¡Cuenten las maravillas de Dios a todos!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2026-01-26T23:17:21Z
dc.date.available2026-01-26T23:17:21Z
dc.date.issued2026-01-26
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Cuenten las maravillas de Dios a todos! El evangelio de san Lucas nos muestra “cómo Jesús elige hombres destinados a la misión a través del seguimiento en cruz y en morir a ellos mismos para ser mensajeros de paz y anunciadores de una vida nueva”. Pero esto no lo hace solamente hace 2000 años, sino que a lo largo de la historia Jesús sigue llamando personas. Miremos con detalle algunas características de cómo Jesús elige a los suyos. Nos dice, en efecto, en un primer momento, el evangelista san Lucas “que Jesús designó, eligió un grupo de 72 y los mandó por delante de Él, de dos en dos, esto es, en parejas a todos los pueblos, aldeas y lugares a donde Él pensaba ir”. Reconozcamos que difícilmente Jesús envía a nadie en solitario, porque sabe de la debilidad humana, de las pruebas que tendrá que pasar el evangelizador. Y de que la misión se realiza con más fuerza, con más fidelidad y con más perseverancia cuando estamos acompañados. Piénsese, por ejemplo, en la misión de dos esposos en educar unos hijos, sacar adelante una familia. Cómo se necesita del rol de la mamá y también del papá, cómo son pareja para cumplir su misión, no sólo como cónyuges, sino también como madres y jefes de un hogar. Pero en un segundo momento, Jesús invita a los suyos “a que oren a Dios, el dueño de la mies, para que mande evangelizadores, obreros a la cosecha”. La verdad es que la oración tiene un poder inmenso, y en tiempos de crisis que siempre han existido en la Iglesia y que siempre se han superado, es la actitud cristiana con la que mejor podemos acompañar a la Iglesia y a sus más destacados evangelizadores. Rogar a Dios con confianza, con humildad y, sobre todo, con perseverancia, para que no falten sacerdotes, para que no falten religiosos y religiosas, para que no falten muchos bautizados comprometidos en la cosecha, en la mies del Reino de los cielos. La oración es un poder que nunca podemos menospreciar. La oración es capaz de alcanzar lo impensable para las meras acciones o talentos desde lo humano. Pero viene una tercera acción de Jesús en la elección de los suyos, y además de mandarlos de dos en dos a todos los lugares y aldeas y de pedir que rueguen al Padre Dios para que no falten evangelizadores. Los invita “a que se pongan en camino, esto es, reconozcamos que un evangelizador es un eterno caminante en mil circunstancias y situaciones diversas en la vida”. Y dice claramente “que ese peregrino, ese discípulo, ese caminante, es como un cordero en medio de lobos y aunque parece que te van a devorar, el Pastor Supremo que es Cristo no va a permitir que te pase nada”. Es más, la actitud del cordero, según nos recuerda el gran padre de la Iglesia san Agustín “es la de la mansedumbre, porque si el cordero ataca como el lobo, se vuelve violento como el lobo, no tendrá un pastor como Jesucristo que lo defienda. Pero mientras el cordero tenga la mansedumbre y la confianza propia de un animal indefenso que se pone confiadamente en manos del pastor, así también el evangelizador, poniéndose con mansedumbre y confianza en manos de Cristo, saldrá adelante, más allá de los lobos y las culebras que encuentre en el camino de la vida”. Pero también nos dice que en ese caminar tenemos que ir ligeros de equipaje. En efecto, afirmará: “No lleven talega, ni alforja, ni sandalias, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Es la prisa, es el apremio en el anuncio del Reino y no a las distracciones tan propias del mundo hace 2000 años y ahora”. Por eso nos invita Jesús “a no detenernos y distraernos con cosas que no son importantes en la vida”. A veces, en la experiencia de pastor de almas veo cuántos colaboradores y colaboradoras con muy buena voluntad acompañan la vida de un sacerdote; pero cómo se dispersan, cómo se distraen fácilmente en cosas del mundo, cómo se dejan tentar por emulaciones, rivalidad, protagonismos que al fin de cuentas esterilizan la misión y el llamado fundamental de la vida, anunciar el Evangelio de Cristo. Finalmente, Jesús quiere presentar a los evangelizadores como portadores de paz. De hecho, afirmará: “Cuando lleguen a un hogar, a una familia digan, paz a esta casa, Shalom a este hogar”. Y en el fondo, reconoce que el anuncio del Reino de los cielos, el anuncio del Evangelio es sobre todo un anuncio de una vida reconciliada, de una vida en misericordia, de una vida en paz, primero con nosotros mismos, luego en paz con la creación, con los demás y, sobre todo, con Dios. Finalmente, el evangelizador recibe el poder para curar enfermos, porque tiene la fuerza del Espíritu Santo para liberar del mal y para gritar al mundo que está cerca, más allá de la violencia y de la injusticia que veamos. Está cerca el Reino de paz, el Reino de gracia, el Reino de justicia y el Reino de amor de Dios, que se abre paso más allá de las tormentas y tempestades de las sociedades humanas. Hoy, Señor, hacemos eco del salmo responsorial y: “Contamos las maravillas de Dios a todas las naciones; hoy proclamamos día tras día su victoria. Contamos a los pueblos la gloria de Dios, las maravillas que ha realizado en todos los hombres. Familias de los pueblos, aclamen al Señor, reconozcan el poder de Dios, aclamen la gloria del nombre del Señor”. Jesús, danos la gracia de reconocer que somos elegidos por ti para una misión de amor, una misión de paz, una misión de justicia, una misión de reconciliación entre los hombres y mujeres de buena voluntad que quieran acoger el mensaje del Evangelio. Que el Señor, que sólo es bueno y sólo sabe hacer el bien, bendiga en abundancia tu día, tu familia, tu trabajo y las personas con las que vas a interactuar en esta jornada, los bendiga a todos. En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Lucas 10, 1-9 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 1-8: Pablo, apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, llamado a anunciar la promesa de vida que hay en Cristo Jesús, a Timoteo, hijo querido; te deseo la gracia, misericordia y paz de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro. Doy gracias a Dios, a quien sirvo con pura conciencia, como mis antepasados, porque tengo siempre tu nombre en mis labios cuando rezo, de noche y de día. Al acordarme de tus lágrimas, ansío verte, para llenarme de alegría, refrescando la memoria de tu fe sincera, esa fe que tuvieron tu abuela Loide y tu madre Eunice, y que estoy seguro que tienes también tú. Por esta razón te recuerdo que reavives el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio. No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor y de mí, su prisionero. Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Sal 96(95), 1-2a.2b-3.7-8a.10 (R.3) Contad las maravillas del Señor a todas las naciones. Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre. Proclamad día tras día su victoria. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones. Familias de los pueblos, aclamad al Señor, aclamad la gloria y el poder del Señor, aclamad la gloria del nombre del Señor. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones. Decid a los pueblos: «El Señor es rey, él afianzó el orbe, y no se moverá; él gobierna a los pueblos rectamente.» Contad las maravillas del Señor a todas las naciones. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 10,1-9: La mies es abundante y los obreros pocos En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: -La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa». Y, si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el reino de Dios». Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
dc.identifier.urihttps://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1210
dc.identifier.urihttps://drive.google.com/file/d/1z85gDQPyG7L-h4gAs18aldvwLSY2zHU3/view?usp=drive_link
dc.subjectAnunciar el evangelio
dc.subjectAnunciar a Dios
dc.subjectContar la maravillas de Dios
dc.subjectEvangelizar
dc.subjectLlamado de Dios
dc.subjectMisión de vida
dc.subjectPaz
dc.subjectSan Lucas
dc.subjectSer portador de paz
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Cuenten las maravillas de Dios a todos!
dc.title.alternativeMisión de vida

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