¡Aprende a conocer a los otros!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2025-03-12T15:43:34Z | |
| dc.date.available | 2025-03-12T15:43:34Z | |
| dc.date.issued | 2025-03-02 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES El precioso texto del Eclesiástico o del Sirácida o también se dice de Jesús ben Sirá, nos habla de unas máximas de sabiduría humana y afirma: “Que, en efecto, así como se agita la criba y quedan los desechos, así cuando una persona habla se descubren sus cualidades y sus defectos”. Y a renglón seguido continúa diciendo: “De la misma manera que en el horno, en el fuego del horno se prueban las vasijas de barro del alfarero, cada persona es probada en su conversación por las palabras que dice”. Concluirá esta primera lectura diciéndonos: “Que el fruto de un árbol se revela precisamente por la forma en que fue cultivado dicho árbol, y así, la palabra de un hombre revela el corazón, el interior de una persona”, y nos advierte: “No elogies a nadie antes de escucharlo hablar, porque precisamente de esa abundancia de sus labios hablará lo profundo de su corazón”. En esta línea encontramos el precioso salmo 91 que nos invita: “A dar gracias a Dios y a reconocer que el hombre justo crece como una palmera que se alzará como un cedro altísimo del Líbano, y que, plantado en la casa de Dios, crecerá en los atrios de nuestro Señor”. Y concluirá diciendo: “Que el hombre recto y justo que sabe hablar, en la vejez seguirá dando fruto, y estará lozano y frondoso para proclamar que el Señor es justo, que en mi roca no existe la maldad”. Bueno, que esta primera lectura y este salmo nos preparen al bellísimo evangelio de san Lucas, que tiene cuatro máximas de sabiduría completamente aplicables a nuestra vida, en un patente tono sapiencial. La primera sabiduría es como, Jesús indica a sus discípulos: “Que un nombre que está ciego en sus ojos o en su corazón, no puede servir de guía a otro ciego, porque los dos caerán fácilmente en un hueco, en un hoyo”. Hoy te invito para que cuando busques amistades o guías, personas que sean modelo, iluminación y ejemplo para tu vida, no busques tontas o tontos que en vez de ayudarte te hundirán en la vida, destrozarán el proyecto que puedas tener, porque vivieron sin sabiduría, recordando que si no hay la luz de Dios en el corazón ¿cómo puede iluminar el corazón de otra persona? Pero viene una segunda máxima de sabiduría evangélica en lo que Jesús fue un verdadero Maestro y señalará ¿por qué miramos tan fácilmente la mota o suciedad que hay en el ojo del hermano y no reparamos en la gran suciedad o viga que llevamos en nuestro propio ojo? Jesús dirá: “Que esto es una verdadera hipocresía y que nosotros debemos de sacarnos primero la gran suciedad de nuestro ojo, para entonces ver claro y sacar y corregir la pequeña suciedad del ojo del hermano”. Máximas evangélicas que todos conocemos pero que es bueno recordar y reparar porque nos enseñan a llevar una vida de más paz, de mejores y más equilibradas relaciones con los demás. En una tercera máxima de sabiduría, Jesús dice: “No hay árbol bueno que dé fruto malo, y al contrario de un árbol malo, no podemos esperar un buen fruto”. Y concluirá de manera lapidaria: “Por eso el árbol bueno, más allá de sus hojas, de sus tallos, de su fronda, se conoce sobre todo por sus frutos”. Esto aplícalo a tu vida y a la mía, ¿quieres saber cómo es la grandeza humana y espiritual de un hombre, de una mujer? Mira a esa persona por los frutos de bien, por los frutos de bondad, por los frutos de justicia que ha dado a lo largo de su vida. No hay otro criterio, las palabras van y vienen y se las lleva el viento, pero las obras y el testimonio de amor, de justicia, más allá de las debilidades humanas que todos tenemos en esta tierra, es lo que cataloga la grandeza humana y espiritual de un buen ser humano, o lo que dice la parábola evangélica: “Un buen árbol”. Termina diciéndonos una cuarta enseñanza Jesús, cuando afirma: “Que de la bondad que atesora un hombre bueno en su corazón saca el bien y el que es malo de la maldad que hay en su interior saca el mal, ratificando que de lo que rebosa el corazón, de eso va a hablar constantemente la boca”. ¿Tú que hablas cada día?, ¿hablas con amargura, hablas con envidia, hablas descalificando y juzgando con dureza a otros?; ¿qué hay entonces en tu corazón, amargura, dureza, juicios muy fuertes? A partir de todas estas enseñanzas, concluyamos para nuestra vida práctica tres frases lapidarias. La primera, hay una inclinación universal en nuestra psicología a ser jueces de palabra o de pensamiento sobre la vida de los demás; no sé, tenemos un complejo, un síndrome de magistrados, nos sentimos con el derecho de juzgar lo que piensan, lo que hablan, lo que actúan o dejan de hacer los demás, olvidando que uno solo, Jesucristo, es el Legislador, el que hace las leyes y el juez de toda la humanidad, porque solo Él conoce lo profundo del corazón. De hecho, la vida me ha mostrado que cuando uno juzga mucho de los demás, realmente poco se conoce a sí mismo. Y es aquí donde entra una segunda afirmación lapidaria que la enuncio, como ya lo acabamos de decir: “Quien fácilmente juzga de otro, difícilmente se conoce a sí mismo”. Cuando uno es adolescente, cuando está en la etapa de juventud, cuando poco ha vivido en la vida, uno juzga de sus papás, uno juzga de los maestros de la escuela, uno juzga del sacerdote que celebra la misa en el colegio, uno juzga de la autoridad ciudadana, de la autoridad política, uno juzga de todos, sencillamente porque no se conoce en su fragilidad y en la lucha diaria que tenemos todos los seres humanos para ser cada día un poco más coherentes. Hoy aprende, no juzgues, júzgate primero a ti mismo y aprenderás a ser prudente, benévolo, misericordioso con los demás. Terminamos con una tercera frase lapidaria: “Conócete a ti mismo, principio universal de toda verdadera sabiduría”. Cuando uno se conoce en profundidad, uno sabe que límites tiene, que miserias lo acompañan, que barro hay en el corazón, y aprende que todo lo bueno que ha hecho en la vida es obra de Dios en uno, y lo malo que hemos hecho es obra de nosotros en nosotros mismos. Por eso, ¿de qué envanecernos?, ¿por qué alardear o enorgullecernos? No vale la pena. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día y te ayude a ser muy prudente y muy compasivo en tus juicios sobre los demás. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Lucas 6, 39-45 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Sirácida 27, 4-7 Al agitar el cernidor, aparecen las basuras; en la discusión aparecen los defectos del hombre. En el horno se prueba la vasija del alfarero; la prueba del hombre está en su razonamiento. El fruto muestra cómo ha sido el cultivo de un árbol; la palabra muestra la mentalidad del hombre. Nunca alabes a nadie antes de que hable, porque ésa es la prueba del hombre. Palabra del Señor. Te alabamos Señor Salmo de Hoy: Salmo 92(91), 2-3. 13-14. 15-16 ¡Qué bueno es darte gracias, Señor! ¡Qué bueno es darte gracias, Dios altísimo, y celebrar tu nombre, pregonando tu amor cada mañana y tu fidelidad, todas las noches! R. ¡Qué bueno es darte gracias, Señor! Los justos crecerán como las palmas, como los cedros en los altos montes; plantados en la casa del Señor, en medio de sus atrios darán flores. ¡Qué bueno es darte gracias, Señor! Seguirán dando fruto en su vejez, frondosos y lozanos como jóvenes, para anunciar que en Dios, mi protector, ni maldad ni injusticia se conocen. ¡Qué bueno es darte gracias, Señor! Segunda Lectura: 1 Corintios 15, 54-58 Hermanos: Cuando nuestro ser corruptible y mortal se revista de incorruptibilidad e inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra de la Escritura: La muerte ha sido aniquilada por la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado y la fuerza del pecado es la ley. Gracias a Dios, que nos ha dado la victoria por nuestro Señor Jesucristo. Así pues, hermanos míos muy amados, estén firmes y permanezcan constantes, trabajando siempre con fervor en la obra de Cristo, puesto que ustedes saben que sus fatigas no quedarán sin recompensa por parte del Señor. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 6, 39-45 En aquel tiempo, Jesús propuso a sus discípulos este ejemplo: “¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un hoyo? El discípulo no es superior a su maestro; pero cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué ves la paja en el ojo de tu hermano y no la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo te atreves a decirle a tu hermano: ‘Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo’, si no adviertes la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga que llevas en tu ojo y entonces podrás ver, para sacar la paja del ojo de tu hermano. No hay árbol bueno que produzca frutos malos, ni árbol malo que produzca frutos buenos. Cada árbol se conoce por sus frutos. No se recogen higos de las zarzas, ni se cortan uvas de los espinos. El hombre bueno dice cosas buenas, porque el bien está en su corazón, y el hombre malo dice cosas malas, porque el mal está en su corazón, pues la boca habla de lo que está lleno el corazón”. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús. | |
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| dc.subject | Amor | |
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