¡Trata a los demás, como quieres que te traten a ti!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Mateo 7, 6.12-14
Lectura del día de hoy
2R 19,9b-11.14-21.31-35a.36:
En aquellos días, Senaquerib, rey de Asiria, envió mensajeros a Ezequías, para decirle:
-Decid a Ezequías, rey de Judá: «Que no te engañe tu Dios en quien confías, pensando que Jerusalén no caerá en manos del rey de Asiria. Tú mismo has oído cómo han tratado los reyes de Asiria a todos los países, exterminándolos, ¿y tú te vas a librar?»
Ezequías tomó la carta de manos de los mensajeros y la leyó después subió al templo, la desplegó ante el Señor y oró:
«Señor Dios de Israel, sentado sobre querubines:
Tú solo eres el Dios de todos los reinos del mundo.
Tú hiciste el cielo y la tierra.
Inclina tu oído, Señor, y escucha; abre tus ojos, Señor, y mira.
Escucha el mensaje que ha enviado Senaquerib para ultrajar al Dios vivo.
Es verdad, Señor: los reyes de Asiria han asolado todos los países y su territorio, han quemado todos sus dioses, -porque no son dioses, sino hechura de manos humanas, leño y piedra- y los han destruido.
Ahora, Señor Dios nuestro, sálvanos de su mano, para que sepan todos los reinos del mundo que tú solo, Señor, eres Díos».
Isaías, hijo de Amós, mandó a decir a Ezequías:
-Así dice el Señor Dios de Israel: «He oído lo que me pides acerca de Senaquerib, rey de Asiria.» Esta es la palabra que el Señor pronuncia contra él:
«Te desprecia y te burla la doncella, ciudad de Sión; menea la cabeza a tu espalda la ciudad de Jerusalén.
Pues de Jerusalén saldrá un resto, del monte Sión los supervivientes.
¡El celo del Señor lo cumplirá! Por eso’ así dice el Señor acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, no disparará contra ella su flecha, no se acercará con escudo ni levantará contra ella un talud; por el camino por donde vino se volverá, pero no entrará en esta ciudad -oráculo del Señor-.
Yo escudaré a esta ciudad para salvarla, por mi honor y el de David, mi siervo».
Aquella misma noche salió el ángel del Señor e hirió en el campamento asirio a ciento ochenta y cinco mil hombres. Por la mañana, al despertar, los encontraron ya cadáveres.
Senaquerib, rey de Asiria, levantó el campamento, se volvió a Nínive y se quedó allí.
Salmo del día de hoy
Salmo (48) 47,2-3a.3b-4.10-11:
Dios ha fundado su ciudad para siempre.
Grande es el Señor y muy digno de alabanza
en la ciudad de nuestro Dios.
Su Monte Santo, una altura hermosa,
alegría de toda la tierra.
El monte Sión, vértice del cielo,
ciudad del gran rey.
Entre sus palacios, Dios
descuella como un alcázar.
Oh Dios, meditamos tu misericordia
en medio de tu templo:
como tu renombre, oh Dios, tu alabanza
llega al confín de la tierra;
tu diestra está llena de justicia.
Evangelio del día de hoy
Mt 7, 6.12-14: Tratad a los demás como queréis que ellos os traten.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros.
Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la ley y los profetas.
Entrad por la puerta estrecha.
Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos.
¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
Description
TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
En un hermosísimo texto del capítulo 7 de san Mateo, correspondiente al llamado sermón del Monte, uno de los más grandes discursos de Jesús consignados en las Sagradas Escrituras, encontramos tres bellas enseñanzas para nuestra vida.
La primera, nos dirá Jesús: “No den lo santo a los perros, ni les echen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después se revuelvan para destrozarlos”.
Hoy reconocemos, que en el mundo siempre han existido personas de buen corazón, pero también personas de corazón endurecido; a esto se refiere Jesús cuando cita dos animales impuros para los judíos, los cerdos y los perros. Y hoy descubramos nosotros, que tú tienes que orar primero por una persona, para que abra su corazón y luego anunciarle la vida nueva de Jesús. Es que encontramos desafortunadamente en nuestra sociedad, cierta hostilidad, rechazo frente a la fe cristiana, hasta el punto de que hay personas que, aunque vieran milagros todos los días, en los sacerdotes, en las religiosas, en los laicos, no creerían; el problema no es del anuncio, el problema es de quien recibe el anuncio del evangelio, donde su corazón quizás intoxicado por el pecado, por las vanidades del mundo, ve como tonto, como sin sentido, el mensaje del evangelio. No te desesperes cuando un cónyuge tuyo, la pareja, cuando tu hijo, cuando un familiar, cuando un amigo rechaza a veces con hostilidad el mensaje cristiano y te dice, no me hables de religión, no me hables de la Iglesia, no me hables de evangelios, te volviste protestante, te volviste fanático, yo no creo en esas cosas; ora primero por esa persona, porque de lo contrario como los perros o los cerdos, ridiculizarán el mensaje y rechazarán tu persona y tu propia vida.
Pero hay un segundo, una segunda sabiduría o segundo mensaje que nos deja el evangelio de hoy, cuando afirma Jesús: “Traten a los demás, como quieren que los demás los traten a ustedes”. Entendemos mejor este mensaje enunciado de manera negativa, como lo hacía el rabino Hilel o por lo menos atribuido a él, y afirmaba: “No hagas a otro lo que no quieras para ti”. Esta es la síntesis del mensaje de la ley mosaica y del mensaje profético, a propósito de la pregunta que muchos hacen, ¿cuál es el centro?, ¿cuál es la síntesis de la ley?, y pudiéramos afirmar claramente eso, tratemos con respeto a los demás si queremos ser respetados, tratemos con amor a los demás si queremos ser amados, tratemos con bondad a los demás si queremos que los demás sean buenos con nosotros, o por el contrario en forma negativa: no grites a otros si no quieres que te griten, no seas infiel en el amor con otra persona, si no quieres que sean infiel contigo, no robes, ni estafes a nadie, si no quieres que te roben, te estafen y te engañen a ti mismo. Poderosa sabiduría, que en el fondo resume lo que es la vida cristiana, y Jesús vivió esta máxima evangélica en plenitud, porque Él trató con amor y misericordia, y sin embargo qué paradoja, no encontró amor, misericordia y perdón de parte de los suyos.
Finalmente, en una tercera enseñanza, se nos presenta la famosa doctrina sapiencial de los dos caminos, enunciada en el capítulo 1 o mejor en el salmo primero, cuando nos habla de que en la vida tenemos la posibilidad de elegir la vida o la muerte, el bien o el mal, la verdad o la mentira. En esta oportunidad a propósito de esa sabiduría sapiencial de los dos caminos, Jesús nos invita a elegir el camino estrecho, respondiendo a la pregunta que le formulaban algunos, ¿serán pocos los que se salven?, y entendemos ese camino estrecho primero, como dar frutos de vida, frutos de justicia, frutos de servicio y de amor a los demás. Pero entendemos también ese camino estrecho, como asumir la cruz de cada día, aunque ella pese, aunque ella talle, seguir a Cristo sufriente y entender que en la esencia misma del mensaje cristiano, hay cruz para todos los hombres, recordando la famosa expresión de santa Teresa de Jesús, cuando en medio de sus grandes dificultades y desventuras, le reclamaba a un crucificado que tenía en su habitación y le decía: “Con razón pocos amigos tienes, porque a los que te aman, Tú les crucificas, y a los que te crucifican, Tú les amas”.
Hoy elijamos el camino estrecho, que implica servicio, compromiso en el matrimonio, en el trabajo, con la pareja, contigo mismo; compromiso con la propia vida, para que demos frutos, aunque nuestra sociedad es tan dada a la vida muelle, perezosa, a la flojera y al bienestar, descubrimos que sólo hay frutos de justicia, sólo hay frutos de amor y de entrega por los demás, cuando somos capaces por el camino estrecho de la cruz, a sacrificarnos y a entregarnos por los demás.
Que el Señor, que es rico en misericordia, te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.