¡Yo te amo, tú eres mi fortaleza!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2024-11-08T22:42:32Z
dc.date.available2024-11-08T22:42:32Z
dc.date.issued2024-11-03
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura del libro del Deuteronomio, nos muestra el gran mensaje de Moisés a su pueblo, cuando los invita: “A respetar, valorar y a acoger el mensaje de Dios como un absoluto en la vida del pueblo de Israel”. En efecto, la expresión “Teme al Señor tu Dios, tú, tus hijos y nietos, y observa todos sus mandatos y preceptos”, es en el fondo una clara invitación a darle a Dios el lugar de Dios en nuestra vida, a no dejar que falsos ídolos del mundo, cualquier realidad humana o de cosas, ocupe ese primer lugar en nuestro corazón y en nuestra vida. Y luego Moisés, exhortando a su pueblo les dice: “Escucha, Israel, y esmérate en practicar los mandatos de Dios, para que te vaya bien en la vida, se prolonguen tus días y te multipliques como pueblo, según la promesa de Dios”. Y luego, después de este preámbulo, Moisés enuncia el famoso Shemá judío, “Escucha Israel” cuando dice: “Dios es uno solo, no somos un pueblo politeísta, sino monoteísta, tenemos un solo Dios y ese Dios lo amarás con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, y este mensaje que hoy te doy, lo guardarás siempre en tu corazón”. Pues eso es lo que hizo Jesús, y entendemos ahora el mensaje del evangelio de Marcos, cuando un escriba o supuesto experto y conocedor de la ley judía y de la Torá, le pregunta a Jesús, le interroga sobre el maremágnum de leyes religiosas, (el llamado código de santidad que hay para el pueblo de Israel), ¿cuál es el precepto o el mandato primero y más importante de todos? Y Jesús, retomando el Shemá judío que había dicho miles de años atrás Moisés le ratificará: “Escucha, Israel, Dios es el único Señor, y a Él lo amarás con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. Pero Jesús introduce una novedad frente al mandato de Moisés y es unir al mandato a Dios, unir el precepto de: “Amar al prójimo, al más cercano, al próximo, como nos amamos a nosotros mismos”. Jesús distingue, pues, tres clases de amor: el amor a Dios en primerísimo lugar y unido a éste, el amor al prójimo y a nosotros mismos. Cuando miramos la experiencia de los grandes místicos y santos, encontramos la centralidad en sus vidas del amor a Dios y de que toda su fuerza espiritual, radica precisamente en sentirse, experimentarse, acontecer en sus vidas, el amor divino como una totalidad que los abarca, los inunda y los plenifica. ¿Acaso no es la expresión del apóstol san Pablo cuando afirma, si Cristo está conmigo, quién estará contra mí?, o cuando ratifica que: “Ni tronos, ni dominaciones, ni potestades, nada en esta tierra podrá separarlo del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús”. Pero podríamos dar un salto y pensar con santa Teresa de Jesús (la mística española), cuando dice: “En la vida nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda”, y termina concluyendo: “La paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene, nada le falta, sólo Dios basta”. Es la experiencia, entereza de la totalidad, del amor de Dios en su vida, como lo único importante y lo único necesario para todo hombre, para toda mujer. Nos lo dirá también por su parte, san Ignacio de Loyola, cuando dice: “Hagamos todo para la mayor gloria de Dios, atrás las glorias humanas, atrás las vanidades de los hombres, atrás y muy lejos, cualquier criterio de pretensión de que nosotros podemos ser centro de la historia, todo hagámoslo para mayor gloria de Dios”. También en esa línea encontraremos a un santo muy de nuestro tiempo, el padre Pío, fallecido en 1968, cuando él decía: “Ora, ten fe y no te preocupes”, es la certeza absoluta de que la oración, como apertura al amor de Dios y la fe, nos lleva a evitar todo tipo de preocupaciones y avanzar en la vida más allá de tempestades y de pruebas. Hoy, más allá de este texto evangélico y más allá del texto del Deuteronomio, te pregunto ¿sientes que Dios es centro en tu vida?, ¿sientes que Dios ocupa el primer lugar en tu corazón?, simplemente respóndete esto a partir de sencillos interrogantes. El primero ¿qué es lo que más piensas a lo largo del día?, ¿tu familia?, ¿tu trabajo?, ¿cómo conseguir dinero?, eso en lo que más piensas y a lo que más tiempo le dedicas es el dios en el hoy de tu vida. Segunda pregunta ¿qué es la actividad o la acción o la inspiración que más te lleva a trabajar cada día?, si trabajas por tu familia, si trabajas por conseguir dinero, si trabajas por tu empresa, quizás el centro de tu vida es tu familia, tu empresa, conseguir un dinero, pero el centro de tu vida no es Dios. Así de claro, así de determinante, así de radical nos pide el Señor amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todos los pensamientos, con todo el ser. Esto lo alcanzaron los místicos, san Pablo, santa Teresa, san Ignacio, san Pío de Pietrelcina. Hoy te pregunto ¿te excusas diciendo que eres un pobre pecador?, ¿te disculpas diciendo que eres un hombre o una mujer de a pie, común y corrientes? Hoy te digo que este mensaje es para ti y que el Señor nos invita a darle el primer lugar en nuestro corazón y a decir con el salmo: “Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza; Señor, tú eres mi roca, mi alcázar, mi libertador, Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora. Invoco al Dios de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos; viva el Señor, bendita sea mi roca, sea ensalzado mi Dios y Salvador, tú diste gran victoria a tu rey, tuviste misericordia de mí, que soy tu ungido”. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mc 12, 28b-34 Lecturas de Hoy: Primera lectura del día de hoy: Dt 6, 2-6 En aquellos días, habló Moisés al pueblo y le dijo: “Teme al Señor, tu Dios, y guarda todos sus preceptos y mandatos que yo te transmito hoy, a ti, a tus hijos y a los hijos de tus hijos. Cúmplelos siempre y así prolongaras tu vida. Escucha, pues, Israel: guárdalos y ponlos en práctica, para que seas feliz y te multipliques. Así serás feliz, como ha dicho el Señor, el Dios de tus padres, y te multiplicarás en una tierra que mana leche y miel. Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas. Graba en tu corazón los mandamientos que hoy te he transmitido”. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo del día de hoy: Salmo 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 51ab Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza. Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza, el Dios que me protege y me libera. R. Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza. Tú eres mi refugio, mi salvación, mi escudo, mi castillo. Cuando invoqué al Señor de mi esperanza, al punto me libró de mi enemigo. R. Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza. Bendito seas, Señor, que me proteges; que tú, mi salvador, seas bendecido. Tú concediste al rey grandes victorias y mostraste tu amor a tu elegido. R. Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza. Segunda lectura del día de hoy: Hb 7, 23-28 Hermanos: Durante la antigua alianza hubo muchos sacerdotes, porque la muerte les impedía permanecer en su oficio. En cambio, Jesucristo tiene un sacerdocio eterno, porque él permanece para siempre. De ahí que sea capaz de salvar, para siempre, a los que por su medio se acercan a Dios, ya que vive eternamente para interceder por nosotros. Ciertamente que un sumo sacerdote como éste era el que nos convenía: santo, inocente, inmaculado, separado de los pecadores y elevado por encima de los cielos; que no necesita, como los demás sacerdotes, ofrecer diariamente víctimas, primero por sus pecados y después por los del pueblo, porque esto lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. Porque los sacerdotes constituidos por la ley eran hombres llenos de fragilidades; pero el sacerdote constituido por las palabras del juramento posterior a la ley, es el Hijo eternamente perfecto. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Evangelio del día de hoy: Mc 12, 28b-34 En aquel tiempo, uno de los escribas se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?” Jesús le respondió: “El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento mayor que éstos”. El escriba replicó: “Muy bien, Maestro. Tienes razón, cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, y amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios”. Jesús, viendo que había hablado muy sensatamente, le dijo: “No estás lejos del Reino de Dios”. Y ya nadie se atrevió a hacerle más preguntas. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectInspiración
dc.subjectJesús es mi centro
dc.subjectJesús es mi vida
dc.subjectJesús primer lugar en mi corazón
dc.subjectSan Marcos
dc.subjectSustitutos
dc.subjectVacíos
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Yo te amo, tú eres mi fortaleza!
dc.title.alternativeJesús es el centro

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