¡Los secretos del Reino!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2025-10-23T17:45:37Z
dc.date.available2025-10-23T17:45:37Z
dc.date.issued2025-10-21
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Los secretos del Reino! Hoy con lecturas litúrgicas propias en razón de nuestra santa colombiana, santa Laura Montoya, la liturgia nos propone tomar el profeta Jeremías o la Carta del apóstol san Pablo a los Filipenses. Tomando esta última lectura nos dirá Pablo en la Carta a la comunidad de Filipos: “Alégrense siempre en el Señor, se los repito, alégrense”. ¡Qué bonita expresión invitarnos el apóstol a encontrar la alegría más profunda del corazón, sólo en Dios! Hoy te pregunto ¿dónde buscas las alegrías de la vida? Y respuestas corrientes, honestas: ¿el comer en abundancia?, ¿el vestir de manera elegante?, ¿el pasear, el oír música, el hacer deporte? ¿El ir de compras?, ¿el estar en lugares de diversión?, ¿el ir a moteles? Son las alegrías del mundo, pero por todas ellas hay que pagar precio, y la alegría de Dios es gratuita. Las alegrías del mundo son externas de afuera hacia adentro del hombre. Las alegrías de Dios son internas de adentro del corazón y brotan hacia fuera. Y las alegrías del mundo son tan efímeras, tan cortas. Baste pensar el hambre que tienes antes de un plato de comida y 15 minutos después de deleitarte con tu plato de comida, esa llenura estomacal y quizás esa indigestión, y ya pasó la alegría por la comida que has consumido. Pero continúa la Carta de Pablo a los Filipenses diciendo: “El Señor está cerca de ustedes, nada les preocupe, sino que en toda ocasión, en sus oraciones, en sus súplicas, en su acción de gracias diaria, preséntenlas a Dios y la paz de Dios, que supera toda expectativa del corazón humano, llegará, llegará a ustedes”. Y culminará esta Carta de Pablo a Filipenses en el capítulo 4 diciendo: “Todo lo que es verdadero en la vida, todo lo que es noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, ténganlo en cuenta”. Esta lectura nos prepara perfectamente para el evangelio de hoy. Cuando Jesús, en una oración de profunda intimidad con el Padre de los cielos y en una plegaria sobre todo agradecida, le dice: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estos secretos del Reino a los sabios, sabelotodo y entendidos, inteligentones del mundo, y lo has revelado sólo a los simples, pequeños y humildes de corazón. Sí, Padre, así te ha parecido bien”. Hoy reconozcamos en la vida de nuestra santa colombiana y en la de todos los santos, que los secretos del Reino de Dios, de los que habla precisamente la Carta a los Filipenses “buscar en la vida lo que es lo verdadero, lo noble, lo justo, lo puro, lo amable, lo que es virtud. Aprender de los secretos del Reino de los cielos solo es dado a los pequeños y humildes de corazón. Por el contrario, cuando estamos llenos de nosotros mismos, cuando hay autosuficiencia, demasiada intelectualidad o intelectualismo, demasiados razonamientos que nos impiden tener corazón de niños para reconocer a Jesús en nuestra vida, seremos privados de conocer los secretos del Reino de Dios”. El mundo nos habla de riqueza y los secretos del Reino nos hablan de desprendimiento y libertad, desapego frente a lo que llamamos riqueza. El mundo nos habla de vanagloria, aplausos y soberbia. Y los secretos del Reino de los cielos nos habla de pequeñez, anonadamiento, humildad. El mundo te habla a ti y a mí de comodidad y de bienestar. Y el Reino de los Cielos, anunciado por Cristo, te habla de sacrificio, entrega de la propia vida y cargar la cruz que la misma existencia nos va presentando. El mundo te habla de egoísmo, de pensar sólo en ti mismo. El evangelio y el Reino de Jesús nos habla de generosidad y de compartir con los demás. El mundo te habla de simulación, falsedad, hipocresía. El evangelio del Reino te habla de sinceridad, de justicia, de rectitud, de transparencia. El mundo te habla de salvarte tú mismo. Y el evangelio nos habla “de que aquel que busque salvarse a sí mismo va a perder su vida, y sólo el que entregue su vida alcanzará la salvación”. Qué distintos, opuestos y contradictorios son los valores del mundo por los que nos gastamos y desgastamos, por los que nos cansamos, afanamos y hasta maltratamos nuestra vida y la de otras personas. Qué distintos estos valores de los valores del Reino de los cielos que nos hablan de amor, de libertad, de paz, de confianza total en Dios antes que en nosotros y de entrega generosa de la vida para poderla vivir en plenitud. En el entendido ¡de que solo hay verdadera vida cuando donamos de nuestra vida! Pero luego continúa el evangelio y nos muestra “que no conoceremos al Padre Dios si no conocemos primero al Hijo”. Y así lo afirmara Jesús: “Nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”. Nunca conocerás el misterio profundo de Dios Padre, si no trasiegas, caminas por el misterio profundo de la vida y la cruz de Jesús, el Cristo. Finalmente concluirá el evangelio con una invitación personal que hace Jesús cuando cansados de batallar, de pelearnos con los demás, de creer que los enemigos son los otros y que sólo nos salvamos sacando a los otros de nuestro camino, poniéndoles zancadilla en esa carrera de la vida. Y cuando nos sentimos cansados, agotados y agobiados, Jesús nos hace una promesa: “Vengan a mí, acérquense a mí, aproxímense a mí todos los que se sienten cansados, apesadumbrados, agobiados por los compromisos de la vida, compromisos económicos, laborales, personales, familiares, emocionales”. Y nos hace una promesa: “Yo los aliviaré, Yo los descansaré”. Y nos da una clave preciosa: “Tomen mi yugo, no el del mundo. No la carga del mundo, sino la carga del Evangelio, que es mucho más ligera que la carga o el yugo del mundo. Y aprendan de mí, (dirá Jesús) de su corazón, que es manso y humilde. Y sólo cuando hay mansedumbre y humildad en el corazón humano, como en el de Cristo, habrá libertad y habrá descanso para las almas”. Y concluirá el evangelio preciosamente, diciendo: “El yugo que Cristo nos presenta es llevadero, la carga del evangelio es ligera”. Acaso no te has preguntado en tu vida, ¿qué he ganado con tantas batallas, tantos cansancios?, ¿con cuánta gente me he peleado?, ¿cuántas demandas judiciales he instaurado?, ¿cuántas discusiones he tenido?, ¿con cuántas personas que he declarado mis enemigos mentales o emocionales los he separado? Cuánta carga existencial en mi vida para alcanzar lo que parecía la felicidad y al final descubrir que todo fue falsedad. Hoy, en la vida de nuestra gran santa colombiana con lecturas propias, aprendamos la sabiduría infinita del evangelio que entendieron de manera perfecta los santos: “Sólo el que se hace pequeño, sólo el que es simple y humilde de corazón como los niños, accederá al Reino, a los secretos del Reino de los cielos”. Conoces las claves del mundo, te hablan de inversiones maravillosas, de pirámides económicas, de criptomonedas, de finanzas virtuales. Sigue ese camino atolondrado y al final terminarás lleno de nada y vacío de todo. Dios y la vida nueva que Él nos ofrece. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 11, 25-30 Lecturas del día de Hoy: Primera lectura: del Libro de Jeremías 31, 1-7 En aquel tiempo, ─oráculo del Señor─, seré el Dios de todas las tribus de Israel, y ellas serán mi pueblo. Esto dice el Señor: «Encontró mi favor en el desierto el pueblo que escapó de la espada; Israel camina a su descanso. El Señor se le apareció de lejos: Con amor eterno te amé, por eso prolongué mi misericordia para contigo. Te construiré, serás reconstruida, doncella capital de Israel; volverás a llevar tus adornos, bailarás entre grupos de fiesta. Volverás a plantar viñas allá por los montes de Samaria; las plantarán y vendimiarán. “Es de día” gritarán los centinelas arriba, en la montaña de Efraín: “En marcha, vayamos a Sion, donde está el Señor nuestro Dios”». Porque esto dice el Señor: «Griten de alegría por Jacob. Regocíjense por la flor de los pueblos; proclamen, alaben y digan: ¡El Señor ha salvado a su pueblo, ha salvado al resto de Israel!». Palabra de Dios, Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo. 149, 1bc-2. 3-4. 5-6a y 9b El Señor se complace en los humildes. Canten al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles; que se alegre Israel por su Creador, los hijos de Sión por su Rey. El Señor se complace en los humildes. Alaben su Nombre con danzas, cántenle con tambores y cítaras; porque el Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes. El Señor se complace en los humildes. Que los fieles festejen su gloria y canten jubilosos en filas: con vítores a Dios en la boca. Es un honor para todos sus fieles. El Señor se complace en los humildes. Segunda Lectura: de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 4-9 Hermanos: Estén siempre alegres en el Señor; se lo repito, estén alegres. Que su mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca. Nada les preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, sus peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, téngalo en cuenta. Y lo que aprendieron, recibieron, oyeron, vieron en mí, pónganlo por obra. Y el Dios de la paz estará con ustedes. Palabra de Dios, Te alabamos Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 11, 25-30 En aquel tiempo, exclamó Jesús: ─ «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán su descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera». Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
dc.identifier.urihttps://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1109
dc.identifier.urihttps://drive.google.com/file/d/1g-4I3PuY804oGxhHK-aeNh0FBjcUwPSh/view?usp=drive_link
dc.subjectAnonadamiento
dc.subjectDesprendimiento
dc.subjectHumildad
dc.subjectJusticia
dc.subjectLibertad interior
dc.subjectPequeñez
dc.subjectRectitud
dc.subjectReino de Dios
dc.subjectSan Lucas
dc.subjectSinceridad
dc.subjectTransparencia
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Los secretos del Reino!
dc.title.alternativePrincipios del Reino de Dios

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