencial y digamos de manera final, que el mayor bien que podemos hacer a un ser humano que está emproblemado y con sufrimientos, es saber escucharlo, quizás no tengamos la respuesta inmediata, la solución pronta a su problema, pero si le sabemos escuchar, habremos hecho que la carga y el peso de su problema, se parta por la mitad.
Que el Señor nos bendiga a todos en abundancia en este día y nos dé la capacidad de sabernos escuchar no sólo con el oído, sino con el corazón, y te bendigo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.