¡La gran riqueza de la vida!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2024-10-11T23:36:14Z
dc.date.available2024-10-11T23:36:14Z
dc.date.issued2024-10-13
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES En la primera lectura el autor del libro de la Sabiduría, sabe que ella sólo se obtiene pidiéndola fervorosamente a Dios en la oración de cada día. Es que la Sabiduría encarnada es el mismo Cristo, ella es más grande que los tronos de los reyes, que el oro de los palacios, que las piedras preciosas que guardan los coleccionistas, que la salud, la belleza humana, que la luz de cada día, con ella, con la sabiduría, llegan todos los bienes juntos, todas las bendiciones de Dios. Pero en esta misma línea sapiencial encontramos en la segunda lectura, que la gran sabiduría de la vida es conocer y sobre todo vivir la Palabra de Dios que es viva, no muerta, que es eficaz, actuante, más tajante que espada de doble filo, que juzga los deseos e intenciones del corazón. Y más allá de estas dos lecturas que nos preparan a entender, a comprender mejor el evangelio que nos presenta la imagen de un hombre bueno, un hombre que busca de Dios, rico en bienes y que desea alcanzar la vida eterna, ante la pregunta a Jesús ¿qué ha de hacer para alcanzar el reino de los cielos?, y a la respuesta de “cumplir los mandamientos”, a lo que él responde: “Que ya lo hace”, Jesús le pide: “No apegarse a los bienes materiales que posee en abundancia y pide venderlos para darlo a los pobres”. El hombre apegado a su riqueza, se siente confrontado, se entristece, frunce el ceño, da media vuelta y con gran pesar y dolor se aleja de Jesús, no con alegría porque ha conservado sus bienes, sino con dolor porque su corazón está apegado a los mismos. Esto dará pie a una enseñanza sapiencial de Jesús que nos indicará: “La imposibilidad de que un hombre apegado a los bienes terrenales, pueda acceder al Reino de los cielos, y será más fácil para un gran camello, (el animal más grande conocido en el medio oriente), pasar por el pequeño ojal de una aguja, a que un rico apegado en su corazón, avaro, codicioso, pueda llegar al reino de Dios”. De este evangelio aprendamos grandes lecciones para nuestra vida. La primera, el mayor tesoro que tienes en tu vida, no es tu cuenta de ahorros, los dólares que tienes guardados; el mayor tesoro que tienes en la vida es añorar, alcanzar, buscar la vida plena con Dios, esa es la más grande riqueza que puedes pedir, la única que no puedes perder a lo largo de los años de tu existencia. La segunda lección que podemos aprender de las lecturas de hoy, es que no basta simplemente con un pobre cumplimiento de algunos mandamientos del antiguo testamento: no robar, no matar, no fornicar, no mentir, para alcanzar el Reino de los cielos. Se nos pide un corazón más altruista, más generoso, más ungido, más lleno de Dios. Y es aquí donde en una tercera enseñanza Cristo nos pide, desapegarnos de aquello que es lo más querido por nosotros. Y hoy te pregunto ¿a qué realidad humana?, ¿familia?, ¿fama?, ¿fortuna?, (las tres efes): familia por f, fama por f, fortuna por f, ¿a cuál de ellas te sientes más apegado en tu vida? Ni los otros, apegos afectivos, ni nosotros apego a la imagen, al ego, al yo personal, ni los bienes, la fortuna, el patrimonio que tengas, te darán la salvación, y Cristo nos pide ser libres. Ser libres no es abandonar lo que tenemos, pero sí ser libres de corazón frente a aquello que humanamente nos apega y por tanto, nos genera miedo, miedo terrible de perderlo. En una cuarta enseñanza descubrimos, que sin desapego no hay una verdadera libertad para seguir a Jesús y por tanto, no hay la alegría de Dios en nuestro corazón, sino la tristeza del mundo de estar aferrado a cosas o personas, o al propio yo, que vamos pasando con los años, que nos vamos deteriorando con la vejez, que todo se nos arrebata con la muerte. Qué insensatez, qué falta de inteligencia espiritual, apegarnos locamente, enfermizamente, patológicamente a realidades humanas que, con la muerte, de manera definitiva, tenemos que dejar. En una quinta enseñanza, Cristo nos señala una opción radical, que excluye otras opciones o: “Es el primer amor a Dios, o es el amor al mundo y a los pequeños tesoros del mundo”. Con razón decía san Agustín en su obra cumbre, en la Ciudad de Dios: “Que en la vida humana hay una lucha en el corazón entre dos amores, el amor a Dios hasta el desprecio de sí mismo y del mundo, o el amor a sí mismo y al mundo, hasta el desprecio de Dios”, ¿de qué lado te encuentras? Mira ese imposible fáctico de que el camello no puede pasar por el ojal de una aguja, así tú tampoco podrás entrar por la puerta angosta del Reino de los cielos, si no eres capaz de relativizar y ser libre frente a cualquier posesión afectiva o material de esta tierra. En una sexta enseñanza, descubramos que este desapego, desarraigo, desprendimiento que nos pide Jesús en la persona del hombre que se acerca a hablarle y a buscar la salvación de su alma, este desprendimiento es imposible, ante la fuerza de la mera naturaleza humana, porque por ella, por nuestra condición humana, somos apegados, buscamos seguridades, somos acumuladores, atesoradores, se necesita la gracia de Dios. Y en efecto, así lo dirá Jesús a los discípulos cuando escandalizados le dicen, ¿quién puede salvarse?, y Él responde: “Para el hombre es imposible, pero Dios lo puede todo”. Cuando sientas que estás muy aferrado a muchas realidades humanas, que te da dolor y miedo perder tu familia porque mueren, porque se alejan, porque se van a vivir a otro país, te da miedo perder tus bienes en un mal negocio, vives con aprensiones y angustias humanas, pide la gracia de Dios para disfrutar de todo lo del mundo con libertad, dándole a Dios el primer lugar y acuérdate de la promesa de Él: “Quien sepa relativizar familia, fortuna, fama, imagen personal, recibirá cien veces más en esta tierra y además, la vida eterna del cielo”. Y es aquí donde encontramos la última enseñanza que acabamos de enunciar, y es esa promesa de premio que ofrece Jesús a todos: “Si somos libres y desapegados por darle el primer amor a Cristo en nuestro corazón, recibiremos centuplicadamente, (100 veces más)”. Esto es una maravilla, aclara Jesús: “Con persecuciones, quizás con envidias humanas, pero, además, recibiremos en el futuro la vida eterna en el cielo”. Esto es negocio redondo por donde se mire, y hoy te pedimos, Jesús, ayúdanos a apuntar a la gran riqueza de la vida, no nos dejes gastar miserablemente las mejores fuerzas de nuestra juventud, adultez o madurez, atesorando cosillas del mundo que las roba el ladrón, o las carcome la polilla, ayúdanos a atesorar en el cielo, donde no hay ladrón que robe, ni hay polilla que carcoma o herrumbre, que oxide los bienes espirituales y eternos que con amor y por amor hemos construido. Que el Señor te bendiga abundantemente en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Marcos 10, 17-30 Lecturas de Hoy Primera Lectura: Sb 7, 7-11 Supliqué y se me concedió la prudencia; invoqué y vino sobre mí el espíritu de sabiduría. La preferí a los cetros y a los tronos, y en comparación con ella tuve en nada la riqueza. No se puede comparar con la piedra más preciosa, porque todo el oro, junto a ella, es un poco de arena y la plata es como lodo en su presencia. La tuve en más que la salud y la belleza; la preferí a la luz, porque su resplandor nunca se apaga. Todos los bienes me vinieron con ella; sus manos me trajeron riquezas incontables. Salmo de Hoy Salmo 89, 12-13. 14-15. 16-17 Sácianos, Señor, de tu misericordia. Enséñanos a ver lo que es la vida, y seremos sensatos. ¿Hasta cuándo, Señor, vas a tener compasión de tus siervos? ¿Hasta cuándo? R. Sácianos, Señor, de tu misericordia. Llénanos de tu amor por la mañana y júbilo será la vida toda. Alégranos ahora por los días y los años de males y congojas. R. Sácianos, Señor, de tu misericordia. Haz, Señor, que tus siervos y sus hijos puedan mirar tus obras y tu gloria. Que el Señor bondadoso nos ayude y dé prosperidad a nuestras obras. R. Sácianos, Señor, de tu misericordia. Segunda Lectura de Hoy Hb 4, 12-13 Hermanos: La palabra de Dios es viva, eficaz y más penetrante que una espada de dos filos. Llega hasta lo más íntimo del alma, hasta la médula de los huesos y descubre los pensamientos e intenciones del corazón. Toda creatura es transparente para ella. Todo queda al desnudo y al descubierto ante los ojos de aquel a quien debemos rendir cuentas. Evangelio de Hoy Mc 10, 17-30 En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó corriendo un hombre, se arrodilló ante él y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?” Jesús le contestó: “¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no cometerás fraudes, honrarás a tu padre y a tu madre”. Entonces él le contestó: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde muy joven”. Jesús lo miró con amor y le dijo: “Sólo una cosa te falta: Ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme”. Pero al oír estas palabras, el hombre se entristeció y se fue apesadumbrado, porque tenía muchos bienes. Jesús, mirando a su alrededor, dijo entonces a sus discípulos: “¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!” Los discípulos quedaron sorprendidos ante estas palabras; pero Jesús insistió: “Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios”. Ellos se asombraron todavía más y comentaban entre sí: “Entonces, ¿quién puede salvarse?” Jesús, mirándolos fijamente, les dijo: “Es imposible para los hombres, mas no para Dios. Para Dios todo es posible”. Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte”. Jesús le respondió: “Yo les aseguro: Nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, dejará de recibir, en esta vida, el ciento por uno en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna”. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectAngustia
dc.subjectAtesorar el cielo
dc.subjectBusca a Dios
dc.subjectDolor
dc.subjectEsperanza
dc.subjectPrimer lugar a Dios
dc.subjectSer libre
dc.subjectSufrimiento
dc.subjectTrascender
dc.subjectVida con propósito
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡La gran riqueza de la vida!
dc.title.alternativeClaves para heredar la vida eterna

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