¡La amistad con el mundo, es enemistad con Dios!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Marcos 9, 30-37
Lectura del día de hoy
St 4,1-10: Pedid y no recibís, porque pedis mal.
Queridos hermanos:
¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros?
¿No es de vuestras pasiones, que luchan en vuestros miembros?
Codiciáis y no tenéis; matáis, ardéis en envidia y no alcanzáis nada; os combatís y os hacéis la guerra.
No tenéis, porque no pedís.
Pedís y no recibís, porque pedís mal, para dar satisfacción a vuestras pasiones.
¡Adúlteros!
¿No sabéis que amar el mundo es odiar a Dios?
El que quiere ser amigo del mundo, se hace enemigo de Dios.
No en vano dice la Escritura: «El espíritu que Dios nos infundió está inclinado al mal».
Pero mayor es la gracia que Dios nos da. Por eso dice la Escritura: «Dios se enfrenta con los soberbios y da su gracia a los humildes».
Someteos, pues, a Dios y enfrentaos con el diablo, que huirá de vosotros.
Acercaos a Dios y Dios se acercará a vosotros.
Pecadores, lavaos las manos; hombres indecisos, sed sinceros, lamentad vuestra miseria, llorad y haced duelo; que vuestra risa se convierta en llanto y vuestra alegría en tristeza.
Humillaos ante el Señor, que él os levantará.
Salmo del día de hoy
Salmo (55)54,7-8.9-10a.10b-11a.23:
Encomienda a Dios tus afanes, que él te sustentará.
Pienso: ¡Quién me diera alas de paloma para volar y posarme!
Emigraría lejos, habitaría en el desierto.
Me pondría en seguida a salvo de la tormenta, del huracán que devora, Señor,
del torrente de sus lenguas.
Veo en la ciudad violencia y discordia: día y noche hacen la ronda sobre sus murallas.
Encomienda a Dios tus afanes, que él te sustentará; no permitirá jamás que el justo caiga.
Evangelio del día de hoy
Mc 9, 30-37: El Hijo del hombre va a ser entregado.
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía:
-«El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.»
Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó:
-«¿De qué discutíais por el camino?»
Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:
-«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.»
Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:
-«El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.»
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
Resulta impresionante el texto de la carta del apóstol Santiago en el capítulo 4, que hoy la liturgia de la Iglesia nos presenta como primera lectura. Con una gran agudeza espiritual y sobre todo conocedor de la psicología humana, el apóstol Santiago se hace una pregunta: ¿De dónde proceden los conflictos y las luchas que se dan entre los hombres?, y la respuesta que da es: ¿No es precisamente de esos deseos de placer que pugnan, que luchan dentro de ustedes? Y empieza a enunciar algunas de esas pasiones dominantes en la vida humana, que nos hacen contender, conflictuar, problematizar, pelearnos con los demás. Enuncia el apóstol Santiago: “Nos llenamos de ambiciones de tener cosas y, sin embargo, no las conseguimos. Envidiamos a los demás y hasta los matamos con la lengua o aun físicamente; no podemos conseguir nada porque luchamos y nos hacemos la guerra unos con otros. No obtenemos nada porque no pedimos a Dios, y si pedimos y no recibimos es porque pedimos mal a Dios, no buscando la gloria y la voluntad del Padre de los cielos, sino satisfacer las propias pasiones”. Háblese de ambiciones, háblese de envidias, háblese de guerras, egoísmos, odios y contiendas, Santiago el apóstol afirmará: “Que todo este tipo de pasiones nos llevan a conflictos humanos y ha sido siempre así a lo largo de la historia”.
Pero luego viene una expresión monumental, cuando llama a aquellos que lo escuchan: “Adúlteros y adúlteros, porque el corazón no es totalmente para Dios, es un corazón dividido, fragmentado entre el amor a Dios y el amor a las cosas del mundo, como el corazón adúltero de un hombre, entre el amor a su esposa y el amor a una tercera persona”. Dirá de una manera magistral el apóstol Santiago: ¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios?, “por tanto si alguno quiere ser amigo del mundo, se constituye en enemigo de Dios”. Es que Dios y el mundo son como el agua y el aceite, con diferente densidad y por eso no se pueden mezclar; se darán cuenta que sobre un balde lleno de agua si le echas aceite, el aceite por tener una densidad más alta, siempre quedará flotando en la superficie del agua. Pretender unir el amor a Dios y el amor al mundo es una verdadera torpeza, más allá de un acto de adulterio espiritual. Y Santiago entiende esto plenamente señalando: “Que quien se hace amigo de los falsos valores del mundo: las ambiciones, las vanidades, las envidias, las intrigas, las guerras personales, se hace enemigo de Dios, cuyos valores son el compartir, el perdonar, el compadecerse, el servir, el amar, el entregar la vida por los demás”.
Pero continúa Santiago su reflexión por demás muy aguda y repetirá una frase que contiene el evangelio de san Lucas cuando afirma a propósito que la Virgen María es la humilde de corazón, Santiago dirá de manera genérica a quienes lo escuchan: “Dios resiste, Dios rechaza, Dios no da su gracia al soberbio de corazón y por el contrario, derrite, abre todo su ser, da su gracia a los humildes de alma”. Por eso nos invita a ser humildes ante Dios, a resistir al diablo para que él huya de nuestras vidas, acercarnos a Dios para que Dios se acerque a nosotros, a lavar nuestras manos impuras de pecadores, a purificar nuestro corazón, a no ser inconstantes. Hacer duelo y a llorar por las miserias de los demás, y a humillarnos ante Dios para que Dios nos ensalce, recordando el apotegma evangélico: “El que se humilla será ensalzado, y el que se ensalza, por el contrario, será humillado por la vida”.
En esta misma línea del apóstol Santiago, está el salmo responsorial de hoy, cuando nos invita a un grito de confianza en el Señor, y como asamblea litúrgica, como reunión de creyentes respondemos: “Encomienda a Dios tus afanes, que Él te sustentará”. Cuando sientas en tu vida ocupaciones y preocupaciones mentales y emocionales, encomiéndate a Dios, pon toda tu confianza en Él y Él dará lo que pide tu corazón. Y a renglón seguido agregará el salmo de este día: “Esperaría en el que puede salvarme del huracán y la tormenta, destrúyelos Señor, confunde sus lenguas”. Y terminará diciendo: “Encomienda a Dios tus afanes que Él te sostendrá, te sustentará, no permitirá jamás, jamás, que el hombre justo caiga”.
Preocúpate de ser un hombre, una mujer rectos, íntegros, limpios de corazón, y cree en la promesa del salmo responsorial de hoy: ¡Dios no permitirá jamás, que el hombre de recto corazón, caiga en las garras de los intrigantes, los corruptos, los malvados, los pervertidos de esta tierra!
Pero pasemos al evangelio de hoy. Jesús, en tres momentos a lo largo de su vida, anuncia su propia Pasión y muerte. Este sufrimiento, sin embargo, le parece incomprensible a sus discípulos, que se sienten incapaces de aceptarlo y menos de entender que al tercer día va a resucitar. En el evangelio de hoy se presenta el segundo de los tres anuncios que en distintos momentos hace Jesús sobre su propio sufrimiento, su Pasión dolorosa, su Muerte victoriosa y su Resurrección triunfante. Ellos no alcanzan a entenderlo, y sólo Él nos dará entendimiento e inteligencia, cuando les pregunta: ¿sobre qué discutían cuando caminaban itinerantes de un pueblo a otro?, y ellos no responden porque estaban tan ocupados con miradas simplemente humanas, en señalar como niños en la fe, cuál sería el más importante cuando Jesús fuera el Rey, fuera entronizado como Rey de Israel.
Jesús los reúne al grupo de los 12 y les da una máxima evangélica que es sabia, con una sabiduría perfecta y eterna, y les dirá: “Quien quiera ser el primero, que se haga el último y el servidor de todos”. Esta es una máxima que nos pone a nosotros a pensar, como la madurez en la fe, la madurez cristiana, nos lleva a relativizar nuestros intereses personales, a posponer nuestra existencia, para entregarnos como ofrenda de amor, ofrenda de servicio a los demás.
Todos entendemos el enunciado, muy pocos lo queremos vivir, porque la ley humana es la de la conservación, la de estar atado a nosotros mismos, (el ego), a las cosas materiales, la posesividad, a otras personas, los apegos humanos, y nos da literal terror, pánico, pensar en esa libertad interior, de no estar atado a nada para vivir en total libertad de servicio, de independencia a los demás. Que sabiduría tan alta, por eso el evangelio es incontrovertible, el hombre, la mujer, el ser humano de todos los tiempos, mientras coloque su fuerza en las cosas humanas o materiales, nunca, nunca, podrá entender lo que es la libertad del verdadero discípulo de Jesús.
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.