¡Muchos llamados, pocos escogidos!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Mateo 20, 1-16 Lectura del día de hoy Ez 36, 23-28 • Os daré un corazón nuevo y os infundiré mi espíritu. Esto dice el Señor: «Manifestaré la santidad de mi gran nombre, profanado entre los gentiles, porque vosotros lo habéis profanado en medio de ellos. Reconocerán las naciones que yo soy el Señor –oráculo del Señor Dios–, cuando por medio de vosotros les haga ver mi santidad. Os recogeré de entre las naciones, os reuniré de todos los países y os llevaré a vuestra tierra. Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos. Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios». Palabra de Dios Salmo del día de hoy Salmo 50, 12-13.14-15.18-19 ℟. Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará de todas vuestras inmundicias. Oh, Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme. No me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu. ℟ Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso. Enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti. ℟ Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. El sacrificio agradable a Dios es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú, oh, Dios, tú no lo desprecias. ℟ Evangelio del día de hoy Mt 22, 1-14 • A todos los que encontréis, llamadlos a la boda. En aquel tiempo, Jesús volvió a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: «Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda». Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: «La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda». Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?». El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores: «Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes». Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos». Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura tomada del profeta Ezequiel, nos muestra un oráculo o mensaje divino, revelación de Dios, precisamente cuando el nombre del Señor ha sido profanado y habla de una purificación total del pueblo de Israel, de una recuperación de la tierra perdida y de una renovación de la alianza con su pueblo. La parte central del oráculo, es la purificación del pueblo que recuerda el lenguaje de la creación en el libro del Génesis, cuando se habla de la fuerza del espíritu, el agua que da vida, el corazón nuevo en el ser humano. En definitiva, Dios prepara una novedad total, un hombre nuevo, una tierra nueva, un pueblo nuevo, una nueva creación. Así es la acción de Dios, así es el actuar divino en el corazón humano, cuando somos capaces de abrir nuestro corazón. Pero continuará esta primera lectura y nos hablará que la nueva alianza, ya no se da simplemente por un concepto de raza, sino que se da por la acción del agua y del Espíritu, el bautismo que los hará la nueva familia, el nuevo pueblo de Dios. Por eso el salmo responsorial nos habla: “Derramaré sobre ustedes un agua pura, que los purificará de sus idolatrías, de sus pecados, de sus inmundicias”. Pero esto nos prepara para entender mejor, la parábola del Reino de los cielos, de la que se sirve el evangelista san Mateo en el capítulo 22. Detallemos tres momentos y tres enseñanzas claras para nuestra vida. La primera, el Reino de Dios, entiéndase la vida nueva de Dios, se asimila a una fiesta nupcial, a una fiesta de bodas, donde hay abundancia de comida en el banquete, donde hay gratuidad, donde hay celebración, donde hay alegría, donde hay fraternidad entre todos. Son valores esenciales del Reino, y quería precisamente el Rey, vivir la gratuidad, la alegría, la donación, el banquete, la fraternidad con los suyos. Pero algo ha acontecido, cuando todo estaba preparado, sucesivamente, uno y otro y otro de los comensales, de los invitados, empieza a excusarse, a sacar disculpas y a decir que tienen que ir a sus tierras, a sus negocios o simplemente están ocupados en otros asuntos; la negativa a recibir la vida nueva de Dios en el banquete nupcial, en el banquete de bodas de su hijo, del hijo del rey, es clara por parte del hombre, no hace 2000 años, sino del hombre de todos los tiempos. Deslumbrados a veces con las fiestas y celebraciones del mundo, olvidamos que Dios nos ofrece la gran celebración y la gran fiesta para la vida, la renovación total del hombre, de la que nos habla el profeta Ezequiel por la fuerza del Espíritu Santo. Pero ante este desprecio humano, ante esta indiferencia ante Dios hace 2000 años y muy claramente hoy en el siglo 21, nos dice la parábola evangélica, que Dios, el Rey, monta en cólera, manda a prender fuego a la ciudad y hace una nueva convocatoria, ya no a los invitados, a los comensales a los que por amor o por darle reconocimiento e importancia había invitado inicialmente, ahora llama a sus criados, para que vayan a los cruces de los caminos y a todos los que encuentren buenos y malos, sanos y enfermos, puedan participar de la fiesta de la vida con Dios. Ya los destinatarios únicos no serán el pueblo judío, ni los líderes religiosos que abierta y ostensiblemente habían despreciado a Jesús, habían rechazado la fiesta de la vida nueva que Él les ofrecía, y ahora Jesús, reorientando su proyecto de salvación, lo dirige a todos los pueblos, incluso a aquellos que llamaban los judíos, pueblos paganos, pueblos no creyentes en el Dios de la Biblia. Encontramos que en esta nueva convocatoria el salón de fiestas se llena, la comida no se va a perder, la oferta salvadora de Dios en Jesucristo se cumple y se muestra de alguna manera, cómo aquellos llamados de la primera hora, aunque despreciaron, vienen los llamados de la segunda hora que aceptaron, que acogieron la fiesta. Sin embargo, entre ellos, misteriosamente, hay uno que no está vestido con el traje de boda, el traje de la fe, del amor, de la esperanza, y aquel debe de ser retirado de la fiesta de la vida y arrojado al fuego eterno. Concluirá la parábola evangélica con una tercera enseñanza, que se ha repetido sucesivamente en distintos evangelios, cuando afirmará Jesús con autoridad: “Muchos son los llamados, pero pocos realmente los elegidos, porque aunque somos convocados todos a recibir la vida nueva de Dios, a vivir la fe, a participar de la sacramentalidad, del don de la Palabra y de la vida divina en los sacramentos que nos da la Iglesia, pocos son los que responden, pocos son los elegidos que entran en el banquete de bodas, en la fiesta de la alegría, la abundancia, la gratuidad, el banquete, la vida nueva que Dios en Jesucristo nos ofrece. Hoy pidamos no ser del grupo de aquellos que, ocupados en el mundo, en los negocios de esta tierra, en personas que van y vienen, en realidades terrenales que a veces nos seducen y nos atrapan, nos olvidemos de buscar lo único esencial, la salvación eterna del alma. Que no seamos como aquel que no tuvo el traje de bodas, no hubo fe en su corazón, amor en su vida, y por eso fue arrojado a la oscuridad, a las tinieblas, donde será el llanto eterno y el rechinar de los dientes, (una expresión muy semita, para hablar de un dolor eterno que consume al alma y que no tiene final). Estábamos advertidos, todos como pueblo de Dios somos llamados, depende de ti y solo de ti, de tu libertad, que tú le digas sí a Dios. La muerte nos sorprenderá a todos, todos estamos en fila, unos antes, otros después, simplemente no sabemos el orden de la fila, para presentarnos ante Dios, y es mejor no saberlo, pero tenlo por cierto, que todo lo de este mundo por lo que ahora te afanas, te preocupas, sufres, te fatigas y te cansas, todo pasará, porque todo tiene el sello de la caducidad, de la finitud y sólo quedará la vida de fiesta, la vida de plenitud, la vida nueva que Dios nos ofrece en el cielo y que Él presenta en la imagen magnífica de un banquete, de una fiesta de bodas. Que el Señor te bendiga abundantemente en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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