¡Transfigurados!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Mateo 17, 1-9
Primera lectura del día de hoy
De la Profecía de Dn 7, 9-10. 13-14:
Miré y vi que colocaban unos tronos. Un anciano se sentó. Su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego, sus ruedas, llamaradas; un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes.
Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Yo vi, en una visión nocturna, venir una especie de hombre entre las nubes del cielo. Avanzó hacia el anciano venerable y llegó hasta su presencia. A él le dio poder, honor y reino. Y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron.
Su poder es eterno, no cesará. Su reino no acabará.
Palabra de Dios, te alabamos Señor.
Salmo del día de hoy
Salmo (97) 96, 1-2. 5-6.9:
El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra.
El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables. Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono.
Los montes se derriten como cera ante el dueño de toda la tierra; los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria.
Porque tú eres, Señor, altísimo sobre toda la tierra, encumbrado sobre todos los dioses. El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra.
Segunda lectura del día de hoy
De la 2P 1, 16-19:
Queridos hermanos: Cuando os dimos a conocer el poder y la última venida de nuestro Señor Jesucristo, no nos fundábamos en fábulas fantásticas,
sino que habíamos sido testigos oculares de su grandeza. Él recibió de Dios Padre honra y gloria, cuando la Sublime Gloria le trajo aquella voz: «Éste es mi Hijo amado, mi predilecto».
Esta voz, traída del cielo, la oímos nosotros, estando con él en la montaña sagrada. Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día, y el lucero nazca en vuestros corazones.
Palabra de Dios, te alabamos Señor.
Evangelio del día de hoy
Del Santo evangelio según Mc 9, 2-10:
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: – «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: – «Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.»
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: – «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»
Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
El evangelio hoy nos presenta el relato de la Transfiguración de Jesús frente a Pedro, Santiago y Juan en la altura del monte Tabor; allí aparecen todos los grandes elementos de las teofanías o manifestaciones solemnes, grandiosas de Dios en el Antiguo Testamento. Aparece la montaña, la nube, la luz incandescente, la voz del cielo, el temor reverencial de Pedro, Santiago y Juan y la postración en el suelo ante la gloria de Dios. También se nos muestra el éxtasis de Pedro y la presencia simbólica de Moisés y Elías, que habían fallecido siglos atrás. Este resplandor, que la humanidad recibe en la figura de Pedro, Santiago y Juan, nos muestra a este Jesús transfigurado, que ciertamente ilumina en retrospectiva nuestro caminar en la vida, cuando justo Jesús había hablado de su pasión y muerte y sabía que sus discípulos se iban a escandalizar por ello, tiene que llenarlos de esperanza y darles a probar la luz gloriosa que nos espera a todos y de la cual la Transfiguración es un bello anticipo.
Pero también reconocemos en este relato cargado de símbolos hermosos del Tabor y de la Transfiguración de Jesús, como Él anuncia proféticamente el futuro glorioso que nos espera a todos. En efecto, nuestra vida no termina en un cajón, en la cripta de un cementerio o en un cenizario, no, somos caminantes en el desierto de la vida, llamados a la Montaña Santa, al Tabor en esta ocasión, para iluminar nuestra historia y probar la gloria de Dios.
Pero aprendamos enseñanzas para nuestra vida.
La primera gran iluminación del Tabor nos muestra, que en fe reconozcamos Dios siempre ha estado con nosotros, sufrimos, nos preocupamos, nos angustiamos sin necesidad. Si miramos nuestra historia personal, descubriremos que Dios nunca nos ha abandonado, siempre ha estado con nosotros; ¿probados con sufrimientos en la vida? muchas veces, pero abandonados de Dios, nunca jamás. Descubrimos también como una gran luz a partir de la Transfiguración del Señor en el Tabor, que el hombre solo es fuerte en Dios. Vivimos de tantas fantasías: mi seguridad está en la salud, en un amor humano, en un dinero, en un reconocimiento, o relaciones sociales, y olvidamos que todas estas fuerzas humanas son caducas, limitadas, nuestra fuerza sólo nos viene de Dios.
Reconocemos en un tercer momento que Jesús el orante, justo antes de transfigurarse nos muestra, que cuando uno ora en la vida, está bien parado frente a los problemas, los maneja mejor, vive con más plenitud. Al final de nuestra vida, descubriremos que las horas mejor pasadas de nuestra historia, no fueron en restaurantes, en una oficina, en diversiones; las horas más grandes de nuestra vida son las que pasamos con Dios en oración, en intimidad, en experiencia de amor con Él.
Reconocemos en una cuarta verdad, que no hay gloria sin cruz, no hay monte Tabor sin monte Gólgota, no hay pétalo de la rosa sin pasar primero por la espina. El dolor a veces nos escandaliza, nos desanima, pero el triunfo lo tiene la paz, el bien, el amor; nunca olvidemos esto y no sé qué situaciones estés viviendo en este momento, pero ten seguridad de que Dios está contigo.
Concluyamos señalando, que sólo el amor, el que Dios Padre da a su Hijo cuando nos invita a que lo escuchemos, este es mi Hijo amado, Dios es amor y lo único que sabe hacer es amar, el amor hace grande la vida. Él amó primero a Jesús y nos amó también primero a nosotros, y la vida sin el amor de Dios es pequeña y miserable.
Hoy te lo digo, para ser más en la vida, no se trata de tener más dinero en tu bolsillo, más conocimiento en tu cabeza; créeme, para ser más en la vida, ama más, sólo el amor nos fortalece en el ser.
Señor, en este camino por el desierto hacia la montaña santa, transfigúrame; que escuche la voz de tu Hijo, que la acoja, que lo adore y que reconozca que sólo en Dios hay plenitud.
Que el Señor te bendiga en este domingo, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.