¡Pescador de hombres!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Mateo 4, 18-22
Lectura del día de hoy
De la carta del apóstol san Pablo a los romanos 10, 9-18
Si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás. Por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación.
Dice la Escritura: «Nadie que cree en él quedará defraudado.» Porque no hay distinción entre judío y griego; ya que uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan. Pues «todo el que invoca el nombre del Señor se salvará».
Ahora bien, ¿cómo van a invocarlo, si no creen en él?; ¿cómo van a creer, si no oyen hablar de él?; y ¿cómo van a oír sin alguien que proclame?; y ¿cómo van a proclamar si no los envían?
Lo dice la Escritura: «¡Qué hermosos los pies de los que anuncian el Evangelio!» Pero no todos han prestado oído al Evangelio; como dice Isaías: «Señor, ¿quién ha dado fe a nuestro mensaje?» Así, pues, la fe nace del mensaje, y el mensaje consiste en hablar de Cristo.
Pero yo pregunto: «¿Es que no lo han oído?» Todo lo contrario: «A toda la tierra alcanza su pregón, y hasta los límites del orbe su lenguaje».
Palabra de Dios, te alabamos Señor
Salmo del día de hoy
Salmo (19)
A toda la tierra alcanza su pregón.
El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra.
A toda la tierra alcanza su pregón.
Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje.
A toda la tierra alcanza su pregón.
Evangelio del día de hoy
Del santo Evangelio según san Mateo 4, 18-22
En aquel tiempo, pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores.
Les dijo: – «Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres.» Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
Con el final de este mes de noviembre la Iglesia celebra la fiesta del apóstol san Andrés. En efecto, Andrés era hermano de Simón Pedro y el primer discípulo de Jesús junto con Juan Evangelista, y ambos eran a su vez discípulos de Juan el Bautista.
Es que hoy reconocemos que en el mundo antiguo, se aprendía era a través de escuelas de maestros, el verdadero discípulo se formaba en el seguimiento de su maestro y su vida se moldeaba aceptando este seguimiento de su maestro. Por eso Jesús, invita a hombres a ser sus discípulos, a entrar en su escuela, a la manera de las escuelas de aprendizaje de sabiduría y de aprendizaje de vida, que había en Israel hace 2000 años. En efecto, entre el discipulado judío y el discipulado instaurado por Cristo hay semejanzas; en ambos casos se entra en la escuela de un maestro, se vive con este maestro, se aprende y se aceptan sus enseñanzas y a veces se renuncian a posibilidades en la vida, como por ejemplo el matrimonio. Pero también habían diferencias entre el discipulado judío y el discipulado que inaugura Jesucristo. Mientras que en el mundo judío la iniciativa siempre para entrar en una escuela era del alumno, con Jesús siempre la iniciativa es de Él, que llama hombres a su seguimiento. Igualmente, mientras en el discipulado judío, el discípulo iguala y puede superar a su maestro, con Cristo conservamos siempre la condición de discípulos permanentes.
Finalmente, mientras en el discipulado judío, el discípulo puede correr una suerte distinta, diferente de la de su maestro; con Cristo, el discípulo corre la misma suerte de su maestro, bebe del cáliz que Él bebió y cargar la cruz que Él cargó. Pero ¿cuál es la esencia del mensaje del maestro a sus discípulos?; concretamente en Jesús, Él lanza una expresión que no tiene antecedentes ni paralelo en toda la literatura judía, designa a Andrés y a sus compañeros, ¡pescadores de hombres!, que en el fondo es la misión de servicio a la Palabra de Dios, una misión vinculante, una misión irresistible, la misión que para un verdadero discípulo exige recoger y guardar esa palabra de Jesús en su corazón, transmitirla a los demás con unción, con fuego nuevo; urgir la exigencia de una conversión profunda en el corazón de las personas, insistir en las consecuencias que implica el rechazo a ese mensaje de Jesús y anunciar el Reino de Dios con todas sus exigencias.
Es hermosa esta reflexión, porque nos muestra que Jesús hoy 2000 años después, sigue llamando hombres y mujeres para anunciar su Palabra, para comunicar su mensaje, para renovar la vida de los hombres. Y esto implica muchas veces incomprensiones, persecuciones; se lamentará de ellas Jeremías en el capítulo 20, cuando habla de burlas, murmuraciones, guerra y desprecio que le hacen aquellos destinatarios de la Palabra. Por su parte san Pablo en primera Corintios 9, nos hablará de la urgencia de anunciar a Jesús y dirá: “Si anuncio el evangelio no tengo por qué gloriarme; ¡ay! de mí si no anuncio el evangelio de Jesús”.
Concluyamos nuestra reflexión reconociendo, que somos llamados todos los discípulos de Jesús, a entregar la vida. Es que la adhesión al maestro de maestros, implica renunciar a los grandes paradigmas de seguridad humana, las personas, el trabajo, el tiempo personal, como lo hicieron estos pescadores en el llamado que hoy les hace en el evangelio. Y somos llamados a seguir a Jesús, para construir toda la confianza de nuestra vida solo en Dios, no en la seguridades humanas. Mientras el hombre más se apoye en las seguridades del mundo, con más miedos y aprehensiones vivirá, porque aquellas seguridades humanas no dejan de ser finitas, relativas, discutibles, mientras que Dios es la seguridad total del hombre, y esta confianza se construye, a partir de creer abierta y confiadamente en la promesa bendición de Jesús, de empezar una nueva vida, en efecto, cuando nos dice: “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.
Señor, suscita muchos seguidores, muchos discípulos tuyos en nuestro siglo XXI, danos el coraje de reconocer, que el mundo nos ofrece propuestas de vida que al final no son capaces de llenar el corazón humano.
Señor, dame la generosidad para anunciarte a los demás, primero con mi testimonio de vida y luego con mis palabras.
Que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.